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Nuevos liderazgos, viejos obstáculos

La llegada al gobierno de Michelle Bachelet y Cristina Fernández reactualizó el debate acerca de la presencia de las mujeres en la política y las características de sus liderazgos. ¿Qué aportan de nuevo las mujeres? Un estilo de manejar el poder más flexible, abierto y proclive al diálogo, pero que no debe darse por sentado, pues muchas veces los entornos las condicionan, masculinizándolas. En cualquier caso, las transformaciones culturales, la redemocratización de América Latina, las políticas de cuotas y los mayores niveles educativos alcanzados por las mujeres han fortalecido su presencia política. Sin embargo, persisten viejos obstáculos, desde los estereotipos sexistas hasta las dificultades económicas, que es necesario superar.

Nuevos liderazgos, viejos obstáculos

Participación política

El porcentaje de mujeres en puestos legislativos en el mundo es de 17,7%; en 1995 era de 11,3%. La proporción de mujeres que ocupa carteras ministeriales o secretarías de Estado en los Ejecutivos es de 16,1%, aunque hay que aclarar que en la mayoría de los casos se trata de las llamadas «carteras de segunda categoría» –relacionadas en general con los asuntos sociales–, si bien se detecta también un aumento en otros ministerios. Las mujeres ocupan la jefatura de Estado en 4,7% de los países y la de gobierno en 4,2%. Quince mujeres, en números absolutos, ejercen la máxima autoridad política. En 22 países, las mujeres ocupan más de 30% de las carteras ministeriales. Seis de esos países son latinoamericanos (el porcentaje de mujeres ministras o secretarias de Estado se ha incrementado en la región de 17% a 23%). En Chile, las mujeres ocupan 9 de los 22 ministerios, en Ecuador 7 de 16, y en Perú 6 de 16, para citar los casos más notables. En Argentina, Chile, Ecuador y Uruguay hay mujeres al frente de la cartera de Defensa. Y en Venezuela, Uruguay, Paraguay y Brasil las mujeres presiden las cortes de justicia o son sus vicepresidentas, como en Argentina.

Siguiendo con América Latina, se destacan dos países en cuanto a la presencia de mujeres en el Legislativo: Argentina, con 40% de legisladoras, y Costa Rica, con 37%. En Ecuador, Granada, Guayana, Perú y Trinidad y Tobago, hay más de 25% de mujeres en los parlamentos. La media continental es de 20,7%, mientras que tres años atrás era de 18,6%, y hace ocho años, de 15,3%. Por otra parte, las mujeres presiden el Parlamento en Venezuela, México, República Dominicana, Colombia, Bahamas, Belice y Antigua y Barbuda. Es más: 11 de las 28 mujeres que ocupan este cargo en todo el mundo se encuentran en América Latina y el Caribe.

El incremento de la presencia de mujeres en los Legislativos se relaciona directamente con las denominadas «cuotas de género», que establecen la conveniencia –obligatoria o voluntaria– de asegurar la participación femenina en las listas y candidaturas de los partidos políticos. Según un informe de la Unión Interparlamentaria:

En aquellos países que utilizaron algún tipo de cuota electoral, la representación promedio de las mujeres fue de 19,3%, en contraposición al 14,7% para aquellos países sin cuotas. Esta tendencia es confirmada por los países que han obtenido los mejores resultados, con 30% o más de mujeres en el parlamento. Más del 80% de esos países utilizan cuotas. Por último, los partidos políticos son considerados cada vez más como los poseedores de la llave de la participación política de las mujeres.

En cuanto a la cúspide del poder político, en 1990 una mujer fue elegida presidenta de un país latinoamericano y se mantuvo en el gobierno hasta 1996, cuando su mandato concluyó. Fue la nicaragüense Violeta Barrios de Chamorro, viuda de un famoso líder opositor asesinado. Aunque Isabel Martínez de Perón fue presidenta de Argentina y Lidia Gueiler –brevemente– de Bolivia, se trató, en ambos casos, de procesos de asignación sin previa elección popular para ese cargo. En ambas ocasiones, además, sufrieron sendos golpes de Estado que las desplazaron del poder. Rosalía Arteaga, a modo de anécdota, ocupó fugazmente la Presidencia de Ecuador por dos días, en 1997, en medio de un grave conflicto político. Dos años más tarde, Mireya Moscoso, viuda de Arnulfo Arias, fue elegida presidenta de Panamá.

Y hoy Michelle Bachelet (que llegó al gobierno en 2006) y Cristina Fernández (que asumió en 2007) ejercen el poder en Chile y Argentina. Aunque ellas sean las líderes más visibles, lo destacable es el incremento de la presencia femenina en otros espacios políticos en el continente, sin por ello olvidar los obstáculos que aún existen. Al análisis de estos temas dedicamos las siguientes líneas.

La presencia y la representación

La polémica acerca de la presencia y la representación femenina persiste. Algunas autoras consideran que lo que se dice se puede separar de quién lo dice, además de la tradicional y famosa frase: «Cuerpo de mujer no significa conciencia de género». Y es que, ante la diversidad de intereses de las mujeres, la representación de estas se torna un asunto difícil. Pero otras autoras creen que la paridad implicará, en sí misma, un cambio en la política. Es más: aseguran que la mayor presencia de mujeres generará cambios importantes en las instituciones y en la cultura política.En general, se considera que se requiere de un número suficiente de mujeres en el poder para lograr representar los intereses y los problemas de las mujeres. Pero también existe la sospecha de que, una vez en el poder, estas se masculinizan y reproducen los modelos construidos por los hombres. Al mismo tiempo, no es menos cierto que los hombres suelen comportarse de manera distinta en presencia de una mujer. De hecho, en varios lugares ya se han abordado asuntos propios de las mujeres que suponen, hasta cierto punto, un desafío a los procedimientos y disposiciones creados por los hombres. Por ejemplo, la creciente proporción de parlamentarias ha hecho que se revisen aspectos tales como los programas del Congreso, el lenguaje, los lugares de reunión, las disposiciones para el cuidado de los hijos, los horarios de trabajo y la disponibilidad para los viajes. Por otra parte, la intervención activa de las mujeres políticas fue importante en la introducción de algunas demandas: en muchos casos, los partidos comenzaron a contemplar los temas de las mujeres en sus plataformas y programas, se aplicaron medidas de acción afirmativa o discriminación positiva en la selección de las candidaturas, se fundaron ministerios e institutos específicos, así como organismos que buscan garantizar la igualdad de oportunidades. Todo esto, al calor de la intervención activa de las mujeres y los grupos de mujeres en pro de la equidad.

Este es el panorama general. En lo que respecta a América Latina, se puede decir que la «mayor presencia de las mujeres en el ámbito legislativo coincidió con una atención sin precedentes a temas relacionados con los derechos de las mujeres, como la violencia doméstica, la reproducción y el derecho de familia». Esto fue resultado del hecho de que «mujeres de diferentes partidos se aliaron para colocar en la agenda política los temas relativos a la mujer, y luego para presionar a sus colegas varones para que apoyaran la introducción de cambios en la legislación».Las políticas de igualdad se relacionan, por un lado, con la igualdad de oportunidades; y, por otro, con el diseño, la aprobación, la aplicación y la evaluación de las políticas públicas (por cómo estas afectan a las mujeres). Más mujeres en las cámaras pueden dar lugar a un mayor empuje a la solución de las preocupaciones y problemáticas femeninas –necesidades e intereses prácticos y de género–. Pero además, en las cuestiones generales, las mujeres pueden aportar su punto de vista para contribuir a la agenda política, económica y social del país.