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Por un sindicalismo sociopolítico La plataforma de la Confederación Sindical de las Américas

La Plataforma de Desarrollo de las Américas (Plada) es un instrumento de articulación política de la Confederación Sindical de las Américas (csa), que promueve una alternativa de transición societal vertebrada desde una concepción integral. Presenta una doble inscripción: institucional y sociopolítica. La plada emerge en el contexto del desplazamiento de la influencia del sindicalismo desde Estados Unidos hacia América del Sur. No obstante los avances que conlleva este sindicalismo sociopolítico, en la actualidad coexisten mecanismos de democratización en el ámbito regional con tradiciones sindicales corporativas, antidemocráticas, patriarcales y excluyentes en el espacio nacional.

Por un sindicalismo sociopolítico / La plataforma de la Confederación Sindical de las Américas

La Plataforma de Desarrollo de las Américas (más conocida como plada) es un documento político programático de la Confederación Sindical de las Américas (csa). Propone una estrategia de desarrollo desde y para los pueblos como alternativa frente a la actual crisis múltiple que experimentan las sociedades capitalistas en América Latina. Su contenido intenta prefigurar senderos de transición hacia un modelo sustentable, contemplando las condiciones políticas, económicas, sociales y ambientales realmente existentes en los países.

La plada retoma y actualiza reivindicaciones de los movimientos políticos y sociales emergentes en la crisis del neoliberalismo y los primeros años del siglo xxi: democracia participativa, rechazo al libre comercio impuesto por las corporaciones transnacionales, democratización de los procesos de integración regional, respeto a la plurinacionalidad, repudio a militarización de los territorios y la criminalización de las luchas sociales, soberanía alimentaria y reforma agraria, derecho al agua y a la energía, protección social universal, ciudadanía regional y democratización de la comunicación son algunos de los tópicos abordados. Esta plataforma delinea un pliego extenso que desborda ampliamente los márgenes de las demandas tradicionales de la clase trabajadora urbana y las organizaciones sindicales.

En abril de 2016, durante el iii Congreso de la csa realizado en San Pablo, Rafael Freire, dirigente de la Central Única de los Trabajadores (cut) de Brasil y actual secretario de Política Económica y Desarrollo Sustentable de la csa, reflexionaba sobre dos elementos importantes de esta plataforma que buscan concretar «la opción por un sindicalismo sociopolítico, democrático y clasista» que combine «pluralidad ideológica con unidad programática». En primer lugar –argumentaba–, presenta a las trabajadoras y los trabajadores una concepción cuyo punto de partida es el convencimiento que el desarrollo no es homologable al crecimiento de las economías, no es viable bajo el mismo patrón adoptado por los países del Norte y no es posible sin democracia ni en el marco del capitalismo financiero hegemónico. En segundo lugar, permite la construcción de alianzas con otros movimientos y organizaciones sociales (sindicales, campesinas, feministas, indígenas, afrodescendientes) para la acumulación de fuerzas populares en torno de un conjunto de ideas comunes, compartidas. El objetivo: programar la resistencia contra el ataque de las corporaciones transnacionales, por la democracia y la integración de los pueblos.

Un documento de carácter polifónico

Se advierte un importante esfuerzo tendiente a interpelar e incidir sobre los discursos normativos de la Organización de las Naciones Unidas (onu), particularmente en la Organización Internacional del Trabajo (oit) –único espacio tripartito donde el trabajo organizado goza de reconocimiento institucional e interviene en la toma de decisiones, junto a representantes empresarios y gubernamentales–1. Esta intencionalidad queda en evidencia en la adopción del concepto de «trabajo decente» y en una permanente apelación a los Convenios de la oit –acompañados por el reclamo de su ratificación y cumplimiento en contextos nacionales–. Además, la plada coincide en varias propuestas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la onu y recupera textualmente la definición de desarrollo sustentable de la Comisión para el Medio Ambiente y el Desarrollo establecida por la onu en 1983, como un «desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer las capacidades que tienen las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades». No obstante, hay que señalar que el documento amplía la perspectiva de la onu al incorporar de forma prioritaria una dimensión política que pone en primer plano la reproducción de las asimetrías entre el Norte y el Sur, y la vulnerabilidad e inestabilidad de los proyectos políticos de base popular, permanentemente bajo amenaza de injerencia por parte del capital concentrado y las grandes potencias.

El escenario de desestabilización política y golpes de Estado que experimentaron los gobiernos nacional-populares y progresistas en Sudamérica atraviesa por dentro el programa sindical. Este reconoce afinidades y recoge los lineamientos gruesos compartidos de las políticas regionales: aliento a una integración regional alternativa, encarnada especialmente en los esquemas planteados por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), centralidad del empleo e impulso del mercado interno como motor del crecimiento, políticas redistributivas basadas en programas sociales de transferencia directa o indirecta de ingresos a los asalariados y reformas que tienden a la universalización de la seguridad social, con una apuesta fuerte por el desarrollo de su pilar no contributivo. También fija posiciones acerca del fenómeno de la corrupción, la judicialización de la política y la ofensiva mediática, que a menudo provocan la erosión y desestabilización de los gobiernos democráticos.

La plada busca concebir un remedio de amplio espectro contra la crisis múltiple del capitalismo global: financiera, de los sistemas de protección social, del trabajo y los cuidados, migratoria, climática, energética y alimentaria. Pero también contra la violencia, el crimen organizado y la injerencia de las corporaciones en la vida política de las naciones latinoamericanas. Se trata de una especie de guion para la transformación social, compuesto de análisis de situación y reivindicaciones con diversos niveles de profundidad y matices que lo tensionan y que por momentos invitan a dudar de su coherencia global.

Ahora bien, para evaluar su relevancia y comprender los desniveles y hiatos que pueden advertirse en la lectura de la plataforma, es preciso atender al menos a dos cuestiones. En primer lugar, quiénes son sus impulsores y cuál es su peso como actor sociopolítico. En segundo lugar, cómo fue construido este recetario hemisférico y cuáles son sus sustratos de legitimidad. Ambos aspectos permiten considerar tanto los contenidos como el alcance que encierra la propuesta sindical como instrumento político en la encrucijada que atraviesa América Latina hoy.

  • 1.

    Si bien la csa no tiene delegaciones oficiales en la oit, su influencia en la coordinación de posiciones de las delegaciones nacionales de la región que concurren en representación de los trabajadores a la Conferencia Internacional del Trabajo (reuniones previas, activación en los grupos de trabajo y cabildeo con los representantes gubernamentales) no puede subestimarse. Además, la csa interviene activamente en el Grupo de los Trabajadores del Consejo de Administración de la oit, que tiene a su cargo la elaboración de las agendas del organismo tripartito. Con una lógica de acción semejante, aunque con menor influencia, la csa tiene presencia en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo de la Organización de Estados Americanos (oea) y las Conferencias de las Partes (cop) sobre el cambio climático.