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Poscrecimiento, desmercantilización y «buen vivir»

La creciente mercantilización de la vida presiona contra las posibilidades de avanzar hacia el «buen vivir», en la medida en que reduce espacios para la realización personal, quebranta la solidaridad y la cohesión social, afecta negativamente el trabajo reproductivo y la equidad de género, disminuye la sostenibilidad y merma la confianza colectiva. Partiendo de las categorías –ya clásicas– propuestas por Karl Polanyi en su crítica de la sociedad de mercado, este artículo plantea algunas ideas para avanzar en los debates sobre el cambio social desde una estrategia de desmercantilización en una lógica de poscrecimiento.

Poscrecimiento, desmercantilización y «buen vivir»

Una economía de mercado es un sistema económico regido, regulado y orientado únicamente por los mercados. La tarea de asegurar el orden en la producción y distribución de bienes es confiada a ese mecanismo autorregulador. Lo que se espera es que los seres humanos se comporten de forma que puedan ganar el máximo dinero posible. Tal es el origen de una economía de este tipo.Karl Polanyi, La gran transformación1Hace ahora 70 años, Karl Polanyi, en su famosa crítica del proceso de mercantilización forzosa de la sociedad, planteaba así la esencia de la economía de mercado (no confundir con economía con mercados), a la vez que llamaba la atención sobre las nocivas consecuencias de este proceso. Hoy, bien entrado ya el siglo XXI, sabemos con claridad hasta qué punto la mercantilización ha sido llevada casi hasta sus últimas consecuencias, poniendo en peligro la convivencia humana y la propia sostenibilidad de la vida. En este contexto, las posibilidades de avanzar hacia el «buen vivir», hacia una forma de vida capaz de asegurar una mayor satisfacción humana, basada en la equidad, la cohesión social y la sostenibilidad, chocan abiertamente con la persistente expansión del mercado en todos los ámbitos de la vida.

Este artículo se orienta a explorar algunas propuestas teóricas y metodológicas para la transición hacia un modelo económico y social alternativo, en línea con las preocupaciones presentes en los debates sobre el «buen vivir». Durante los últimos años han sido numerosos los textos que han explorado diferentes aspectos del tema, algunos de los cuales han abordado también el complejo asunto de la transición (o las transiciones) desde un modelo socioeconómico como el actual hacia otro más en sintonía con la idea del «buen vivir». Aquí, se ahonda en este debate desde la perspectiva de la desmercantilización, proponiendo una mirada hacia el «buen vivir» basada en su desvinculación de la noción de crecimiento y examinando algunas ideas que pueden ser útiles para avanzar hacia un escenario de poscrecimiento.

«Buen vivir» y poscrecimiento

La defensa del crecimiento económico ha sido el centro de todas las propuestas del pensamiento oficial sobre el desarrollo a lo largo de los dos últimos siglos y se ha convertido además en una de las bases principales para la permanente ampliación de la esfera del mercado. Esta defensa del crecimiento está relacionada con distintas cuestiones, como la apelación a las necesidades humanas y al imperativo de producir más para poder satisfacerlas; el requisito planteado de crear más empleos a través del crecimiento para incrementar las rentas de la población; la fácil adaptación del PIB/hab. como elemento simplificador de la compleja realidad económica y su consiguiente consolidación como referencia del pensamiento convencional; o la propia coartada que la apuesta por el crecimiento ha significado para evitar los debates sobre la distribución.Si bien a lo largo de varias décadas se había ya cuestionado abiertamente la relación entre crecimiento y desarrollo2, en los últimos años la crítica del objetivo del crecimiento ha ido ganando terreno y se lo ha cuestionado desde dos enfoques distintos pero complementarios: como inviable y como indeseable. Asimismo, se ha venido mostrando que el crecimiento económico generó en ocasiones más problemas de los que debía solucionar y constituyó al mismo tiempo una fuente de frustración y de malestar para muchas personas. Los enfoques del «buen vivir» participan en buena medida del escepticismo y de la desconfianza de estas críticas hacia el crecimiento económico, y plantean la necesidad de estrategias que no descansen sobre este último. Además, existe una contradicción que trasciende el plano teórico y se expresa en términos sociales en los conflictos surgidos en torno de las prácticas extractivistas que, en nombre del crecimiento, se llevan a cabo en diversos países latinoamericanos.

Como decíamos, la defensa del crecimiento económico ha sido uno de los argumentos fundamentales que han permitido una expansión permanente de la esfera del mercado a lo largo de los años. Al medirse el crecimiento en términos monetarios, su avance está indisolublemente unido a la expansión de las relaciones mercantiles, ámbito en el que los intercambios son monetizables. De ahí que el impulso del crecimiento haya ido en paralelo con la defensa de la ampliación del mercado y con su extensión a todas las esferas de la vida. En este contexto, interesa situar el debate sobre el «buen vivir» en un enfoque que deje de lado la idea del crecimiento, dentro de un enfoque de poscrecimiento, y de una lógica conceptual que valore las actividades humanas en función de su contribución al bienestar y no de su aportación al aumento del PIB3.

La necesidad de una propuesta que deje de lado la idea del crecimiento y se sitúe en una lógica de poscrecimiento pasa por considerar una triple estrategia, basada en la desmercantilización, pero también en otras dos cuestiones: la desmaterialización y la descentralización. La desmercantilización se orienta a reducir la esfera del mercado promoviendo una estrategia múltiple que contemple también otras formas de relación social y otras maneras de hacer frente a las necesidades humanas; que posibilite una mayor eficiencia social y ecológica, y también una mayor satisfacción personal. La posibilidad de promover y abrir camino a otras formas de relación social alternativas pasa, en cualquier caso, por una nueva lectura de conceptos como producción, consumo o trabajo4, de modo que puedan considerarse estas categorías más allá de su relación con el mercado (producción mercantil, consumo a través del mercado, trabajo como empleo remunerado). Es preciso subrayar también los vínculos entre las propuestas de desmercantilización y algunas preocupaciones de la economía feminista, relacionadas con el tema de los cuidados y la sostenibilidad de la vida.

El proceso de desmercantilización debe ir de la mano de una desmaterialización de la producción, lo que implica una organización de la vida económica más eficiente, basada en un menor flujo de energía y materiales, así como en una clara apuesta por el reciclaje. La apuesta por la desmaterialización parte de asumir que la insostenibilidad del modelo actual está directamente relacionada con la degradación de la base física de la economía, derivada de la abusiva utilización de recursos y de los impactos ambientales generados. Desde esta perspectiva, la clave no estaría tanto en una disminución del PIB (como variable monetaria), sino en una disminución de la cantidad de recursos utilizados para producir. Ahora bien, las propuestas de desmaterialización, para ser viables, requieren de algo más que de simples cambios en la esfera tecnológica que, aun siendo necesarios, no son en modo alguno suficientes. Se requiere plantear la desmaterialización de la producción en el marco de una propuesta global que implique la propia reconsideración del consumo pues, de lo contrario, la menor utilización de recursos por unidad de producto podría verse ampliamente compensada por el incremento del número de unidades producidas.

  • 1. Koldo Unceta: es catedrático de Economía Aplicada e investigador del Instituto Hegoa, Universidad del País Vasco (upv/ehu), España.Palabras claves: «buen vivir», desmercantilización, poscrecimiento, sociedad de mercado.Nota: este texto se basa en una intervención del autor en la Conferencia Internacional «Poscrecimiento y ‘buen vivir’», Fundación Friedrich Ebert (fes-ildis), Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y Universidad de Kassel, Quito, 2014.. La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, La Piqueta, Madrid, 1997, p. 122.
  • 2. Ver K. Unceta: Desarrollo, subdesarrollo, maldesarrollo y postdesarrollo, Carta Latinoamericana No 7, claes / d3e, Montevideo, 2009.
  • 3. Algunas propuestas identifican este rechazo de la lógica del crecimiento con una defensa del decrecimiento. No es el propósito de este trabajo analizar las coincidencias y discrepancias entre los enfoques del decrecimiento y los del «buen vivir». Pero sí consideramos de interés señalar que no es en absoluto evidente que la disminución de la producción (y menos aún de su valor monetario) sea en cualquier circunstancia la condición para el avance hacia el «buen vivir» ni para la consecución de una sociedad más sostenible y equitativa. V. a este respecto K. Unceta: «Decrecimiento y Buen Vivir ¿paradigmas convergentes? Debates sobre el postdesarrollo en Europa y América Latina» en Revista de Economía Mundial No 35, 2013.
  • 4. V. a este respecto Santiago Álvarez Cantalapiedra et al.: «Por una economía inclusiva. Hacia un paradigma sistémico» en Revista de Economía Crítica No 14, 2012.