Opinión

¿Qué hacemos con un México polarizado después de las elecciones?

La democracia no se ejercerá el 1 de julio, como si fuera fruta de un solo día. La democracia está en construcción permanente y lo seguirá estando un día después.

¿Qué hacemos con un México polarizado después de las elecciones?

Este artículo forma parte del especial «Elecciones México 2018: despolarización y desinformación» producido en alianza con democraciaAbierta en el marco del proyecto #EleccionesAbiertas2018

Los partidos políticos parecen haberse anotado un gran triunfo antes de que lleguen las elecciones: divide et impera (divide y vencerás), reza el dicho que se convirtió en estrategia.

La polarización en el ambiente político y ciudadano en México, a unos cuantos días de la elegir un presidente, nueve gobernadores, 628 legisladores y más de 17 mil cargos locales, se incrementa día con día.

En redes sociales, las discusiones y desencuentros entre familiares y amigos se hacen públicas. ¿La razón? La elección de un candidato.

Elegir a un gobernante -especialmente si se trata el presidente que dirigirá a un país los próximos seis años- es una decisión crucial, sin duda, pero ¿en qué puede beneficiar a un país los lazos rotos, el encono? Es como si todos actuáramos como si el país se terminara el 1 de julio, el día de la elección en México, pero se nos olvida que habrá un país que seguir construyendo al día siguiente.

La polarización tiene buenas razones para existir: es a través de distinguirnos del otro que creamos una identidad y, por esto, atacamos a quien ponga en entredicho nuestra identidad.

¿A quién beneficia esto? A los candidatos, a los partidos. ¿Por qué? Porque entonces nos ponemos su camiseta, los defendemos, nos alejamos de los que opinan diferente y, por tanto, de las voces críticas, que cuestionan su actuar. Nos encerramos en una caja de resonancia junto con otros que piensan como nosotros.

La polarización no sólo enrarece el ambiente en el trabajo, con los amigos, con la familia. Mina a la democracia, no sólo a la que se practica el día de las elecciones, sino a la que se practica todos los días. Consigue que se nos olvide que el día de las elecciones es solo un fragmento del ejercicio democrático; la participación cotidiana es lo que realmente nos da a los ciudadanos el poder de ser dueños del espacio, del poder, eso es en realidad la democracia demos=pueblo, cracia=poder).

Por eso es que los mexicanos rebasamos -otra vez, y por mucho- a las autoridades el 19 de septiembre, cuando un sismo de 7.1 en la escala de Richter hizo retumbar la Ciudad de México y Puebla. Ese 19S, los mexicanos no pensamos en colores políticos, mucho menos en partidos, pensamos en el vecino que estaba debajo de los bloques de cemento.

Un puño se levantaba en alto y el silencio reinaba. No había palabras, solo un silencio que avivaba la esperanza y los oídos se aguzaban. Un puño en alto significaba esperanza; era la señal de que probablemente los rescatistas habían encontrado un sobreviviente bajo los escombros.

La gente reaccionó antes que los políticos (por los que hoy nos desbaratamos en defender o atacar), antes que el Ejército, antes que la Cruz Roja. El suelo aún se movía cuando ya sabíamos que íbamos a tener que levantar rocas. El conteo de muertos aún no era público cuando quien tenía algo lo ofreció para evitar, a como diera lugar, que ese marcador avanzara.

Estaba el dueño de la ferretería de la calle Sonora que sacó todo su inventario a la calle (desde martillos hasta carretillas o palas) para ayudar al rescate; el vendedor de tamales, que no dudó en dar su mercancía para que los voluntarios no desfallecieran ante el cansancio, hubo hasta agrupaciones de mariachis que fueron a dar lo que tenían: su música, para con sus notas hilar los ánimos en contra del cansancio.

Ese 19 de septiembre, en el que perecieron cerca de 400 personas en el centro de México, hubo más democracia que en los meses que duran las campañas electorales. ¿Alguna vez, de aquí al 1 de julio, día de las elecciones, recordaremos eso? ¿Recordaremos que fuimos el país en donde se pidió ya no salir a ayudar más porque éramos demasiados?

El 19S fue una cátedra de democracia, en donde lo colectivo se sobrepuso a lo individual. Fue hace nueve meses pero, en periodo electoral, parecen nueve décadas.

La polarización, por el contrario, es completamente antidemocrática, pues se basa en la invalidación de la opinión, sentir y aspiraciones de “el otro”, para privilegiar los propios.

México, una historia diferente

Dicen los libros de historia que México se independizó de España en 1821 (tras 11 años de batallas) y que se liberó de su último dictador a inicios del siglo XX. Sin embargo, quien tenga oportunidad de profundizar un poco más en la historia mexicana verá que después de que el Partido Nacional Revolucionario (hoy Partido Revolucionario Institucional (PRI)) llegó el poder en 1929, se instauró lo que Mario Vargas Llosa llamó “la dictadura perfecta”.

El PRI se enquistó en el poder hasta el año 2000, cuando la alternancia llegó tras siete décadas de hegemonía unipartidista. Así, aunque técnicamente México se constituyó en una república democrática hace prácticamente dos siglos, para muchos que vean de cerca la historia mexicana coincidirán en que la democracia en México tiene menos de 20 años.

O sea, que ser escéptico, dudar del poder del voto, no es un cuento sacado de otra dimensión. Hay razones para desconfiar. Sin embargo, no hay razones para vivir dudando.

Una fórmula para mantener la polarización es votar pensando en el candidato que mantendrá nuestro status quo, mientras que 60 millones de mexicanos viven bajo la línea de bienestar (sin acceso a alimento, vivienda o educación adecuadas); mientras que 25 mil mexicanos son asesinados cada año y 99% de esos homicidios se mantienen impunes; mientras que la brecha de inequidad franquea dos universos completamente distintos, sin ninguna otra similitud que el escudo nacional en el acta de nacimiento.

La polarización existe no sólo porque representa dos o más visiones sino porque en efecto, hay más de un país adentro de México. En México, hay partes que tienen niveles similares de desarrollo a Noruega o a Nueva Zelanda (Ciudad de México, Monterrey) y otros, como Guerrero o Chihuahua, con niveles similares a Djibouti o la República Democrática del Congo, de acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

Sí, una de las razones de la polarización son los distintos Méxicos, pero acentuarla con violencia en la comunicación en época electoral no soluciona nada, por lo contrario, agranda las distancias.

Para que las distancias no se hagan distanciamientos, no se puede esperar que “el otro” cambie su postura, si realmente se quiere reducir la polarización es preciso reconocer el valor de la opinión del otro, lo necesaria que es la divergencia de pensamientos, el enriquecimiento de la diversidad en todos los tenores.

Es más, no sólo validar la opinión de “el otro”, sino valorarla (¿será eso mucho pedir?); no acudir a las urnas pensando en las propuestas que ofrecen un mayor beneficio a nivel personal, sino al bienestar colectivo. Pues es sólo a través del bien colectivo que las naciones pueden desarrollarse.

“Los derechos que yo tengo, sino los tienen todos, entonces son privilegios”, dice el politólogo mexicano José Merino. Y es cierto. Es la terrible inequidad, incrustada desde hace siglos, lo que fortalece la idea de “el otro” como un ente deshumanizado, incapaz de entender las necesidades propias. ¿Será que en realidad visibiliza la incapacidad propia de ponerse en los zapatos del otro?

Polarización, caldo de cultivo para las fake news

Las noticias falsas han existido desde el inicio de la humanidad, lo que las ha convertido en un auténtico peligro para las sociedades es su rápida viralización a través de las redes sociales.

En el pasado, una noticia falsa sobre algún candidato -hablando en el terreno electoral- podía tomar días, meses o incluso años en alcanzar una masa crítica. Ahora, vemos elevar los rumores a nivel de verdades absolutas en cuestión de minutos con la fuerza del RT/compartir.

La polarización y las noticias falsas trabajan en conjunto; una alimenta a la otra para seguir creciendo. Muchos de los que comparten noticias falsas son conscientes de su falta de verdad o, en la mayoría de los casos, desconocen si son ciertas o no, y sin embargo, eso no los detiene de compartirlas, pues reafirma sus creencias.

Las noticias falsas viven gracias a la polarización, y la polarización se reafirma a través de los rumores que se esparcen como el fuego de las redes sociales, tejiendo entre ambas un puente que alarga las distancias entre miembros de la sociedad.

Como nunca, en las elecciones mexicanas hemos visto nacer portales y páginas de Facebook cuya misión principal es, justamente, difundir noticias falsas.

La iniciativa Verificado 2018, la más grande de fact checking en México, con alrededor de 90 miembros (entre medios de comunicación y organizaciones civiles) se han dado a la tarea de desmentir las noticias falsas más virales de la red, justamente para evitar (o al menos intentar) evitar que las noticias falsas jueguen un papel principal en las elecciones que pueda inclinar el resultado hacia cualquiera de los candidatos.

El día después

La democracia no se ejercerá el 1 de julio, como si fuera fruta de un solo día. La democracia está en construcción permanente y lo seguirá estando un día después. El 2 de julio, cuando todos los mexicanos despertemos sin razones para pelearnos porque las diferencias políticas se habrán quedado en las urnas, despertaremos de una resaca de odio, de otredad, de la que debemos ser capaz de levantarnos, pero será más fácil si comenzamos a reconciliarnos y respetarnos desde ahora.

Con esa idea, un grupo de mexicanos reconocidos, entre actores, periodistas, académicos y cineastas, han convocado desde ya a la reconciliación nacional, a través del proyecto “El día después”. Entre ellos se encuentran: Diego Luna, Gael García, Guillermo del Toro, Lydia Cacho, Julieta Venegas, Alejandro González Iñárritu y Valeria Luiselli, entre varios más.

La iniciativa invita a sumarse al movimiento de reconciliación a través de comprometerse con 12 acuerdos.

  1. La paz y la tolerancia no son un sueño: deben ser una realidad.
  2. No al racismo ni al clasismo. No a un país que no incluya a los discapacitados. Todas y todos somos iguales y así debemos tratarnos. El otro no es mi enemigo, es mi complemento.
  3. Ejerzo una actitud crítica hacia nuestros gobernantes, independientemente de mi afiliación política y la de ellos.
  4. La corrupción mata, violenta y divide. No la tolero y denuncio a quienes la practican.
  5. La pobreza es una forma de violencia. Me comprometo a ayudar a combatir la desigualdad en todas sus formas, en todos los espacios.
  6. Debo escuchar a los pueblos indígenas y asegurarme que sus decisiones y autonomías sean respetadas.
  7. La igualdad de género es una condición fundamental para una sociedad justa. Lucho por una igualdad social, económica y de oportunidades para las mujeres. Repruebo cualquier violencia en contra de ellas.
  8. Respeto la identidad de género y la orientación sexual de cada persona. Todas y todos debemos disfrutar de los mismos derechos.
  9. Me solidarizo con los migrantes indocumentados. Defiendo los derechos de mis paisanos del otro lado de la frontera, de la misma forma que defiendo y acojo a aquellos que migran a México o a través de México.
  10. Apoyo la educación, la cultura, la ciencia y las artes como los pilares sobre los cuales se construya cualquier proyecto de país.
  11. El respeto al medio ambiente es el respeto a mí mismo.
  12. Defiendo la libertad de expresión en todas sus formas. La libertad es un derecho que construyo y exijo.

En cinco días, más de 30 mil personas signaron los compromisos en la página de la iniciativa: http://eldiadespues.mx/ .

Este minidocumental de menos de 12 minutos habla de lo que realmente queremos la mayoría de los mexicanos, aunque, en ocasiones, por ganas de tener la razón, o por las heridas sociales añejas, se nos olvide:

https://www.youtube.com/watch?v=U9f0k_8W8wM

Y sí, el día después de las elecciones aún tendremos un país que construir, si lo hacemos juntos será más fácil.