Ensayo

Perpetradores de genocidio. Aproximaciones históricas y sociológicas desde el caso Guatemala

La condena del ex-dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt a 80 años de prisión y su posterior anulación por la Corte de Constitucionalidad de Guatemala han vuelto a traer a la actualidad uno de los hechos más traumáticos de la historia latinoamericana: el genocidio cometido por los militares contra las poblaciones indígenas, acusadas de apoyar a las guerrillas. Pero ¿qué llevó a los soldados, ellos mismos indígenas, a masacrar a sus propios pueblos? Este artículo propone algunas claves de lectura de esos hechos y de la construcción de una categoría de indígenas «engañados» y «traidores» que justificó los crímenes.

Perpetradores de genocidio. Aproximaciones históricas y sociológicas desde el caso Guatemala

El propósito de este artículo es entender cómo se volvió posible que jóvenes soldados mayoritariamente indígenas, dirigidos por oficiales mayoritariamente ladinos, cometieran actos de genocidio contra pueblos indígenas de Guatemala. Estos eventos tuvieron lugar entre 1981 y 1982, y fueron una de las expresiones más cruentas de la guerra civil que vivió el país. ¿Cómo se construyó la distinción que facilitó matar a otros? Hasta ahora, las explicaciones en torno de este proceso se limitaban a ver a un grupo de elites militares que planificaron la matanza, llevando por la fuerza a los escalones más bajos, los soldados, a matar a pobladores desarmados. Pero ¿qué factores logran explicar que las órdenes de matar hayan sido cumplidas? A fin de dar respuestas a estos interrogantes, he empleado un esquema de análisis en el que se combinan tres factores. El primero es la organización militar, esto es, el reclutamiento, el entrenamiento, el liderazgo, los rituales, la rutina, la vida cotidiana en los pelotones, la formación de grupos primarios, el liderazgo, las normas de camaradería y el espíritu de cuerpo, las formas en que los rumores se propagan, el significado profundo de la vida en un pelotón militar. El segundo factor es la ideología, es decir, el adoctrinamiento, la presencia de ideas que legitiman el terror y los medios empleados para su difusión (radiales, de video, escritos y relación cara a cara), la religión y el racismo. Y, finalmente, el desarrollo de la guerra, el contexto nacional e internacional, el tipo particular de guerra, la forma como esta se vive y pone a prueba a las tropas, las percepciones sobre el adversario que se propagan, las condiciones de los soldados en las unidades militares comprometidas en el combate (la logística, la alimentación, la atención a los heridos durante el tiempo de convalecencia, el traslado de cadáveres, el número de bajas), la difusión de eventos de crueldad contra soldados, y elementos de la estrategia de los insurgentes que resultaron de utilidad para justificar la respuesta estatal.

Estas categorías –organización, ideología y desarrollo de la guerra– me han permitido penetrar desde dentro y hasta abajo en la institución que llevó adelante este genocidio: el Ejército de Guatemala. Pero lo importante es captar las relaciones entre estos elementos. Las explicaciones emergen en el entrecruzamiento. En la investigación sobre la que se basa este ensayo hacemos uso de la estrategia de caso. Y el caso seleccionado fue la masacre ocurrida en Las Dos Erres, parcelamiento del municipio de La Libertad, departamento de Petén, ocurrida en diciembre de 1982. Este evento constituye, sin dudas, un caso paradigmático, ejemplar, para entender a los perpetradores de genocidio en la historia de América Latina en aquel tiempo histórico. La evidencia recolectada incluye –entre otras– fuentes orales, entrevistas con ex-militares, ex-insurgentes, vecinos, familiares de víctimas y sobrevivientes, junto con documentos hallados en el archivo judicial. Antes de entrar en el esquema de análisis, debemos conocer el contexto en el que estos eventos tuvieron lugar.

Contexto

Entre 1963 y 1986 (y todavía un poco más allá), en Guatemala, el Ejército fue la institución rectora del Estado. En noviembre de 1981, modificó su estrategia de contrainsurgencia, reagrupó a sus efectivos e inició un despliegue por fases, concentrando gran cantidad de sus tropas en regiones específicas. Los militares modificaron, además, su estructura de mando, organizando fuerzas de tarea que contaban con unidades de apoyo aéreo y logística. La estrategia fue iniciada desde el centro del país (donde se halla la capital, Ciudad de Guatemala), y desde allí siguió con dirección Noroeste, cubriendo los departamentos de Chimaltenango, Quiché y Huehuetenango, hasta llegar a la frontera con México. Mediante esta estrategia, el Estado retomó el control sobre territorios y poblaciones que –supuestamente– habían cambiado sus lealtades, apoyando a grupos insurgentes que desde 1972 reiniciaron una guerra de guerrillas.

Hacia finales de 1982, la estrategia de las fuerzas del Estado había alcanzado sus objetivos: las guerrillas se habían quedado sin bases sociales. Los pequeños ejércitos insurgentes se habían replegado montañas adentro, o hacia la frontera con México, pero estaban casi intactos. Y de este modo, el Ejército puso a salvo al Estado de lo que pudo ser una rebelión campesina desde abajo.

La implementación de esta estrategia de contrainsurgencia acarreó una catástrofe humana de grandes dimensiones. En muchas aldeas (unas 626), las fuerzas del Estado y otros aparatos paramilitares cometieron masacres, y miles de desplazados en busca de refugio –entre 50 y 200.000– alcanzaron la frontera mexicana, mientras que más de un millón se desplazó a otras regiones. «Masacre» fue el nombre que en Guatemala se dio a los actos que ocurrían en las comunidades. Pero la masacre no solo implica la realización de ejecuciones arbitrarias, sino también violaciones sexuales, mutilación de cadáveres, lesiones graves, tortura y tratos crueles, desapariciones forzadas, secuestro de niños, pillaje y destrucción de bienes, lo cual sometió a esas poblaciones a condiciones de existencia que propiciaron su destrucción física. La Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) concluyó que en Guatemala se cometieron actos de genocidio contra los pueblos indígenas maya-q’anjob’al, maya-chuj, maya-ixil, maya-k’iche’ y maya-achi.

¿Cómo construyó el Ejército de Guatemala a este soldado que realizaría la mayor matanza en la historia contemporánea de América Latina? ¿Qué cambios fueron necesarios, en el nivel de las tropas, para ejecutar aquella estrategia de contrainsurgencia? O, acaso, ¿no hubo condiciones especiales y la orden de matar simplemente descendió por la cadena de mando y llegó hasta los ejecutores? ¿Eran tropas comunes y corrientes las que ejecutaron las órdenes, o la ejecución de actos genocidas requirió de un tipo excepcional de soldado?