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Revitalización desde las bases del sindicalismo argentino

Reprimidos por la dictadura en la década de los 70 y bloqueados por los «sindicalistas empresarios» en los 90, los cuerpos de delegados han vuelto al escenario sindical argentino. Este artículo reflexiona sobre la reemergencia de un sindicalismo de base, a menudo alentado por jóvenes sin experiencia gremial, que ha logrado éxitos resonantes como en el caso de los trabajadores del transporte subterráneo de Buenos Aires. En el marco de direcciones sindicales burocratizadas e incapaces de trasmitir la experiencia del pasado, muchos de los nuevos activistas se han visto influidos por luchas fuera del lugar de trabajo, como asambleas barriales, cortes de ruta o la militancia en partidos de izquierda.

Revitalización desde las bases del sindicalismo argentino

Desde mediados de la década pasada, la recuperación salarial fue vital para impulsar en Argentina un conjunto de conflictos laborales orientados por las organizaciones sindicales. A diferencia del proceso de conflictividad social registrado en la década de 1990, en este siglo el aumento de la protesta está asociado a la práctica sindical, una tendencia que marca el declive de las organizaciones de desocupados y de recuperación de empresas. Según datos oficiales, la reciente recuperación del protagonismo sindical en los conflictos opera en paralelo con la expansión de las negociaciones colectivas. Sin embargo, los datos estadísticos reflejan un comportamiento irregular de ambos indicadores, con lo cual se puede pensar que responden a estructuras paralelas dentro de la organización sindical, que tienen un ritmo de manifestación diferente. Dicho de otra manera, el aumento de la conflictividad laboral y el mayor número de negociaciones colectivas no son la expresión de un mismo recorrido en la consolidación del sindicalismo, ya que dan cuenta de procesos divergentes en la orientación interna de los gremios.

Para comprender esas potenciales diferencias, consideramos la dinámica del proceso ensayado por las bases en los conflictos laborales. En el análisis, tenemos en cuenta la orientación que las bases gremiales brindan al proceso de revitalización del conflicto laboral, una tendencia que puede no estar avalada por las jefaturas gremiales porque es interpretada por ellas como una amenaza a su propia hegemonía. Se registra así una disputa de poder que puede ser observada en el propio lugar de trabajo, donde es posible considerar cómo reaccionan las bases y las cúpulas a esta tensión de intereses.

En este marco, abordaremos una serie de experiencias de los cuerpos de delegados y las comisiones internas que establecen los márgenes de ese protagonismo sindical en las bases ante determinados conflictos1. Concretamente, se busca comprender cuáles son las etapas en la lucha de estas estructuras de representación, para hacer frente a la renovación sindical y dar lugar a una situación que es interpretada por las cúpulas como una amenaza a su poder institucional.

Ofensiva patronal y políticas antisindicales

Las distintas experiencias de comisiones internas y cuerpos de delegados que se estudian en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales del Conicet2 muestran similitudes en las trayectorias organizativas. En ese sentido, se hallan recurrencias respecto a la política antisindical de las grandes empresas, una práctica que se profundiza en el caso de las empresas de servicios públicos privatizados3.

La política antisindical se inicia en los años 90, conjuntamente con los despidos masivos y selectivos que se realizan en las empresas: muchos de ellos afectan a trabajadores con antecedentes sindicales o posiciones contestatarias. Por su parte, los retiros voluntarios se orientan a muchos dirigentes combativos, con funciones y responsabilidad gremial.

La purga de los activistas fue la fase inaugural de una práctica antisindical; después se utilizó la amenaza del despido como mecanismo de control de los trabajadores, que ya no contaban con una iniciativa sindical para defender sus intereses laborales ni gremiales. Finalmente, comenzó una fase de incorporación de jóvenes en las empresas; estos, sin antecedentes laborales ni, por supuesto, gremiales, ingresaron en el mundo laboral sin contar con garantías ni formación sindical, dado que quienes debían desempeñar ese rol formador ya no eran parte de las empresas.

Los éxitos de la política antisindical fueron categóricos, ya que en la mayoría de las empresas se impusieron pautas de contratación y salarios abusivas para los empleados. Proliferó una política de contratación que, en ausencia de organizaciones gremiales activas, avanzó en la imposición del despido como amenaza frente a la indisciplina y fue generando planteles de trabajadores jóvenes sin derechos laborales y sin posibilidad de reclamarlos, dada la falta de garantías laborales y gremiales. Más aún, esa pauta de contratación degradada de los nuevos trabajadores sirvió muchas veces como una amenaza para el empleo estable. La fragmentación del colectivo de trabajo se expresa a menudo como una distancia generacional, pero esa expresión realmente oculta hechos de tipo político: la ruptura de compromisos entre los trabajadores, el bloqueo de solidaridades y la agudización de un olvido, el de las luchas obreras del pasado.

En efecto, las políticas empresariales muestran recorridos similares en los casos analizados; los desajustes se observan tan solo respecto al grado de imposición de la lógica antisindical y a sus consecuencias en cuanto a la fragmentación de los trabajadores y el ocultamiento de las luchas gremiales pasadas. Los casos en que se han podido imponer estos mecanismos de un modo más categórico son aquellos en que hay un cambio en la titularidad del empleador4, y la situación toma un cariz aún más radical cuando los nuevos dueños son extranjeros y pertenecen a grupos multinacionales5. Pero sin dudas donde más ha impactado este cambio de régimen laboral es en el caso de las empresas de servicios públicos privatizadas6. Tal vez lo decisivo en estas transformaciones del régimen laboral y sus políticas respecto a los sindicatos fue que el «trabajo sucio» lo realizó la patronal saliente, antes de que se produjera la reconversión; esto habilitó a las nuevas patronales a funcionar imponiendo su propia disciplina en un contexto sindical extremadamente deteriorado7.

Formas clandestinas de la recomposición gremial

A pesar de la tendencia general al deterioro de la vida sindical en los lugares de trabajo, en este siglo esta resurgió de las sombras y se desató donde nadie pensaba que emergería: justamente de ese contingente de trabajadores jóvenes sin derechos ni formación gremial surgió un nuevo e inédito activismo. Dadas las condiciones, las formas preliminares de agitación y organización se desarrollaron en forma clandestina: la actividad gremial de los jóvenes trabajadores no podía quedar expuesta ya que estos se arriesgaban a perder el trabajo. Si el despido seguía siendo un mecanismo para controlar a los trabajadores con derechos, resultaba mucho más efectivo en el caso de los trabajadores precarizados8.

  • 1. Para tener una dimensión estadística de los alcances de la representación sindical en el lugar de trabajo, pueden considerarse los siguientes datos: en Argentina, una de cada 10 empresas tiene un delegado sindical. Si la observación se hace en relación con el tamaño de la empresa, más de la mitad de las grandes (aquellas que tienen más de 200 empleados) tienen al menos una representación gremial; entre las medianas (entre 50 y 100 empleados), solo 30% alcanza a tener representación de por lo menos un delegado; y de las pequeñas, solo 7,3% tiene un delegado en la empresa. Para ampliar esta información estadística, v. David Trajtemberg, Fabián Berhó, Paula Atoréis y Walter Lauphan: «Encuesta de relaciones laborales», trabajo presentado en el vii Congreso Nacional de Estudios del Trabajo, Buenos Aires, 10 a 12 de agosto de 2005.
  • 2. Los distintos estudios que se consideran en este artículo son resultado del proyecto de investigación colectivo «El sindicalismo en el lugar de trabajo. Estudio cualitativo sobre la descentralización del conflicto laboral en la Argentina», patrocinado por el Conicet.
  • 3. Un análisis comparativo reciente establece las líneas de continuidad y ruptura entre las experiencias sindicales en el lugar de trabajo registradas en los sindicatos de empleados de transporte subterráneo y de telefónicos y permite observar las semejanzas en los ajustes impuestos por el régimen privatizador sobre los trabajadores. Ver Juan Montes Cató y Patricia Ventrici: «El lugar de trabajo como espacio de resistencia de las políticas neoliberales. Reflexiones a partir de las experiencias de los trabajadores telefónicos y del subte» en Theomai No 22, segundo semestre de 2010.
  • 4. Paula Varela ha analizado el ejemplo de una empresa de neumáticos que resulta representativo de esta transformación del régimen laboral y de la orientación antisindical que dieron las nuevas patronales. Ver P. Varela: «Sindicalismo de base y dirigencia sindical. El conflicto de fate», ponencia presentada en el i Congreso Internacional de Relaciones del Trabajo, Buenos Aires, 2007.
  • 5. El conflicto desatado recientemente en una empresa multinacional de producción de alimentos es clave para considerar este despotismo patronal y su práctica antisindical, así como para reconocer la recuperación de una tradición de lucha en el presente. Ver P. Varela y Diego Lotito: «La lucha de Kraft-Terrabusi. Comisiones internas, izquierda clasista y ‘vacancia’ de representación sindical» en Conflicto Social año 2 No 2, 12/2009.
  • 6. En este sentido, un caso que aporta en riqueza organizativa y en aspectos de integración para el activismo gremial es el de los telefónicos, por las consecuencias que tuvo en el proceso de privatización de la empresa. Ver Juan Montes Cato: «Dominación y resistencia en los espacios de trabajo. Estudio sobre las relaciones de trabajo en empresas privatizadas», tesis doctoral, Universidad de Buenos Aires (uba), 2006.
  • 7. Ver Nuria Giniger y Hernán Palermo: «Alcances y límites políticos de las luchas gremiales: un análisis comparativo entre los trabajadores petroleros y los siderúrgicos» en Claudia Figari y Giovanni Alves (eds.): La precarización del trabajo en América Latina. Perspectivas del capitalismo global, Praxis, Marilia, 2009. Este trabajo compara dos experiencias de organización interna de los sindicatos y resulta valioso para advertir recorridos específicos y ponerlos en relación con el contexto general.
  • 8. Ver J. Montes Cató: ob.cit. para un análisis de esta situación entre los pasantes de la empresa privatizada de teléfonos, y P. Lenguita: «Gremialismo de prensa: el lado oculto de los medios de comunicación» (trabajo presentado en el i Congreso Nacional de Protesta Social, Acción Colectiva y Movimientos Sociales, Buenos Aires, 30 y 31 de marzo de 2009), para un estudio de la degradación laboral de los jóvenes colaboradores de prensa.