Tema central

«Tengo una raza oscura y discriminada». El movimiento afrocubano: hacia un programa consensuado

Inicialmente impulsado por intelectuales, músicos, escritores y artistas, desde fines de la década de 1990 el movimiento afrocubano ha ido logrando romper el silencio oficial que cubría el tema racial en Cuba. En los últimos años, la lucha por la igualdad racial se ha enriquecido con la participación de organizaciones y activistas que han traducido las denuncias al lenguaje de los derechos ciudadanos. Aunque el movimiento afrocubano ha ganado en complejidad y diversidad, el debate de los últimos años ha ido produciendo, en paralelo, una serie de grandes temas de interés compartido. Estos puntos de acuerdo anticipan, quizás, la posibilidad de un programa consensuado y una acción común.

«Tengo una raza oscura y discriminada». El movimiento afrocubano: hacia un programa consensuado

Cualquier cubano sabe hoy que el racismo y la discriminación racial son problemas que afectan a la sociedad de la isla. Es algo que ha escuchado en programas radiales, leído en los medios de prensa o visto en algún programa de la televisión nacional. Del tema se ha hablado en reuniones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en un sinnúmero de eventos académicos y culturales y también en las reuniones de los grupos de oposición. Notas sobre la discriminación y el racismo circulan en listas de correo electrónico y aparecen registradas en sitios de internet, algunos de los cuales están dedicados precisamente a temas raciales. Los blogueros y periodistas independientes hablan del asunto. También lo hacen escritores, académicos, activistas, promotores culturales, músicos, artistas visuales y cineastas. Todos estos actores sociales y culturales constituyen lo que en otros trabajos he denominado «movimiento cultural afrocubano»1.

Por muchos años, los estudiosos e interesados en el tema racial cubano nos quejamos del silencio, oficial y social, que rodeaba este problema central de la sociedad y cultura cubanos. Durante largo tiempo reclamamos la necesidad de investigar y debatir lo que el politólogo Jorge Domínguez llamó en una ocasión un «no-tema» en los estudios cubanos2. Finalmente, a través del trabajo y el esfuerzo de muchos, el racismo se convirtió en tema de investigación y debate. No se trata de un logro menor, puesto que el silencio sobre las llamadas «diferencias raciales» tiene hondas raíces en el imaginario nacional y constituye uno de los presupuestos centrales de la cubanidad. Es un silencio patriótico, cuyo certificado de nacimiento hay que buscarlo en las luchas anticoloniales del siglo XIX –la mítica manigua redentora de los cubanos– y en los escritos de aquellos que, como José Martí, se empeñaban en inventar y construir una nación independiente y viable, participativa y armónica, en la que era mejor esquivar o soslayar divisiones y conflictos como los raciales.

La formación de un movimiento social y cultural afrocubano está ligada indisolublemente a los esfuerzos realizados por un grupo de activistas e intelectuales que, en los años 90, comenzaron a cuestionar el silencio oficial que hasta ese momento había proscrito cualquier discusión sobre la discriminación racial como un intento de dividir la sociedad socialista cubana. En el inicio, esos activistas e intelectuales denunciaron la existencia de conductas e imaginarios racistas de forma más o menos aislada, desde sus propios campos de acción y desde sus disciplinas y espacios respectivos. Pero hacia fines de los 90, y con mayor claridad en la década siguiente, esos actores sociales y culturales comenzaron a confluir en redes y espacios compartidos, donde era posible intercambiar ideas, contactos, experiencias y proyectos.

A pesar de padecer serias limitaciones en el acceso a la información, en particular a internet, no eran inmunes a la influencia de grupos e instituciones internacionales encargados de combatir el racismo y la xenofobia a escala mundial. Algunos de estos intelectuales y activistas participaron en conferencias y eventos internacionales sobre el tema y así desarrollaron nuevos contactos e incorporaron nuevos términos, métodos y propuestas a su arsenal teórico. La influencia ejercida por estos foros internacionales es visible en la isla. Por ejemplo, un término consagrado en documentos jurídicos internacionales como «afrodescendencia» ha pasado a formar parte del debate público cubano3.

Tras un breve análisis del proceso de formación del movimiento afrocubano –un movimiento que en los últimos años ha ganado significativamente en diversidad, complejidad y visibilidad–, el presente artículo discute algunas de las propuestas y los argumentos que definen el debate racial cubano contemporáneo. Ya no es necesario, como antes, inyectar el tema racial en el debate público nacional. Eso está hecho. Pero una vez reconocido el problema, ¿cómo resolverlo?, ¿qué pasos y políticas están siendo objeto de discusión y debate?, ¿cómo puede contribuir el movimiento afrocubano a la eliminación del racismo y la discriminación racial en Cuba? Estas son algunas de las preguntas que los miembros del movimiento intentan responder ahora.

«Tengo»

Pocas obras sintetizan mejor los reclamos y frustraciones articulados por una nueva generación de intelectuales y activistas preocupados por el tema racial en los 90 que la canción «Tengo», del grupo de rap Hermanos de Causa (integrado por Soandres «Soandry» del Río y Alexy «Pelón» Cantero). Parafraseando un famoso poema de Nicolás Guillén, en el que el poeta alababa con sinceridad y optimismo los impresionantes logros del Estado revolucionario en el campo de la desigualdad racial, los músicos de Hermanos de Causa denuncian la persistencia de prácticas e imaginarios racistas en la sociedad cubana: «Tengo una raza oscura y discriminada. / Tengo una jornada que me exige y no da nada. / Tengo tantas cosas que no puedo ni tocarlas. / Tengo instalaciones que no puedo ni pisarlas». Además, el «Tengo» de Hermanos de Causa hace referencia al incremento vertiginoso de las diferencias sociales en Cuba y al impacto negativo de nuevos patrones de diferenciación y consumo: «el hecho de que tengas más / no te hace ser mejor que yo, / el recurso te da posibilidades, / no confundas tener más con tener cualidades / (...) La pacotilla está cambiando las mentalidades»4.

Estas son, en síntesis, las preocupaciones fundamentales que los intelectuales y activistas comprometidos con la igualdad racial comenzaron a articular en los años 90, cuando la aguda crisis conocida como Periodo Especial destruyó los pilares del Estado de Bienestar cubano: racismo, desigualdad y exclusión pasaron a formar parte de la vida cotidiana. Los músicos del movimiento hip hop expresaron de forma particularmente efectiva las frustraciones y demandas de aquellos cubanos, en especial jóvenes y negros, que intentaban procesar y contrarrestar las nuevas fuerzas económicas, sociales y culturales que producían la marginalización de negros y mulatos.

La participación de otros creadores, intelectuales y activistas en el debate racial enriqueció sus contenidos y contribuyó a darle mayor visibilidad al problema. Por ejemplo, mientras los raperos denunciaban con singular efectividad la discriminación, los estereotipos raciales y la violencia policial, los artistas plásticos incorporaron temas como la fetichización de la cultura afrocubana y la comercialización de un imaginario racista que presentaba a los cubanos negros y mulatos como objetos de consumo sexual y cultural. Los artistas visuales recalcaron también la importancia de las culturas africanas en la conformación de lo cubano y la participación de los negros en la historia nacional, dos temas que hallaron desarrollo ulterior en el trabajo de historiadores, críticos y escritores. Desde las ciencias sociales, un grupo de estudiosos y académicos comenzó a documentar, a través de investigaciones de campo y de esfuerzos cuantificadores, la desigualdad racial cubana, y a ofrecer explicaciones acerca de su rápido incremento. Estos esfuerzos estaban inicialmente vinculados al trabajo desarrollado por el Centro de Antropología de Cuba, que bajo la dirección de Lourdes Serrano comenzó a producir reportes de investigación sobre las desigualdades y sobre los prejuicios raciales de los cubanos5. Algunos de estos trabajos comenzaron a sugerir, además, nuevas dimensiones del problema racial, como las diferencias de género o la distribución espacial de la población en barrios más o menos deseables.

En 1998, el incipiente movimiento afrocubano se enriqueció considerablemente con la creación, por parte del ingeniero Norberto Mesa Carbonell, de la Cofradía de la Negritud (Coneg), un «proyecto ciudadano de activismo social» que se propuso traducir en demandas concretas las frustraciones y preocupaciones registradas por artistas e intelectuales durante los años anteriores. El primer objetivo de la organización era crear «plena conciencia» acerca de las crecientes diferencias raciales en las instituciones estatales y la sociedad civil, es decir, diseminar y promover los trabajos sobre temas raciales que, con objetivo idéntico, habían venido realizando intelectuales y artistas desde principios de los 90. Haciendo uso de los primeros resultados de investigación sobre la desigualdad racial, el documento fundacional de la Coneg se refería a la estratificación social producida por el Periodo Especial y destacaba que esta tenía «un fuerte componente racial»6.

La contribución fundamental de la Coneg es haber articulado en el lenguaje de los reclamos ciudadanos lo que artistas e intelectuales habían argumentado en el terreno cultural. Una vez transferidas al ámbito de las demandas ciudadanas, las denuncias y frustraciones articuladas por artistas e intelectuales adquirieron una dimensión diferente. La conversación comenzó a girar entonces en torno de las posibles soluciones y de la implementación de políticas concretas que, tomando nota de la nuevas realidades, intentaran corregirlas. Las implicaciones prácticas de un paso institucional como el representado por la Coneg quedaban claras en su programa: «No podrá haber un avance importante y sostenido en el aminoramiento progresivo de la desigualdad racial si no se pone en ejecución una política social que tenga en consideración la desventaja históricamente acumulada de la población negra y que se exprese con acciones concretas apropiadas».

Con la creación de la Coneg, lo que había sido un movimiento fundamentalmente cultural comenzó a convertirse en un movimiento afrocubano más amplio y complejo. Además, hacia fines de los 90 y durante la década siguiente, los intelectuales, artistas y activistas que habían trabajado de forma más o menos aislada comenzaron a confluir en espacios comunes y a trabajar en proyectos colectivos. Los simposios de hip hop cubano constituyeron, por ejemplo, un espacio en el que convergían no solo artistas y promotores de música, sino intelectuales y activistas que compartían preocupaciones similares. Los participantes en el Primer Simposio de Hip Hop Cubano (en noviembre de 2005) destacaban este hecho, al declarar que sus propósitos eran «compartidos no solo por raperos, grafiteros, diyeis y bailadores de hip hop; sino por muchos investigadores, periodistas, profesores, fotógrafos, maestros, funcionarios, pintores, estudiantes, niños, poetas y amigos que nos han acompañado»7. El proyecto Color Cubano, auspiciado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y coordinado por Gisela Arandia desde su creación en 2001, jugó un papel aglutinador similar al facilitar la discusión y el intercambio de ideas entre académicos, escritores, artistas y activistas interesados en el tema racial. Dada su participación en el proyecto comunitario «Concha Mocoyú», en el solar conocido popularmente como La California, en La Habana, un proyecto que desde mediados de los 90 buscaba el mejoramiento comunitario a partir de (y no a pesar de) las manifestaciones culturales afrocubanas compartidas por los residentes del lugar, Arandia inyectó en Color Cubano una sensibilidad comunitaria que hubiera estado ausente de otra forma8.

Los artistas plásticos jugaron un papel fundamental en este proceso de construcción de espacios compartidos y de proyectos colectivos. Entre 1997 y 1999, varios artistas comprometidos con el tema racial participaron en tres exposiciones que, de una forma u otra, denunciaron la persistencia de prácticas e ideas racistas en la sociedad cubana. La primera de estas exposiciones, Queloides (I Parte), fue organizada por el artista plástico Alexis Esquivel y por el curador y crítico Omar Pascual Castillo. El proyecto fue desarrollado después por el escritor y curador Ariel Ribeaux Diago, quien organizó en el mismo año una segunda exposición titulada Ni músico ni deportista y, en 1999, una nueva edición, más amplia, de Queloides. Estas exposiciones, pioneras por su definición temática, contribuyeron no solo a visibilizar el tema racial, sino a crear espacios de reflexión y contacto para los interesados en la justicia racial, más allá de la plástica9.A través de esfuerzos como estos se fue constituyendo un movimiento afrocubano que, a pesar de carecer de una estructura organizativa única, comparte algunas preocupaciones medulares. Como ha expresado Tomás Fernández Robaina, uno de sus promotores, «ya no es posible negar la existencia de un movimiento social que lucha por los derechos del negro en Cuba»10. Los actores sociales, culturales e institucionales que conforman ese movimiento coinciden, al menos, en algunas propuestas fundamentales acerca de cómo encauzar la lucha antirracista, a pesar de que el movimiento ha crecido en complejidad y diversidad. El debate racial contemporáneo se centra ahora en los posibles remedios. La existencia misma del problema ya no es objeto de debate.

Soluciones, remedios: puntos de consenso

Es inobjetable que el problema racial, es decir, el prejuicio y la discriminación raciales, constituyen temas de discusión en la cultura cubana contemporánea. La cuestión de la raza y la igualdad racial gozan de una visibilidad que hace apenas 15 años parecía imposible. Por ejemplo, la Coneg, que durante mucho tiempo trabajó desde un aislamiento y desde un desconocimiento público casi total, constituye hoy un foro de divulgación, debate y circulación de ideas en el que participan numerosos intelectuales, músicos, artistas, activistas, académicos y líderes comunitarios. El boletín digital Desde la Ceiba, editado por el escritor y promotor cultural Tato Quiñones, publica las actividades de la Cofradía y de diversas organizaciones comunitarias, disemina informaciones relacionadas con el tema racial y sirve de foro para debatir diversas estrategias en la lucha contra el racismo.

El tema racial constituye también una preocupación fundamental del Comité Ciudadano por la Integración Racial (CIR), una organización que se autodefine como una «institución civil sin fines de lucro, sin filiación ideológica ni objetivos políticos» y que trabaja por lograr el viejo sueño nacional de una nación racialmente integrada y armónica, un objetivo que es en esencia idéntico al de la Coneg. Mientras que esta última ha realizado grandes esfuerzos por establecer un diálogo crítico con funcionarios de distintos organismos estatales y ha intentado influir en sus decisiones, presentando quejas y demandando respuestas, el CIR ha utilizado el lenguaje de los derechos humanos y de la autonomía de los derechos ciudadanos. El CIR también ha subrayado la importancia de los instrumentos jurídicos internacionales que protegen y promueven estos derechos y la necesidad de que sean aplicados efectivamente en Cuba. Los militantes del CIR se quejan con frecuencia de que son perseguidos y reprimidos por las autoridades11.

Algunas de las informaciones y actividades desarrolladas por estas y muchas otras organizaciones religiosas y comunitarias son después reseñadas, reproducidas, debatidas y amplificadas en blogs y sitios de internet especializados, como Negra Cubana Tenía que Ser, que publica Sandra Álvarez y que presta especial atención a cuestiones de género y a los reclamos de las mujeres, o en AfroCubaWeb, el portal de internet más comprehensivo y abarcador sobre temas relativos a la cultura afrocubana y a la producción intelectual y artística sobre el tema racial en Cuba. Aunque el acceso de los cubanos a internet continúa siendo limitado, las redes de correo electrónico se han convertido en caminos alternativos de creación y difusión de la información.

A pesar de esta creciente visibilidad, muchos de los intelectuales y activistas interesados en el tema racial se quejan de que se debate todavía en espacios académicos y culturales más o menos enrarecidos. Esta es una queja compartida por intelectuales de diversas generaciones y trayectorias de vida, personas que en otros aspectos mantienen puntos de vista divergentes. «Los análisis efectuados por los expertos y especialistas (...) pocas veces tienen amplia circulación entre los que no están asociados a las investigaciones específicas en esas áreas del conocimiento social», dice Fernández Robaina12. Para el escritor Roberto Zurbano, «urge abrir el debate» más allá «de los cerrados espacios académicos» en los que este tiene lugar. El ensayista Fernando Martínez Heredia, presidente de la Comisión para Conmemorar el Centenario del Partido Independiente de Color, ha dicho otro tanto: «¿Por qué los debates del VI Congreso de la Uneac, de 1998, y los innumerables eventos, divulgaciones y conocimientos adquiridos sobre este tema que se han acumulado hasta hoy no se generalizan, y no llegan a convertirse en sentido común? ¿Por qué no resulta posible llevarlos a la escala de la sociedad?»13. En un documento de 2008, la Coneg también señalaba la necesidad perentoria de «crear conciencia institucional y ciudadana acerca de la actualidad del problema racial», un reclamo compartido por el CIR14.

La diseminación, en especial a través de los medios de difusión, de las investigaciones y los debates sobre el tema racial, está relacionada con un segundo punto: la necesidad de transformar el sistema educativo. Sobre este asunto, más que consenso, hay unanimidad de criterio. Los activistas e intelectuales que se han interesado por esta problemática destacan que los actuales planes educacionales cubanos no pueden funcionar como un baluarte antirracista y contribuyen, de hecho, a la reproducción social de imaginarios racistas. Los planes de educación son descritos como eurocéntricos, en tanto privilegian la superioridad cultural de Occidente, con menosprecio de otras culturas, en particular las de origen africano. A pesar de su papel fundacional en la historia de la nación cubana, los africanos y sus descendientes rara vez aparecen en los textos históricos y culturales como protagonistas de esa historia. Hechos fundamentales de la historia de Cuba, como la represión contra el Partido Independiente de Color en 1912, o figuras destacadas, como los militantes antirracistas Lino D’Ou, Ángel Pinto o Gustavo Urrutia, apenas son conocidos o mencionados en los cursos. Como han dicho los Hermanos de Causa en una de sus composiciones, «la escuela no habla de los Independientes de Color»15.

En octubre de 2011, la Coneg invitó a varios especialistas a participar en un foro de discusión sobre las políticas de acción afirmativa y su posible aplicación al caso cubano. Entre los participantes se hallaba Esteban Morales, uno de los intelectuales que más activamente han defendido la necesidad de estas políticas en el caso cubano. Para Morales, la acción afirmativa es «un conjunto de políticas sociales que, observando las diferencias, las tomen en cuenta y promuevan acciones para borrarlas». Dichas políticas, que se aplicarían en particular, pero no de manera exclusiva, a negros y mestizos, son necesarias porque en grupos tradicionalmente marginalizados las políticas universalistas o igualitarias no hacen sino reproducir desigualdades preexistentes. Morales critica las cuotas u otras políticas de preferencia racialmente definidas, pero es menos específico al describir la forma que adoptaría la acción afirmativa en el caso cubano16.

Tanto la Coneg como el CIR han defendido también la necesidad de aplicar políticas de acción afirmativa en diferentes áreas de la vida cubana. Es curioso destacar que en ambos casos las propuestas se centran en lograr la representación proporcional de individuos «pobres» en dichas actividades. Al adoptar criterios de clase como base de sus propuestas, ambas organizaciones evitan la acusación de discriminación positiva o de racismo al revés, al mismo tiempo que promueven el ascenso social de individuos negros y mulatos, que constituyen una proporción muy elevada de los sectores más pobres de la población. Según el CIR, es necesario «animar acciones afirmativas en el ámbito económico (...) que potencien a los sectores pobres y marginales de la isla compuestos, en su mayoría, por afrodescendientes». Por su parte, la Coneg ha reclamado «el acceso proporcional de personas de familias pobres» a los mejores centros educativos, que se destine «una proporción apropiada» de las viviendas construidas cada año a cubrir las necesidades de los más pobres y que se implementen con rapidez «medidas prácticas basadas en principios de acción afirmativa, particularmente en las esferas educacional y laboral». Aunque las políticas de acción afirmativa no gozan de un apoyo unánime, en este como en otros aspectos relacionados con la temática racial parece estarse fraguando un consenso acerca de la necesidad de promover, al menos, políticas que de forma específica ayuden a ciertos sectores de la población. Martínez Heredia ejemplifica esta posición. Por una parte, ha dicho claramente que no comparte «la política de acciones afirmativas», a las que califica de «recurso de las sociedades de dominación capitalista para corregir en alguna medida características suyas escandalosas y que pueden acarrear protestas y desórdenes sociales». Por otra parte, reconoce que para combatir las desventajas que históricamente afectan a «los no blancos», sería necesaria «una política especializada (...) dirigida a erradicar o disminuir las situaciones de personas y grupos no blancos que se deben a una reproducción continuada de sus desventajas». Esta posición es compartida por Heriberto Feraudy, presidente de la Comisión de Lucha contra el Racismo y la Discriminación creada por la Uneac en 2009. En una intervención ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Feraudy, sin referirse explícitamente a las políticas de acción afirmativa, señaló la necesidad de «medidas y políticas específicas, que partan de las desigualdades y la discriminación aún existentes y trabajen para eliminarlas». El objetivo inmediato de esas políticas sería generar «los equilibrios necesarios dentro de la sociedad cubana actual»17.

Implícito en la discusión sobre estas políticas está un cuarto gran tema de consenso: la acción estatal es necesaria para combatir la discriminación y las crecientes desigualdades raciales. Desde luego, la acción estatal es inseparable de cualquiera de los remedios discutidos, dado que tanto el sistema nacional de educación como los grandes medios de prensa están bajo el control del gobierno cubano. Pero se trata de algo más específico. Por una parte, algunos de los participantes en el debate y el activismo racial han planteado la necesidad de crear instituciones especializadas dentro de las estructuras del Estado (el PCC, la Asamblea Nacional) para combatir la discriminación y desigualdad raciales. La Coneg ha demandado, durante años, la creación de una comisión parlamentaria destinada al asunto, una petición de la que se hizo eco Feraudy en su presentación ante los diputados de la Asamblea Nacional18.

Por otra parte, activistas e intelectuales coinciden en la necesidad de trabajar, además, en los ámbitos legislativo y judicial, dado que la discriminación racial constituye un delito según el Código Penal cubano y está condenada en la Constitución. En su programa de trabajo, por ejemplo, el CIR ha mencionado la necesidad de «promover que los ciudadanos, y los afrodescendientes en particular, conozcan las leyes y la Constitución en lo que esta tiene de garantías y protección de sus derechos individuales», una necesidad que es compartida, de forma más o menos explícita, por muchos otros miembros del movimiento afrocubano19. Al mismo tiempo, sin embargo, diversos actores dentro del movimiento parecen tener dudas acerca de la eficacia de los mecanismos legales existentes, pues recomiendan la adopción de una ley especial para combatir la discriminación –una propuesta que, curiosamente, el Partido Socialista Popular impulsó, sin éxito, en 1959, en los inicios mismos del proceso revolucionario–. Feraudy abogó ante la Asamblea Nacional por la aprobación de «una ley que vele por el cumplimiento de estas políticas antirracistas, de acuerdo con lo que establece la Constitución de la República». Esta ley sería similar a la propuesta por el CIR, que ha solicitado «la elaboración y aprobación de leyes que penalicen de manera efectiva cualquier acto de discriminación probada contra los afrodescendientes cubanos».

La ineficacia de los mecanismos legales vigentes en materia de discriminación racial se hizo quizás evidente en un caso reciente que fue objeto de amplia discusión en las redes virtuales conectadas con el tema. A fines de febrero de 2012, el poeta y promotor cultural Omar Herrera difundió una carta en la que denunciaba haber sido víctima de un acto de discriminación racial en el Museo Nacional de Bellas Artes, del cual había sido expulsado por una custodio por su condición de negro. La emotiva carta de Herrera pedía justicia y tomaba nota de la legislación vigente en la materia, en especial del artículo 42 de la Constitución, que declara como ilegal y punible «la discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana». Sin embargo, la carta no reclamaba acción judicial alguna contra el hecho. En las palabras de Herrera, exigía «un análisis EXHAUSTIVO de los hechos acaecidos y se tomen las medidas administrativas que correspondan atendiendo a la gravedad del hecho y se me dé respuesta convincente»20.

Como señaló el poeta y escritor Víctor Fowler en un mensaje de apoyo, la ineficacia de los mecanismos vigentes es producida, al menos en parte, por la decisión de los ciudadanos de no hacer uso de ellos. En su mensaje, Fowler destacó que los hechos narrados por Herrera constituían un delito y que debían ser procesados a través de la fiscalía y los tribunales. «Tenemos que aprender», expresó Fowler, «a diferenciar, a separar, la demanda política (...) de la demanda judicial. Hay que obligar a la Ley a existir, hay que fabricarla entre todos. La Ley tiene que ser una construcción colectiva y solo así podremos crecer hasta ser un Estado de Derecho». A pesar de que en esta ocasión esa vía no fue utilizada, es evidente, tanto en la carta del propio Herrera, en los mensajes a propósito de ella y en los reclamos de otros activistas e intelectuales interesados en el tema racial, que las dimensiones legales forman ahora parte de la conversación21.

Los que conforman este movimiento afrocubano reconocen la importancia de la intervención estatal –medios de difusión, planes educativos, políticas de acción afirmativa, o especializadas, reforzamiento y aplicación de la legislación contra la discriminación– pero mantienen una visión del cambio social que no depende únicamente del Estado. En este tema, como en otros relacionados con la lucha antirracista, se ha ido formando un consenso que atraviesa divisiones políticas, generacionales y otras.

Esencialmente, el punto de consenso es que la acción ciudadana es necesaria para combatir la discriminación. Una visión centrada solo en la acción estatal, como la articulada por Feraudy en su intervención ante la Asamblea Nacional en diciembre de 2011, es claramente minoritaria, quizás incluso excepcional. Para la mayoría de los miembros del movimiento, es indispensable algún tipo de acción ciudadana. Algunos sostienen que tal acción debe ser encauzada a través de organizaciones autónomas que, desde la sociedad civil, denuncien las prácticas discriminatorias e influyan sobre los órganos estatales para que las repriman o corrijan. Desde luego, esta es la visión que sostienen la Coneg y el CIR, dos organizaciones dedicadas, precisamente, a la acción ciudadana. Pero es también la visión de algunos intelectuales, como Zurbano, quien ha sostenido que una de las dificultades que enfrenta la población negra «está en no tener instituciones sociales propias, donde los negros reconstruyan y compartan sus particulares historias, y legitimen tradiciones». Para otros, sin embargo, la acción ciudadana, aunque necesaria, no parece requerir formas organizativas propias. Martínez Heredia señala, por ejemplo, que es necesario «fomentar las acciones y la concientización antirracistas en los ámbitos más diversos de la sociedad, sin esperar todo de la acción y las directivas del Estado, debemos presionar, lograr que actúen juntos los que en el Estado y la sociedad estén dispuestos a hacerlo». Martínez Heredia no hace mención a las «instituciones sociales propias» a que hace referencia Zurbano, ni a las «instituciones de la sociedad civil» a las que refiere el CIR en su programa de trabajo, pero deja abierta una posibilidad participativa desde «ámbitos» no definidos de «la sociedad».

En cualquier caso, este intercambio de ideas y propuestas es muy diferente del que tenía lugar hace 10 o 15 años. Entonces, el objetivo fundamental de los activistas e intelectuales interesados en el tema era denunciar la existencia de prácticas discriminatorias, documentar las crecientes desigualdades raciales en Cuba y darle visibilidad social, política y cultural a la raza como criterio de diferenciación. Recordemos que todavía en 1997, el entonces presidente Fidel Castro se refería a la discriminación racial como un mal social erradicado22. Hoy, la existencia –o «persistencia», según muchos– de prácticas discriminatorias ya no es objeto de debate.

Los intercambios se han transformado en, al menos, dos sentidos. Por una parte, la discusión se ha movido hacia las soluciones y los remedios. Esto se traduce, cada vez más, en la articulación de demandas concretas de acción estatal en áreas como la difusión, la educación, la igualdad en el empleo y otras. Por otra parte, se trata de una conversación mucho más participativa, democrática y amplia. El movimiento afrocubano ha ganado en complejidad y diversidad y con ello han aparecido nuevas voces y propuestas. Hay voces que hablan desde espacios oficiales, otras que lo hacen a título individual, y aun otras que, como el CIR, lo hacen desde los precarios espacios de la sociedad civil. Esta conversación ha ido produciendo, con los matices y desacuerdos de rigor, una serie de grandes temas de interés común, de puntos de consenso. Paso a paso, da la impresión de que se va conformando aquello que precisamente le faltaba al movimiento: un programa consensuado y común.

  • 1. A. de la Fuente: «The New Afro-Cuban Cultural Movement and the Debate on Race in Contemporary Cuba» en Journal of Latin American Studies vol. 40 No 4, 11/2008, pp. 697-720.
  • 2. J.I. Domínguez: «Racial and Ethnic Relations in the Cuban Armed Forces. A Non-Topic» en Armed Forces and Society No 2, 2/1976, pp. 273-290.
  • 3. Alejandro Campos García: «The Politics of Human Rights and the Making of Afrodescendants: The Contribution of the Inter-American System», ponencia presentada en la Conferencia 2012 de la Latin American Studies Association, San Francisco, 23 al 26 de mayo de 2012.
  • 4. Soandry del Río (Hermanos de Causa): «Tengo» en Encuentro de la Cultura Cubana No 53-54, verano-otoño de 2009, pp. 103-105.
  • 5. Estos primeros resultados de investigación fueron publicados en dos dossiers, uno en Temas No 7, 1996, y el otro en la revista colombiana América Negra No 15, 12/1998.
  • 6. Los documentos de la Coneg citados aquí pueden ser consultados en «La Cofradía de la Negritud: un proyecto de acción ciudadana contra la discriminación racial» en Encuentro de la Cultura Cubana No 53-54, verano-otoño de 2009, pp. 106-115.
  • 7. «Declaración final del Primer Simposio de Hip Hop Cubano» en Movimiento: La Revista Cubana de Hip Hop No 5, 2007, p. 22.
  • 8. G. Arandia: «A toda la membresía del proyecto Color Cubano» en AfroCubaWeb, 3/10/2009, www.afrocubaweb.com/colordecuba.htm.
  • 9. Sobre el proyecto Queloides, v. A. de la Fuente (ed.): Queloides: raza y racismo en el arte cubano contemporáneo, Mattress Factory, Pittsburgh, 2011.
  • 10. T. Fernández Robaina: «Un balance necesario: la lucha contra la discriminación al negro en Cuba de 1959 al 2009» en Encuentro de la Cultura Cubana No 53-54, verano-otoño de 2009, pp. 57-62.
  • 11. Las actividades y los documentos del cir pueden consultarse en su sitio web, titulado Posracialidad: Comité Ciudadanos por la Integración Racial en www.cir-integracion-racial-cuba.org/.
  • 12. T. Fernández Robaina: ob. cit., p. 59.
  • 13. R. Zurbano: «Cuba: 12 dificultades para enfrentar el (neo)racismo o 12 razones para abrir el (otro) debate» y Heriberto Feraudy: «Fernando Martínez Heredia: El racismo es una naturalización de la desigualdad entre las personas», ambos en La Jiribilla No 529, 25/6 a 1/7/2011.
  • 14. Norberto Mesa Carbonell: «Carta de bienvenida», La Habana, 11 de julio de 2008, inédita (cortesía de Mesa Carbonell); Juan A. Madrazo Luna: «cir: Agenda 2011» en Posracialidad, 29/12/2010, www.cir-integracion-racial-cuba.org/ciraldia/cir-agenda-2011/.
  • 15. Soandry del Río (Hermanos de Causa): «Negro cubano» en Encuentro de la Cultura Cubana No 53-54, verano-otoño de 2009, pp. 103-105.
  • 16. E. Morales: «Acción afirmativa: ¿invitación al debate?» en Esteban Morales Domínguez, 20/10/2010, http://estebanmoralesdominguez.blogspot.com/2010/10/accion-afirmativa-invitacion-al-debate.html; y «Por una sociedad equitativa: miradas a la realidad de negros y mestizos» en La Jiribilla No 529, 25/6-1/7/2011.
  • 17. H. Feraudy: «Fernando Martínez Heredia» ob. cit; «Intervención de Heriberto Feraudy en la viii Sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular» en AfroCubaWeb, 23 de diciembre de 2011, http://afrocubaweb.com/heribertoferaudy.htm, énfasis del autor.
  • 18. Feraudy sugirió la creación de «un observatorio u oficina a nivel de partido o gobierno» para la prevención y atención de quejas en materia de discriminación y, además, «la constitución de un grupo de atención, control y prevención contra la discriminación racial y los prejuicios raciales en la Asamblea Nacional del Poder Popular».
  • 19. Por ejemplo T. Fernández Robaina: ob. cit; el texto del cir está tomado de J.A. Madrazo Luna: ob. cit.
  • 20. La carta, fechada el 25 de febrero de 2012, fue circulada en el boletín Desde la Ceiba, 12/3/2012. Las mayúsculas aparecen en el original.
  • 21. La nota de Fowler y la de muchos otros que condenaron el acto de discriminación contra Herrera fue circulada en Desde la Ceiba, 15/3/2012.
  • 22. V. el discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz en la clausura del Congreso Pedagogía 97, 7 de febrero de 1997, en el que expresó: «la Revolución erradicó la discriminación racial y le dio oportunidad de estudio y de trabajo a todos los cubanos, independientemente del color de la piel, como quería y soñó Martí, pueden estudiar, pueden trabajar y pueden ir a todas las playas y a todos los lugares de recreación». Fuente: www.cuba.cu/gobierno/discursos/1997/esp/f070297e.htm.