Aportes

Sugerencias para su modernización

En general, las universidades latinoamericanas se encuentran en desventaja respecto a las de los países desarrollados. Los indicadores fundamentales –cantidad de graduados en relación con la población, número de investigaciones, presupuesto en ciencia y tecnología– revelan sus falencias: poco espacio dedicado a la investigación, falta de recursos, escasa oferta de posgrados. Aclarado el diagnóstico, el artículo ensaya algunas propuestas, desde la flexibilización de la formación hasta la reorganización funcional sobre la base de la preeminencia de lo académico por sobre lo administrativo. El objetivo es construir universidades que contribuyan a ofrecer respuestas a los principales problemas sociales mediante iniciativas eficaces y dotadas de espíritu crítico.

Sugerencias para su modernización

Universidades en América LatinaSugerencias para su modernización

CÉSAR FERRARI / NELSON CONTRERAS

En general, las universidades latinoamericanas se encuentran en desventaja respecto a las de los países desarrollados. Los indicadores fundamentales –cantidad de graduados en relación con la población, número de investigaciones, presupuesto en ciencia y tecnología– revelan sus falencias: poco espacio dedicado a la investigación, falta de recursos, escasa oferta de posgrados. Aclarado el diagnóstico, el artículo ensaya algunas propuestas, desde la flexibilización de la formación hasta la reorganización funcional sobre la base de la preeminencia de lo académico por sobre lo administrativo. El objetivo es construir universidades que contribuyan a ofrecer respuestas a los principales problemas sociales mediante iniciativas eficaces y dotadas de espíritu crítico.

En memoria de Alfonso Borrero S.J. y su Seminario Permanente sobre la Universidad, por su espíritu libre y crítico y por sus enseñanzas.

Salvo excepciones, la universidad latinoamericana es aún premoderna: el mérito académico no genera preeminencia, las decisiones fundamentales no son académicas sino administrativas, y la preocupación por los problemas de infraestructura se centra en la infraestructura física por encima de la de comunicaciones y la virtualidad. En gran medida, la universidad refleja el comportamiento de una sociedad poco democrática, en donde el mérito apenas cuenta; los nombramientos y cargos, cuando no la riqueza, definen la posición; los edificios y monumentos –y no el conocimiento– representan la huella social.

En ese contexto, la universidad latinoamericana se orienta en general a la docencia, que no siempre es de buena calidad, es poco competitiva en el plano internacional y se imparte parceladamente a un número limitado de estudiantes. La investigación es insuficiente o incluso inexistente. Como consecuencia de ello, la universidad básicamente ofrece a la sociedad profesionales, no siempre bien preparados y no siempre adecuados a sus necesidades.

Sus profesores a tiempo completo son pocos y rara vez arriesgan una opinión o una orientación fuerte, menos aún si esta implica una contradicción con la verdad oficial o culturalmente aceptada. Por esta razón, o porque no constituyen un grupo socialmente significativo o numeroso, por falta de apoyo o por los bajos salarios, muchos de ellos prefieren buscar otras opciones profesionales fuera de sus países.

Es necesario superar esa situación. Es tiempo de transformar la universidad latinoamericana y modernizarla para que contribuya al bienestar de la sociedad. De otro modo, la educación superior no podrá cumplir su rol fundamental: crear capital humano, adelantarse y funcionar como guía, ofrecer reflexión y soluciones.

El presente artículo busca contribuir a ese propósito. Vale la pena aclarar, sin embargo, que las propuestas que contiene no constituyen el único camino. Muy alejado de nuestro espíritu creer que hay una sola verdad acerca de la transformación que se postula. Finalmente, cabe una última aclaración. Las propuestas que se incluyen en este texto no se refieren a la opción de la educación como negocio, pues consideramos que, si la universidad produce excedentes, estos deberían reinvertirse en el desarrollo de su misión.

Un diagnóstico de las universidades en América Latina

A la universidad latinoamericana todavía accede un porcentaje muy pequeño de la población; las publicaciones de sus profesores, reflejo de sus investigaciones, son escasas, y los gastos en ciencia y tecnología de los países, parte importante de los cuales se destina a la universidad, son también reducidos.

En este marco, la universidad latinoamericana dista mucho de producir los profesionales que la sociedad requiere. Si bien ha extendido su cobertura en las carreras universitarias básicas (o de pregrado, como se las conoce en algunos países), la cobertura de maestrías es reducida, y casi nula en cuanto a doctorados.

El cuadro 1 –que muestra el porcentaje de cobertura de la educación superior como proporción de la población económicamente activa (PEA)– confirma este diagnóstico. Mientras que en Estados Unidos los graduados universitarios de pregrado representan 9,75‰ de la PEA, en Brasil y México, los más avanzados de América Latina, alcanzan tasas no tan distantes, de 7,48‰ y 7,28‰, respectivamente. Sin embargo, la cobertura de maestría es mucho menor, y más aún la de doctorado. Mientras que en EEUU el porcentaje de graduados de maestría es 3,88‰ y el de doctorado 0,35‰, en México es de 0,75‰ y 0,04‰, y en Brasil 0,32‰ y 0,09‰. La insuficiencia en la formación de posgrado es notable en América Latina.Por su parte, el número de investigadores en relación con la PEA, la mayor parte de los cuales se localiza en las universidades, es también bajo en América Latina. Como muestra el cuadro 2, EEUU cuenta con 8,8‰. En nuestra región, los países mejor posicionados son Argentina (2,1‰) y Chile (2‰). Brasil tiene, por su dimensión, la mayor cantidad en términos absolutos: 88.000, seguido por México, con 44.000. Ciertamente, todos ellos muy distantes de EEUU, con 1.300.000.

La cantidad de investigadores se refleja en las publicaciones. En 2005, la cantidad de citas de publicaciones estadounidenses en el Science Citation Index fue de 375.401, contra 18.765 de Brasil, 7.541 de México y 5.699 de Argentina. En relación con el Producto Interno Bruto (PIB), la situación es dispar. Mientras que Argentina, Brasil y Chile se encuentran en niveles similares a EEUU, otros países, como México, Colombia y Perú, se sitúan muy por debajo. Todo esto, por supuesto, se relaciona con el gasto en ciencia y tecnología. En EEUU, ese gasto alcanzó en 2005 a 2,6% del PIB. De ese valor, las universidades recibieron una proporción menor (equivalente a 0,43% del PIB). En América Latina, los países destinan a ciencia y tecnología un porcentaje de gasto inferior al de EEUU: los que más porcentaje invierten son Brasil (1,12%) y, sorprendentemente, Perú (1,16%). Al mismo tiempo, los que concentran una mayor proporción del gasto en ciencia y tecnología en las universidades son Perú y Colombia (60%), que son también los que exhiben menos publicaciones y cuentan con menos investigadores. Las cifras anteriores se ven reflejadas dramáticamente en los rankings internacionales sobre universidades. Según el THES-QS World University Rankings, la mayor parte de las 400 universidades mejor calificadas en el mundo en 2007 son estadounidenses (Harvard es la primera), junto con universidades europeas y asiáticas. En el ranking solo aparecen siete universidades latinoamericanas: tres brasileñas, una mexicana, dos chilenas y una argentina. Las latinoamericanas mejor clasificadas son la Universidad de San Pablo (puesto 175), la Universidad de Campinas (177), la Universidad Nacional Autónoma de México (192), la Universidad Católica de Chile (239), la Universidad de Buenos Aires (264), la Universidad de Chile (312) y la Universidad Federal de Río de Janeiro (338).