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Militantes de Francisco Religión y política en tiempos del papa argentino

La constitución y las acciones de los Misioneros de Francisco configuran un interesante fenómeno de articulación de las dimensiones religiosa y política. Se trata de un movimiento surgido en 2014 al calor del mensaje del papa Francisco, pero articulado a un espacio, el peronismo en su fase kirchnerista, y a una recuperación de elementos de la Teología del Pueblo y de la opción por los pobres. En ese marco, los Misioneros de Francisco echan luz acerca de la cultura religiosa en Argentina, la fortaleza territorial del catolicismo –desafiada por diversos grupos evangélicos– y el rol global del pontífice argentino.

Militantes de Francisco / Religión y política en tiempos del papa argentino

La circulación y las mutuas interpelaciones entre espacios religiosos y políticos en América Latina son frecuentes, surgen en la mayoría de las tendencias políticas y forman parte del registro cotidiano del lazo entre la ciudadanía y los líderes políticos y religiosos. Desde el pajarito en que el presidente de Venezuela Nicolás Maduro veía a su antecesor Hugo Chávez, hasta las menciones a la divinidad y a instituciones religiosas en las constituciones y la legislación de los distintos países, las referencias a lo trascendente y la presencia de especialistas religiosos en el espacio público circulan, están presentes y operan1.

La elección de un papa latinoamericano en 2013 abrió nuevas posibilidades a este tipo de diálogos, al mismo tiempo que generó demandas inesperadas hacia la Iglesia y su máximo dirigente. La pregunta que resuena, una y otra vez, sobre qué tipo de cambios va a producir Jorge Bergoglio en su papado y hasta dónde va a llegar en la transformación surge tanto desde sectores católicos como desde fuera de ese marco identitario: lo sorprendente de la demanda de transformaciones en la Iglesia es que un sector importante de ciudadanos, comunicadores, políticos e intelectuales salidos del catolicismo (e incluso algunos que nunca pertenecieron) se encanta con el papa que habla de migrantes, pobreza y anticapitalismo, y le piden más, siempre más. Que la Iglesia case en segundas nupcias a los divorciados, que celebre matrimonios entre personas del mismo sexo, que las mujeres puedan ser sacerdotes, que se pronuncie a favor del aborto. Estas expectativas son, en general, infundadas: la Iglesia es una institución que sin duda procesa su relación con la sociedad moderna, pero con tiempos y en espacios que no suelen ser los que ciertos agentes demandan.

Sin embargo, algo mueve el papado de Francisco. Por cierto, no se trata de la vuelta al catolicismo de los sujetos alejados de la religión, atravesados por la modernidad, cuyos horizontes de sentido no recurren ya a marcos religiosos. ¿A quiénes interpela, entonces, el papado de Francisco? O, dicho de otro modo, ¿qué nuevos espacios de acción abre el cambio de escala de Bergoglio como actor religioso-político? La Iglesia renegocia los límites de las pertenencias de grupos y personas, y cada papa le imprime a su mandato un giro distinto en cuanto a las modalidades de acción y a quiénes privilegia en ese diálogo. El papado de Francisco sin duda ha movilizado, entusiasmado y fascinado a sectores que trabajan en el territorio, cruces originales de militantes religiosos y activistas políticos. Para pensar estas dinámicas desde un espacio concreto, en este artículo hacemos foco en la emergencia de agrupaciones católicas dentro de espacios peronistas. Analizaremos el cruce de matrices de sentido políticas y religiosas, desde la praxis de un grupo de católicos peronistas surgido meses después de la elección de Bergoglio como papa: los Misioneros de Francisco.

El origen plebeyo de los Misioneros de Francisco

Los Misioneros de Francisco hacen su aparición en 2013, luego de la elección de Bergoglio como máxima autoridad de la Iglesia católica. Cuentan los protagonistas que en agosto de 2013 el dirigente Emilio Pérsico –secretario de Agricultura Familiar y principal referente del Movimiento Evita–, su compañera y también militante Patricia Cubría y el abogado y dirigente social Juan Grabois viajaron a Roma con un doble propósito, político y personal. Se entrevistaron con el papa, conversaron «de economía, de política, de la situación en Europa (…) profundizando un poco la idea de la economía popular»2, y Francisco bautizó al hijo de Emilio y Patricia. En ese intercambio, hecho de momentos sacrales y discusiones sociales y políticas, surgió la idea que sería el germen de Misioneros: «andá y hacé capillas», dicen que Francisco le dijo a Pérsico. Estas palabras se transformaron en un viento que impulsó ilusiones y circuló entre las redes sociales y políticas alrededor del Movimiento Evita, poniendo en marcha el proyecto Misioneros de Francisco.

En el armado de Misioneros convergen tres espacios de sociabilidad: el político, el eclesiástico y el sindical ligado a la economía popular. Podemos comprender el primer espacio a partir de la figura de Emilio Pérsico. Proveniente de una familia católica y militante político desde su juventud en espacios peronistas3, Pérsico fundó primero el Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita (mtd Evita), que luego pasó a llamarse Movimiento Evita. El mtd Evita se caracteriza por su presencia territorial, por «recuperar la tradición disruptiva y plebeya del peronismo»4 y por proponerse estar con «los últimos de la fila»: en ese sentido, su trabajo con la economía popular es una muestra de la búsqueda del acompañamiento a los sectores más desposeídos de la sociedad.

El segundo espacio que converge en Misioneros de Francisco se compone de personas provenientes de la militancia católica. Entre los católicos y católicas que llegan a los Misioneros de Francisco, encontramos distintos linajes de pertenencia, siempre en el marco de la Opción por los Pobres. La Teología de la Liberación de Gustavo Gutiérrez, que entrona al pobre en el centro y se propone la liberación de las injusticias, y sobre todo la Teología del Pueblo de Rafael Tello, que propone al pueblo como sujeto de la historia y enfatiza el carácter mestizo y la fe mariana5, son los ejes que encuadran las pertenencias de los primeros referentes de Misioneros. El sacerdote de los Misioneros, Eduardo Farrell, sostenedor de la devoción de María de Luján y del Negro Manuel, se reconoce en este espacio, como así también uno de los animadores laicos de mayor experiencia en economía social, a quien aquí llamaremos «Carlos».

El tercer espacio está compuesto por militantes relacionados con espacios sindicales articulados con el Movimiento Evita y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (ctep). Esta central sindical, fundada en 2011, se ocupa de representar a «los millones de excluidos del mercado formal de trabajo» que crean su propio trabajo: «los cartoneros, campesinos, artesanos, vendedores ambulantes, feriantes, trabajadores de programas sociales, motoqueros, cooperativistas, microemprendedores y obreros de empresas recuperadas»6. Uno de los dirigentes de la ctep es precisamente Grabois, quien tiene una vieja relación con Pérsico. Y si bien él no participa de Misioneros, sí lo hacen otros dirigentes de la ctep. Además, es en los locales de esta central donde se realizan las reuniones de los Misioneros, se preparan los materiales para las misiones, se guardan los volantes, las estampitas y el agua bendita.

  • 1.

    En Argentina, el cruce entre religión y política fue pensado, por un lado, a partir de la influencia que la Iglesia católica (pero también, de manera creciente, otros actores religiosos) ejerce sobre las decisiones de los políticos, y por el otro, la búsqueda que emprenden dirigentes oficialistas y opositores para obtener las legitimidades de algún sector del campo religioso para posicionarse en su propio espacio. Al respecto, v. Fortunato Mallimaci: El mito de la Argentina laica. Catolicismo, política y Estado, Biblos, Buenos Aires, 2015, y F. Mallimaci y Juan Esquivel: «La tríada Estado, instituciones religiosas y sociedad civil en la Argentina contemporánea» en Amerika Nº 8, 2013. Una segunda variante implica centrarse en la dimensión creativa del poder, en la capacidad que reúnen ciertos actores, símbolos e instituciones para generar filiaciones, producir identidades y movilizar voluntades. En este sentido, lo religioso y lo político, sus símbolos y sus actores son «poderosos» porque se muestran eficaces para movilizar sueños, ensamblar utopías, activar militancias y generar identidades, en muchos casos, mestizas.

  • 2.

    Entrevista con Patricia Cubría, Buenos Aires, 15 de junio de 2015.

  • 3.

    «Mi padre es peronista nacionalista, católico. Yo también era muy católico. Sigo siendo, pero era más militante, digamos». «Entrevista a Emilio Pérsico» en Peronista hasta la muerte, blog, 25/2/2012.

  • 4.

    Ana Natalucci: «Los movimientistas. Expectativas y desafíos del Movimiento Evita en el espacio kirchnerista (2003-2010)» en Germán Pérez y A. Natalucci: Vamos las bandas. Organizaciones y militancia kirchnerista, Nueva Trilce, Buenos Aires, 2012, p. 38.

  • 5.

    Para profundizar sobre estas corrientes, v. Aldo Ameigeiras: «Pueblo santo o pueblo justo. Alternativas teológico-pastorales en una diócesis del Gran Buenos Aires» en Elizabeth Judd y F. Mallimaci (coord.): Cristianismos en América Latina. Tiempo presente, historias y memorias, Cehila / CLACSO, Buenos Aires, 2013.

  • 6.

    V. presentación de la ctep en su sitio web: http://ctepargentina.org/nosotros/.