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Populismo de derecha en Alemania Un desafío para la socialdemocracia

El crecimiento de la extrema derecha, corporizada en el partido Alternativa para Alemania (AFD) plantea serios desafíos para las fuerzas de la izquierda democrática. AFD logró incluso aumentar la participación electoral seduciendo a los abstencionistas. ¿Qué hacer frente a estas fuerzas? ¿Tratar de «comprender» las motivaciones de sus votantes, muchos de ellos antiguos adherentes de la izquierda, y de recuperar su apoyo? ¿«Desenmascarar» al populismo de derecha como fuerza xenófoba y antidemocrática? Y la pregunta más importante: ¿cómo puede la socialdemocracia reencontrarse con sus tradiciones y renovar su programa?

Populismo de derecha en Alemania / Un desafío para la socialdemocracia

Si analizamos la situación alemana en el contexto europeo, es posible afirmar que asistimos a una «normalización», si bien esta no tiene nada de deseable: a diferencia de la mayoría del resto de los países europeos, donde los partidos de extrema derecha hace rato forman parte del paisaje político, en Alemania, hasta hace poco tiempo, ninguna fuerza situada a la derecha de la Unión Demócrata Cristiana / Unión Social Cristiana de Baviera (cdu/csu, por sus siglas en alemán) había logrado establecerse en forma perdurable, a excepción del ultraderechista Partido Nacionaldemócrata de Alemania (npd), que en la actualidad se encuentra en proceso de desintegración. Con el ascenso de Alternativa para Alemania (afd), las cosas han cambiado.

En las elecciones parlamentarias de 2013, el partido, fundado ese mismo año, estuvo cerca de franquear la barrera de 5% de los votos que el sistema alemán requiere para obtener representación parlamentaria. En la actualidad, en las encuestas nacionales, la afd ronda el 13%. Cuenta con representación política en los parlamentos regionales de diez de los 16 estados federados; en algunos tiene más fuerza que en otros, pero está presente tanto en el territorio de Alemania occidental como en el de la ex-Alemania oriental, en los estados federados más marcadamente rurales y, en los últimos tiempos –con 14%–, también en Berlín. Su mejor resultado hasta el momento lo obtuvo en marzo de 2016 en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, donde obtuvo 24,3% de los votos. Tanto en ese estado federado como desde septiembre en el de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, constituye la segunda fuerza política.

Las perdurables normas sociales establecidas en la República Federal de Alemania como respuesta a los años del nacionalsocialismo –y el «cordón sanitario» político que constituyeron en el paisaje político alemán– ahora están desmoronándose: en las «manifestaciones de los lunes»1 es posible descargarse contra la «prensa mentirosa» y «los políticos». Es posible sumarse al grito de «Somos el pueblo» y expresar de forma implícita que los otros no lo son. Y es posible votar a afd.

Lamentablemente, tendremos que hacernos a la idea de que afd no es un fantasma pasajero. Porque no es un partido de protesta cualquiera, sino que es parte de una ultraderecha que está en ascenso en toda Europa. Es el ala política del movimiento xenófobo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (pegida) y cobija bajo el mismo techo los ambientes de protesta racistas y de la nueva derecha, buscando muy conscientemente una alianza con otros partidos radicales de derecha en Europa, sobre todo con el Frente Nacional francés y el Partido de la Libertad de Austria (fpö). Además, con Marcus Pretzell, presidente de la oficina regional de la afd en Renania del Norte-Palatinado, la afd cuenta con un eurodiputado en el grupo Europa de las Naciones y de las Libertades (enf, por sus siglas en inglés), la fracción de ultraderecha tramada en gran medida por Marine Le Pen.

En sus comienzos, afd fue percibida principalmente como un partido euroescéptico. Sin embargo, ni siquiera por entonces era un partido monotemático. Por el contrario, desde el comienzo existió un ala populista de derecha de orientación nacionalista y, sobre todo, islamofóbica. Y desde la salida en julio de 2015 del ala liderada por el fundador del partido, Bernd Lucke, cercana al liberalismo económico, tanto afd como sus seguidores se volvieron claramente más radicales. Hoy, el partido puede ser definido como una fuerza populista de derecha con límites flexibles hacia la ultraderecha. O también como un partido etnocéntrico, para utilizar una categoría del politólogo Michael Minkenberg2. Minkenberg ubica dentro del grupo de la derecha etnocéntrica europea al Frente Nacional, al fpö y al Partido Popular Danés, entre otros. Pero ¿cómo se explica el fenómeno afd, qué factores favorecieron su fortalecimiento y dónde se hallan las causas de sus triunfos electorales?

Causas de los avances electorales de afd

En primer lugar, las posturas misántropas y de extrema derecha no «aparecieron en el centro de la sociedad alemana» con la afd, como suele escucharse en estos días, sino que están ancladas allí hace rato. Prueba de ello son los informes bianuales sobre el tema que la Fundación Friedrich Ebert (fes) viene publicando desde 2006. Al menos 20% de la población alemana sostiene opiniones claramente populistas de derecha3. Entre ellas se incluyen el rechazo a los refugiados y la islamofobia, pero también una desconfianza hacia la democracia y un pensamiento autoritario. Ese tipo de posturas podían y pueden hallarse en diversa medida entre los votantes de todos los partidos, incluyendo el Socialdemócrata (spd), aunque por cierto están más extendidas entre quienes se abstienen y entre los simpatizantes de afd. Estamos entonces ante una demanda de contenido que se topa con una oferta político-partidaria. He aquí lo novedoso desde que afd entró en escena, aunque llamativamente 14% de sus votantes se consideran situados a la izquierda en materia política4.

Pero afd no solo se apoya en el potencial nacionalista, xenófobo y racista. Un segundo factor que explica su éxito es el ánimo de protesta difuso que impera en la actualidad. En medio de ese ánimo disconforme, temeroso y furioso, afd, como todo populismo de derecha, brinda respuestas simples a cuestiones complejas. Los factores que favorecieron su ascenso no desaparecerán en poco tiempo, sino que también en Alemania seguirán jugando a favor del populismo de derecha: los desafíos en materia de integración de refugiados; la amenaza constituida por los atentados terroristas islámicos; el malestar generado por las crisis globales, cuyas consecuencias se hacen sentir en la vida concreta; la sensación de pérdida de control; el distanciamiento cultural de una parte de la población, que se cierra en forma cada vez más agresiva a las realidades y transformaciones sociales, desintegrándose a sí misma e inclinándose hacia concepciones autoritarias.

  • 1.

    Carmela Negrete: «Todos los lunes, manifestaciones xenófobas en Alemania» en eldiario.es, 31/1/2016.

  • 2.

    Véase M. Minkenberg: «Die europäische radikale Rechte und Fremdenfeindlichkeit in West und Ost: Trends, Muster und Herausforderungen» en R. Melzer y Sebastian Serafin (eds.): Rechtsextremismus in Europa. Länderanalysen, Gegenstrategien und arbeitsmarktorientierte Ausstiegsarbeit, fes, Berlín, 2013, p. 9 y ss., disponible en http://library.fes.de/pdf-files/dialog/10030.pdf.

  • 3.

    V. el capítulo referente a las posturas populistas de derecha y extremistas de derecha en Andreas Zick, Beate Küpper y Daniela Krause: Gespaltene Mitte – Feindselige Zustände. Rechtsextreme Einstellungen in Deutschland 2016, ed. R. Melzer, fes / J.H.W. Dietz Nachf., Bonn, 2016, p. 111 y ss., disponible en www.fes.de/de/index.php?eID=dumpFile&t=f&f=10998&token=2ff9a8963360e85eed2b2fcf124441bebb449f3b.

  • 4.

    Según datos de la encuesta Infratest 11/2015.