Entrevista

«La lucha de los trabajadores frente a los tratados de libre comercio debe tener un carácter global»

La secretaria regional del sindicato global UNI Américas explica las razones por las que los nuevos TLC afectan a los trabajadores

«La lucha de los trabajadores frente a los tratados de libre comercio debe tener un carácter global»

Entrevista realizada por Mariano Schuster


Usted ha planteado en diversas oportunidades que los tratados de libre comercio impactarán negativamente en las economías latinoamericanas y, fundamentalmente, que tendrán efectos sociales que afectarán a los trabajadores de la región. ¿Cómo pueden, hoy, trabajar los sindicatos y, particularmente, los sindicatos globales frente a estos tratados?

En principio, creo que habría que marcar que, efectivamente, los efectos pueden ser complejos. El Trade in Services Agreement (TISA) tiene, fundamentalmente, un efecto devastador sobre determinadas áreas como la telecomunicación y las finanzas. De hecho, las consecuencias a partir de la desregulación de estos dos sectores pueden ser brutales, dado que los tratados están por encima de la soberanía de los pueblos y constituyen un instrumento de las multinacionales para violentar toda la legislación nacional. No quisiera entrar en los detalles de cada uno de los tratados pero, lo que es real, es que si los sindicatos no logramos comprender que las agendas nacionales no pueden dar cuenta de esto, enfrentarse a esta situación será imposible. Desde el punto de vista nacional, el planteo de UNI como sindicato global, es que debemos pelear contra la aplicación de los tratados. Es decir que consideramos que los pueblos de la región a nivel nacional y regional tienen que evitar la firma de los mismos. Sin embargo, hacemos un segundo planteo: el de la necesidad de estar preparados, desde ahora, para que estos tratados se firmen y comiencen a aplicarse. Por lo tanto, debemos diseñar estrategias para confrontar con estos si es que logran su aprobación.

En el caso del TISA, que plantea una desregulación de los servicios, ya hay un precedente de lucha exitosa. Los trabajadores de Uruguay consiguieron que su gobierno se retire de las negociaciones de dicho tratado. Sin embargo, se trata solo de un país. ¿Es posible la unidad continental de los trabajadores para realizar una lucha común?

Sí, es posible. Pero el punto central es que, como estos tratados y las situaciones que se derivan de ellos parecen lejanas y abstractas, muchos se percatan de la importancia de los mismos cuando ya es tarde para resistir. En este sentido, lo que consiguió el PIT-CNT en Uruguay fue de avanzada al entender que la única actitud posible era la resistencia. Por eso considero que es fundamental que nosotros, como sindicatos globales, nos planteemos una política real manifestando con nitidez como afectarán los tratados en la vida cotidiana de las personas. No hablemos ya de las grandes categorías como soberanía nacional o la capacidad de decidir: estos tratados van a afectar, de manera contundente, conquistas históricas de los trabajadores. La negociación colectiva se va a resentir porque las empresas argumentarán que, bajo los acuerdos del TISA, la negociación colectiva no es posible porque dificulta su presencia en un país o en otro. En tal sentido, creo que debemos plantearnos no solo una resistencia regional en términos conceptuales, en términos de lo que nos quita de soberanía sino también al interior de organizaciones tan afectadas por el TISA como lo es UNI que representa la economía de los servicios. Ahora mismo, nosotros nos estamos planteando como objetivo fundamental ir sector por sector para analizar las implicancias de este tratado en cada uno de los rubros. El tema del manejo de las bases de datos, de la capacidad que van a tener con el TISA de manejar informaciones, por ejemplo, afecta fundamentalmente y directamente a los trabajadores. Así que es fundamental empezar a ponerlo en nuestras agendas.

En América Latina hemos vivido más de una década de gobiernos de signo progresista o de izquierda. Una de las grandes batallas ganadas fue el triunfo sobre el ALCA. Sin embargo, con el declive de la izquierda, nuevos tratados avanzan fuertemente. ¿Se perdió la batalla cultural? ¿Los gobiernos de la izquierda no lograron instalar claramente la idea de los peligros de los tratados de libre comercio?

AR: Creo que hay que pensar la perspectiva desde diferentes prismas. En primer lugar diría que las corporaciones multinacionales no son ingenuas y que han dado pasos importantes sofisticando los métodos de control de la economía mundial y, por consiguiente, la vida de los ciudadanos. Si analizamos la cuestión en términos específicos veremos que hemos ganado batallas nacionales, pero también hemos visto como el poder de las multinacionales excedió, muchas veces, nuestra capacidad. En El Salvador, con el caso de Telefónica, perdimos la batalla. Cuando la Ministra de Trabajo falló a favor del sindicato, de su autonomía, de su posibilidad de representar a los trabajadores, fue obligada a renunciar. Y eso que representaba a un gobierno progresista. Por eso, advertimos que con estos tratados la capacidad de incidencia de las multinacionales en la vida política y social se multiplicará, dado que están realmente focalizados en darles total libertad de acción, en destruir toda capacidad de regulación. Es por ello que la única forma de trabajar contra estos tratados es en alianzas con gobiernos y sectores políticos. El sindicalismo solo no podrá. Con el ALCA ganamos una batalla fundamental, pero teníamos dirigentes políticos de primera línea apoyando e impulsando la lucha. Hoy, el panorama cambió y los sindicatos tenemos que adquirir y tomar en nuestras manos un rol fundamental en la generación de esas alianzas que nos permitan frenar este proceso.

¿Pero los sindicatos han internalizado la idea de que frente a multinacionales y a tratados que exceden los marcos nacionales, es necesario trabajar en conjunto?

En el caso de UNI hemos hecho grandes avances. Hace un mes y medio mantuvimos una reunión alrededor de Cencosud, una multilatina chilena. Cinco países estaban sentados en la mesa pero el problema se circunscribía solo a uno, específicamente a Perú. En aquella reunión resultó muy claro que todos los sindicatos de los diversos países, pergeniaban una estrategia a seguir en términos regionales. Todos se percataron que una negociación colectiva peor en otro país afectaría al final a los trabajadores de todos. Es decir, se actuó como un solo sindicato. Otras batallas, como la que ganamos a Walmart en los tribunales de Sudáfrica, hubieran sido impensables sin una acción global. Ahora bien, también es cierto que existen sindicatos más corporativos y que, a veces, es difícil manejar el tema de los sindicatos de la casa matriz. En el caso de Walmart, el 90% de los trabajadores de América del Sur están sindicalizados. Sin embargo, a veces resulta muy difícil estar en medio de una negociación colectiva, plantearles que deben confrontar con la empresa por lo que pasa en EEUU o lo que pueda pasar en Sudáfrica. Pero creo que el trabajo que hemos hecho en UNI ha ido cambiando esa mentalidad nacional y ha logrado instalar la idea de que si tocan a los trabajadores de una empresa en un país están tocando a los de esa misma empresa en el otro. Por supuesto que los avances son difíciles. A veces el sentimiento corporativo, la necesidad de mantener la paz social con esa empresa, acaba ganando. Por eso debemos hacer un trabajo cultural que, efectivamente, de resultados. La solidaridad, como sentimiento ético, es importante, es un eje fundamental del movimiento sindical. Sin embargo no alcanza, no puede ser un sentimiento abstracto. Tiene que ser el conocimiento real de las condiciones de trabajo real, de lo que está pasando en cada lugar, y de que los compañeros sientan y entiendan que la lucha no es más nacional.