Entrevista

Martin Roberts: «La izquierda anti-Brexit apoya la permanencia en Europa para garantizar los derechos sociales»

A un día del referéndum del Brexit, el periodista británico Martin Roberts explica por qué la izquierda laborista defiende, mayoritariamente, la permanencia en la Unión Europea.

Martin Roberts: «La izquierda anti-Brexit apoya la permanencia en Europa para garantizar los derechos sociales»

Entrevista realizada por Mariano Schuster


Estamos a solo un día del referéndum en el que la ciudadanía británica decidirá la permanencia o la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). En este contexto, se presentan paradojas diversas. Una de ellas es que la gran mayoría del laborismo, incluido Jeremy Corbyn, se manifiesta por la permanencia cuando, históricamente, ha sido ese partido (al menos hasta los años 80) el que ha manifestado posiciones más euroescépticas. ¿Por qué ocurre eso?

Efectivamente, hasta fin de los años 80, el Partido Laborista tuvo posiciones más euroescépticas. Si nos remontamos a 1975, cuando se celebró el referéndum por la salida de la Comunidad Económica Europea (CEE, antecesora de la UE), el Partido Laborista estuvo fuertemente dividido. El primer ministro de aquel entonces, Harold Wilson, hizo un viraje. Mientras que, cuando estaba en la oposición, se había manifestado contrario a la pertenencia al espacio europeo, cuando llegó al gobierno cambió su postura y, de hecho, apenas el referéndum resultó favorable a la permanencia, lo utilizó como pretexto para deshacerse de los euroescépticos de su gabinete.

Lo que resulta interesante es que la mayor central sindical británica en aquel momento, la Trades Union Congress (TUC), estuvo en contra del ingreso a la CEE. De hecho, la definió lisa y llanamente como un «club de los ricos». Jeremy Corbyn, que aún no era diputado sino un simple militante del ala izquierda del partido, defendía aquella postura. Hay que comprender, y esto también resulta paradójico y curioso, que quien lideró la campaña para permanecer en la CEE en 1975 fue nada menos que Margaret Thatcher. Esto, leído hoy en día, parece francamente alucinante. Pero fue así. Tanto que, en 1983, el laborismo giró a la izquierda para contrarrestar al thatcherismo, apoyando con mucha claridad en su manifiesto electoral la salida de la UE.

Aquel manifiesto se conoció como «la nota de suicidio más larga de la historia». Luego, el laborismo desarrolló un giro a la derecha que se cristalizó en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown. El año pasado, sin embargo, el partido escogió como líder a Corbyn. Ahora él, que en el pasado defendió la salida, manifiesta que quedarse resulta conveniente. ¿Tanto ha cambiado el contexto?

Sí, el contexto ha cambiado profundamente. El propio Corbyn manifestó que entiende a la UE como garante de los derechos laborales. Si bien es cierto que las normativas no siempre son respetadas, la UE dictamina, por ejemplo, que la semana laboral no puede exceder las 48 horas. Claro que esto no es lo que le interesa a David Cameron. Por lo que, si hoy Corbyn y Cameron se encuentran ubicados en el mismo bando no es por los mismos motivos. El argumento de Cameron gira en torno a la economía, a la importancia del comercio y a la relación preferencial que se sostiene en el interior de la UE.

La posición de Corbyn, que resulta bastante lógica en el interior de la izquierda, es que la salida representaría el fin de buena parte del modelo social que garantiza los derechos sociales por los que el laborismo ha luchado. Y los amenaza, además, porque cambiaría la política británica. Llegados a un extremo, podría pensarse en un gobierno conservador pero encabezado por Boris Johnson –ubicado claramente a la derecha de Cameron– y que podría contar con el apoyo de Nigel Farage, del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés). Se trata de la conjunción de derecha y extrema derecha. Un proceso de ese tipo amenazaría la construcción del modelo social. Esos sectores podrían avanzar contra el Sistema Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) y arremeter contra buena parte de los derechos laborales y sociales. Sin la protección de la UE, acabar con ello sería mucho más sencillo para quienes se encuentran a la derecha de Cameron.

Entonces, ¿los laboristas evalúan que un triunfo del Brexit podría beneficiar a partidos como UKIP y a personajes como Farage, que han hecho campaña por la salida con un discurso muy centrado en la política migratoria?

Puede que sí, pero el efecto más probable es un cambio de liderazgo en el Partido Conservador. Aunque no es del todo descartable que permanezca Cameron, lo haría muy debilitado frente a un Johnson que pretende sustituirlo y que ha realizado una campaña fuerte por el Brexit. Se debe tener en cuenta que Johnson está ubicado con claridad a la derecha de Cameron como también lo está Michael Gove, quien también apoya la salida y podría tomar fuerza.

En relación a la cuestión de la inmigración, evidentemente ha habido un discurso mediático muy imponente contra el derecho de asilo de los refugiados y la recepción de migrantes. Ese discurso ha calado hondo en buena parte de la población aunque las cifras desmientan la realidad que se pretende instalar de manera permanente. En el Reino Unido los datos migratorios son presentados como una advertencia, como una forma de alertar a los ciudadanos de algún tipo de peligro. Los votantes de derecha han internalizado mucho ese discurso, que considera que los inmigrantes viven a costa de los impuestos pagados por los ciudadanos y que utilizan servicios estatales que no les corresponden. Eso ha sido muy explotado por un partido como UKIP.

Se habla mucho del laborismo como un partido favorable a la permanencia en Europa. Sin embargo, también hay sectores que apoyan la salida (la plataforma «Labour Leave», por ejemplo). ¿Son realmente una minoría?

En el seno de los diputados laboristas, algunos se manifiestan por la salida pero son menos que aquellos que defienden claramente la permanencia. De todos modos, hay que tomar en cuenta la incidencia social del euroescepticismo entre los votantes laboristas. En un artículo reciente, Frank Field, diputado del Labour, asegura que un 44% de los votantes laboristas favorecen la salida. No puedo determinar a ciencia cierta si los números son correctos o no, pero sí es cierto que existen sectores euroescépticos en el partido, tanto por razones históricas como por motivos que se expresan en situaciones coyunturales. Field, de hecho, tachó a Brown –que defiende fuertemente la permanencia– de elitista.