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Los populismos refundadores Promesas democratizadoras, prácticas autoritarias

El ciclo político abierto por Hugo Chávez a fines de los años 90 se sustentó en promesas de refundación nacional en contextos de crisis de las instituciones de representación política y de masivas movilizaciones en contra del neoliberalismo. Sus políticas se basaron en el combate contra la pobreza, incrementaron el gasto social, redistribuyeron los excedentes de la renta de los recursos naturales y movilizaron a los sectores populares contra las elites. Pero todo ello se hizo profundizando el carácter extractivista de las economías y las derivas autoritarias propias de la política amigo/enemigo.

Los populismos refundadores / Promesas democratizadoras, prácticas autoritarias

Hugo Chávez inauguró un ciclo populista que también llevó al poder a Evo Morales y a Rafael Correa. Estos líderes prometieron nada menos que la refundación de sus naciones. Rechazaron el neoliberalismo, promovieron la integración y la unidad latinoamericana sin injerencias imperialistas y buscaron establecer modelos superiores de democracia basados en la participación popular y en la equidad. Llegaron al poder con promesas revolucionarias en contextos de crisis de todas las instituciones de representación política y de insurrecciones masivas en contra del neoliberalismo. Innovaron las estrategias de cambio revolucionario: en lugar de balas, usaron votos y convocaron asambleas constituyentes participativas, que redactaron nuevas constituciones que expandieron los derechos ciudadanos. Muchos académicos y ciudadanos vieron en estos regímenes la promesa de instaurar sociedades posneoliberales basadas en la equidad y en modelos de democracia capaces de trascender los déficits de participación y representación de las democracias liberales.

La realidad, luego de que estos líderes dominaran la escena política de sus países por más de una década, es mucho más sombría. Chávez y su sucesor Nicolás Maduro, al igual que Morales y Correa, concentraron el poder en el Ejecutivo y subordinaron a los demás poderes; usaron el Estado para colonizar la esfera pública regulando el contenido de lo que los medios pueden publicar y, en los casos de Ecuador y Venezuela, haciendo del Estado el mayor comunicador. Se enfrentaron con movimientos sociales y con organizaciones de izquierda que cuestionaron sus políticas extractivistas y que resistieron el afán del Estado de controlar a la sociedad civil criminalizando la protesta. Si bien redistribuyeron las rentas cuando los precios del petróleo y de los minerales fueron altos, incrementaron la dependencia de la extracción de hidrocarburos.

Para explicar qué salió mal, los académicos y activistas han desarrollado argumentos estructuralistas basados en la dependencia de la extracción de recursos naturales, explicaciones institucionalistas sobre por qué el populismo, en contexto de instituciones débiles, lleva al autoritarismo competitivo y argumentos que se enfocan en cómo la lógica populista desfigura la democracia y puede decantar en autoritarismos.

Dependencia de la extracción de recursos naturales

Chávez, Correa y Morales prometieron no solo poner fin al neoliberalismo sino también reemplazar el modelo extractivista con visiones alternativas de desarrollo y de la relación entre la naturaleza y la sociedad basados en las nociones andinas del suma qamaña y sumak kawsay (vivir bien o buen vivir). Algunos académicos escribieron textos que celebraban el fin del desarrollo, del extractivismo y del colonialismo. Otros fueron menos optimistas o más realistas y vieron a estos gobiernos como una continuación del modelo rentista. En el momento de mayor popularidad del chavismo, Kurt Weyland1 argumentó que «en lugar de establecer un nuevo modelo de desarrollo [el socialismo del siglo xxi], el gobierno de Chávez está reviviendo el modelo rentista». El incremento descomunal de las rentas de los hidrocarburos les permitió a estos gobiernos populistas rechazar el neoliberalismo, incrementar el tamaño y el gasto del Estado y fundar organizaciones supranacionales como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba) para contrarrestar las políticas de integración neoliberales de Estados Unidos.

En lugar de salir del extractivismo, los tres gobiernos incrementaron su dependencia de los hidrocarburos. Las exportaciones petroleras venezolanas pasaron de 68,7% del total exportado en 1998 a 96% en 20152. En Bolivia, las exportaciones de minerales e hidrocarburos crecieron de 41,8% a 58% entre 2001 y 20113. En Ecuador, las exportaciones petroleras pasaron de 41% a 58% entre 2002 y 2011, y el gobierno de Correa concedió 2,8 millones de hectáreas a compañías mineras, la mitad de estas para la extracción de metales4.

Las rentas se utilizaron para fortalecer el Estado y para financiar programas sociales para combatir la pobreza. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la pobreza se redujo en Venezuela de 48,6% en 2002 a 29,5% en 2011; en Bolivia, disminuyó de 62,4% en 2002 a 42,4% en 2010; en Ecuador bajó de 49% en 2002 a 32,4% en 20115. Sin embargo, la redistribución solo duró mientras los precios se mantuvieron altos y, como anticipó Weyland, el modelo rentista fue insostenible en el mediano plazo. De acuerdo con la Cepal, la pobreza se incrementó en Venezuela de 24% en 2012 a 32% en 2013. Otro estudio señala que, en 2015, 75% de los venezolanos eran pobres de acuerdo con sus ingresos6.

Estos gobiernos no pusieron fin al modelo rentista y extractivista pues necesitaron esos recursos para ganar elecciones. Sus líderes usaron las elecciones para desplazar a las elites políticas tradicionales y para consolidarse en el poder. Los venezolanos votaron en 16 elecciones entre 1999 y 2012, los bolivianos en nueve entre 2005 y 2016 (entre elecciones generales y diversos referendos) y los ecuatorianos en seis entre 2006 y 2013. En Venezuela, el gasto social se incrementó durante las épocas electorales. Por ejemplo, con motivo de las elecciones presidenciales de 2012 se lanzó la «Gran Misión Vivienda», que construyó edificios de departamentos frente a los cerros de Caracas para que los pobres vieran que a lo mejor les podría tocar la suerte de participar en este proyecto y acceder a un tipo de vivienda como los de la clase media. El gobierno además lanzó la «Misión Mi Casa Bien Equipada» para amoblar y dotar de electrodomésticos e incluso aire acondicionado a quienes se beneficiaran de los proyectos de vivienda.

La dependencia extractivista llevó a la confrontación con comunidades indígenas. Si bien las constituciones reconocen el derecho a la consulta previa para la explotación de recursos naturales, estos gobiernos expandieron autocráticamente la explotación de hidrocarburos y minerales en los territorios indígenas. El resultado fue que, al igual que el multiculturalismo neoliberal, que separó al «indio permitido» del «indio recalcitrante» y otorgó una distribución cultural simbólica a los primeros, al tiempo que reprimió a los segundos, la aceptación del extractivismo marcó los límites del reconocimiento de los derechos indígenas7. En Ecuador, la protesta indígena fue criminalizada, y el «indio permitido» de la Revolución Ciudadana de Correa –como lo señala la antropóloga Carmen Martínez Novo– es el beneficiario pasivo de sus políticas redistributivas. La extracción de recursos naturales también determinó los límites de los derechos indígenas en Bolivia. En palabras de la antropóloga Nancy Postero, «está claro que el Estado ve el control indígena de la extracción de recursos naturales como un atentado al poder estatal»8.

  • 1.

    1. K. Weyland: «The Rise of Latin America’s Two Lefts: Insights from Rentier State Theory» en Comparative Politics vol. 41 No 2, 2009, p. 146.

  • 2.

    2. Gabriel Hetland: «Chavismo in Crisis» en nacla vol. 48 No 1, 2016, p. 9.

  • 3.

    3. Almut Schilling-Vacaflor y David Vollrath: «Indigenous and Peasant Participation in Resource Governance in Bolivia and Peru» en Barry Cannon y Peadar Kirby: Civil Society and the State in Left-Led Latin America, Zed Books, Londres, 2012, p. 128.

  • 4.

    4. Carmen Martínez Novo: «Managing Diversity in Postneoliberal Ecuador» en The Journal of Latin American and Caribbean Anthropology vol. 19 No 1, 2014, p. 118.

  • 5.

    5. Cepal: Panorama social de América Latina 2012, Naciones Unidas, Santiago de Chile, 2013.

  • 6.

    6. Nelly Arenas: «El chavismo sin Chávez: la deriva de un populismo sin carisma» en Nueva Sociedad No 261, 1-2/2016, p. 9, disponible en www.nuso.org.

  • 7.

    7. C. Martínez Novo: ob. cit., p. 121.

  • 8.

    8. N. Postero: «‘El Pueblo Boliviano de Composición Plural’: A Look at Plurinational Bolivia» en C. de la Torre: The Promise and Perils of Populism: Global Perspectives, The University Press of Kentucky, Lexington, 2015, p. 412.