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Los partidos importan. Democratización y evolución del sistema de partidos en América Latina

Una mirada rápida a los artículos académicos y libros recientes acerca del cambio en el sistema de partidos en América Latina –especialmente la producción norteamericana– llevaría a la conclusión de que los partidos ya no son mecanismos efectivos de representación política y de que los sistemas de partidos, en algún momento sólidos, están en ruinas. Este artículo plantea divergencias con esa conclusión alarmista y destaca la necesidad de un análisis más matizado de la evolución de los sistemas de partidos. Por un lado, estos no están colapsando en toda la región. Por el otro, algunos aspectos de la evolución del sistema de partidos en América Latina contribuyeron a la consolidación de democracias frágiles.

Los partidos importan. Democratización y evolución del sistema de partidos en América Latina

La mirada predominante de la bibliografía acerca de los partidos y sistemas de partidos en América Latina es extremadamente negativa y pesimista –en especial, los trabajos realizados en Norteamérica–. Desde la «tercera ola», los estudios se centraron en la debilidad y en la falta de institucionalización de los sistemas partidarios de la región. Donna Lee Van Cott sostiene que «los partidos y los sistemas de partidos sufrieron un marcado deterioro en las dos últimas décadas»1; por su parte, Frances Hagopian afirma que los países latinoamericanos experimentaron un proceso de desalineamiento del sistema de partidos en el periodo que siguió a la democratización2. De acuerdo con Kenneth Roberts y Erik Wibbels, «la inestabilidad de los sistemas de partidos se volvió una fuente de desconcierto e inquietud»3. En resumidas cuentas, la crisis de los sistemas de partidos en América Latina es vista como un fenómeno general que afecta la consolidación democrática de todos los países de la región.

Este artículo sostiene que es preciso matizar tales generalizaciones. Aunque la «crisis de representatividad» en los países andinos es innegable4, la extrapolación de estos casos a la totalidad de la región es a menudo injustificada. Este ensayo se desarrollará de la siguiente manera: la primera parte discrepa con el argumento según el cual todos los sistemas de partidos en América Latina sufrieron un proceso de desalineamiento, mostrando que a menudo es mejor describir su evolución como un proceso de realineamiento. En la segunda sección se afirma que la evolución de los sistemas de partidos en muchos países latinoamericanos avanza en una dirección que favorece la consolidación de democracias frágiles. En la sección final se argumenta asimismo que los cambios recientes en los sistemas de partidos de América Latina a menudo tienen efectos positivos en lo que respecta a la representación democrática.

La evolución de los alineamientos partidarios en América Latina (1980-2012)

La evolución de los alineamientos partidarios entre los ciudadanos puede tomar tres vías distintas. En primer lugar, la relación de los votantes con el partido puede ser estable a lo largo del tiempo. Sin embargo, la estabilidad de la identificación partidaria es más la excepción que la regla tanto en América Latina como en cualquier otro lugar, dado que los cambios políticos y socioeconómicos se asocian a menudo a nuevos patrones de relación entre los partidos y los ciudadanos. En segundo lugar, puede haber un desalineamiento del sistema partidario cuando los ciudadanos pierden confianza en los partidos políticos en general y empiezan a votar por partidos antisistema. Por último, puede tener lugar un proceso de realineamiento partidario. El realineamiento implica un cambio duradero en la estructura del sistema de partidos e involucra un cambio en la adhesión de un partido del sistema a otro, que a menudo tiene lugar cuando se produce alguna votación decisiva5. El proceso de realineamiento también puede estar asociado a la formación de nuevos partidos para reflejar nuevas divisiones por alguna cuestión6.

En ocasiones se ha exagerado el grado en que los sistemas de partidos latinoamericanos han experimentado un desalineamiento (en contraposición a un proceso de realineamiento). Hagopian sostiene, por ejemplo, que en América Latina «el desalineamiento partidario y electoral fue más abarcativo y se desarrolló más rápidamente y en más países que el realineamiento»7. No hay dudas de que en toda la región la satisfacción de los ciudadanos con los partidos políticos es baja. Los datos de las encuestas realizadas por Latinobarómetro entre 1995 y 2006 indican que los partidos políticos son las instituciones que se consideran menos confiables entre una larga lista de instituciones públicas y privadas de América Latina. Solo 19% de los encuestados expresó su apoyo a los partidos políticos en la región8. Aunque en la mayoría de las democracias avanzadas e industrializadas existe una crisis similar de legitimidad9, en Europa los sistemas de partidos han permanecido más bien estables en los últimos 30 años. Por lo tanto, para entender las dinámicas de los sistemas de partidos puede ser más provechoso observar el comportamiento de los ciudadanos en las urnas que deducir un desalineamiento de los sistemas de partidos en función de datos de encuestas.

Una de las mejores opciones para determinar si los sistemas de partidos están atravesando un proceso de desalineamiento o de realineamiento es observar la evolución de la volatilidad de los resultados electorales en la región. Un realineamiento electoral debería llevar a un incremento temporario en la volatilidad electoral, seguido de una estabilización. Un desalineamiento, en cambio, debería verse reflejado en altos y repetidos niveles de volatilidad. Roberts y Wibbels muestran con acierto que la volatilidad electoral en América Latina es elevada10, pero ese nivel elevado global esconde diferencias significativas entre los países latinoamericanos. Como señala Kirk Hawkins, «ciertos periodos y ciertos países experimentaron una volatilidad mucho más elevada que otros»11. Durante el periodo 1980-2000, algunos países latinoamericanos, como Costa Rica, México, Colombia y Argentina, tuvieron resultados de volatilidad cercanos a los de los países de Europa occidental. Uruguay y Honduras tuvieron resultados de volatilidad incluso menores. Es más, un análisis detallado de la evolución de los resultados de volatilidad en ese periodo muestra algunos picos durante circunstancias históricas específicas, seguidos de estabilización12. Esto es más consistente con la tesis del realineamiento que con la del desalineamiento. En todo caso, parece ser que el argumento que sostiene que los países latinoamericanos atraviesan un proceso de desalineamiento partidario y electoral se basa en evidencias de los casos más extremos y esconde diferencias significativas dentro de la región.

Las tesis del desalineamiento se centran solamente en el lado de la demanda, es decir, en la confianza que tienen los ciudadanos en los partidos políticos. Pero ignoran la capacidad de reacción y adaptación de los partidos tradicionales cuando se ven amenazados por candidatos o partidos antisistema. Por ejemplo, Fernando Collor de Mello terminó alejándose de los partidos establecidos por su constante discurso anti-establishment. Tan pronto como fueron capaces de reaccionar, todos los partidos políticos armaron una coalición para deshacerse de este peligroso outsider13. Por lo tanto, incluso si la identificación partidaria decrece en algunos países latinoamericanos, los partidos políticos tradicionales todavía pueden tener recursos suficientes como para evitar un completo desalineamiento del sistema de partidos. El resurgimiento de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) en Perú después de la caída de Alberto Fujimori, y ahora del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, también muestra la resistencia de los partidos tradicionales al desalineamiento electoral.

  • 1. Miguel Carreras: politólogo. Es candidato a doctor en Ciencia Política en la Universidad de Pittsburgh e investigador asociado en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la misma universidad.Palabras claves: sistemas de partidos, democratización, representación, alineamiento partidario, moderación ideológica, América Latina. Nota: traducción del inglés de Aldo Giacometti.. From Movements to Parties in Latin America: The Evolution of Ethnic Politics, Cambridge University Press, Nueva York, 2005.
  • 2. «Democracy and Political Representation in Latin America in the 1990s: Pause, Reorganization or Decline?» en Felipe Agüero y Jeffrey Stark (eds.): Fault Lines of Democracy in Post-Transition Latin America, North-South Center Press, Miami, 1998.
  • 3. «Party Systems and Electoral Volatility in Latin America: A Test of Economic, Institutional, and Structural Explanations» en American Political Science Review vol. 93 No 3, 1999.
  • 4. Scott P. Mainwaring, Ana M. Bejarano y Eduardo P. Leongómez: The Crisis of Democratic Representation in the Andes, Stanford University Press, Stanford, 2006.
  • 5. V.O. Key: «A Theory of Critical Elections» en Journal of Politics vol. 17 No 1, 1955.
  • 6. James L. Sundquist: Dynamics of the Party System: Alignment and Realignment of Political Parties in the United States, Brookings Institution Press, Washington, dc, 1983.
  • 7. F. Hagopian: ob. cit.
  • 8. Marta Lagos: «Latin America’s Diversity of Views» en Journal of Democracy vol. 19 No 1, 2008.
  • 9. Susan J. Pharr y Robert D. Putnam (eds.): Disaffected Democracies: What’s Troubling the Trilateral Countries?, Princeton University Press, Princeton, 2000.
  • 10. K. Roberts y E. Wibbels: ob. cit.
  • 11. «The Logic of Linkages: Antipartyism, Charismatic Movements, and the Breakdown of Party Systems in Latin America», tesis de doctorado, Duke University, Durham, 2003, p. 17.
  • 12. M. Carreras, Scott Morgenstern y Yen-Pin Su: «The Theory of Partisan Alignments and an Empirical Exploration of Latin America», trabajo presentado en la Midwest Political Science Association, Chicago, 2012.
  • 13. Kurt Weyland: «The Rise and Fall of President Collor and Its Impact on Brazilian Democracy» en Journal of Inter-American Studies and World Affairs vol. 35 No 1, 1993.