Opinión

¿Quién le teme a los piratas? Una competencia poco ortodoxa para los partidos europeos

En una democracia, debería resultarle difícil ganar espacio político a un partido que no tiene una posición clara en asuntos nacionales relevantes, y cuyos principales candidatos dan respuestas equivocadas a preguntas concretas por falta de conocimiento. Sin embargo, en Alemania ocurre lo contrario. Una pequeña agrupación política con fuerte presencia en Internet está alterando el sistema alemán de partidos. Justamente, su ignorancia no disimulada y la convicción de que sus ideas no se basan en una ideología, tienen un eco positivo en muchos electores jóvenes y en aquellos desilusionados de los partidos políticos establecidos. Por ello, en este momento, el Partido Pirata es muy cotizado entre los votantes alemanes.

¿Quién le teme a los piratas? Una competencia poco ortodoxa para los partidos europeos

En una democracia, debería resultarle difícil ganar espacio político a un partido que no tiene una posición clara en asuntos nacionales relevantes, y cuyos principales candidatos dan respuestas equivocadas a preguntas concretas por falta de conocimiento. Sin embargo, en Alemania ocurre lo contrario. Una pequeña agrupación política con fuerte presencia en Internet está alterandor el sistema alemán de partidos. Justamente, su ignorancia no disimulada y la convicción de que sus ideas no se basan en una ideología, tienen un eco positivo en muchos electores jóvenes y en aquellos desilusionados de los partidos políticos establecidos. Por ello, en este momento, el Partido Pirata es muy cotizado entre los votantes alemanes.

Los Piratas nacieron en Suecia (1), donde un grupo de activistas de Internet, descontentos con la concepción política de la red por parte de los partidos establecidos, fundó su propio partido en 2006. El tema principal de los piratas es, precisamente, el uso libre de Internet. Esto se refiere tanto a la protección de los datos y a los derechos individuales como el libre intercambio de bienes en Internet, e implica cambios importantes en el derecho de autor, el derecho de patentes y la protección de marcas.

En las elecciones nacionales, el Partido Pirata sueco quedó muy por debajo del 1% de los votos. Sin embargo, en las elecciones europeas de 2009 sorprendió con un resultado electoral de 7,1%, que le permitió enviar una representante al Parlamento Europeo.

En Alemania, el Partido Pirata obtuvo apenas 0.9% de los votos en esas elecciones europeas. Sin embargo, pocos meses después, en las elecciones al Parlamento federal, alcanzó un respetable 2%, y superó por primera vez el límite mínimo de 5% en las elecciones regionales de Berlín el 18 de septiembre de 2011. El Partido Pirata obtuvo en esa ocasión 8.9% de los votos y entró al Parlamento regional con 15 diputados. Gracias a la impresionante promoción que obtuvieron en los medios de comunicación, los Piratas entraron luego también a los parlamentos regionales de Sarre (con 7,4% de los votos), Schleswig-Holstein (8,2%) y Renania del Norte Westfalia (7,8%).

El tema clave de todos los partidos Pirata gira en torno a las políticas de regulación de Internet. Sin embargo, el Partido Pirata de Alemania no tardó en ampliar su programa: transparencia, participación y derechos ciudadanos son su leitmotiv actual. Pese a ello, aún hay temas en los que no han dado a conocer su posición; por ejemplo, la misión de las Fuerzas Armadas alemanas en Afganistán. La posición del partido en temas como educación o familia pueden ser calificadas como liberales de izquierda, pero los mismos Piratas consideran que el esquema tradicional de izquierda-derecha es obsoleto. Se ven a sí mismos como la vanguardia de la sociedad de información.

Tal como se puede esperar de un partido político activo en la red, su electorado principal está conformado por personas mayoritariamente jóvenes, sobre todo hombres, con buena formación y familiarizados con Internet. Sin embargo, su ascendencia en el tema de la regulación política de Internet no basta para explicar el éxito que ha logrado el partido. Su presencia más bien informal y hasta ingenua ha dado a los Piratas una imagen de partido que va en contra de lo establecido. Por ello, en la medida que se hicieron más conocidos, también lograron sumar apoyos de personas que no suelen votar y de electores desilusionados con los partidos políticos tradicionales.

El éxito logrado por el Partido Pirata indica también que los ciudadanos creen cada vez menos en la capacidad de solución de problemas por parte de las instituciones políticas. Aunque existan paralelos llamaivos con la historia del surgimiento de los Verdes en los años 80 --y de que el Partido Verde, ahora integrado al sistema, esté buscando la mejor manera de abordar a los Piratas--, no habría que caer en la tentación de minimizar el fenómeno argumentando que su falta de programa es irritante, que mucha distancia los separa de los partidos políticos establecidos y que los piratas ya se adaptarán al sistema.

La existencia del Partido Pirata es una advertencia para todos los demócratas. El fastidio provocado por los hábitos del sistema político y la democracia participativa es grande. Se trata, entonces, de probar al electorado que la política no es sólo un fin sino que puede lograr algo, y que los políticos quieren --y pueden-- lograr cambios para la sociedad. La participación decreciente de los ciudadanos en las elecciones y la creciente fragmentación del sistema de partidos políticos indican desde hace tiempo que la confianza en la política está disminuyendo. Deberíamos agradecer a los Piratas por haberse levantado de sus computadoras para incorporarse a la política, y deberíamos estar contentos de que sean ellos --y no los populistas de derecha o izquierda-- quienes reciben el apoyo de los electores jóvenes, los ciudadanos desilusionados y los que no votan regularmente.

En consecuencia, habría que recomendar a los partidos políticos establecidos que no reaccionen con tanto temor a estos competidores poco ortodoxos. Se trata, más bien, de retomar temas olvidados como la transparencia, la co-gestión y la política de Internet; de modernizarse en términos programáticos; de mejorar la confianza de la gente en la política a través de las propias acciones de gobierno. Desde la perspectiva de futuras estrategias de coalición, también habría que pensar si no sería recomendable integrar a estos novatos a las responsabilidades de gobierno, obligándolos a tomar posiciones más definidas.

Quienes descalifican a la ligera, y con una pequeña sonrisa, el alboroto causado por los Piratas en el paisaje político de Europa, deberían recordar que más de 60 países ya cuentan con su propio Partido Pirata. La organización “Pirate Parties International“ (www.pp-international.net) conecta a los Partidos Piratas existentes, y ayuda en la creación de los nuevos.

En América Latina, los Piratas ya llegaron a Brasil, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Uruguay y Venezuela, para mencionar sólo algunos casos. Habría que preguntarse si allí los movimientos políticos establecidos están a la altura de las demandas sociales y de Internet. ¿O será cuestión de tiempo para que los Piratas también lleguen a los Parlamentos de esos países?

(1) Ver Linda Larsson, "Die Schwedische Piratenpartei“, Perspektive, Friedrich-Ebert-Stiftung, octubre 2011 (http://library.fes.de/pdf-files/id/08574-20111102.pdf).

(*) Sociólogo y politólogo. Senior research fellow, departamento de Análisis Político Internacional en Friedrich-Ebert-Stiftung.

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