Tema central

Segunda página 257

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La emergencia del Estado Islámico (ei), la denominada «primavera árabe», el ataque contra la revista francesa Charlie Hebdo, el fenómeno de los jóvenes que se enrolan en una suerte de yihad global, el desdibujamiento de varias fronteras poscoloniales o el reciente acuerdo nuclear entre Estados Unidos e Irán dan lugar a un gran flujo de información que involucra al mundo (o más precisamente los mundos) del islam, y que a menudo es leído a partir de visiones sumamente simplistas y cargadas de prejuicios. En este marco, Nueva Sociedad se propone acercar a los lectores una serie de artículos que buscan arrojar luz sobre las tensiones que atraviesan Oriente Medio y que están en juego en los conflictos en curso.

El artículo de Khatchik DerGhougassian, que abre el Tema Central, analiza la grieta profunda que enfrenta a sunnitas y chiitas en el mundo islámico. Aunque se trata de un clivaje histórico, el artículo muestra su reemergencia y actualización tras la Revolución Islámica iraní de 1979. Se trata, según el autor, de una fuerza profunda de carácter religioso que define la dinámica conflictiva de una región donde las intervenciones y alianzas estatales enfrentan dilemas persistentes, lo que impide la estabilización de la situación en un balance de poder a lo largo de líneas de demarcación geopolítica.

El rol de Irán en la geopolítica regional es analizado por Zidane Zeraoui, tomando como punto de partida el reciente acuerdo entre Washington y Teherán. Son varias las razones que llevaron a Barack Obama a avanzar en las negociaciones con Irán, pese a la resistencia de la oposición y del gobierno israelí de Benjamín Netanyahu. A la amenaza del ei se suman el sostén que Teherán brinda al gobierno chiita de Iraq (a su vez, aliado de Washington), el fracaso de la revolución siria contra el proiraní Bashar al Asad y la salida de Mahmud Ahmadineyad del gobierno.

Pero ¿qué es exactamente el EI? Y, más importante, ¿a qué se debe su –en apariencia– súbita irrupción? Pierre-Jean Luizard analiza en perspectiva histórica los contextos de crisis que asolan a Iraq y Siria y cómo el ei los aprovechó para expandirse territorialmente y sentar soberanía en una amplia región, una meta que lo diferencia de la organización Al Qaeda, básicamente desterritorializada, de la que en parte se origina.

Parte de las batallas actuales se libran en Siria, donde los vientos de la denominada «primavera árabe» no alcanzaron para derrocar el régimen de Bashar al Asad. En la lectura de Santiago Alba Rico, Siria es la expresión depurada de todos los sueños y todos los reveses de la región: vía muerta de las revueltas, victoria simultánea de todas las contrarrevoluciones, campo de batalla de imperialismos enfrentados, sala de reanimación de los yihadismos radicales. Pero incluso donde los sueños democratizadores avanzaron un poco más, como en Túnez tras la caída de Zine El Abidine Ben Ali en 2011, el camino está lleno de obstáculos, como lo muestra el artículo de Amel Boubekeur, y los resultados aparecen a veces como desalentadores.

Otro actor en Oriente Medio, como lo recuerda Heiko Flottau, es la monarquía saudita, enemiga de Irán y hoy una aliada incómoda de Washington. Productor de equilibrios regionales, según la mirada estadounidense, el reino es al mismo tiempo exportador de una visión del islam (y de la geopolítica regional) que alimenta corrientes del sunnismo radical. Al mismo tiempo, las formas opresivas que la monarquía saudita impone a su propia población están poco presentes en la prensa global, más enfocada en los «enemigos de Occidente».

Como contrapunto de este islam globalizado o regionalizado, el artículo de Bakary Sambe presenta las peculiaridades del islam senegalés, profesado por más de 90% de la población y en el que las cofradías religiosas juegan un importante papel. El carácter pacífico de este islam fuertemente influenciado por el sufismo entra en tensión con las amenazas actuales generadas por las versiones radicales del yihadismo que se expanden en África. En este marco, el multiculturalismo europeo enfrenta una serie de dilemas, con el surgimiento de tendencias y diversas sensibilidades que muchos agrupan como «islamofobia», y Francia es uno de los países donde esta involucra una verdadera «paranoia civilizatoria». El artículo de Edwy Plenel muestra que este fenómeno, que incluye teorías conspirativas como la del «gran reemplazo», está lejos de limitarse a la extrema derecha y puede difundirse con facilidad en diversos espacios de la vida social y cultural.

Este conjunto de artículos permite ordenar, hasta donde es posible, un conjunto de problemáticas, conflictos y líneas de tensión que hoy informan sobre una zona particularmente compleja del planeta. En este contexto, oposiciones como «Occidente-Oriente», «civilización-barbarie» o «luces-atraso» no solo no aportan a la comprensión de los procesos en juego, sino que alimentan la amalgama tout court entre terrorismo e islam. Buscar el modo de explicar ciertos fenómenos sin justificarlos –para retomar las palabras de uno de los autores de este Tema Central– es uno de los desafíos que animaron este número sobre las geopolíticas del islam.