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Política china en el Río de la Plata ¿Asociación estratégica o nueva dependencia?

Los gobiernos kirchneristas confirieron gran importancia al «socio chino». Pero si bien en los últimos años China se convirtió en el segundo socio comercial de Argentina, las exportaciones a ese mercado favorecieron la reprimarización de la economía del país. La extracción de recursos naturales sin mayor procesamiento industrial tiene en el caso argentino dos claros ejemplos: el poroto de soja y el petróleo crudo. Y los dos swaps que firmaron ambos países terminan de favorecer la reprimarización, porque si bien alivian la pérdida de divisas, dejan a Argentina atada al proveedor chino y deterioran así sus vínculos intraindustriales con sus socios en el Mercosur, principalmente con Brasil.

Política china en el Río de la Plata / ¿Asociación estratégica o nueva dependencia?

La emergencia de China como gran potencia a principios del siglo xxi reconfigura las relaciones de poder internacionales y reorienta la dinámica de los flujos comerciales y financieros mundiales hacia el Pacífico Norte. En la antítesis de ese proceso, la República Argentina continúa anclada en la periferia del sistema sin lograr impulsar un proceso de modernización que se prolongue en el tiempo y mejore su posicionamiento internacional. En tal sentido, todos los procesos de industrialización iniciados en el siglo xx fueron discontinuados y nunca cerraron el ciclo de forma efectiva. La consecuencia más evidente es que la piedra maestra de la economía argentina, a más de diez años de la salida del régimen de convertibilidad –en el marco de la crisis de 2001-2002–, continúa siendo el agro y, de hecho, este ha sido siempre el sector productivo que permitió impulsar algún tipo de transferencia intersectorial orientada a la redistribución de la riqueza.

La influencia china en América Latina viene fortaleciéndose de la mano de su ascenso global. Beijing ha logrado limitar sistemáticamente el reconocimiento de los gobiernos de la región hacia Taiwán. La República Popular China obtuvo el apoyo necesario para ingresar en la Organización Mundial del Comercio (omc) en diciembre de 2001 y, más aún, desde 2004 en adelante comenzó a ser reconocida como «economía de mercado» por la mayoría de los países latinoamericanos, aun cuando ese estatus no ha sido admitido por la omc1. En el presente, el país asiático se ha configurado como el primer o segundo socio comercial de la gran mayoría de los países latinoamericanos y ha negociado bilateralmente tratados de libre comercio (tlc) con Chile, Perú y Costa Rica2.

Al tiempo que Estados Unidos pierde influencia en lo que otrora fuera su «patio trasero», China la gana. No solo tiene acceso al Pacífico y al Atlántico por controlar dos de los principales puertos en Panamá (Cristóbal y Balboa), sino que, además, una empresa china está a cargo de la construcción de un nuevo canal bioceánico en Nicaragua, sobre el cual ya cuenta con una concesión de derechos por un periodo de 100 años. También hay que destacar la apertura de filiales del Instituto Confucio que facilitan la difusión cultural y hasta promueven el atractivo del vínculo con China entre los académicos locales, quienes comienzan a mitigar sus críticas respecto a la influencia creciente del país asiático en América Latina y el Caribe. La «invasión silenciosa», como la llamó Diego Guelar, es un mero eufemismo que intenta disimular lo que todos saben: que China transita de la influencia a la hegemonía en América Latina como un proceso casi inexorable, le guste o no a Washington3. De ahí entonces que algunos análisis estén postulando el paso del «Consenso de Washington» al «Consenso de Beijing», que tiene su eje en la explotación a gran escala de los recursos naturales4. Además, hay que destacar que este «consenso» ha sido convalidado tanto por gobiernos de izquierda como de derecha en América Latina. De modo que esa explotación a gran escala de los recursos naturales es presentada por los chinos y abrazada por los países de la región como una oportunidad para alcanzar el tan postergado desarrollo económico.

El análisis de la relación sino-argentina que se ofrece a continuación está dividido en tres temáticas que se desarrollan durante los tres mandatos kirchneristas: a) el déficit comercial; b) la reprimarización productiva, y c) las inversiones chinas en el sector hidrocarburífero. En cada una de ellas se abordarán algunos de los ejes centrales de la vinculación, como la formación de la asociación estratégica, la tensión/cooperación en torno de la comercialización de productos con mayor valor agregado y la elevación de la asociación al rango de «estratégica integral».

El problema se circunscribe al siguiente interrogante: la formación de una asociación estratégica entre China y Argentina bajo los gobiernos kirchneristas ¿ha contribuido a industrializar el país y a mejorar la calidad de las exportaciones al mercado chino? Al respecto, se argumenta que Argentina va reaccionando pasiva y erráticamente al compás de la hábil y activa diplomacia de Beijing, que avanza gradualmente en el acceso a la extracción de materia prima dentro de las fronteras nacionales. Lejos de contribuir a la industrialización argentina, la política china tiende a favorecer la reprimarización productiva, lo que implica limitar sistemáticamente la capacidad de incrementar el valor agregado de las exportaciones.

De la caída del superávit al déficit comercial estructural: somos socios pero no tanto

La llegada a la presidencia de Néstor Kirchner abrió un importante ámbito para el desarrollo de la relación bilateral con China, lo cual encuentra asidero en dos factores claves. El primero: durante los tres primeros años del gobierno, el único país asiático que visitó el presidente argentino fue la República Popular China. Esto da la pauta de que la política exterior argentina respecto a Asia no ha sido integral sino selectiva y ha tenido como eje central a Beijing. El segundo factor fue la firma del Memorando de Entendimiento en materia de Comercio e Inversiones, el 17 de noviembre de 2004, como consecuencia directa de la visita de Hu Jintao a Buenos Aires. Este entendimiento plantea tres cuestiones centrales: a) el establecimiento y desarrollo de una relación estratégica entre las dos naciones; b) el reconocimiento argentino de China como «economía de mercado» y c) el compromiso chino de incrementar el nivel de exportaciones argentinas por un valor de al menos 4.000 millones de dólares estadounidenses5.

Tras la salida del régimen de convertibilidad y el boom de los commodities (generado por el alza en la demanda china), la balanza comercial se revirtió en favor de Argentina. Se dejaba atrás una década de déficit comercial con el país asiático. No obstante, esto no duraría mucho. Kirchner recibió su mandato presidencial en el contexto del mayor superávit registrado con China: 1.757 millones de dólares (v. cuadro 1). Pero aun al efectivizarse la contraprestación por el reconocimiento argentino de China como economía de mercado (el incremento de al menos 4.000 millones de dólares en las compras chinas), el superávit se redujo sistemáticamente, lo que dio lugar a un nuevo déficit comercial en el año 2008, coyuntura que se mantiene hasta el presente. Lo irónico es que, dada la dinámica del comercio bilateral, el aumento de las exportaciones se habría alcanzado por sí solo. Es decir, se cambió el reconocimiento por la incertidumbre de una promesa a futuro y, concretamente, se abandonó la posibilidad de aplicar salvaguardias frente al dumping chino. Así, se desconocía la decisión tomada en el seno de la omc y el fundamento fue meramente político: generar una asociación estratégica con China.

  • 1.

    Al otorgar ese reconocimiento, los países flexibilizan sus políticas antidumping y, por tanto, China se ve favorecida, ya que no hay comparación de precios con terceros mercados, como lo establecía el Protocolo de Adhesión a la omc en su artículo 16.

  • 2.

    Los tres tlc ya están vigentes y cabe destacar que, actualmente, se está negociando uno con Colombia. Estos tratados tienden a incrementar aún más los niveles de intercambio comercial de China con la región porque reducen los aranceles y acentúan la dinámica comercial.

  • 3.

    D. Guelar: La invasión silenciosa. El desembarco chino en América del Sur, Debate, Buenos Aires, 2013. Guelar es el secretario de Relaciones Internacionales del Partido Propuesta Republicana (pro, de centroderecha), liderado por Mauricio Macri.

  • 4.

    Maristella Svampa: «‘Consenso de los Commodities’ y lenguajes de valoración en América Latina» en Nueva Sociedad Nº 244, 3-4/2013, disponible en www.nuso.org; L. Bolinaga: «¿Apuesta China a la modernización productiva de América Latina?» en Realidad Económica No 279, 1/10-15/11/2013; y Ariel Slipak: «América Latina y China: ¿cooperación Sur-Sur o ‘Consenso de Beijing’?» en Nueva Sociedad Nº 250, 3-4/2014, disponible en www.nuso.org.

  • 5.

    República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto: Memorando de Entendimiento en Materia de Comercio e Inversiones.