Entrevista

Mujeres indígenas en lucha ​Entrevista a Ketty Marcelo

Ketty Marcelo es la presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP). En esta entrevista se refiere a la batalla por la tierra y el trabajo, pero también por mayor participación. La voz de las mujeres quiere hacerse escuchar dentro y fuera de las comunidades.

Mujeres indígenas en lucha / ​Entrevista a Ketty Marcelo

En su carácter de presidenta de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú, usted ha solicitado en numerosas oportunidades que la voz de las mujeres indígenas sea escuchada tanto dentro como fuera de las comunidades. ¿Cuáles son las demandas actuales de las mujeres indígenas tanto en Perú como a nivel continental?

Las mujeres indígenas tenemos una especial relación con nuestra madre tierra porque es dadora de vida al igual que nosotras. Es en este sentido en el que la defendemos y la protegemos. Nuestro rol y nuestros aportes en la comunidad siempre han sido fundamentales. Claramente, la demanda histórica que tenemos las mujeres y los pueblos indígenas es la de la seguridad jurídica integral de nuestros territorios dado que precisamos asegurarlos para lograr la continuidad histórica de nuestros pueblos. Sin embargo, en nuestras comunidades no somos consideradas al momento de tomar decisiones en la gestión del territorio. Es por eso por lo que demandamos ser consideradas como “comuneras calificadas” para tener una verdadera participación plena y efectiva en nuestras comunidades.

A las defensoras de la tierra y territorio en los últimos años nos están acosando, persiguiendo y asesinando. En nuestros países no existen políticas públicas para nuestra defensa. Muy por el contrario, hay una buena cantidad de leyes que penalizan las protestas ya que la mayoría apuntan a luchar por la defensa de recursos extractivos. Esa es la razón por la que demandamos protección y seguridad para nuestras vidas. El cese a la discriminación y violencia hacia las mujeres indígenas es una de nuestras demandas más importantes.

Desde hace al menos tres o cuatro años, un vigoroso movimiento feminista ha conseguido colocar las temáticas de género en el centro de la agenda pública tanto regional como global. ¿Cómo evalúa el desarrollo de esas demandas desde su posición de mujer indígena? ¿Qué pasa con el machismo dentro de las comunidades?

La lucha de las compañeras feministas ha sido fundamental porque han logrado visibilizar muchas formas de violencia a la que estamos expuestas las mujeres indígenas y que para nosotras estaba normalizada.

Es momento de avanzar juntas en la defensa de nuestros derechos, pero en el caso de las mujeres indígenas resulta necesario demandar desde nuestra propia mirada y cosmovisión construida participativamente con enfoque intercultural.

El machismo en las comunidades ahora es más visible. Y es allí donde nuestro rol como organización resulta esencial. Cuando hacemos trabajos de sensibilización en las comunidades pedimos la participación de todas y todos. Poco a poco, los hermanos han venido entendiendo que en nombre de la “autonomía” no se deben vulnerar los derechos de las niñas y mujeres indígenas.

¿Existen tensiones dentro de las comunidades por los reclamos de mayor participación desarrollados por las mujeres? ¿Qué tipo de apoyos han recibido los colectivos de mujeres indígenas del resto de espacios de lucha de las mujeres?

En las comunidades y organizaciones mixtas de pueblos indígenas existe temor de que las mujeres indígenas nos organicemos. Hay quienes dicen que nuestra participación va en contra de la “estructura”. Sin embargo, poco a poco los varones han venido entendiendo y cediendo algunos espacios a las mujeres.

A lo largo de los años, las mujeres indígenas hemos venido visibilizando nuestras luchas en algunos momentos uniéndonos a la lucha con las feministas y, en otros casos, han sido ellas quienes han promovido nuestra agenda territorial desde su propio enfoque, teniendo en cuenta la relación entre cuerpo y territorio.

¿Cuál es la respuesta del Estado frente a las demandas? ¿La comunidad política ha estado a la altura de los reclamos? ¿Qué medidas concretas se le reclaman al Estado para mejorar la situación de las mujeres indígenas?

A casi 200 años del comienzo del período republicano, nuestro país sigue siendo fundamentalmente monocultural. Por lo tanto, las políticas no tienen un enfoque que comprenda nuestra cosmovisión. Lejos de tener un prisma intercultural, a lo que se tiende esa a folklorizar nuestra identidad indígena. Evidentemente, todos nuestros reclamos han aterrizado, en un contexto como el que vivimos, en mesas de diálogo que no entienden la interculturalidad ni la perspectiva de género.

En tal marco, nuestros reclamos consisten en el desarrollo de políticas públicas específicas para mujeres indígenas en salud, educación y participación política. Al mismo tiempo, pedimos que se garantice nuestra participación efectiva en las leyes que ameriten la aplicación de la llamada “consulta previa”, por la cual los pueblos indígenas tenemos derecho a opinar en materias que nos afecten directamente. Claramente, queremos que en la construcción de estas políticas públicas se garantice la participación de las mujeres indígenas.

Durante el período de gobierno de Alberto Fujimori, centenares de mujeres indígenas fueron víctimas de una política de esterilizaciones forzosas. Hoy, diversas organizaciones están dando una dura batalla para que el Estado repare a las víctimas de esas esterilizaciones. ¿En qué estado se encuentran esas demandas? ¿Cómo influye el contexto político peruano, el indulto a Fujimori y el crecimiento de la fuerza liderada por su hija, en este proceso?

Lo que sucedió a mediados de la década de 1990 con nuestras hermanas fue violencia de estado. La política perpetrada puede calificarse casi como un verdadero genocidio. Hace ya veinte años que luchamos por justicia y reparación, pero todavía estamos lejos de conseguirlo. A pesar de algunas reparaciones en casos individuales y particulares, tenemos el problema del funcionamiento del Registro de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas (REVIESFO). Este organismo no tiene el presupuesto necesario y no existe voluntad política real para promover su trabajo.

Sentimos que el Estado se burla y se burlará de nosotras. La justicia no avanza y los fiscales no quieren denunciar los casos. Todo esto sucede en el marco de un contexto político que no ayuda. Alcanzar la justicia parece un objetivo lejano dado que los Fujimori jamás aceptaran que esterilizar a las mujeres sin consentimiento es un delito que merece ser penado.

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