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Los principios del modelo neoconservador

La llegada al gobierno de la izquierda en América Latina se explica por el malestar ciudadano frente al modelo neoliberal. Para entenderlo, el artículo explora los fundamentos de este esquema de gobernabilidad neoconservador elaborado a mediados de los 70 por autores como Samuel Huntington. Con la idea de que el Estado se ha visto superado por un exceso de demandas, el objetivo es transferir más y más funciones al mercado, por ejemplo, a través de la privatización de los servicios públicos. Esto contribuye a despolitizar las relaciones sociales, separa de modo tajante la economía de la política y limita la participación. En definitiva, este modelo, al confiar en el mercado como organizador de las relaciones sociales, quita poder a los ciudadanos y limita seriamente su capacidad de acción.

Los principios del modelo neoconservador

La llegada al gobierno de la izquierda en América Latina se explica por el malestar ciudadano frente al modelo neoliberal. Para entenderlo, el artículo explora los fundamentos de este esquema de gobernabilidad neoconservador elaborado a mediados de los 70 por autores como Samuel Huntington. Con la idea de que el Estado se ha visto superado por un exceso de demandas, el objetivo es transferir más y más funciones al mercado, por ejemplo, a través de la privatización de los servicios públicos. Esto contribuye a despolitizar las relaciones sociales, separa de modo tajante la economía de la política y limita la participación. En definitiva, este modelo, al confiar en el mercado como organizador de las relaciones sociales, quita poder a los ciudadanos y limita seriamente su capacidad de acción.

Introducción

El proceso de transformación que atraviesa hoy América Latina constituye un nuevo periodo histórico, que comenzó en febrero de 1992 con el levantamiento militar de Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, reforzado años más tarde con su investidura como presidente de Venezuela. Pero el ascenso de Chávez al poder no es solo el síntoma de una crisis profunda del sistema político venezolano: representa también el comienzo de la crisis de un modelo de gobernabilidad política y económica que deriva del Consenso de Washington, impuesto en la región durante la década de 1990.

Desde el comienzo de esa década, la región se caracterizó por la llegada al poder de presidentes cuya elección era, en buena medida, resultado delmalestar de los ciudadanos frente al modelo neoliberal, como así también frente a las crisis y la pérdida de legitimidad de los sistemas políticos. A Chávez en 1999 le siguió en 2002 Lucio Gutiérrez en Ecuador. A comienzos de 2003, llegó al poder Luiz Inácio «Lula» da Silva. Hacia mediados del mismo año, Néstor Kirchner fue elegido presidente de Argentina. En 2005, Tabaré Vázquez accedió a la Presidencia de Uruguay, y en diciembre del mismo año Evo Morales ganó las elecciones de Bolivia.

A fines de 2005, la mayoría de los gobiernos sudamericanos conformaban lo que se ha denominado la «izquierda progresista». La pregunta que cabe hacerse, entonces, es si el actual contexto significa una nueva era de democratización o si se trata más bien de un soplo que presagia nuevas tormentas. La respuesta no es evidente. La mayor parte de esos gobiernos (con excepción del de Lucio Gutiérrez, ya derrocado) tienen una cierta sensibilidad de «izquierda no liberal». Pero se trata, de hecho, de una izquierda sin programa, sin organicidad ni proyecto, salvo la oposición al neoliberalismo, a las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la hegemonía de Estados Unidos. Luego de dos décadas de neoliberalismo, esos nuevos gobiernos pretenden, mediante reformas graduales, superar las secuelas de los 90, alcanzar la estabilidad económica y avanzar por la vía de la democratización de la sociedad.

Este artículo propone entender el escenario político y las condiciones actuales de la democracia en América Latina como resultado de la crisis del modelo de gobernabilidad política y económica instaurado durante la década de 1990. Se abordará el modelo neoconservador de gobernabilidad que se intentó imponer en la región y que está en estrecha relación con las políticas neoliberales de crecimiento económico. Para ello, se intentará describir sus principios fundamentales, su origen y sus características.

Una «nueva política» para América Latina

Luego de la crisis de la deuda de los años 80, comenzó un nuevo ciclo de reformas del Estado latinoamericano. Pero, esta vez, éstas se hicieron con la inspiración del neoliberalismo económico y el conservadurismo político. Se intentó construir un Estado mínimo al que se relevó de su papel de planificador, de «empresario», proveedor de servicios públicos, redistribuidor de riquezas y beneficios sociales y, finalmente, mediador en las luchas de intereses y los conflictos sociales. Esas transformaciones son el resultado del fin de la Guerra Fría, lo que conllevó a un cambio ideológico y a una nueva correlación de fuerzas en el ámbito internacional. A partir de entonces, surgió un nuevo orden mundial y se consolidó un nuevo patrón de acumulación de riquezas: el capitalismo financiero.

El resultado de la amalgama entre políticas económicas ultraliberales y definiciones ideológicas neoconservadoras constituyó un esquema de gobernabilidad económica y social que entró en crisis en la mayoría de los países a partir de fines de los 90. Para comprender mejor el rechazo actual a ese modelo, es necesario describir sus principales argumentos, a fin de establecer de qué manera esas «nuevas políticas» no hicieron más que continuar, e incluso profundizar, las contradicciones históricas de América Latina.

La nueva reforma del Estado conservó intactas las instituciones y las relaciones políticas tradicionales y reforzó la concentración del poder político y económico. Buscó despolitizar a la sociedad y, en general, desarticular las fuerzas sociales y políticas que podían ser un obstáculo para el funcionamiento del mercado. A diferencia de lo que debiera ser una reforma de carácter liberal, la reforma conservadora del Estado no favoreció las políticas de distribución de poder en la sociedad. Por el contrario, disminuyó los espacios de participación, transformó las decisiones políticas en decisiones técnicas y disoció así los aspectos políticos de los problemas sociales.

Esta reforma se hizo en estrecha relación con el principio neoconservador de gobernabilidad. La noción, inspirada entre otros por el pensamiento de Samuel Huntington, parte de la idea de que los conflictos de los años 60 y 70 mostraron que el esquema político liberal podía tornarse fácilmente incontrolable, y que esto perjudicaba la estabilidad del sistema productivo. La efervescencia de las movilizaciones sociales, las demandas y los intentos reformistas eran interpretados por los neoconservadores –entre ellos Huntington– no solo como una crisis de los valores y los instrumentos de autoridad del sistema, sino también de la propia democracia liberal. Porque, como afirma Habermas, para el pensamiento neoconservador las causas de esta crisis no deben buscarse en el modo de funcionamiento del sistema económico, ni en el funcionamiento del aparato administrativo del Estado, sino en los problemas de legitimación cultural del capitalismo y, especialmente, en la relación perturbada entre la cultura, la economía y la sociedad.