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No todos los caminos conducen a Roma El papa Francisco y la posible reforma de la Iglesia católica

La religión no desapareció con la modernización; se sigue creyendo, pero ese creer es hoy objeto de una elección individual más que de la pertenencia a una cultura determinada. Se trata de un fenómeno de «deslocalización» de la religión que desafía la pesada y eurocéntrica estructura de la Iglesia católica. ¿Cómo liberar al espíritu evangélico de la armadura teológico-romana? ¿Cómo recuperar la conexión con el Evangelio, frente al desafío de otras religiones como las pentecostales? Ahí aparece el rol del papa «que vino del fin del mundo» y se propone varias reformas en la forma romana de la Iglesia.

No todos los caminos conducen a Roma / El papa Francisco y la posible reforma de la Iglesia católica

Nota: traducción del italiano de Aldo Giacometti.

La forma romana que asumió el catolicismo a lo largo de la historia del cristianismo ya no parece ser del todo adecuada para los tiempos que corren1. En África, en América Latina y en Asia el catolicismo se enfrenta con nuevas iglesias de matriz evangélica o carismática que, con su ímpetu misionero y litúrgico, están escribiendo una nueva página de la historia religiosa poscolonial de pueblos enteros. Las iglesias nacionales católicas, incluso cuando están dirigidas por pastores que reflejan la línea de restauración querida por los papas precedentes, también están en busca de un modo propio de ser Iglesia. ¿Cómo ser católicos sin tener que conformarse siempre y en todo con las líneas político-religiosas de Roma, fieles a la autoridad de Pedro pero relativamente lejanas de la teología europea; respetuosas de los cánones litúrgicos, como se vinieron definiendo con el Concilio Vaticano ii, sin ignorar el fervor de los ritos de las nuevas iglesias pentecostales, imitados por parte de los movimientos católicos de tendencia carismática?

La reconquista de visibilidad en el espacio público por parte de la Iglesia institucional no debe llevarnos a engaño. Todo esto parece ir en contra de las hipótesis de secularización de la sociedad contemporánea2. Pero en realidad, la modernidad sigue produciendo sus efectos, incluso en su fase tardía. La religión no desaparece del horizonte de sentido de una vasta multitud de sujetos, más bien se ajusta a los estilos de vida propios de la modernidad tardía. Se sigue creyendo, pero el creer es objeto de una elección individual3. No basta: se sigue creyendo, pero ya sin lazos estables con el lugar, donde la religión de nacimiento (el catolicismo), en el largo aliento de la historia, ofreció una referencia constante para expresar la fe de los individuos. La deslocalización y la movilidad en lo que concierne a la pertenencia religiosa, por lo tanto, aparecen como tendencias que se concilian con la manera moderna de creer: voy a rezar o me encuentro con otros creyentes ahí adonde me lleva el corazón o la curiosidad por lo nuevo4.

Una religiosidad de este tipo no se reconquista con la fuerza de la doctrina. Prefiere la experiencia directa de lo sagrado, la inmediatez de las relaciones que un guía espiritual sabe establecer con una comunidad de fieles, mostrando con señales visibles la coherencia con el espíritu evangélico de la pobreza y la misericordia.

Creo que el cambio de paso que el papa Francisco parece querer imprimirle a la Iglesia católica puede ser leído a la luz de las reflexiones recién expuestas. En este sentido, el papa Benedicto xvi podría ser considerado como el último papa. En primer lugar porque Jorge Bergoglio, aunque cercano a la cultura europea, viene de lejos, de fuera de Europa; en segundo lugar, porque parece haber intuido que no se gobierna una comunidad mundial como la católica poniendo en el centro la primacía de la teología católica eurocéntrica y la forma romana de la Iglesia. El objetivo se vuelve distinto: liberar al espíritu evangélico de la armadura teológico-romana; menos proclamas y más señales para una Iglesia que querría ser ejemplarmente más coherente y fiel al espíritu del Evangelio de la caridad y de la pobreza.

La orgullosa pretensión de la Iglesia de ser la única vía de salvación, reafirmada con intransigencia por Joseph Ratzinger en varios documentos y discursos5, ya no rige en un campo religioso cada vez más competitivo entre nuevos y viejos cristianismos. ¿Qué es hoy en día un movimiento como El-Shaddai6, nacido en el seno de la Iglesia católica filipina, con un séquito, según dicen los estudiosos del fenómeno, de cerca de diez millones de seguidores, sino una confirmación de una forma posmoderna de creer sin mediaciones institucionales de obispos y curas, ya que se entrega a un líder carismático como Mike Velarde? ¿O qué muestra el caso de Marcelo Rossi en Brasil, cura cantautor que celebra misa con los paramentos sagrados pero imitando el estilo comunicativo de los pastores de las megaiglesias neopentecostales7?

¿Cuáles son entonces los desafíos que el papa Francisco decidió tomar en serio sabiendo que hoy en día ya no todos los caminos conducen a Roma? Me voy a limitar a describir solo los que son internos a la Iglesia misma y que constituyen, a mi parecer, los nudos no resueltos de una posible reforma de la forma romana del catolicismo, que con el correr de los siglos se convirtió en una religión global.

¿Qué significa hoy en día ser una comunidad de creyentes, en la cual las personas estén intensamente comprometidas, sin asimetrías entre el clero y los laicos? ¿Cómo recomponer las fracturas internas que se produjeron entre temas cruciales como la justicia social –en una época dominada por el culto al capitalismo financiero8– y la posibilidad de conciliar desarrollo económico y respeto del medio ambiente? Además, ¿hasta cuándo van a poder quedar en estado de latencia la cuestión de la obligación del celibato eclesiástico y el acceso de las mujeres al sacerdocio? Y por último, ¿cómo reformar la estructura organizativa de la Iglesia misma para volverla más próxima a la idea de una Iglesia de los pobres y para los pobres? Las cuestiones internas lo son solo en apariencia; de hecho, reflejan precisamente las distintas maneras del pensar y sentir católicos, que se manifiestan en formas variadas entre quienes se consideran creyentes convencidos, militantes y partícipes del destino de su Iglesia y quienes, del otro lado, mantienen una reserva mental acerca de muchas cuestiones doctrinarias y éticas que la Iglesia, como depositaria de una verdad revelada, mantiene quizás como incuestionables y no negociables.

La sociedad contemporánea vio aumentar en general, en el ciclo relativamente largo de la crisis de la economía de mercado y de los sistemas de bienestar, la brecha entre ricos y pobres. Nos volvemos cada vez más una sociedad clepsidra. Pocos ricos en el vértice y muchos que van cayendo en la escala económica y social. En particular, la novedad de la crisis consiste, por un lado, en la cada vez más desequilibrada distribución de la riqueza, y, por el otro, en la tendencial caída del valor del trabajo, sobre todo para las nuevas generaciones, las mujeres y las personas que ocupan las capas sociales medio-bajas. Estas ven cómo disminuyen las asistencias sociales mínimas, que los sistemas de bienestar fueron capaces de garantizar hasta hace algunas décadas. La especulación financiera puso en crisis a sectores productivos enteros: en vez de producir bienes y mercancías, hoy produce desocupación.

  • 1.

    Acerca de este concepto, v. Carl Schmitt: Römischer Katholizismus und politische Form, Theatiner, Múnich, 1925. [Hay edición en español: Catolicismo romano y forma politica, Tecnos, Madrid, 2011].

  • 2.

    José Casanova: Public Religion in the Modern World, Chicago University Press, Chicago, 1994. [Hay edición en español: Religiones públicas en el mundo moderno, Madrid, ppc, 2000].

  • 3.

    Danièle Hervieu-Léger: Le pèlerin et le converti, Flammarion, París, 1999. [Hay edición en español: El peregrino y el convertido, Ediciones del Helénico, México, df, 2004]. Patrick Michel: La grande mutation, Albin Michel, París, 1995; Antonela Capelle-Pogăcean, P. Michel y E. Pace (eds.): Religion(s) et identité(s) en Europe. L’épreuve du pluriel, Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques, París, 2008.

  • 4.

    Grace Davie: Europe: The Exceptional Case, Darton, Longman & Todd, Londres, 2002; D. Hervieu-Léger: Catholicisme, la fin d’un monde, Bayard, París, 2003; Sébastien Fath: Dieu xxl, Autrement, París, 2008; Alfonso Pérez Agote (ed.): Portraits du catholicisme: une comparaison européenne, pur, Rennes, 2013; y Karel Dobbelaere y A. Pérez-Agote (eds.): The Intimate. Polity and the Catholic Church, Leuven University Press, Lovaina, 2015.

  • 5.

    V., en particular, la lectio magistralis «Fede, ragione e università», que tuvo lugar en Ratisbona el 12 de septiembre de 2006 y que suscitó muchas polémicas por la crítica dirigida al islam. En realidad, el blanco crítico era el protestantismo, visto como matriz cultural del relativismo moderno.

  • 6.

    Acerca de este movimiento, v. Katharine L. Wiegele: Investing in Miracles: El Shaddai and the Transformation of Popular Catholicism in the Philippines, Hawaii University Press, Hawái, 2004.

  • 7.

    Ver Brenda Carranza: Catolicismo midiático, Ideias & Letras, Aparecida, 2011.

  • 8.

    Ver Walter Benjamin: Kapitalismus als Religion [fragmento, 1921] en Gesammelte Schriften, Suhrkamp, Fráncfort del Meno, 1991.