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Senegal: un islam local en épocas de globalización religiosa

El islam senegalés, profesado por más de 90% de la población, es un caso de islam pacífico y resistente a las tendencias radicales globales. La islamización del África occidental conoció su verdadera amplitud gracias a las cofradías religiosas, más que a las actividades guerreras. No obstante, la expansión de versiones radicales del yihadismo y crisis como la ocurrida en la vecina Malí encienden algunas luces rojas en estas tradiciones político-religiosas.

Senegal: un islam local en épocas de globalización religiosa

Es un hecho conocido que en el islam senegalés existe un predominio de las cofradías. Esta religión, que se estableció desde la Edad Media, es hoy la que profesa 90% a 95% de los senegaleses. En general, su expansión ha sido pacífica, a pesar de algunos periodos de «guerra santa» dirigida por morabitos1 u otras figuras religiosas al final del siglo XIX. La islamización del país se llevó a cabo en varias etapas y ha seguido diferentes caminos según los contextos y las circunstancias históricas. Sin embargo, la influencia de las cofradías sufíes, tales como la Qâdiriyya, la Tijâniyya, la Muridiyya y la de los Layenos, constituye la especificidad del islam senegalés, cuyo modelo es presentado a menudo como una excepción en los países del Sahel2 y más allá. El carácter pacífico del islam en Senegal solo puede comprenderse mediante el estudio de las condiciones históricas y sociales en las que esta religión se propagó. Las cofradías que marcan el espacio religioso senegalés se subdividen en dos categorías: las llamadas alógenas (Qâdiriyya y Tijâniyya) y las endógenas (Muridiyya y los Layenos). Junto a ellas, han surgido otros movimientos, denominados «reformistas», activos en la predicación de un islam con frecuencia más político y próximo a las corrientes islamistas mundiales.

El marco reducido de este artículo no nos permitirá evocar más ampliamente la islamización del África subsahariana, un largo proceso histórico en el cual guerras y razias han desempeñado diferentes roles cuando venían a perturbar el desarrollo del «comercio silencioso» del que hablaba Heródoto3. Recordemos que, desde muy temprano, contrariamente a lo que sostiene cierta versión europea de la historia africana, los pueblos del sur del Sahara entraron en contacto con los del Magreb por el comercio transahariano.

Después de revisar el proceso de islamización en relación con los desarrollos históricos que marcaron el África occidental, sobre todo en sus relaciones con el norte del Sahara, analizaremos el papel ineludible de las cofradías en el profundo anclaje del islam en Senegal, así como su lugar entre los factores estabilizadores de la sociedad senegalesa.

Puesto que Senegal constituye un continuo geográfico y sociocultural de los países del Magreb, situado justo al sur de Mauritania y del Sahara, y dadas las recientes sacudidas que han afectado el mundo árabe, con el ascenso del islam político, resulta inevitable interrogarse hoy acerca del resultado de la confrontación entre un islam «local» y las corrientes radicales que azotan el Sahel.

El islam en Senegal: de la expansión al anclaje sociohistórico

Hubo intercambios muy importantes para su época entre los dos márgenes del Sahara. Incluían esencialmente oro4, sal, goma «arábiga» y… esclavos. Alrededor de 1061-1062, el jefe de los almorávides Abu Bakr Ibn Umar desencadenó una «guerra santa» en dirección al sur del Sahara, entonces conocido por los célebres imperios negros de los que formaba parte el actual territorio senegalés. Estos primeros contactos se desarrollaron alrededor de la cuenca del río Senegal, límite histórico pero también unión entre el Bilad as-sudán5 y el Magreb.

Durante muchos siglos, batallas y alianzas marcaron la historia de esta región del río Senegal, particularmente, el famoso Reino de Tekrur, poblado esencialmente por los fulani, que se contaron entre los primeros adeptos al islam en África. Tanto los sultanes marroquíes como los jefes de guerra almorávides, de Uqba Ibn Nafi a Abdalá Ben Yasin, intentaron apoderarse de la cuenca del río Senegal. El carácter emblemático de esta región se verá reflejado en la multitud de relatos y en el interés que suscitará en todos los conquistadores árabes y, más tarde, franceses. Los primeros construirán allí la primera mezquita del país, y los segundos, la «madre de las iglesias» del oeste de África. La cobertura histórica de la región no tuvo lugar hasta alrededor del siglo XVI cuando el sultán marroquí saadí, Mansur al Dhahabí, obsesionado por el oro de Bilad as-sudán y animado por la batalla de los Tres Reyes (más conocida por el nombre de Wad al Makhazín) contra el rey portugués don Sebastián, multiplicó conquistas y razias. Estas batallas contra el famoso imperio Songhai todavía suscitan agitados debates respecto de su alcance puramente religioso, tanto más cuanto que estas regiones ya conocían el islam a través del comercio, de las caravanas, y sobre todo del sufismo6, que había tomado mucho antes las rutas del desierto. Para decir que no hay nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, estas empresas yihadistas jamás pudieron hacer del islam la realidad social que es hoy en día. La islamización del África occidental conoció su verdadera amplitud gracias a las cofradías religiosas (turuq çûfiya), más que por las actividades guerreras, para las cuales la religión o su propagación fueron solo un objetivo secundario.

La hipótesis de una islamización masiva de África a través del sable de los conquistadores árabes se debilita frente a las cada vez más numerosas evidencias históricas, tales como el carácter elitista del islam en sus inicios en tierra africana. La verdadera propagación del islam, en el sentido de su vulgarización, es de las más recientes. Alvise Cadamosto, viajero veneciano al servicio del rey portugués Enrique el Navegante, que navegó por esta región de 1455 a 1457, hacía mención de la presencia de algunos eruditos árabes en la corte del rey de Wólof7, que enseñaban el islam a los príncipes y a los miembros de la corte. El hecho, más allá de su singularidad, se inscribe en la idea básica de que el islam, expandido en esta región a principios del siglo XV, solo tenía recepción entre las clases privilegiadas y letradas de las sociedades africanas, lo que explica en parte hasta aún hoy su carácter muy jerárquico, con sus morabitos y sus discípulos.

Ni las conquistas almorávides o de los sultanes marroquíes ni la presencia y la acción de estos eruditos árabes, con un mensaje más bien orientado hacia la elite político-social, hicieron por sí solos del islam la religión de 90% a 95% de los senegaleses.

  • 1. Bakary Sambe: es profesor e investigador en el Centro de Estudios de las Religiones (cer) de la Universidad Gaston Berger de Saint-Louis, Senegal, donde coordina el Observatorio de Radicalismos y Conflictos Religiosos en África (orcra). Acaba de publicar el libro Boko Haram. Du problème nigérian à la menace régionale (Timbuktu Ediciones, El Cairo, 2015). Correo electrónico: <bakary.sambe@gmail.com>. Palabras claves: cofradía, islam, salafismo, sufismo, yihad, Senegal, África.Nota: traducción del francés de Leticia Devincenzi y Lucas Bidon-Chanal.. Predicadores musulmanes considerados especialmente píos, a los que popularmente se atribuye cierta santidad [N. del E.].
  • 2. Transición entre el desierto del Sahara en el norte y la sabana sudanesa en el sur [N. del E.].
  • 3. Heródoto utilizaba esta expresión para designar el comercio transahariano que se practicaba entre los dos márgenes del Sahara en la Antigüedad.
  • 4. Los imperios africanos medievales eran famosos por su riqueza en oro. Esta riqueza legendaria era el blanco de todas las codicias. La tradición oral cuenta que el rey de Malí, Mansa o Kankan Musa, en la ruta de peregrinación a La Meca, hizo en Egipto tantos regalos en oro que el valor del metal amarillo se desmoronó durante muchos años.
  • 5. «País de los Negros» en árabe, expresión utilizada en las crónicas árabes para describir el África subsahariana.
  • 6. Vertiente del islam basada en el culto a los santos y practicada en confraternidades dedicadas a prácticas místicas [N. del E.].
  • 7. Nombre de un reino del Senegal precolonial situado en el centro-oeste del país. Habría dado su nombre a la etnia y a la lengua mayoritaria: los wolofs.