La ciencia de los reaccionarios
junio 2026
El movimiento Make America Healthy Again («Hacer a Estados Unidos saludable de nuevo») no rechaza la ciencia, sino que la invoca para disputar la autoridad de expertos e instituciones sanitarias. Liderado por Robert F. Kennedy Jr., una de las figuras más visibles de la agenda sanitaria trumpista, MAHA se apropia selectivamente del saber científico para redefinir qué conocimientos se consideran legítimos en materia de salud pública.
¿Es anticiencia el movimiento MAHA (Make America Healthy Again, «Hacer a Estados Unidos saludable de nuevo»)? La pregunta parece bastante directa. Después de todo, la cabeza visible de MAHA, Robert F. Kennedy Jr., promueve teorías ya desacreditadas sobre los peligros de las vacunas, defiende la leche sin pasteurizar a pesar de la clara evidencia sobre los riesgos que representa para la salud y cita estudios retirados de publicación para respaldar su posición. Cuando Kennedy se convirtió en secretario de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés), en febrero de 2025, los expertos en salud pública y los medios de comunicación dominantes caracterizaron a Kennedy y al movimiento MAHA como anticiencia y como una amenaza para la medicina con base científica. El discurso parece bien definido: he aquí un movimiento iliberal que rechaza la autoridad científica en favor de teorías conspirativas y saber popular.
Si bien MAHA está enraizada firmemente en un gobierno iliberal –que ha inflingido un daño real a las fuentes tradicionales de financiación y a las instituciones científicas–, esta respuesta directa pasa por alto algo fundamental. MAHA no rechaza la ciencia, sino que la invoca con fervor. En los documentos oficiales y en los discursos de MAHA aparecen menciones a la ciencia de referencia. Kennedy y sus asesores proclaman constantemente su compromiso con la medicina basada en evidencia, la investigación rigurosa y los estudios replicables. Estos principios están consagrados en un informe del HHS, elaborado bajo la dirección de Kennedy, llamado «Implementing Gold Standard Science» [Aplicación de principios científicos de referencia]. El enigma no es entonces si MAHA adopta o rechaza la ciencia, sino más bien cómo posiciona la ciencia como una herramienta política. ¿Qué rol cumple la ciencia para MAHA?
Para responder esta pregunta y como parte de un proyecto mayor que intenta desentrañar dónde se articula MAHA dentro de la política neoliberal e iliberal, analicé su política discursiva. Por política discursiva me refiero a las historias que estos actores políticos relatan sobre amenazas para la salud, sobre la autoridad científica y sobre quién puede hablar en nombre de la salud. Analicé documentos oficiales y eventos de prensa de los meses previos a la elección de Donald Trump para la Casa Blanca y hasta el fin de su primer año en la Presidencia. Revisé minuciosamente las transcripciones de una mesa redonda del Senado que duró cuatro horas, así como reportes del HHS, el informe científico de las directrices alimentarias y también decenas de ruedas de prensa y videos promocionales. Lo que surgió no fue una simple retórica anticientífica, sino una forma sofisticada de lo que yo llamo ciencia populista: una estrategia política que utiliza el lenguaje del rigor científico, al tiempo que redefine fundamentalmente quién cuenta como un experto legítimo y el conocimiento de qué fuente es relevante.
Estos materiales están dominados por tres temas y cada uno muestra cómo construye MAHA su relación con la ciencia y el conocimiento experto. Esta relación revela un proyecto iliberal que apunta a alimentar el temor por el futuro de la nación, al tiempo que redefine qué se considera como ciencia y como conocimiento experto fiables.
Catastrofismo sanitario
El primer tema que surgió de mi análisis es apocalíptico: la enfermedad crónica como una amenaza existencial para la nación. El lenguaje empleado por los actores políticos es vívido, sombrío y apremiante. En una mesa redonda llevada a cabo en el Senado en septiembre de 2024, un momento definitorio que lanzó el proyecto MAHA a la política dominante, Kennedy declaró que si una nación extranjera le hiciera a Estados Unidos lo que las empresas alimenticias y químicas le han hecho, se consideraría un acto de guerra. Calley Means, un empresario especializado en cuentas de ahorro para la salud1 y más tarde asesor de políticas de Kennedy, advirtió que la enfermedad crónica representa una amenaza para la nación al nivel de un genocidio. Su hermana Casey, una médica formada en Stanford sin habilitación para ejercer y ahora candidata al cargo de cirujana general de Estados Unidos2, afirmó que 90% de las muertes en el país se deben a un «sistema alimenticio que se ha convertido en un arma». Los participantes en la mesa redonda hicieron varias referencias a la mala ubicación de Estados Unidos en los rankings de indicadores de salud en relación con otros países similares.
El primer informe oficial de MAHA, publicado en mayo de 2025, declara que los niños y niñas de hoy son la generación más enferma de la historia estadounidense, y que el deterioro de su salud pone en riesgo la propia seguridad nacional, ya que los jóvenes del país no están en condiciones de prestar servicio militar. Cuando Kennedy y el secretario de Defensa Pete Hegseth fueron presentadores de su desafío de aptitud física «Pete y Bobby» en el Pentágono, Hegseth proclamó: «Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo. En forma, no gordos. Tengamos una fuerza de combate con hombres y mujeres jóvenes que estén preparados para defender la nación».
¿Y qué ha causado esta catástrofe? De acuerdo con el primer informe de MAHA, los alimentos ultraprocesados, los químicos tóxicos y las vacunas. Miles de químicos sintéticos en la comida, el agua y el aire representan un riesgo para la salud neurológica y endocrina de los niños, advierte el informe. Aquí, MAHA se refiere a ciencia genuina avalada por pares: la investigación en verdad sostiene la conexión entre sustancias químicas en el medio ambiente y las tasas crecientes de algunos tipos de cáncer, desórdenes en el neurodesarrollo y problemas reproductivos. Las principales asociaciones profesionales que representan a endocrinólogos y pediatras apoyan estas conclusiones. No obstante, las afirmaciones de los líderes de MAHA de que las vacunas ponen en serio peligro la salud pública carecen de una evidencia científica sólida que las respalde. La evidencia apunta al hecho contrario: los programas de vacunación se han traducido en una menor mortalidad en general, en Estados Unidos y en el mundo, y han contribuido en particular a enormes reducciones en la mortalidad infantil.
Corrupción en la ciencia
El segundo tema de importancia es la extendida corrupción de los cuerpos científicos y las agencias gubernamentales por parte de la industria alimenticia, agrícola y farmacéutica. Más de un tercio de los materiales de MAHA atribuyen la mala salud de la nación a conflictos de interés dentro de los organismos gubernamentales como el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA). El informe de MAHA dedica una sección a la captura corporativa y al fenómeno de la puerta giratoria, citando los miles de millones gastados en lobby para influir en las recomendaciones dietarias y silenciar la investigación desfavorable. Quien luego sería comisionado de la FDA, Marty Makary, en su participación en la mesa redonda en el Senado en 2024, pintó un oscuro retrato de las empresas farmacéuticas que no se detienen ante nada para obtener lucro gracias a las enfermedades crónicas, un mensaje que continúa compartiendo en sus apariciones oficiales en los medios. En repetidas oportunidades Kennedy ha afirmado que los conflictos de interés entre los reguladores y la industria han suprimido la ciencia que habría mejorado los resultados en salud pública.
Esta crítica al poder corporativo encierra algo de verdad. Activistas y académicos que estudian los sistemas alimenticios contemporáneos documentan hace ya mucho tiempo cómo los lobistas corporativos influyen sobre las agencias regulatorias y órganos legislativos, cómo la financiación de la industria define la investigación nutricional y cómo los conflictos de interés impregnan instituciones de la salud pública como la FDA. El poder corporativo con certeza distorsiona la ciencia. Pero el problema no es que MAHA identifique esta dinámica; es la forma selectiva en que aplica esta crítica al poder.
Los líderes de MAHA tienen sus propios conflictos de interés, que nunca se mencionan cuando ellos critican con severidad la corrupción en la función pública. Muchos asesores y miembros de paneles de expertos tienen conexiones con empresas dedicadas al bienestar y firmas de cuentas de ahorros para la salud que con seguridad se beneficiarán con las políticas de MAHA. Estos dirigentes no son inmunes a los grupos de presión de los propios sectores a los que pretenden desafiar. Por ejemplo, el primer informe de MAHA identificó los pesticidas agrícolas y los alimentos procesados como amenazas serias a la salud de la infancia, pero varios meses más tarde, su plan estratégico recomendó solo ajustes menores a las políticas agropecuarias y alimentarias del país. Desde afuera esto se vio como evidencia de los intereses industriales que trabajan a puertas cerradas para delinear la agenda de MAHA. En el marco de MAHA, solo importan algunos conflictos. La ciencia financiada por compañías farmacéuticas es sospechosa; la ciencia que apoya las posiciones de MAHA es rigurosa. Los expertos ligados a instituciones tradicionales son captados; los expertos alineados con MAHA son independientes. La acusación de corrupción, convenientemente inespecífica, puede aplicarse a cualquier institución, estudio o hallazgo que contradiga la agenda de MAHA.
Sus líderes se presentan como «renegados» y como «colosos contra las convenciones», en busca de la verdad a cualquier precio. Kennedy lo explicita en una entrevista de Fox News: «La confianza en los expertos no es una función de la ciencia o la democracia. Es una función del totalitarismo y la religión». La afirmación es llamativa. Kennedy, hablando como máximo responsable sanitario del país, denuncia la confianza en los expertos al tiempo que le pide a la gente que confíe en él y su equipo; apela a la democracia al tiempo que consolida el control sobre lo que cuenta como conocimiento experto legítimo; y defiende la ciencia al tiempo que rechaza las estructuras institucionales a través de las cuales se produce, valida y difunde el conocimiento científico. En una cumbre de MAHA en otoño de 2025, el vicepresidente J.D. Vance elogió a Kennedy por no tener miedo de pensar de maneras novedosas. Kennedy respondió declarando que la gente como él permite el avance de la ciencia porque está dispuesta a desafiar las ortodoxias e impulsar las heterodoxias.
La visión sobre la ciencia y la corrupción de Kennedy está redefiniendo en profundidad las agencias que están bajo su control. En junio de 2025, argumentando conflictos de interés, Kennedy despidió a los 17 integrantes del Comité Asesor sobre Prácticas Inmunológicas (ACIP) del Centro para el Control de las Enfermedades (CDC), un organismo científico crítico que asesora al CDC sobre vacunas. Los miembros despedidos tenían pocos conflictos de interés, pero Kennedy eligió reemplazarlos por escépticos declarados respecto a las vacunas. Cuando Kennedy y los líderes de MAHA deslegitiman a las agencias gubernamentales claves que regulan la medicina y los alimentos tildándolas de instituciones «capturadas», vemos una crítica del fracaso regulador que sienta las bases para la consolidación de una autoridad sanitaria bajo el control del Poder Ejecutivo.
La construcción de una «ciencia de referencia»
Esto nos lleva al tercer y más relevante tema: la construcción de lo que MAHA llama ciencia de referencia. Esta frase aparece en todos los documentos oficiales, las conferencias de prensa y entrevistas con los funcionarios de MAHA ¿Qué es exactamente la ciencia de referencia? Un documento del HHS, en respuesta a una orden ejecutiva publicada varios meses antes, enuncia nueve principios que, a primera vista, parecen bastante razonables. Por ejemplo, la investigación debe plantear hipótesis falsables, ser replicable, poner a disposición de otros los datos y comunicar claramente la incertidumbre. Pero el HHS requiere que la ciencia de referencia cumpla con la totalidad de los nueve principios, lo que conduce a un marco demasiado rígido que excluirá una amplio abanico de investigaciones en materia de salud pública de la formulación de políticas públicas.
Los silencios de MAHA importan tanto como su discurso sobre lo que la ciencia es y no es. Estos silencios ofrecen una pista de cómo su versión de ciencia populista encaja en un contexto más amplio de gobierno iliberal. Mientras lamentan la crisis crónica de salud en Estados Unidos y la pobre expectativa de vida en relación con otros países similares, los líderes de MAHA sistemáticamente ignoran décadas de investigación epidemiológica (el tipo de ciencia revisada por pares que dicen defender) que demuestran que las causas subyacentes de estos problemas incluyen la desigualdad en el ingreso, las redes de seguridad social inadecuadas, la pobreza, la segregación racial, la falta de viviendas asequibles y la privatización del cuidado de la salud. La tasa de natalidad declinante del país –una preocupación clave de MAHA– no puede entenderse sin examinar las disparidades raciales en mortalidad infantil y materna y las restricciones en el acceso al cuidado de la salud reproductiva. No obstante, los materiales de MAHA nunca mencionan estos factores.
Estas omisiones son llamativas e indudablemente ideológicas. El silencio de MAHA sobre las causas subyacentes de la mortalidad materna se alinean con el objetivo del gobierno de limitar el acceso al aborto y la anticoncepción. La falta de cualquier atención a las causas estructurales de la enfermedad crónica se relaciona, a mi entender, con la hostilidad del gobierno hacia el lenguaje sobre la diversidad, la igualdad, la inclusión y las inequidades sociales.
La política por sobre la ciencia
Bajo MAHA, la salud pública queda subordinada y puesta al servicio de una política partidista e iliberal. La salud se convierte en una cuestión de preparación militar y de sustitución de un establishment corrupto (liberal) por nuevas instituciones que rechazan el discurso de la equidad racial y social en favor de uno que celebra una rígida nueva ortodoxia de la denominada «ciencia de referencia».
MAHA, como el gobierno en que se enmarca, ama las dicotomías simples y abraza las contradicciones: buena ciencia versus mala ciencia, investigadores independientes versus investigadores captados, buscadores de la verdad versus mentirosos motivados por el lucro. Presenta a sus dirigentes políticos como los únicos capaces de distinguir entre la verdad y la propaganda, no contaminados por los conflictos que impregnan las instituciones dominantes. Exige evidencia al tiempo que descarta un vasto corpus de investigaciones. Invoca la revisión por pares mientras rechaza el consenso científico construido sobre la base de una rigurosa revisión por pares.
Volviendo a nuestra pregunta original: ¿es MAHA anticiencia? La respuesta es a la vez no y sí. No, porque acepta los métodos científicos básicos, la investigación empírica y el razonamiento basado en la evidencia. Sí, porque rechaza los mecanismos institucionales existentes a través de los cuales el conocimiento científico se produce, valida y traduce en políticas. En síntesis, MAHA adopta la ciencia al tiempo que reestructura fundamentalmente la autoridad científica. Rechazando tradiciones científicas comúnmente aceptadas –aun si son erróneas–, MAHA decide, en forma unilateral, de quién es el conocimiento que cuenta, qué instituciones son legítimas, qué preguntas se pueden plantear y qué conflictos de intereses son importantes.
Y así MAHA simula que su nueva versión de la ciencia es y será inmune a los problemas que llevan tanto tiempo acosando a la ciencia dominante, sin (hasta lo que he podido ver) ofrecer razones de peso ni pruebas de que vaya a ser así. Lo que se ha visto hasta ahora nos cuenta una historia mucho más prosaica de afán de poder y estrechez intelectual.
MAHA dice liberar a la verdad de las instituciones corruptas, pero en lugar de eso impone desde arriba nuevas y polémicas ortodoxias. Promete servir al pueblo, pero al mismo tiempo promueve intereses políticos y económicos concretos. Entender MAHA requiere reconocer que su relación con la ciencia no se reduce a una simple aceptación o rechazo. Más bien, se trata quizás en primer lugar de un proyecto político que implica reconstituir el propio conocimiento experto determinando quién puede hablar con autoridad sobre la salud, el riesgo y el futuro de la nación. Una de las tesis principales de MAHA es que las instituciones científicas tradicionales son fundamentalmente políticas, y por supuesto hay algo de verdad en eso. Pero también es verdad respecto de la ciencia de MAHA y, podría decirse, en un grado mucho mayor, dado que esta omite los mecanismos tradicionales de transparencia y revisión.
Es pronto aún para anticipar cuál será el paisaje científico del futuro, pero MAHA y su ciencia no pueden ser ignorados. Los científicos y las instituciones tradicionales –así como los políticos que se preocupan por su trabajo– deberán cuestionarlos y negociar con ellos.
Nota: la versión original de este artículo, en inglés, se publicó en Illiberalism Studies Program el 10/3/2026 con el título «Renegade Science: The Politics of MAHA’s Illiberal Health Agenda» y está disponible aquí. Traducción: María Alejandra Cucchi
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1.
Las cuentas de ahorro para la salud son instrumentos de ahorro con ventajas fiscales en Estados Unidos, destinados a cubrir gastos médicos y generalmente vinculados a seguros que obligan a asumir de bolsillo una parte importante de los costos antes de que empiece la cobertura. [N. Del E.]
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2.
La cirujana general de Estados Unidos es la principal portavoz del gobierno federal en materia de salud pública y se encarga de orientar e informar a la población sobre cuestiones sanitarias.
[N. Del E.]

