Opinión

#refugeeswelcome vs. «Alemania, levántate»​ La cuestión de los refugiados y el poder de movilización de los nuevos medios

La batalla entre quienes apoyan la recepción de refugiados y quienes se oponen también se produce en las redes sociales

#refugeeswelcome vs. «Alemania, levántate»​ / La cuestión de los refugiados y el poder de movilización de los nuevos medios

Firas Al Shater no llama en absoluto la atención en Berlín en 2016. Tiene barba, varios aretes y un chaleco pasado de moda sobre una camisa blanca. Podría ser uno de los muchos hipsters digitales que están sentados en el café St. Oberholz o en la Betahaus junto a un café flat white y sueñan con una start-up de éxito apabullante. Pero este hombre de 26 años no forma parte de la bohemia berlinesa, sino que hace dos años o más tuvo que huir de Siria con rumbo a Europa. También él cree en el poder de Internet.

Al Shater maneja el canal de YouTube «Zukar», en el que describe «Alemania desde la perspectiva de un refugiado». Lo hace con humor y de manera desenvuelta, con animaciones propias del género y cortes veloces. «Antes hice películas», cuenta, «cuando no estaba en la cárcel por haber hecho películas». El video titulado «Quiénes son estos alemanes», obtuvo en poco menos de dos semanas más de 400.000 visitas. Faris Al Shater aparece allí con ojos vendados y brazos abiertos de par en par en la Alexanderplatz. Delante de él yace sobre el suelo un letrero de cartón: «Soy un refugiado sirio. Confío en ti. ¿Confías en mí? ¡Abrázame!»

Con esta campaña, Al Shater desea averiguar dónde está parado el «hombre de la calle» con respecto a la cuestión de los refugiados, si del lado de los activistas de #refugeeswelcome que agitan banderas con el arco iris o en la chusma histérica de AfD-Pegida. O en algún punto medio. Por lo demás, el video tiene un final feliz. Después de haber sido ignorado un rato por los transeúntes, Faris Al Shater recibe un primer abrazo. Luego otro más. Y otro. Su conclusión: «Cuando los alemanes comienzan algo, no se detienen por nada».

El canal de video «Zukar» es solo uno de los numerosos proyectos web que intentan utilizar el poder de las redes sociales para facilitar la integración de los refugiados. Hay tutoriales en video que muestran a los recién llegados cómo pueden abrir una cuenta bancaria. En Google Maps hay un «mapa de bienvenida para refugiados» en el que se marcaron centros de atención y ofrecimientos de ayuda. Y hay aplicaciones tales como REFUGErmany y plataformas como Wefugee, donde pueden contactarse gente dispuesta a ayudar y refugiados (aquí se trata tanto de cuestiones relacionadas con la solución de temas burocráticos como dónde encontrar un buen equipo de fútbol). «Los medios digitales pueden generar una comunicación de igual a igual», sentencia la autora y ciberactivista Anke Domscheit-Berg. Esta mujer de 48 años ha albergado desde 2015 a decenas de refugiados en su casa de Berlín y es la impulsora de la campaña #refugeehackathon en Alemania, una maratón de programadores en la que se desarrollaron soluciones digitales para ayudar a refugiados y voluntarios. Domscheit-Berg dice: «Estas aplicaciones ayudan a los recién llegados a orientarse en un país extranjero, a comunicarse y también para muchos otros desafíos: sobre todo, para recuperar un poco de autonomía y poder volver a manejar sus vidas de forma más independiente.»

Sin embargo, no solo #refugeeswelcome usa el poder de movilización de los nuevos medios. En Facebook está, por ejemplo, el grupo Deutschland, steh auf («Alemania, levántate»), que tiene algo menos de 10.000 seguidores y en cuya página hay entradas con títulos tales como «Derroquen a Merkel» y «Musulmanes en Gran Bretaña violan a 1200 niños». La noticia de que los refugiados iban a poder viajar en tren de forma gratuita en Alemania fue comentada por los autores de la página maliciosamente: «Pero sí tenían miles de euros para pagarles a los traficantes de personas, ¿no?». Debajo del artículo se ven emojis y comentarios furiosos como: «Esto ya es demasiado, ¡pobre Alemania!» o «Estos cerdos tienen derecho a recibir todo» (sic). Aparecen cada vez más artículos que describen las redes sociales como peligrosas sociedades paralelas («Donde bullen el odio y el estiércol», tituló el periódico Berliner Zeitung). La periodista televisiva Dunja Hayali inició acciones legales por injurias contra un usuario de Facebook y preguntó, cuando le entregaron el premio alemán Cámara de Oro: «¿Hay realmente alguien que piense que sirve para algo todo este odio?», lo cual le valió ser elogiosamente considerada como una luchadora contra la turba 2.0. Y Hans Magnus Enzensberger describe las redes sociales en su artículo «¡Defiéndanse!» como un poder casi asocial. Su consejo: «No puede ayudarse a quien quiera tener amigos así. Quien tenga la desgracia de pertenecer a una empresa de este tipo, que huya cuanto antes.»

Como tantas veces, cuando se trata de las consecuencias del uso moderno de los medios (¿tienen que aprender con tabletas los escolares? ¿Qué pasa en la cabeza de un fanático de los videojuegos?), reinan o bien la euforia o bien un clima de ocaso de Occidente. Los medios digitales no son una fuerza del bien o del mal, sino una herramienta agnóstica en sus fines: el efecto que tengan depende de cómo se las emplea (con un martillo se pueden construir hogares para refugiados y también se le puede partir el cráneo a alguien). A pesar de ello, en 2016 debe admitirse que la sociedad modelo con fundamentos democráticos que muchos esperaban alcanzar con herramientas de política 2.0 no se ha hecho realidad. Incluso reconocidos nativos digitales como Sascha Lobo tienen una mirada crítica de las redes sociales: «La política pública se está convirtiendo en una tertulia cada vez más ruidosa, favorecida por las redes sociales pero también alimentada por los medios periodísticos tradicionales, que se enfrascan en un círculo vicioso de confidencias: cuanto más ruidosas, hay más Me gusta

Hace apenas unos pocos se soñaba con periodistas-ciudadanos que incorporasen las reglas discursivas de Habermas y creasen una nueva forma de opinión pública: el quinto poder. Y ciertamente hay gente que publica con frecuencia en la red, pero también hay muchos periodistas-ciudadanos sensacionalistas que superan en derechismo al periódico BILD.