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Oaxaca, Kerala y Sicilia

Oaxaca, Kerala y Sicilia son diferentes entidades subnacionales que comparten un rasgo común: el fracaso de sus intentos de transformación agraria. En los tres casos, las reformas agrarias, aunque contribuyeron a romper con un pasado arcaico, no activaron una secuencia sostenible de cambios productivos en el mundo rural ni fuera de él, y generaron enormes flujos migratorios y una excesiva dependencia del mercado de trabajo de los servicios y el empleo público. La baja calidad de las instituciones, las políticas públicas deficientes y algunos problemas inéditos posteriores a las reformas agrarias intervinieron en diferentes proporciones para configurar una situación común: una transformación agraria que no pudo convertirse en motor para el desarrollo del resto de la economía.

Oaxaca, Kerala y Sicilia

El PIB per cápita de los países de altos ingresos es seis veces superior al del resto del mundo, pero la diferencia en productividad agrícola es de 43 veces1. Cuando hablamos de agricultura, hablamos de la actividad que presenta las distancias más grandes y de la que viven algo así como 3.000 millones de seres humanos en los países que la diplomacia internacional

llama «en vías de desarrollo». Aun con todas las cautelas que deben acompañar cualquier metáfora en las ciencias sociales, es como si algunos países no hubieran entrado en la Edad de Bronce, mientras que otros llevan siglos perfeccionando las técnicas metalúrgicas. Una convivencia de tiempos históricos en la cual la productividad agrícola y las condiciones de vida de la población rural son las mayores marcas de diferencia mundial. Probablemente, más hoy que ayer. Un retardo en los tiempos del mundo que es fuente de miseria, instituciones frágiles y todo lo que de ahí se deriva.

Ningún país ha alcanzado niveles de desarrollo altos sin una transformación agraria exitosa a sus espaldas. Desde los Países Bajos e Inglaterra en los siglos XVII y XVIII, pasando por Japón y Dinamarca en el siglo XIX y hasta Corea del Sur y España en el siglo XX; sin mencionar a China que, desde fines de los años 70, comienza su gran transformación a partir de la agricultura y una industrialización rural que hoy aporta una tercera parte del PIB del país. Ergo, si tenemos que creer en la historia reciente y antigua, no hay camino para superar el atraso sin una agricultura capaz de romper inercias sociales y económicas y avanzar rápidamente hacia mayores niveles de productividad y bienestar, junto al desarrollo de actividades productivas no agrícolas en el universo rural.

Mostraré aquí algunos trazos de tres historias agrarias subnacionales que tienen algo en común: la dificultad de salir de una agricultura estancada (productiva o estructuralmente) que contagia al resto de la economía y de la sociedad, haciendo más lentos sus movimientos y más errático su rumbo. Las tres entidades son Oaxaca, Kerala y Sicilia, al sur respectivamente de México, la India e Italia. Tres regiones en sendos continentes que, a pesar de sus distancias y diferencias, comparten una común condición de atraso definida (en diferentes proporciones) por la baja productividad media, la escasa integración económica local, la aguda segmentación social, el desempleo y la emigración. En números gruesos el PIB per cápita de Oaxaca es de 4.000 dólares, el de Kerala de 1.000 y el de Sicilia de 20.000. Pero mientras Kerala está en la tabla media entre los estados de la India, tanto Oaxaca como Sicilia se sitúan muy por debajo en sus respectivos países. En los tres casos, en las últimas décadas se registra una sustantiva reducción de los ocupados en actividades primarias, pero la fuerza de trabajo así «liberada» engrosa sobre todo los servicios y la construcción (además de la emigración) y mucho menos las actividades manufactureras.

Algunos apuntes sobre el marco político. Oaxaca está gobernada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) desde hace 80 años y es apenas imaginable la inercia acumulada y la tupida red de vínculos entre partido y gobierno, y entre ellos y el sistema corporativo construido alrededor de la hegemonía priísta. Una hegemonía derrotada a escala nacional en 2000, que se conserva hasta hoy en el estado de Oaxaca. Kerala, por su parte, ha sido gobernada en el último medio siglo alternativamente por el Partido del Congreso y el Partido Comunista de la India (marxista) –PCI(m)– nuevamente en el gobierno local desde 2006. Finalmente, Sicilia sigue gobernada por una clase política conservadora (heredera de la desaparecida Democracia Cristiana) que se ha hecho proverbial por sus clientelas, capacidad de despilfarro, corrupción y vínculos frecuentes con la criminalidad organizada.

Oaxaca: vanguardias conservadoras

El sur de México es la parte tradicionalmente más pobre del país, con una agricultura campesina de subsistencia e instituciones públicas somnolientas y corruptas. La agricultura es un actor central en Oaxaca, estado de alta densidad indígena y fuerte emigración desde hace casi tres décadas. Con sus 94.000 kilómetros cuadrados, la superficie de Oaxaca equivale a 3,6 veces la de Sicilia y 2,4 veces la de Kerala. Pero mientras la población de Oaxaca llega apenas a 3,6 millones, la de Sicilia rebasa los 5 y la de Kerala los 32. Tres cuartas partes del territorio de Oaxaca son montañosas, y casi toda la población indígena vive de la agricultura. De seis millones de indígenas mexicanos, un millón vive en Oaxaca (casi uno de cada tres habitantes del estado), distribuidos en 16 grupos etnolingüísticos dispersos en más de 7.000 asentamientos en un territorio accidentado y mal comunicado2.

A diferencia de otras partes de México, la Colonia no produjo aquí grandes haciendas, y el universo indígena conservó sustancialmente el control de la tierra. En la actualidad la tierra agrícola se reparte así: 44% comunitaria, 27% ejidal (aquí también con participación indígena) y 29% privada. Frente a una agricultura que no alcanza a cubrir las necesidades de subsistencia de la gran mayoría de los productores (indígenas y no indígenas), la emigración (80.000 jóvenes, en media de 22 años, en 2005) hacia el norte de México y Estados Unidos se ha convertido hace tiempo, a través de las remesas, en el sostén externo de una economía sin impulsos internos, excluidas algunas zonas de agricultura intensiva en el sur del estado (el Istmo) y en el norte (Tuxtepec). En la última década, el PIB de Oaxaca creció la mitad respecto a México (3%) y el PIB per cápita apenas alcanza 43% de la media nacional. Actualmente, algo más de dos terceras partes de la población oaxaqueña viven en condiciones de pobreza3. En casi todos los indicadores de bienestar y calidad de vida, Oaxaca ocupa el penúltimo lugar entre los 32 estados mexicanos (incluido el DF), y el último es Chiapas. Brutal y sintéticamente, el atraso en el atraso.

  • 1.

    The International Bank for Reconstruction and Development y Banco Mundial (bm): World Development Report 2008. Agriculture for Development, bm, Washington, dc, 2007, disponible en http://siteresources.worldbank.org/intwdr2008/Resources/wdr_00_book.pdf.

  • 2.

    Fuente: «Oaxaca en datos», www.sipaz.org, y Secretaría de Comunicaciones y Transporte: «Movilidad y desarrollo regional en Oaxaca», Publicación Técnica No 306, Sanfadila, Querétaro, 2006.

  • 3.

    Coneval: «Mapa de pobreza y rezago social 2005, Oaxaca», www.coneval.gob.mx/contenido/med_pobreza/3035.pdf, fecha de consulta: 20/8/2009, y Vladimir Campos Gallardo: «Población, ingreso y desarrollo en Oaxaca» en Oaxaca, Población siglo xxi año 7 No 20, 12/2007.