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Posneoliberalismo cuesta arriba. Los modelos de Venezuela, Bolivia y Ecuador en debate

Venezuela, Bolivia y Ecuador se han transformado para algunos en una suerte de «eje del mal» latinoamericano y para otros, en un «eje revolucionario». Sin embargo, un enfoque centrado en las políticas económicas y sociales efectivamente aplicadas permite rescatar los avances, ponderar las tareas pendientes y escapar de la inflación ideológica con la que a menudo se analizan estos procesos. El modelo de los tres países está basado en un Estado compensador, sostenido en los altos precios de las materias primas, que no obstante ha sido capaz –con diferencias– de aplicar políticas contracíclicas en un contexto de crisis internacional, al tiempo que se desplegaban diversos programas sociales, bajo la consigna de que ahora sí «hay patria para todos».

Posneoliberalismo cuesta arriba. Los modelos de Venezuela, Bolivia y Ecuador en debate

«El único sistema que permite que triunfe la igualdad y la libertad es el socialismo», mientras que el capitalismo representa el «reino de la desigualdad y la opresión», declaró el presidente venezolano Hugo Chávez Frías a mediados de febrero de 20121. «O muere el capitalismo o muere la Madre Tierra», expresó Evo Morales en 2010 durante la contracumbre climática de Tiquipaya2. Y el mandatario ecuatoriano y economista Rafael Correa señaló que «el desafío del socialismo moderno es cambiar el modelo de desarrollo»3. Los tres presidentes pertenecen al bloque de países que las tesis de las «dos izquierdas» ubican en el ala radical del mapa político de América Latina; unos, porque este eje constituiría el verdadero cambio rumbo a un futuro poscapitalista; otros, porque constituiría la izquierda vetusta, populista y no democrática.

Sin embargo, si acercamos la lupa hacia estos tres procesos, las políticas públicas parecen más cerca de la búsqueda del «buen capitalismo» (más Estado e inversión pública en infraestructura, equilibrios entre el capital financiero y el capital productivo, mayores derechos para los trabajadores y excluidos, políticas sociales) que de un modelo anticapitalista o socialista. La consigna «Ahora hay patria para todos», con sus variantes, da cuenta de este objetivo de generar un nuevo pacto social y una integración de quienes tradicionalmente se sintieron fuera de proyectos nacionales elitistas y racistas, lo que mereció el nombre de «colonialismo interno». Es por ello que los discursos «populistas» enfatizan la existencia de dos países: uno visible e integrado pero formal, y otro invisible, sumergido y al mismo tiempo muy real, el «país verdadero» (un elemento político-analítico que ciertos análisis «antipopulistas» suelen dejar de lado). Todos estos procesos constituyeron su identidad a partir de la denuncia de la «democracia corrupta y excluyente» y su dinamismo va acompañado de un cambio de las elites en el poder.

Pero, al mismo tiempo, un elemento común a la Revolución Bolivariana en Venezuela, la Revolución Democrática y Cultural boliviana y la Revolución Ciudadana en Ecuador –nótese que todos estos procesos de cambio se autodefinen como «revoluciones»– es el carácter extractivista de sus economías, las dinámicas rentistas que se generan y la dificultad para comenzar a pensar transiciones posextractivistas de mediano o largo plazo. Como ya se ha demostrado, estas «paradojas de la abundancia» suelen ir acompañadas de débiles niveles de institucionalidad, distorsiones en la asignación de recursos (conocidas como «enfermedad holandesa», o «enfermedad neocolonial» en términos de Fernando Coronil4), una visión simplista del desarrollo (Estado mágico o cultura del milagro: una idea de que todo se puede «porque somos ricos») y, finalmente, alto nivel de estatismo, centralización y verticalismo que frenan los procesos de construcción de ciudadanía y alientan las democracias plebiscitarias5. Una de las derivaciones ideológicas es lo que Fernando Molina ha llamado «nacionalismo geológico»6, que al tiempo que propone un «Estado fuerte» –como el vicepresidente Álvaro García Linera ha definido el proyecto vigente en Bolivia–, choca con una serie de consecuencias de las lógicas extractivistas que minan sus objetivos. Siguiendo a Alberto Acosta (ex presidente de la Asamblea Constituyente ecuatoriana), podemos sintetizar esas consecuencias en:

- instituciones del Estado demasiado débiles para hacer respetar las normas y ser capaces de fiscalizar las acciones gubernamentales;- ausencia de reglas y de transparencia, que alienta la discrecionalidad en elmanejo de los recursos públicos y los bienes comunes;- políticas cortoplacistas y poco planificadas de los gobiernos;- ilusión de riqueza fácil derivada de la explotación y exportación masiva de recursos naturales, incorporada como un ADN en amplios segmentos de la sociedad y los gobiernos.

La voluntad de salir del rentismo se expresó en Venezuela en la fórmula de Arturo Uslar Pietri: «sembrar el petróleo», que apuntaba a reinvertir los recursos de la renta petrolera en sectores productivos de la economía, especialmente en la agricultura (y esa agenda sigue siendo el pilar del nacionalismo también en Ecuador y Bolivia, donde bastaría con reemplazar petróleo por gas). Pero, como demuestra la historia, no es fácil salir del extractivismo ni alcanza para ello la voluntad presidencial; muchas fuerzas se estructuran alrededor de los intereses que el sistema sedimenta. Hoy Venezuela es uno de los mayores importadores de alimentos de toda América Latina, por un monto de más de US$ 5.000 millones anuales en 2010 y con tendencia creciente7. La dependencia de las materias primas también se observa en Bolivia, donde el gobierno propicia un «gran salto industrial», y en gran medida en Ecuador, donde el Plan Nacional del Buen Vivir anuncia un proceso de 16 años para salir del modelo primario exportador e iniciar una economía de bioservicios8.

El modelo actual realmente existente en los tres países podría definirse como una combinación de extractivismo –con una mayor presencia estatal, vía procesos de nacionalización9– y democratización en el reparto de la renta hidrocarburífera, mediante políticas sociales más o menos institucionalizadas y más o menos universalistas. En general, se apuesta por políticas de transferencia de renta (bonos) e infraestructura social (salud, educación, alimentos a bajo costo, etc.). Con todo, como ha advertido Eduardo Gudynas, los «nuevos extractivismos», a diferencia de los viejos, conllevan Estados compensadores –que despliegan políticas redistributivas más activas–, pero sin quebrar el modelo de explotación y exportación de naturaleza (recursos mineros, petroleros y monocultivos intensivos). Ello ha redundado en buenos resultados en relación con la reducción de la pobreza –en el contexto del boom internacional de los precios de las materias primas–, pero el modelo neoextractivista se ha mostrado incapaz de construir las mediaciones para dar forma a Estados de Bienestar à la sudamericana10 (la reducción de la pobreza parece incluso una tendencia más general en la región). A pesar de los discursos, que transmiten mucho de ilusión desarrollista/industrialista, hay pocos avances en la elaboración de una agenda posextractivista de mediano o inclusive de largo plazo. En este punto, es necesario marcar una diferencia en el caso de Ecuador, donde el impacto de las críticas ecologistas (y la propuesta de alternativas) parece, al menos en el papel, superior a Bolivia o Venezuela11. Por ejemplo, el nuevo «sistema económico comunal» venezolano presenta varias dudas, vinculadas en gran medida al fracaso de la anterior apuesta por las cooperativas, cuando los ingentes subsidios estatales no alcanzaron para hacer funcionar el nuevo sistema12. Las empresas comunales no pagarán impuestos –al menos «por un tiempo»– y, según el diputado Alfredo Murga, presidente de la Comisión de Participación Ciudadana de la Asamblea Nacional, «en una sana administración tributaria no hace falta ese pago, para eso está la renta petrolera». Agrega que «durante mucho tiempo, estará la transición en la que coexistirán los modos de producción no capitalistas con los capitalistas, y eso será hasta que la madurez de la sociedad vaya extinguiendo esas formas capitalistas. El esquema de producción capitalista no se eliminará de un plumazo». Y otro diputado de la misma comisión señaló que en las empresas comunales «no habrá privilegios, no habrá posiciones jerárquicas y todos percibirán lo mismo por igual»13. ¿Este proyecto constituirá, entonces, otro experimento «poscapitalista» sustentado en la renta petrolera? La pregunta se vincula a la sostenibilidad de las políticas implementadas, sus niveles de institucionalización y su impacto sobre las condiciones de vida de los sectores más pobres.

  • 1. Pablo Stefanoni: jefe de redacción de Nueva Sociedad. Es coautor de Debatir Bolivia. Perspectivas de un proceso de descolonización (con Maristella Svampa y Bruno Fornillo, Taurus, Buenos Aires, 2010).Palabras claves: extractivismo, izquierdas, inclusión social, Venezuela, Bolivia, Ecuador.. «Nuevo intento de la burguesía y sus jefes imperiales será pulverizado por el pueblo» en El Correo del Orinoco, 15/2/2012, www.correodelorinoco.gob.ve/politica/nuevo-intento-burguesia-y-sus-jefes-imperiales-sera-pulverizado-por-pueblo/.
  • 2. afp, 20/4/2010.
  • 3. Periodistas en español, www.periodistas-es.org/politica/rafael-correa-el-desafio-del-socialismo-moderno-es-cambiar-el-modelo-de-desarrollo, 29/7/2011.
  • 4. «¡Es el petróleo, estúpido! Petróleo y revolución: una visión general» en Mario Ayala y Pablo Quintero: Diez años de revolución bolivariana. Historia, balance y perspectivas (1999-2009), Maipue, Buenos Aires, 2009.
  • 5. V. Alberto Acosta: «Maldiciones que amenazan la democracia» en Nueva Sociedad No 229, 9-10/2010, disponible en http://www.nuso.org/upload/articulos/3722_1.pdf.
  • 6. F. Molina: El pensamiento boliviano sobre los recursos naturales, Pulso, La Paz, 2009.
  • 7. «Importaciones de alimentos en Venezuela ascenderán a us$ 6.500m en 2011» en América Economía, www.americaeconomia.com/negocios-industrias/importaciones-de-alimentos-en-venezuela-ascenderan-us6500m-en-2011, 22/11/2010.
  • 8. República del Ecuador, Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo: Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013: Construyendo un Estado Plurinacional e Intercultural, Quito, 2009.
  • 9. Con todo, algunos sectores acusan a Chávez de debilitar la nacionalización de los 70 con los contratos de asociación con empresas transnacionales. Al respecto, v. www.soberania.org.
  • 10. E. Gudynas: «Estado compensador y nuevos extractivismos. Las ambivalencias del progresismo sudamericano» en Nueva Sociedad No 237, 1-2/2012, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3824_1.pdf.
  • 11. «El Plan del Buen Vivir [ecuatoriano] para el periodo 2009-2013 es innovador, radical y coherente. Entre sus principios orientadores figuran el regreso del Estado en su papel redistribuidor y orientador de la economía, lo que llama un igualitarismo republicano y un cambio del modelo de acumulación desde el viejo y conocido modelo primario-exportador, hacia uno endógeno, biocentrado, basado en el aprovechamiento de los servicios de la biodiversidad, en el conocimiento y el turismo». Pablo Ospina: «Promesas temporales. El cambio del régimen de acumulación, propuestas y realizaciones de la revolución ciudadana (Ecuador)» en aavv: ¿Otros mundos posibles? Crisis, gobiernos progresistas y alternativas de sociedad, Fundación Rosa Luxemburg / Universidad Nacional de Colombia, Medellín, 2012, disponible en www.raulzelik.net/images/rzdownload/otrosmundos2.pdf. V. tb. René Ramírez Gallegos: «Izquierdas y ‘buen capitalismo’. Un aporte crítico desde América Latina» en Nueva Sociedad No 237, 1-2/2012, disponible en www.nuso.org/upload/articulos/3818_1.pdf.
  • 12. Marc Saint-Upéry: El sueño de Bolívar. El desafío de las izquierdas sudamericanas, Paidós, Barcelona, 2008.
  • 13. Mayela Armas H.: «En las empresas comunales se eliminará división del trabajo» en El Universal, 30/6/2010.