Tema central

¿Los movimientos sociales en el poder? El gobierno del MAS en Bolivia

El Movimiento al Socialismo (MAS) nació a partir de una decisión de las organizaciones sociales campesinas de contar con un instrumento político. Más tarde, en su salto a las ciudades, el partido se fue ampliando y Evo Morales se consolidó como el caudillo capaz de garantizar la cohesión interna y actuar como mediador entre el MAS y las organizaciones sociales. Desde la llegada al poder en 2005, la concentración de poder en manos del presidente se acentuó y el rol de los movimientos sociales se vio desdibujado. Aunque siguen ocupando un espacio, su lugar en la conducción del proceso es cada vez menos relevante.

¿Los movimientos sociales en el poder? El gobierno del MAS en Bolivia

¿Qué pasa cuando los soviets se repliegan?Álvaro García Linera

En una entrevista publicada en Le Monde diplomatique, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, al ser consultado sobre la relación entre los movimientos sociales y el Estado, dijo que Bolivia enfrenta hoy los mismos desafíos que la Rusia de Lenin y se preguntó: «¿Qué pasa cuando los soviets se repliegan?»1.

Este es el tema que abordaré en este ensayo: ¿qué ocurre hoy en Bolivia, cuando ya ha pasado el momento cumbre del empoderamiento social, de la instalación de la «política en las calles»2? ¿Qué sucede cuando la crisis que se extendió entre 2000 y 2005 ya es parte de la historia y vivimos bajo un gobierno que obtuvo 54% de la votación en 2005 y 64% en 2009? Después de las grandes movilizaciones, ¿estamos en un momento de participación directa y sin mediaciones de los movimientos sociales en el Estado? ¿Cómo funciona esta participación? ¿Y dónde ha quedado el resto de la sociedad, la «masa silenciosa», que vota pero no se moviliza? ¿O acaso, después de las masas movilizadas, se ha iniciado una institucionalización de la participación por la vía del partido político democrático? ¿O no estamos ante ninguna de estas dos opciones y, por el contrario, se impone ahora la razón de Estado, mientras se desarrolla un proceso de concentración del poder en manos del presidente y su entorno, del que tanto los movimientos sociales como el partido político quedan –matices más, matices menos– afuera?

Para plantearme estas preguntas, primero analizaré la relación de los movimientos sociales con el partido político en la etapa de crisis del Estado, es decir del empoderamiento social. En esta sección, planteo la tesis de que el MAS nace de las organizaciones sociales campesinas a partir de la decisión de estas de contar con un instrumento político para actuar en democracia; es decir, el MAS es, por su origen, un partido campesino, y el segundo partido de masas que ha producido la historia boliviana republicana.

En la segunda parte del artículo me focalizo en el momento de implantación del MAS en las ciudades, la relación de la población urbana con el partido y, fundamentalmente, con Evo Morales. ¿Qué desafíos supone este salto y qué implicaciones tiene para el joven partido? Aquí planteo la tesis de que la fuerza horizontal-rural que fue el MAS, en el salto a las ciudades, experimentó la emergencia del caudillo, que resume y subsume al partido.

Por último, en la tercera parte de este texto analizaré el proceso que viven los movimientos sociales a partir de 2006, es decir una vez que acceden al poder. Analizo esta etapa a partir de la relación tensa entre tres procesos simultáneos y contrapuestos: la tendencia a la concentración del poder en manos del presidente, la situación de un partido que busca definir su rol como partido en el gobierno, y la presencia de organizaciones sociales que, hacia 2010, se encuentran dispersas y negociando su espacio en el poder.

El nacimiento del MAS

El MAS nació como resultado de un movimiento paradójico: por una parte, es producto del proceso de ampliación de la democracia en el periodo 1982-2000; y por la otra, es consecuencia de la crisis de ese mismo proceso. En efecto, los 18 años de democracia permitieron el desarrollo de un proceso de integración política a través de la democratización del acceso al espacio político, como resultado de la municipalización y la creación de diputaciones uninominales. Estas dos últimas medidas abrieron una ventana de acceso a la política para la población campesina e indígena. Sin embargo, la democracia, que en los años 80 fue percibida como una promesa de inclusión, se convirtió, en los 90, en una promesa incumplida. La integración política sin integración económica y social resultó inocua. Hacia fines de los 90, la sociedad rural y popular urbana se sentía engañada y excluida.

Durante los años de estabilización de la democracia boliviana, entre 1982 y 2000, la clase política no percibió la importancia del rol de integración social del Estado, ni la relevancia que adquiría la fortaleza institucional para el cumplimiento de ese rol.

Esto tiene una doble explicación: por una parte, fue clave el papel de las fuerzas de izquierda, que desarrollaron un accionar pragmático y opuesto a la institucionalización partidaria, lo que les permitió mimetizarse en el consenso neoliberal, consenso que cerró los ojos y la boca respecto a la cuestión social. Todo esto a costa de perder la imagen de partido de izquierda y asumir el modesto lugar de una fuerza que gira alrededor de un caudillo, como en el caso del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Pero las fuerzas de izquierda también quedaron tempranamente deslegitimadas por la pésima experiencia de gestión estatal que dejó la Unidad Democrática y Popular (UDP), por lo que continuaron existiendo como fuerzas marginales, sin probabilidad de participar en el mando del Estado, como fue el caso del Partido Comunista de Bolivia (PCB) y del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNRI). El resultado de esta debacle fue que, cuando comenzó la etapa de crisis, no existían partidos de izquierda que defendieran de forma creíble los intereses de los sectores populares.

Por otro lado, las fuerzas de centro y de derecha jugaron a ser buenos alumnos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) impulsando la liberalización de la economía y el desmontaje estatal, y no estaban interesadas en reflexionar acerca de la importancia del rol de integración social del Estado para la consolidación de la democracia.

En este contexto, la emergencia del MAS es producto de la confluencia de cuatro factores: la emergencia politizada del clivaje campo-ciudad; la crisis del modelo económico neoliberal y la visibilización de la deuda social; la crisis de representatividad de los partidos políticos, en particular la ausencia de partidos de izquierda con alguna solidez institucional; y el proceso de integración política que generaron la municipalización y las diputaciones uninominales. El primer factor, el clivaje campo-ciudad, puede ser interpretado como resultado del carácter poscolonial de la República de Bolivia, que instala la desconfianza como base de la relación entre el indígena/originario y el Estado encarnado en sus instituciones. Pero también es resultado de la débil apropiación estatal del territorio rural, que configura una relación dual del campesino-indígena con el Estado: un sentimiento abstracto de «bolivianidad» frente a una vivencia concreta de aislamiento en tanto campesino.

  • 1. Pablo Stefanoni, Franklin Ramírez y Maristella Svampa: Las vías de la emancipación. Conversaciones con Álvaro García Linera, Ocean Sur, México, df, 2009, p. 92.
  • 2. Fernando Calderón y Alicia Szmukler: La política en las calles: política, urbanización y desarrollo, Universidad Andina Simón Bolívar, Quito, 2000.