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Mucho más que dos izquierdas

La tesis de las dos izquierdas, repetida como un estribillo en los círculos políticos y académicos de América Latina, distingue entre una tendencia «pragmática», «sensata» y «moderna», representada por Chile, Brasil y Uruguay, y otra «demagógica», «nacionalista» y «populista», presente en Venezuela, Bolivia, Argentina y México. El artículo sostiene que, en realidad, la izquierda ha asumido una forma específica en cada país de acuerdo con las herencias institucionales del neoliberalismo, el lugar de los movimientos sociales y la trayectoria histórica de los partidos progresistas. Hay, por lo tanto, más de dos izquierdas, aunque todas tienen en común la voluntad de recuperar el rol del Estado y mejorar la situación social en un contexto de superación de la agenda neoliberal.

Mucho más que dos izquierdas

La tesis de las dos izquierdas, repetida como un estribillo en los círculos políticos y académicos de América Latina, distingue entre una tendencia «pragmática», «sensata» y «moderna», representada por Chile, Brasil y Uruguay, y otra «demagógica», «nacionalista» y «populista», presente en Venezuela, Bolivia, Argentina y México. El artículo sostiene que, en realidad, la izquierda ha asumido una forma específica en cada país de acuerdo con las herencias institucionales del neoliberalismo, el lugar de los movimientos sociales y la trayectoria histórica de los partidos progresistas. Hay, por lo tanto, más de dos izquierdas, aunque todas tienen en común la voluntad de recuperar el rol del Estado y mejorar la situación social en un contexto de superación de la agenda neoliberal.

El estribillo de las dos izquierdas

Nunca antes partidos, coaliciones o movimientos políticos que se reconocen como provenientes del campo de la izquierda han conseguido ser elegidos democráticamente, casi al mismo tiempo, al frente de los gobiernos de un número tan amplio de países latinoamericanos. Este nuevo ciclo de ascenso político, sin embargo, está marcado por una alta heterogeneidad en las trayectorias, la composición organizativa y las agendas programáticas dentro de la tendencia. La profundidad y los rendimientos de las políticas neoliberales, la legitimidad que han logrado mantener los actores políticos que las promovieron y el lugar que ocuparon los sectores de izquierda en las luchas contra el avance de dicho modelo condicionan, en cada país, la diversidad del campo progresista. En este contexto se entiende la afirmación de Boaventura de Sousa Santos: el trazo particular del ciclo político vigente es la enorme distancia entre las prácticas de la izquierda latinoamericana y los discursos teóricos desde los que ella se ha expresado tradicionalmente.

Constatar la proliferación de prácticas de izquierdas y la variedad de trayectorias políticas e institucionales que explican su crecimiento bastaría para poner en cuestión el influyente tropo que reduce la compresión de tal momento político al ascenso de dos izquierdas. La acelerada difusión y progresiva consolidación de dicho argumento en la opinión pública exige analizarlo con mayor detenimiento.

El ex-canciller mexicano Jorge Castañeda fue uno de los primeros en advertir que los ciudadanos latinoamericanos se hallarían, en nuestros días, ante el dilema de elegir entre dos izquierdas: una «pragmática», «sensata», «realista», «moderna» y «resignada» –representada por los gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay– y otra «demagógica», «nacionalista», «populista», «poco modernizada» y «sin fundamentos ideológicos», presente en Venezuela, Bolivia, Argentina y México. A partir de allí, esta idea se ha difundido rápidamente, con diversos matices y perspectivas, a través de otros análisis que insisten en sostener una compresión dicotómica de la evolución de la izquierda. El antiguo dirigente comunista venezolano y hoy opositor a Hugo Chávez Teodoro Petkoff ha opuesto la «izquierda de reformismo avanzado», que también integrarían los gobiernos de Panamá, República Dominicana y Guyana, a la «izquierda borbónica», representada por el eje Cuba-Venezuela y sus efectos sobre Bolivia, Nicaragua y El Salvador. El ex-guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos habla de la diferencia entre la «izquierda religiosa» y la «izquierda racional». La imagen de la bifurcación del camino de las izquierdas aparece también cómodamente instalada en la visión de intelectuales como Carlos Fuentes o Andrés Oppenheimer, así como en la prensa internacional, en gran número de analistas locales e, incluso, en ciertos trabajos académicos.Sobre la base de tres pares de oposiciones, el argumento construye un esquema analítico que, más allá de las diferencias nacionales, permite distinguir –y descalificar o consagrar– a uno de los dos supuestos polos.

La «izquierda pragmática» acepta con resignación el predominio del libre mercado, mientras que la «izquierda idealista y demagógica» pregona un discurso no solo «antineoliberal» sino incluso anticapitalista y busca desmantelar la libertad del mercado; la «izquierda democrática» reconoce sin ambivalencias las reglas del juego político y está comprometida con las instituciones de la democracia representativa, mientras que la «izquierda populista» considera la democracia y el estado de derecho como formalidades que no pueden limitar la expresión de la voluntad popular; la «izquierda moderada» ha comprendido que la política exige un manejo gradual y negociado de la agenda pública, mientras que la «izquierda radical» apuesta por cambios poco consensuados y ofrece resolver los problemas de manera absoluta.

La política fiscal y monetaria del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, que básicamente no ha modificado las líneas maestras del programa neoliberal de su antecesor, así como la inflamada retórica anticapitalista y las ambivalencias democráticas de Hugo Chávez han sido la base para consolidar la imagen de una izquierda «tolerable» y otra «inadmisible». Estas mismas imágenes son empleadas desde el campo de izquierda cuando, asignando un valor inverso a las series antes descritas, se condena enérgicamente la resignación brasileña y se aplaude la radicalidad y la voluntad política del presidente venezolano. Tal reacción abre la sospecha de que la rápida difusión de esta tesis ha ido de la mano de su progresiva banalización, que la ha convertido en un puro recurso de confrontación ideológica.

Para comprender con mayor rigor el ascenso de las izquierdas en América Latina se requiere, por el contrario, explorar los particulares contextos de su emergencia, los bloques de poder sobre los que se apoyan y los márgenes de maniobra que dejan las herencias institucionales forjadas en el largo periodo neoliberal. Hacerlo permitirá verificar que en América Latina no solo coexisten más de dos izquierdas, sino que ellas comparten un conjunto de procesos y propuestas que autorizan a hablar de un ciclo político común.