Opinión

Pobreza, manipulación y miedo El trío del No en Colombia

El NO al proceso de paz en Colombia combinó factores más profundos que los analizados hasta ahora. Entre ellos se destacan el evangelismo y la «ideología de género».

Pobreza, manipulación y miedo / El trío del No en Colombia

La victoria del No en el plebiscito por la paz en Colombia realizado el domingo 2 de octubre concitó la atención de la mayor parte de los medios del mundo. El rechazo del Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), fue un fuerte golpe a la región e hizo que periodistas y analistas políticos repensaran las razones de ese resultado.

Pasado casi un mes desde la votación, es posible afirmar que el resultado se debió a numerosos factores y a causas de manifiesta complejidad. Fue evidente que una fuerte campaña para generar miedo desorientó a los votantes más empobrecidos y llevó al triunfo del rechazo a la paz (el No). La política instalada por grupos de la derecha se fundamentó en la idea de que los sectores marginales perderían los subsidios necesarios para su subsistencia, porque el dinero pasaría a los guerrilleros desmovilizados. Asimismo, se afirmaba que el líder de las FARC se convertiría en el próximo presidente del país y que llegaría el castrochavismo, lo que reforzaba el temor de una población tradicionalmente cansada y aturdida por el conflicto. Lo cierto es que los mensajes en los medios fueron financiados por el grupo empresarial de la familia del ex mandatario Alvaro Uribe, la principal embotelladora y RCN (la importante cadena de radio y televisión), entre otros aportantes.

Sin embargo, hay datos alarmantes que deben ser tenidos en cuenta ya que impactan en el panorama regional. Se ha demostrado que las iglesias evangélicas tuvieron un papel importante en el rechazo al acuerdo de paz. Ellas se oponen a lo que llaman «ideología de género», que estaba claramente plasmada en el acuerdo. La posición de poder del evangelismo no es nueva. En Colombia, estas iglesias vienen demostrando fortaleza desde hace décadas, en consonancia con lo que sucede en otros países de la región. El último caso de la cruzada evangélica conservadora es, de hecho, el de Brasil, donde el pastor Marcelo Crivella alcanzó la alcaldía de Río de Janeiro planteando posturas homófobas y contrarias a la libertad sexual.

Entre las diversas razones que se apuntaron para comprender el resultado de las elecciones realizadas hace un mes, se destacó que la diferencia entre el Si y el No fue apenas de 53.894 votos. El ausentismo, reafirmaban los medios, no fue mucho mayor que el promedio en un país donde el voto es voluntario. Según la periodista de investigación Olga Behar, entrevistada para esta columna, se debe pensar el fenómeno en términos de las fallas de la democracia: «Lo que sucedió en la elección es que no hubo promesas ni dádivas como es común en las campañas de los políticos tradicionales. Y hay personas a las que si no le das su prebenda, no votan», comentó.

Los días posteriores a la elección, la mayoría de las explicaciones para la derrota del SÍ apuntaban al huracán Matthew, al odio a las FARC y a la apatía de los electores. Sin embargo, una entrevista al gerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez, publicada en el diario colombiano La República, reveló que el objetivo de la campaña publicitaria fue generar indignación: «Estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca». El mismo Vélez comentó que diversos asesores internacionales les recomendaron dejar de explicar los acuerdos y, por ello, en estratos medios y altos difundieron mensajes de no a la impunidad y la reforma tributaria, mientras que para los bajos, los mensajes recalaron sobre la compleja temática de los subsidios. «En la costa individualizamos el mensaje de que nos íbamos a convertir en Venezuela», añadió el político.

Uno de los reductos de Uribe es el departamento de Antioquia y su capital, Medellín. Camino al aeropuerto del municipio de Río Negro, que sirve a Medellín, en la semana previa al plebiscito, eran notorios los carteles publicitarios del No en lo alto de los cerros a los lados de la carretera. Pero Vélez relató que hicieron más uso de las radios y los medios sociales porque descubrió el poder viral de estos. «Por ejemplo, en una visita a Apartadó, Antioquia, un concejal me pasó una imagen de Santos y Timochenko con un mensaje que refería críticamente a la entrega de dinero a los guerrilleros en un contexto en el que el país estaba en crisis. Yo la publiqué en mi Facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas», dijo el gerente de la campaña del No.

La pobreza

El lunes 3 de octubre, en los sondeos al paso de las cadenas colombianas de televisión, un ciudadano respondió en Bogotá que estaba de acuerdo con el No porque consideraba injusto que quienes se esfuerzan en el trabajo ganen solo un sueldo mínimo y los guerrilleros desmovilizados vayan a recibir dinero (solo por reinsertarse a la vida civil, sin trabajar, se entiende). La calidad de servicios, en especial el transporte, en ciudades como Bogotá y Medellín, puede dejar una impresión poco ajustada a la realidad si uno no revisa los datos de pobreza en el país. En una encuesta del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) de 2015, 23,1% de los jefes de hogar reportó que no les alcanzan los ingresos para cubrir sus necesidades mínimas y 61,7% dijo que sólo cubrían los gastos mínimos. En marzo de este año, el DANE informó que 27,8% de la población nacional vive en pobreza monetaria, pero este índice sube, , según las regiones, hasta 50% en Quibdó, capital de Chocó, el lugar del país con más pobres.

«Los asesores extranjeros aconsejaron motivar a las personas a votar por el No con una serie de mentiras, y dependiendo del sector social al que hablaban: si era para adultos mayores decían que las pensiones se las iban a quitar. Si hablaban con gente que recibía subsidios les decían que ahora los guerrilleros van a ser subsidiados y se los quitarían a ellos como habitante merecedor», añade la investigadora Behar.

Más de 8.800.000 mil personas reciben subsidio familiar en Colombia, de las cuales 75% recibe dos salarios mínimos legales al mes. Los beneficiarios son trabajadores dependientes, independientes, pensionados en condiciones especiales, pensionados, madres comunitarias y trabajadores del hogar.

El lugar de Uribe

«Ha habido mucha desinformación a pesar de los esfuerzos del gobierno de pedagogía, pero con este tipo de manipulaciones era muy difícil competir. Ahora se abre un escenario nuevo a raíz de las manifestaciones populares, no tanto para revisar el acuerdo como para ver qué puede mejorarse o complementarse», añadió Behar, que también es autora de investigaciones sobre la parapolítica que lideró Uribe y que quedó al descubierto desde 2006, cuando quedaron en evidencia los vínculos entre las Autodefensas Unidas de Colombia (grupos armados ilegales de extrema derecha) con la coalición de gobierno de Uribe.

Si hubiera ganado el Sí, el ex-presidente Uribe habría quedado descolocado en la política colombiana. El día de la firma del acuerdo en Cartagena, pese a que estaba invitado en un lugar de honor con los otros ex-jefes de Estado colombianos, prefirió irse atrás, con un grupo de ciudadanos, entre ellos el pastor evangélico Miguel Arrázola, que se expresaban en contra del documento.

El partido Centro Democrático tiene 20 miembros en el Senado, mientras el Partido de la U, de Juan Manuel Santos, 21. A Uribe le incomoda la impunidad acerca de los delitos cometidos por las FARC, cosa que también ocurre con millones de colombianos, pero también le preocupa que quienes fueron sus aliados en la parapolítica sean perseguidos por sus delitos, a diferencia de los desmovilizados de las FARC.

La «ideología de género»

En Perú, el arzobispo de Lima Juan Luis Cipriani, miembro del Opus Dei, utiliza el término «ideología de género» para criticar las movilizaciones del movimiento Ni Una Menos. En Colombia, las iglesias evangélicas usan la misma expresión para condenar la política del gobierno de Santos que promueve el respeto a los derechos de las poblaciones LGTBI, sobre las que hay una mención en el Acuerdo de Paz. Según el diario El País, hay unas 6.000 iglesias evangélicas en Colombia, y luego del rechazo en el plebiscito al Acuerdo de Paz, el líder de esta confesión, Arrázola, como parte de la delegación del No, dijo haber presentado sus «preocupaciones por los valores de la familia» en la reunión que sostuvieron con el presidente Santos. Los volantes del No por la preservación de la familia circularon también en papel y como memes en los medios sociales antes del 2 de octubre.

El rechazo al proceso de paz seguirá siendo, sin dudas, motivo de análisis. Los factores, como se ve, no fueron tan sencillos como las primeras reacciones observadas durante los días que siguieron a la votación. La búsqueda de un mecanismo que ponga fin definitivo al conflicto que ha tenido a Colombia en vilo desde hace décadas sigue en curso, ahora con la novedad de que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) iniciará conversaciones con el gobierno.

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