Opinión

Perú: entre Estados Unidos, China y la Alianza del Pacífico

Las primeras acciones de política internacional de Kuczynski apuntan a China, Estados Unidos y la Alianza del Pacífico

Perú: entre Estados Unidos, China y la Alianza del Pacífico

Cuando el presidente Pedro Pablo Kuczynski asumió su cargo el pasado 28 de julio, los mandatarios de Colombia, Chile y México, miembros con Perú en la Alianza del Pacífico, asistieron a la ceremonia de transmisión de mando. Siendo Kuczynski un político pragmático y liberal, su entusiasmo por este bloque era esperable, así como su propuesta para organizar un club de países «de ayuda a Venezuela para que salga adelante». Sin embargo, a solo seis semanas en el poder se trasladó a las principales potencias y mercados: hizo una visita oficial de cuatro días a China seguida por otra de cinco a Estados Unidos.

Sus anuncios en política exterior contrastan con el bajo perfil del ex-presidente Ollanta Humala, quien luego de algunos traspiés1 diplomáticos con el Unasur, y tras el fallo de la Corte de La Haya en la delimitación de la frontera marítima con Chile, se abstuvo de jugar un papel en la región.

El presidente de Peruanos por el Kambio (PPK: la sigla del grupo político es la misma que la del economista y ex-banquero de inversión) ha informado que asistirá a la firma del acuerdo de paz en Colombia y aceptó la invitación de Michelle Bachelet para una visita oficial a Chile el 29 de noviembre.

En junio, pocos días después de haber ganado el ballotage viajó a Puerto Varas invitado a la XI Cumbre de la Alianza del Pacífico, y, en la víspera de sostener su primer diálogo como presidente electo con la líder chilena, anunció su intención de restablecer el mecanismo del «2+2» de los ministros de Defensa y cancilleres de ambos países. «Creo que eso se puede resucitar rápidamente», comentó. El último fue en 2014, cuando ambos países suscribieron un acuerdo para implementar el fallo de la Corte Internacional de Justicia.

«Se va a dar el 2+2. El timing de cuándo se producirá depende de destrabar cierta letargia que pudo haber habido en otros temas de la relación bilateral, que por lo general son de carácter técnico, ni siquiera político o diplomático», dijo en Nueva York el canciller Ricardo Luna, el experimentado diplomático de carrera que acompaña a Kuczynski en la visita oficial a Estados Unidos.

Kuczynski no se ha mudado a vivir en el Palacio de Gobierno –debido a que algunos ambientes de la sede del Ejecutivo requieren arreglos o quitarles la polilla– y en el escritorio de su casa recibe, por rutina, varios periódicos internacionales de los cuales es lector desde hace años. En los años noventa –mientras vivía en Estados Unidos– fue uno de los pioneros en el mercado de private equity (capital inversión), tuvo la nacionalidad estadounidense hasta 2015 (cuando renunció a ella para postular a las elecciones en Perú) y ha trabajado como banquero de inversión: estar atento al factor internacional ha sido un elemento corriente de su trayectoria laboral, a diferencia de anteriores presidentes peruanos.

China: ¿respeto, negocio o reactivación?

En su primera gira de Estado, Kuczynski visitó Beijing y Shanghai a mediados de septiembre. Para el ex-ministro de Economía y veterano de Wall Street, China es un país que «ha salido casi de la nada. Ahora es una economía dominante en el mundo y que busca respeto».

La periodista Patricia Castro, experta en las relaciones Perú-China, afirmó en una columna que en el país asiático «el trato directo entre los líderes es una palanca que destraba todo obstáculo y a la vez, genera otro tipo de acciones. Aquí, los vínculos comerciales están atados a los vínculos políticos que son pragmáticos pero también graduales. A este nivel, China no negocia sino acuerda. Una vez el camino está listo recién suelta las amarras».

La visita de Kuczynski se entiende aún más considerando que China se convirtió hace algunos años en el mayor inversionista extranjero en Perú, cuando China Minmetals y Aluminum Corp of China pasaron a controlar las principales mineras de cobre en Apurímac, al sur del país. Además, el jefe de Estado pretende que empresas chinas inviertan en la construcción de una refinería o fundición en La Oroya (un completo minero-metalúrgico ubicado en la sierra central que entró en bancarrota la década pasada).

Una de sus primeras acciones polémicas como presidente electo fue visitar La Oroya acompañado de empresarios chinos interesados en hacerse de la empresa en quiebra, e invitar a los trabajadores a una marcha para presionar al Congreso a una ley que permita esas adquisiciones. El Legislativo efectivamente aprobó un cambio en la ley sobre liquidación de empresas, que facilitará a los inversionistas las operaciones en La Oroya.

Kuczynski y su gabinete, en el que predominan profesionales que fueron ejecutivos o abogados de corporaciones, argumentan que la inversión en minería e infraestructura es vital para reactivar la economía y generar fondos para invertir en saneamiento y agua potable para todos en 2021. Su prioridad es «destrabar» proyectos de inversión, y en esa carrera, quieren a China de su lado.

En su primera intervención en la Asamblea General de Naciones Unidas, Kuczynski ha instado nuevamente al «diálogo interno» en Caracas y a que los países de la Alianza del Pacífico colaboren con medicamentos y alimentos dada la crisis en Venezuela. Dos días después, viajó a Colombia para ser testigo de la firma del acuerdo de paz. El viejo pragmatismo de Pedro Pablo Kuczynski lleva a pensar que el espacio económico-comercial que quiere recuperar para el Perú es una cara de la moneda, y que su perfil político es la otra.

  • 1.

    El canciller peruano Rafael Roncagliolo dijo públicamente en 2013 que Perú promovía en la reunión de UNASUR en Lima un pronunciamiento invocando al diálogo y tolerancia en Venezuela, “para resolver los problemas que ha dejado el proceso electoral”. El presidente Maduro calificó la iniciativa como “una falta de respeto contra el proceso político democrático de Venezuela. Ha cometido el error de su vida, Roncagliolo”, expresó. Poco después, Humala retiró del cargo al ministro y nombró una ministra sin experiencia con experiencia en gestión pública, pero sin conocimiento de las relaciones internacionales. La siguiente canciller fue una diplomática de carrera cuya presencia pública fue casi nula. El nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Ricardo Luna, ha criticado que en el último año del Gobierno anterior hubo “anomalías y errores”: Humala nombró 22 embajadores, 11 de ellos en el primer semestre de este año. “Las personas ahí nombradas no necesariamente son malos funcionarios o mediocres o que yo no hubiera nombrado. El problema es el timing, la distorsión que crea en la gestión de un régimen entrante el encontrarse con plazas ocupadas”, dijo en el Congreso.