Tribuna global

Terapia de shock color azafrán El nacionalismo hindú divide a la sociedad india

El presidente indio Narendra Modi salió en las páginas de la prensa internacional por su decisión de sacar de circulación los billetes de 500 y 1.000 rupias «para combatir la corrupción», lo que generó pánico en la población. No obstante, el mandatario mantiene elevados índices de apoyo popular: su alianza entre nacionalismo hindú y neoliberalismo le ha dado frutos. Paralelamente, los hindúes radicales están a la ofensiva y se sienten animados para intimidar y discriminar abiertamente a las minorías religiosas, especialmente a musulmanes y cristianos.

Terapia de shock color azafrán / El nacionalismo hindú divide a la sociedad india

Hacia fin de 2016, el primer ministro indio Narendra Modi se animó otra vez a pronunciar un gran discurso dirigido a sus compatriotas. Para ese entonces, ya habían transcurrido 50 días desde su discurso anterior, de graves consecuencias, en el que había anunciado de manera completamente sorpresiva la drástica ilegalización de los billetes de 500 y 1.000 rupias 1. Es por ello que el nuevo discurso, transmitido por televisión el 31 de diciembre, era esperado con impaciencia desde las semanas previas. Muchos ansiaban que Modi explicara otras de las medidas de la reforma emprendida por el gobierno. Pero sufrieron una amarga decepción: el primer ministro solo volvió a poner el acento en la necesidad de «limpiar» a la nación india de los males de la corrupción y el dinero en efectivo. Y no dijo una sola palabra siquiera sobre las víctimas de su radical reforma: por ejemplo, sobre las más de 100 personas que murieron de agotamiento mientras esperaban en una fila durante el caótico canje o se quitaron la vida, abrumadas por la desesperación.

La desmonetización había sido anunciada por Modi el 8 de noviembre de 2016. Casi de la noche a la mañana, 85% de los billetes en circulación fueron declarados de valor nulo. Según Modi, esta medida era necesaria para impulsar la lucha contra la corrupción y el dinero ilícito. En un país en el que casi 98% de las transacciones se paga en efectivo, esto constituyó una terapia económica de shock 2. El cuello de botella de liquidez afecta en especial a las personas que dependen en gran medida del dinero en efectivo por no tener prácticamente acceso a tarjetas de crédito, cuentas bancarias o billeteras digitales (digital wallets): conductores de rickshaws, personas que trabajan en las cosechas, jornaleros y vendedores ambulantes, es decir, cerca de la mitad de la población de la India3. Además, tampoco es seguro que la anulación de estos billetes brinde a largo plazo los resultados deseados, ya que se estipula que solo 5% de todo el capital en negro es dinero en efectivo4. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores precarizados apoya al primer ministro y su promesa de combatir de este modo la corrupción y la pobreza.

Modi y su llamado a construir una «gran nación india» tienen gran aceptación también en amplios sectores de la pujante clase media urbana (en su mayoría hindú). En la supuesta lucha «de la nación» contra los males de la sociedad, Modi y su partido, el oficialista Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, bjp), logran tapar la siempre virulenta pobreza y la creciente fractura social del subcontinente. Modi apuesta a una retórica nacionalista hindú, tanto hacia adentro como hacia afuera: mientras se sigue jactando de su «guerra quirúrgica» contra los separatistas de Cachemira, el premier ya ha echado mano a la nueva arma –la desmonetización–, con la cual pretende curar las «úlceras sangrantes» en el interior de la sociedad india: la corrupción, el dinero negro y el financiamiento del terrorismo.

Con la desmonetización, también descrita por Modi como golpe quirúrgico (surgical strike) contra el lavado de dinero, se pretende combatir a las fuerzas «antinacionales». Las drásticas reformas dan mayor impulso al estilo de conducción autoritario de Modi y provocan un aumento de su popularidad. Junto con el agresivo programa nacionalista hindú del bjp, representan un peligro cada vez mayor para la democracia pluralista de la India poscolonial. Numerosos observadores ven incluso los prolegómenos de un cambio de época. Durante mucho tiempo, el cada vez más autoritario y agresivo nacionalismo hindú fue considerado un fenómeno social marginal. Pero con Modi, esta ideología está logrando la hegemonía política y cultural en el país y sirve no pocas veces como fundamento legitimador de la violencia. La tolerancia política, cultural y religiosa de otros tiempos retrocede ante cotidianos casos de hostigamiento, discriminación y violencia contra disidentes y minorías como los adivasi, descendientes de los indígenas de la India. También son víctimas las minorías religiosas e incluso están aumentando los asesinatos de opositores políticos y de dalits o parias.

Neoliberalismo bajo la bandera azafrán

En la India «Modi-ficada», este fanatismo religioso-nacionalista se une a un cambio de paradigma económico para crear un régimen neoliberal. Además del nacionalismo hindú, rige una política económica que es presentada elogiosamente por el gobierno como el «modelo de desarrollo de Gujarat» y que es vendida como un éxito a gran parte de la opinión pública. El gobierno se jacta de las elevadas tasas de crecimiento, celebra grandes proyectos de energía, infraestructura y defensa, y se atribuye los programas satelitales y espaciales del Estado como condecoraciones a una nación que aspira a ser potencia. Muchos miembros de la clase media india se sienten muy orgullosos de la nueva grandeza de su «nación india». Y el hecho de que el agresivo nacionalismo hindú se fortalezca simultáneamente con el radicalismo de mercado no es ninguna casualidad para muchos observadores: ambas ideologías encastran perfectamente entre sí.

Esta combinación puede observarse con frecuencia. No han sido pocas las veces que las fuerzas reaccionarias echaron mano a una política económica promercado radical, tal como lo han mostrado a partir de 1973 el laboratorio neoliberal de Chile bajo la dictadura militar de Augusto Pinochet y, unos pocos años más tarde, la agresiva política de Ronald Reagan en Estados Unidos. Pero en la India hay particularidades que colaboraron con el éxito del neoliberalismo y la azafranización5. Así pues, el origen de esta alianza non sancta se remonta a varios años antes del triunfo electoral del bjp con Modi en 2014. Hay que retrotraerse a comienzos de la década de 1980, cuando los centros urbanos de la India se vieron afectados por la primera gran ola de desindustrialización. Muchos asalariados fueron despedidos; entre ellos, cientos de miles de trabajadores de las fábricas textiles de Mumbai y Ahmedabad. En aquel tiempo, los nacionalistas hindúes recurrieron, por ejemplo, a rompehuelgas para debilitar a las organizaciones sindicales. Luego aprovecharon el creciente descontento de los trabajadores para propagar en el pueblo su ideología religiosa-nacionalista6.

  • 1.

    V. la transcripción del discurso de Modi en The Wall Street Journal, 8/11/2016,

  • 3.

    Akshay Deshmane: «Ruined Livelihoods» en Frontline, 9/12/2016.

  • 4.

    Appu Esthose Suresh: «Why Govt’s Demonetisation Move May Fail to Win the War against Black Money» en Hindustan Times, 12/11/2016.


  • 5.

    En referencia al color azafrán que identifica a los nacionalistas hindúes y su creciente influencia política.

  • 6.

    Shankar Gopalakrishnan: Neoliberalism and Hindutva: Fascism, Free Markets and the Restructuring of Indian Capitalism, Aakar Books, Nueva Delhi, 2008.