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Militantes de Francisco Religión y política en tiempos del papa argentino

La constitución y las acciones de los Misioneros de Francisco configuran un interesante fenómeno de articulación de las dimensiones religiosa y política. Se trata de un movimiento surgido en 2014 al calor del mensaje del papa Francisco, pero articulado a un espacio, el peronismo en su fase kirchnerista, y a una recuperación de elementos de la Teología del Pueblo y de la opción por los pobres. En ese marco, los Misioneros de Francisco echan luz acerca de la cultura religiosa en Argentina, la fortaleza territorial del catolicismo –desafiada por diversos grupos evangélicos– y el rol global del pontífice argentino.

Militantes de Francisco / Religión y política en tiempos del papa argentino

La circulación y las mutuas interpelaciones entre espacios religiosos y políticos en América Latina son frecuentes, surgen en la mayoría de las tendencias políticas y forman parte del registro cotidiano del lazo entre la ciudadanía y los líderes políticos y religiosos. Desde el pajarito en que el presidente de Venezuela Nicolás Maduro veía a su antecesor Hugo Chávez, hasta las menciones a la divinidad y a instituciones religiosas en las constituciones y la legislación de los distintos países, las referencias a lo trascendente y la presencia de especialistas religiosos en el espacio público circulan, están presentes y operan1.

La elección de un papa latinoamericano en 2013 abrió nuevas posibilidades a este tipo de diálogos, al mismo tiempo que generó demandas inesperadas hacia la Iglesia y su máximo dirigente. La pregunta que resuena, una y otra vez, sobre qué tipo de cambios va a producir Jorge Bergoglio en su papado y hasta dónde va a llegar en la transformación surge tanto desde sectores católicos como desde fuera de ese marco identitario: lo sorprendente de la demanda de transformaciones en la Iglesia es que un sector importante de ciudadanos, comunicadores, políticos e intelectuales salidos del catolicismo (e incluso algunos que nunca pertenecieron) se encanta con el papa que habla de migrantes, pobreza y anticapitalismo, y le piden más, siempre más. Que la Iglesia case en segundas nupcias a los divorciados, que celebre matrimonios entre personas del mismo sexo, que las mujeres puedan ser sacerdotes, que se pronuncie a favor del aborto. Estas expectativas son, en general, infundadas: la Iglesia es una institución que sin duda procesa su relación con la sociedad moderna, pero con tiempos y en espacios que no suelen ser los que ciertos agentes demandan.

Sin embargo, algo mueve el papado de Francisco. Por cierto, no se trata de la vuelta al catolicismo de los sujetos alejados de la religión, atravesados por la modernidad, cuyos horizontes de sentido no recurren ya a marcos religiosos. ¿A quiénes interpela, entonces, el papado de Francisco? O, dicho de otro modo, ¿qué nuevos espacios de acción abre el cambio de escala de Bergoglio como actor religioso-político? La Iglesia renegocia los límites de las pertenencias de grupos y personas, y cada papa le imprime a su mandato un giro distinto en cuanto a las modalidades de acción y a quiénes privilegia en ese diálogo. El papado de Francisco sin duda ha movilizado, entusiasmado y fascinado a sectores que trabajan en el territorio, cruces originales de militantes religiosos y activistas políticos. Para pensar estas dinámicas desde un espacio concreto, en este artículo hacemos foco en la emergencia de agrupaciones católicas dentro de espacios peronistas. Analizaremos el cruce de matrices de sentido políticas y religiosas, desde la praxis de un grupo de católicos peronistas surgido meses después de la elección de Bergoglio como papa: los Misioneros de Francisco.

El origen plebeyo de los Misioneros de Francisco

Los Misioneros de Francisco hacen su aparición en 2013, luego de la elección de Bergoglio como máxima autoridad de la Iglesia católica. Cuentan los protagonistas que en agosto de 2013 el dirigente Emilio Pérsico –secretario de Agricultura Familiar y principal referente del Movimiento Evita–, su compañera y también militante Patricia Cubría y el abogado y dirigente social Juan Grabois viajaron a Roma con un doble propósito, político y personal. Se entrevistaron con el papa, conversaron «de economía, de política, de la situación en Europa (…) profundizando un poco la idea de la economía popular»2, y Francisco bautizó al hijo de Emilio y Patricia. En ese intercambio, hecho de momentos sacrales y discusiones sociales y políticas, surgió la idea que sería el germen de Misioneros: «andá y hacé capillas», dicen que Francisco le dijo a Pérsico. Estas palabras se transformaron en un viento que impulsó ilusiones y circuló entre las redes sociales y políticas alrededor del Movimiento Evita, poniendo en marcha el proyecto Misioneros de Francisco.

En el armado de Misioneros convergen tres espacios de sociabilidad: el político, el eclesiástico y el sindical ligado a la economía popular. Podemos comprender el primer espacio a partir de la figura de Emilio Pérsico. Proveniente de una familia católica y militante político desde su juventud en espacios peronistas3, Pérsico fundó primero el Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita (mtd Evita), que luego pasó a llamarse Movimiento Evita. El mtd Evita se caracteriza por su presencia territorial, por «recuperar la tradición disruptiva y plebeya del peronismo»4 y por proponerse estar con «los últimos de la fila»: en ese sentido, su trabajo con la economía popular es una muestra de la búsqueda del acompañamiento a los sectores más desposeídos de la sociedad.

El segundo espacio que converge en Misioneros de Francisco se compone de personas provenientes de la militancia católica. Entre los católicos y católicas que llegan a los Misioneros de Francisco, encontramos distintos linajes de pertenencia, siempre en el marco de la Opción por los Pobres. La Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez, que entrona al pobre en el centro y se propone la liberación de las injusticias, y sobre todo la Teología del Pueblo de Rafael Tello, que propone al pueblo como sujeto de la historia y enfatiza el carácter mestizo y la fe mariana5, son los ejes que encuadran las pertenencias de los primeros referentes de Misioneros. El sacerdote de los Misioneros, Eduardo Farrell, sostenedor de la devoción de María de Luján y del Negro Manuel, se reconoce en este espacio, como así también uno de los animadores laicos de mayor experiencia en economía social, a quien aquí llamaremos «Carlos».

El tercer espacio está compuesto por militantes relacionados con espacios sindicales articulados con el Movimiento Evita y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (ctep). Esta central sindical, fundada en 2011, se ocupa de representar a «los millones de excluidos del mercado formal de trabajo» que crean su propio trabajo: «los cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, trabajadores de programas sociales, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas»6. Uno de los dirigentes de la ctep es precisamente Grabois, quien tiene una vieja relación con Pérsico. Y si bien él no participa de Misioneros, sí lo hacen otros dirigentes de la ctep. Además, es en los locales de esta central donde se realizan las reuniones de los Misioneros, se preparan los materiales para las misiones, se guardan los volantes, las estampitas y el agua bendita.

De los tres espacios mencionados, dos de ellos, el político y el sindical, están marcados fuertemente por su origen peronista. Los integrantes de los tres espacios tenían relaciones con Bergoglio antes de que fuera nombrado papa, aunque es interesante pensar las características de estos vínculos en cada caso. En el espacio eclesiástico, el sacerdote de los Misioneros, el padre Farrell, conocía al cardenal Bergoglio como su superior jerárquico y juzgó como misericordiosas y comprensivas sus intervenciones en momentos difíciles de la diócesis de Merlo-Moreno –ubicada en el Gran Buenos Aires– en la que es párroco. En el espacio político, la relación entre Pérsico y Bergoglio es de larga data: se reunían cuando este último estaba al frente de la diócesis de Buenos Aires para conversar sobre la situación social y política. Pérsico no solo se alegró, sino que fue a la Catedral metropolitana, como tantos otros católicos, cuando anunciaron la elección de Bergoglio como papa, y había sido invitado como orador a las Jornadas de la Pastoral Social organizadas por la Iglesia católica en 2012. Con la corriente sindical, Bergoglio había estrechado lazos desde que era cardenal, especialmente con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (mte): son recordadas las misas y las misiones en la plaza Constitución, que el entonces cardenal oficiaba para los cartoneros allí reunidos, y Grabois, dirigente de este espacio, tiene una relación personal estrecha con el actual papa.

En Argentina se constata una antigua sedimentación simbólica de actores que, oriundos de una sociabilidad religiosa intensa, migran y se incorporan a procesos de militancias políticas, y viceversa, es decir, itinerarios biográficos marcados por lo político que transmutan en identificaciones religiosas adecuando y «traduciendo» sus capitales simbólicos. Así, encontramos militancias católicas que se peronizaron en su búsqueda de la revolución social o en su lucha contra el neoliberalismo7, cuadros políticos que se insertaron en comunitarismos católicos intensos8 y especialistas religiosos perseguidos, torturados y asesinados por sus afinidades políticas9. Este cúmulo de experiencias funciona como un reservorio que incide en las prácticas de no pocos actores participantes de este emprendimiento. Pero por sí solo no explica el desarrollo de las nuevas agrupaciones. Las trayectorias católicas y peronistas de Pérsico, Farrell y Grabois expresan el haz de convergencias que organizan Misioneros, pero no permiten comprender las razones profundas de su crecimiento: los proyectos dirigenciales que germinan en un terreno común pueden tener éxito o no, dependiendo de qué fibras activen. Y la iniciativa de Misioneros de Francisco interpeló a ciertos sectores de la militancia católica y kirchnerista, minorías activas que se reencantaron con el carisma del máximo dirigente católico y florecieron en el terreno abonado por el trabajo territorial católico y peronista. Uno de los Misioneros nos explica: «Yo estaba alejado de la Iglesia. Me bauticé, fui a los Maristas, pero con el tiempo me alejé. Pero ahora te digo: así como Néstor [Kirchner] me hizo creer en la política, este papa me llevó a volver a tener fe». Política y religión –que no pueden entenderse separadas– y liderazgos carismáticos son la clave para comprender a los Misioneros de Francisco, su crecimiento y su proyección utópica.

Misioneros en los barrios: las capillas como espacio liminar

Misioneros comprende una propuesta de misión y permanencia entre los sectores populares, con la finalidad explícita de rescatar, alentar y apuntalar su religiosidad en clave comunitaria. Como proponen en la descripción de su misión: «Los misioneros y misioneras de Francisco consideramos que la pastoral popular consiste en que el pueblo evangelice al pueblo, por ese motivo nos proponemos acompañar las iniciativas de evangelización de los propios barrios pobres para que los cristianos populares podamos vivir eclesialmente la fe»10.

Estos objetivos se traducen en un amplio espectro de actividades que recorre desde el trabajo cotidiano orientado a construir comunidades de fe (organización de capillas y realización de misiones en la estación Constitución –un populoso núcleo ferroviario en el sur de la ciudad– y otras locaciones) hasta la presencia del grupo en momentos excepcionales, como peregrinaciones y festividades, en los que la acción se vuelve búsqueda de una mística superadora y dadora de sentido de la apuesta colectiva.

En términos sociopolíticos, la emergencia de este grupo traza un paralelismo con el «que florezcan mil flores» de Néstor Kirchner11, por su mutua inscripción en un horizonte utópico de presencia y permanencia en el territorio. En perspectiva religiosa, se trata de una propuesta complementaria, tal vez crítica aunque no antagónica, de la acción institucional de la Iglesia. Misioneros de Francisco nace y crece a partir del proyecto de crear capillas en barrios populares del Gran Buenos Aires y del interior del país. Tal como lo definió una de las integrantes del núcleo operativo, estos espacios representan «un lugar de encuentro de la religiosidad del barrio». Que se trate de capillas no supone un nexo institucional directo con la Iglesia. Por el contrario, la génesis particular de estos espacios responde a una sociabilidad barrial, donde la militancia política y la religiosidad popular establecen lazos y códigos compartidos, a partir de una demanda insatisfecha por la pastoral convencional: «La condición es que antes de que haya una capilla existan personas con ganas de tener una capilla. Los militantes del Evita alientan, animan, pero no queremos hacer capillas donde no haya gente que las banque. Casi ninguno de los que organizan las capillas son del Movimiento Evita. Porque vos no vas a encontrar muchos militantes del Evita que le sepan rezar un rosario a un muerto, ¿viste?»12.

El tejido comunitario funciona de soporte al mismo tiempo que estructura las rutinas de las capillas, de acuerdo con sus demandas y realidades. En este sentido, se destaca un primer repertorio de acciones, en el que el vínculo con lo trascendente no solo no reniega de la cotidianeidad barrial, sino que la incorpora y tematiza:

La idea es que la gente haga de la capilla lo que quiera, pero que haya espacio para lo religioso. Que sea una capilla: que pongan sus santos, que hagan sus rezos. También se están haciendo otras cosas: velar a un difunto o invitar una piba a que los vecinos le den una bendición cuando cumple 15 años, armar un campeonato de fútbol, hacer un locro, rezar un rosario cuando muere alguien, llamar al cura para que venga a bautizar… El otro día fue un cura a bautizar y bautizó a más de 300 pibes. Esos 300 pibes nunca fueron a la iglesia. Entonces ahí está lo de Misioneros de Francisco. Hay FinEs13, hay copa de leche… Pero están planteadas como lugares religiosos. Y la propuesta es misionar. Anunciar a Jesús. Llevar a la Virgen. Acompañar a un tipo que está solo. Estar con los pobres, con los enfermos. La propuesta es fundamentalmente religiosa.14La escena del bautismo masivo, en la que un sacerdote incorpora a un grupo importante de jóvenes a la grey católica sin mediaciones burocráticas (catequesis, padres y padrinos bautizados y casados por Iglesia), escenifica la complejidad de esta experiencia. El hecho de que las capillas no se encuentren incardinadas (es decir, que no dependan del poder diocesano de un obispo) no anula el contacto institucional. Sin embargo, la presencia del sacerdote es requerida al mismo tiempo que condicionada: el bautizo de los 300 jóvenes no admite interrogatorios sobre la legalidad conyugal de los progenitores, por ejemplo. Misioneros de Francisco reivindica una intervención difusa de los creyentes sobre los bienes de salvación, lo cual permite desplegar un margen de acción no menor frente al poder religioso institucional. En este sentido, si bien la agenda de las capillas responde a directrices comunitarias, se establecen líneas de negociación con la estructura de la Iglesia católica para que los especialistas religiosos animen el ritual allí donde se los necesita, sin imponer lógicas burocráticas. Esta urdimbre de relaciones no resulta circunstancial, sino que se apoya en una larga tradición de interpelación entre activistas políticos y agentes religiosos, a partir del trabajo conjunto en el espacio territorial15.

La alusión precedente a comedores, copas de leche, apoyo escolar e implementación del Plan FinEs también anticipa la dimensión política de las capillas. Si la Teología del Pueblo es el código que estructura la propuesta religiosa, el peronismo es el lenguaje de causas políticas que funciona como condición de posibilidad y eje dinamizador de estos espacios:

Nosotros apuntamos a que las capillas no sean solo un espacio religioso sino que también sean un espacio de encuentro para la comunidad. Un espacio para resolver los conflictos que se van generando, en cuanto a violencia, en cuanto a drogas, a lo que fuere…16

Que sea un espacio de organización popular más (…) donde los vecinos se pueden agrupar, se pueden juntar bajo los mismos ideales, que son los mismos ideales de Jesús: igualdad, preocuparte por los más humildes, los más enfermos, los más necesitados. Que también coincide con los ideales del peronismo.17

En esta perspectiva, la génesis, el nombre y las actividades de las capillas se encuentran atravesados por las acciones que sectores populares ensayan como respuestas ante situaciones conflictivas18. Por caso, la capilla Azucena Villaflor19, en La Plata, fue fundada por un grupo de mujeres que tomaron tierras en un gesto de rebeldía y salvación frente a la violencia doméstica de la que eran objeto. En su itinerario, lo religioso integra un proyecto de emancipación. En Luján, el surgimiento de la capilla Negro Manuel se asocia al accionar de un grupo de trabajadores que ocuparon tierras cedidas por el obispado al municipio hace algunos años. En un contexto de proliferación de barrios cerrados (countries) e inundaciones, el lugar reservado para el culto popular acompaña y vigoriza una resistencia a procesos de segregación urbana, al mismo tiempo que constituye una carta de presión frente a jugadores poderosos.

Estas continuidades entre lo político y lo religioso que desafían imaginarios secularistas20 no clausuran una segunda gama de tensiones:

Siempre hacemos mucho hincapié en que las capillas no son unidades básicas21. Y como hay compañeros que son del Movimiento Evita o de otras agrupaciones, hacemos mucho hincapié en eso: las capillas tienen que tener contenido político, también discusión política, porque consideramos que la capilla tiene mucho que ver con la política, pero no son unidades básicas. Son otra cosa. El espacio para militar son los locales del Movimiento Evita u otras agrupaciones, pero no las capillas.22

Como en todo proceso fundacional, los límites son provisorios y también tensos. En este caso, la política partidaria es representada como una lógica instrumental que es preciso conjurar para preservar la utopía comunitaria. Así como el estatus religioso de las capillas se define en tensión con la administración eclesiástica de los bienes de salvación (en otras palabras, cómo ser Iglesia sin burocratizarse), su perspectiva política se construye en la diferencia con la competencia por el poder (cómo hacer política sin partidizarse). Cabe destacar que las características de este emprendimiento se relacionan íntimamente con un diagnóstico sobre la situación del campo popular y el accionar de instituciones clásicas en dicho espacio:

No es que estamos convirtiendo ateos en católicos, sino que ya eran católicos, pero tenían la necesidad de contar con un espacio para practicar su fe de manera comunitaria tal vez.23

Ese espacio no lo cumplían las parroquias, porque estamos hablando de mucha gente que fue expulsada de la parroquia que les toca por jurisdicción o qué sé yo. O que no tiene acceso. Gente que no sale del barrio, que vive de su comercio interno, en el quiosquito que tienen en la puerta de la casa y no salen de ahí.24

En este planteo, las capillas representan una respuesta a lo que es percibido como una doble ausencia: en primer lugar, la de la Iglesia católica y su ramificación territorial problemática, producto de la caída en el número de vocaciones (el «no doy abasto» que enuncian no pocos sacerdotes en espacios populares) y una propuesta pastoral que desentona con las realidades y demandas de los creyentes de ese mismo espacio popular. En segundo término, ausencia del Estado y su entramado de instituciones que no terminan de gravitar incisivamente en una población situada (generalmente) por fuera de la estabilidad que supone el mercado laboral formal. En los términos de este juicio, se fundan capillas para restablecer (por otros medios) la presencia de la Iglesia y el Estado, enarbolando el mensaje de Francisco.

En suma, definimos las capillas de Misioneros de Francisco como espacios liminares, puntos intermedios entre la parroquia y la unidad básica. Se caracterizan por su anclaje territorial, su énfasis comunitario y su doble apuesta a una praxis política no partidaria (que no obstante conserva el peronismo como lengua madre) y a una religiosidad en clave popular que toma distancia de la burocracia eclesial sin renegar de contactos estratégicos con la institución.

Así como las capillas representan la marca y el trabajo cotidiano de Misioneros, otros tiempos/espacios nos permiten comprender cómo sus militantes crean y consolidan el sentimiento de inclusión en un mismo colectivo, a partir de la «alegría de estar juntos». Las movilizaciones, orientadas por su conexión con la religiosidad popular y con las manifestaciones políticas, ofrecen el marco habilitante de estos encuentros.

Misioneros toma de la religiosidad popular estos tiempos/lugares y desde 2014 se hace presente en la popular fiesta de San Cayetano, en la parroquia del barrio de Liniers, y en la masiva peregrinación a la basílica de Luján que se realiza cada año. Desde la perspectiva de Misioneros, estar presentes en estos momentos representa una instancia de acompañamiento y de aprendizaje de la índole festiva que reviste el vínculo de Dios con su Pueblo. Implica rescatar y reivindicar el carácter genuino y santo de la religiosidad de los sectores más pobres y nutrirse pedagógicamente de sus capacidades de conexión con lo trascendente. Ese estar con el pueblo, «ser evangelizado por el pueblo», transforma a los Misioneros, los hace sentir parte de un colectivo. Mariana, miembro de la agrupación, cuenta que la peregrinación a Luján «llenó de mística a los compañeros»25.

A la peregrinación a pie a Luján se suma la concentración en la festividad de San Cayetano, a la que Misioneros asiste desde 2014. Aquí la devoción a un santo con arraigo profundo en la religiosidad popular (es el patrono del pan y del trabajo) y fuertes resonancias en la política argentina se suma a la sorpresa por la masividad de la convocatoria:

Esa vuelta también, no podíamos creer que tuviéramos tanta adhesión. Era agosto, frío, no sé a qué hora de la mañana nos citamos. Para movilizarnos políticamente en un contexto como ese, tenemos que estar tomando mate, haciendo tortas fritas dos semanas antes, meloneando, convenciendo, porque es un sacrificio. [Pero en este caso] fue todo lo contrario, de golpe éramos una columna enorme, o sea, había necesidad de los compañeros de venir.26

La peregrinación a Luján en diciembre y la cita en San Cayetano cada 7 de agosto son los «altos lugares» y «momentos fuertes»27 de la religiosidad popular que suscitan la emoción religiosa, una de las características del creer contemporáneo.

Carisma papal, kirchnerismo y territorialidad: conjeturas para profundizar

La encrucijada entre lo religioso y lo político se muestra generosa en circulación de sentidos, activismos, trayectorias: religión y política son fuertes movilizadores en el campo de las creencias. Sin embargo, el cúmulo de experiencias mixtas es condición necesaria pero no suficiente para dar cuenta de la germinación de Misioneros de Francisco. Si asumiéramos que este movimiento tiene lugar solo por las históricas afinidades electivas entre catolicismo y peronismo, sobrerrepresentaríamos el peso de las tradiciones en el proceso de reflexión y toma de decisiones de los actores. Explicar lo que existe, lo que está en marcha, simplemente por lo que ya se hizo redundaría en una abstracción inconducente del contexto político actual, como también de procesos sociales de mediano y largo alcance.

Teniendo en cuenta esta precaución, consideramos tres elementos que informan la emergencia de Misioneros y que juzgamos importantes en el análisis de su futuro despliegue. El primero de ellos se vincula con el kirchnerismo y su relación con lo religioso. Ni en el nivel de sus liderazgos ni en el de las cosmovisiones, este proceso político se posicionó como rival de lo religioso; mucho menos como una cultura laica. Sin negar los enfrentamientos en el plano de las cúpulas (por ejemplo, en el momento de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario28), en su tarea de reconstrucción social, el kirchnerismo se apoyó (en líneas generales) en las estructuras preexistentes y no renegó de la cultura de la subsidiariedad. Alentó los intercambios en el plano territorial, las transferencias de recursos e incluso la incorporación de cuadros católicos a tareas de gestión; la designación del sacerdote Juan Carlos Molina al frente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) fue un ejemplo palmario de estas afinidades. Conjeturamos que Francisco puede constituirse en icono militante, en gran medida porque su figura hace base en el kirchnerismo, entendido como cultura política y versión contemporánea del peronismo (pese a los enfrentamientos del cardenal con el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández). Así, la designación de Bergoglio como sumo pontífice constituye otro hito del ciclo de reactivación de la militancia nacional, encadenado, casi naturalmente, a las reacciones frente al conflicto con el campo de 2008 (momento épico, en el imaginario oficial, de la lucha entre pueblo y oligarquía) y la muerte de Néstor Kirchner, y más atrás, a la resistencia al neoliberalismo de los años 90 y las movilizaciones durante la crisis de 2001.

El segundo elemento implica (re)pensar la territorialidad de la Iglesia como una de las claves de su vigencia como «fábrica de militantes». Desde la Colonia, y aun con la alternancia entre períodos de consolidación y estancamiento, en el catolicismo primó históricamente la diagramación de diócesis, capillas y parroquias como modalidades efectivas y a la vez porosas para habitar territorios desiguales y de esta manera enhebrar sus propuestas pastorales con la vida de sus pobladores. El proyecto utópico de extensión universal de la Iglesia encontró en el diseño de la estructura territorial eclesiástica, siempre en diálogo con las estructuras territoriales estatales, una construcción que se acercaba al ideal. Este compendio de dispositivos institucionales resulta la antítesis de la figura de los monasterios: si estos representan lugares de acceso restringido y exclusivamente orientados a la vida contemplativa, las parroquias y capillas fueron y son espacios organizados para atravesar y ser atravesados por la dinámica y las problemáticas de barrios, «villas miseria», asentamientos, etc. Si a esta singular disposición institucional agregamos la vocación pública de la Iglesia, encontramos los elementos que explican su incidencia cuasiartesanal en el entrenamiento de liderazgos, equipados para tematizar políticamente situaciones locales e inclusive trascenderlas.

Finalmente, un tercer elemento por considerar resulta el papel de Francisco. El papa es un actor situado en la cúspide de una institución altamente burocratizada, que articula discursos, gestos y acciones para construir un mensaje que debe interpretar un público que excede el (mal) llamado catolicismo practicante. En la potencia notoria de su mensaje incide, en primer lugar, el panorama católico antecedente. Lo que Francisco dice y hace, su repertorio de discursos y acciones, aparece como excepcional en gran medida porque excepcional fue la renuncia de su antecesor. La dimisión de Benedicto xvi confirmó el cuadro de la crisis frente a la cual las acciones de Francisco no solo se configuraron como respuesta, sino también como superación. En Francisco, la Iglesia no se replegó sobre sí misma para sanar sus heridas, sino que optó por la vía de la rehabilitación en clave de apertura, como salida hacia adelante. La imagen de una Iglesia eurocéntrica y enemistada con la Modernidad, resignada a ser una minoría (la Iglesia de Benedicto xvi, claramente), dio paso al proyecto de una Iglesia protagonista de la agenda mundial, que con Francisco trasciende sus muros comunitarios para interpelar a líderes mundiales y también a las grandes mayorías. En un público más cercano (los que ahora militan su causa en Argentina), la movilización en torno de Francisco también obedece a un cambio de escala. Los cambios posicionales son notorios. De líder de la oposición antikirchnerista a referente global de uno de los credos con mayor adhesión y potencialidad política. De jesuita con pasado a veces criticado a sumo pontífice. De arzobispo conservador con guiños populares a vanguardia de la lucha contra la pobreza y el daño ambiental. Estos pasajes (verdaderas transfiguraciones en el plano subjetivo) no solo religan a antiguos simpatizantes (los que compartieron con Bergoglio una misa, una confesión, el subterráneo en el que viajaba), sino que también desactivan, en algunos casos, viejas rencillas y enemistades porque el otrora adversario ahora enuncia causas comunes desde un lugar poderoso. En este punto, la posición institucional no es un lastre, un obstáculo burocrático, sino una plataforma de lanzamiento donde el carisma funcional y el carisma personal se potencian: lo que Francisco dice adquiere resonancia mundial porque lo dice en el lugar de papa, y al mismo tiempo causa conmoción que un papa diga esas cosas.

Por otra parte, el mensaje de Francisco adquiere relevancia por su capacidad para enunciar demandas que resuenan en proyectos militantes y que lo configuran como un liderazgo aceptable para el poskirchnerismo. Nos referimos a la triple T de Francisco: «Ninguna familia sin techo, ningún campesino sin tierra y ningún trabajador sin trabajo». Techo, tierra y trabajo forman una trilogía anudada históricamente a un número importante de instituciones y movimientos. La virtud del liderazgo de Francisco fue articular estas iniciativas y darles estatus global, ponerlas en el centro del escenario mundial. Otro tanto ocurrió con problemáticas propias de la modernidad tardía, como el daño ambiental y las migraciones. Sin lugar a dudas eran tópicos presentes en la agenda internacional, pero carecían de un liderazgo referencial que los ponderara y actualizara. Su visita y su discurso en Lampedusa y su encíclica Laudato Si’ suplieron esta vacancia y definieron a Francisco como un representante global de viejas y nuevas causas.

En definitiva, la designación de Francisco habilitó un repertorio de intersecciones políticas y religiosas gracias al contexto precedente, a la dimensión globalizada que alcanzó su figura, pero también a su agencia sobre un sedimento de historias profundas, que él mismo ayudó a remover a partir de acciones concretas y de un diálogo intenso con una masa disponible de militantes, hijos de un ciclo político precedente y aún vivo29. En este sentido, la asunción de Francisco amerita ser leída sociológicamente como una oportunidad para que varios movimientos kirchneristas (y no solo kirchneristas) se reivindiquen como católicos.

  • 1.

    En Argentina, el cruce entre religión y política fue pensado, por un lado, a partir de la influencia que la Iglesia católica (pero también, de manera creciente, otros actores religiosos) ejerce sobre las decisiones de los políticos, y por el otro, la búsqueda que emprenden dirigentes oficialistas y opositores para obtener las legitimidades de algún sector del campo religioso para posicionarse en su propio espacio. Al respecto, v. Fortunato Mallimaci: El mito de la Argentina laica. Catolicismo, política y Estado, Biblos, Buenos Aires, 2015, y F. Mallimaci y Juan Esquivel: «La tríada Estado, instituciones religiosas y sociedad civil en la Argentina contemporánea» en Amerika Nº 8, 2013. Una segunda variante implica centrarse en la dimensión creativa del poder, en la capacidad que reúnen ciertos actores, símbolos e instituciones para generar filiaciones, producir identidades y movilizar voluntades. En este sentido, lo religioso y lo político, sus símbolos y sus actores son «poderosos» porque se muestran eficaces para movilizar sueños, ensamblar utopías, activar militancias y generar identidades, en muchos casos, mestizas.

  • 2.

    Entrevista con Patricia Cubría, Buenos Aires, 15 de junio de 2015.

  • 3.

    «Mi padre es peronista nacionalista, católico. Yo también era muy católico. Sigo siendo, pero era más militante, digamos». «Entrevista a Emilio Pérsico» en Peronista hasta la muerte, blog, 25/2/2012.

  • 4.

    Ana Natalucci: «Los movimientistas. Expectativas y desafíos del Movimiento Evita en el espacio kirchnerista (2003-2010)» en Germán Pérez y A. Natalucci: Vamos las bandas. Organizaciones y militancia kirchnerista, Nueva Trilce, Buenos Aires, 2012, p. 38.

  • 5.

    Para profundizar sobre estas corrientes, v. Aldo Ameigeiras: «Pueblo santo o pueblo justo. Alternativas teológico-pastorales en una diócesis del Gran Buenos Aires» en Elizabeth Judd y F. Mallimaci (coord.): Cristianismos en América Latina. Tiempo presente, historias y memorias, Cehila / CLACSO, Buenos Aires, 2013.

  • 6.

    V. presentación de la ctep en su sitio web: http://ctepargentina.org/nosotros/.

  • 7.

    Luis Miguel Donatello: Catolicismo y montoneros. Religión, política y desencanto, Manantial, Buenos Aires, 2010.

  • 8.

    Humberto Cucchetti: Combatientes de Perón, herederos de Cristo. Peronismo, religión secular y organizaciones de cuadros, Prometeo, Buenos Aires, 2010.

  • 9.

    María Soledad Catoggio: «Contestatarios, mártires y herederos. Sociabilidades político-religiosas y ascesis altruista del catolicismo argentino en la dictadura y la post-dictadura», tesis doctoral, Universidad de Buenos Aires (UBA), Buenos Aires, 2010.

  • 10.

    Misioneros de Francisco, s./f., cuadernillo distribuido en reuniones del movimiento.

  • 11.

    Esta frase aparece en uno de los últimos discursos de Kirchner, pronunciado en un acto en el barrio porteño de La Boca el 9 de septiembre de 2010.

  • 12.

    Entrevista con Eduardo Farrell, Buenos Aires, 13 de abril de 2015.

  • 13.

    El Plan FinEs es una iniciativa desarrollada bajo la órbita del Ministerio de Educación y dirigida a adultos mayores de 18 años. Está destinada a que finalicen sus estudios primarios o secundarios. Propone acompañamiento, tutorías y materiales y se dicta en escuelas, centros educativos y comunitarios de todo el territorio argentino.

  • 14.

    Entrevista con Eduardo Farrell, cit.

  • 15.

    V. Giménez Béliveau: «Sociabilidades, liderazgos e identidad en los grupos católicos argentinos. Un acercamiento al fenómeno de los comunitarismos a través del caso de los Seminarios de Formación Teológica» en Aurelio Alonso Tejada (coord.): América Latina y el Caribe: territorios religiosos y desafíos para el diálogo, clacso, Buenos Aires, 2008.

  • 16.

    Entrevista con Julieta, miembro de Misioneros, Buenos Aires, 15 de septiembre de 2015.

  • 17.

    Entrevista con Leandro, miembro de Misioneros, Buenos Aires, 15 de septiembre de 2015.

  • 18.

    Denis Merklen: Pobres ciudadanos. Las clases populares en la era democrática (Argentina, 1983-2003), Gorla, Buenos Aires, 2005.

  • 19.

    Villaflor fue una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo durante la última dictadura militar argentina [N. del E.].

  • 20.

    Pablo Semán: Bajo continuo. Exploraciones descentradas sobre cultura popular y masiva, Gorla, Buenos Aires, 2007.

  • 21.

    Nombre con el que se conocen los locales del Partido Justicialista (peronista) [N. del E.].

  • 22.

    Entrevista con Julieta, cit.

  • 23.

    Entrevista con José, miembro de Misioneros, Buenos Aires, 15 de septiembre de 2015.

  • 24.

    Entrevista con Julieta, cit.

  • 25.

    Entrevista a Mariana, miembro de Misioneros, Buenos Aires, 16 de junio de 2015.

  • 26.

    Ibíd.

  • 27.

    Danièle Hervieu-Léger: El peregrino y el convertido. La religión en movimiento, Ediciones del Helénico, México, df, 2004.

  • 28.

    Daniel Jones, Juan Marco Vaggione: «Los vínculos entre religión y política a la luz del debate sobre matrimonio para parejas del mismo sexo en Argentina» en Civitas vol. 12 No 3, 9-12/2012; Juan Cruz Esquivel: «Narrativas religiosas y políticas en la disputa por la educación sexual en Argentina» en Cultura y Religión vol. vii No 1, 1-6/2013; M. Carbonelli, Mariela Mosqueira y Karina Felitti: «Religión, sexualidad y política en la Argentina: intervenciones católicas y evangélicas en torno al aborto y el matrimonio igualitario» en Revista del Centro de Investigación. Universidad Lasalle vol. 9 No 36, 2011.

  • 29.

    Una versión anterior de estas ideas fue presentada en M. Carbonelli: «El papa como ícono militante» en Panamá Revista, 10/9/2015.