Entrevista

Los extremistas de derecha en la red Entrevista a Jacob Davey

La presencia online de contenidos de extrema derecha está aumentando velozmente. Con una audiencia global cada vez más elevada, el fenómeno se ha vuelto sumamente preocupante. Una ideología violenta que erosiona los valores en los que se fundan las sociedades democráticas se ha apoderado de parte de las redes y del mundo digital. Jacob Davey, experto en el fenómeno, explica su desarrollo y de pautas para combatirlo.

Los extremistas de derecha en la red / Entrevista a Jacob Davey

¿De qué manera ha promovido internet el extremismo de derecha en Gran Bretaña y en el mundo?

Nuestra investigación ha señalado una cantidad de áreas bien definidas en las que la comunicación online está contribuyendo a alimentar el incremento del extremismo de derecha: por ejemplo, facilitando la difusión de material extremista a nuevos miembros, alimentando la radicalización; construyendo un consenso ideológico, fortaleciendo a los movimientos; y mediante la incorporación de argumentos ideológicos de los márgenes, desplazando los temas de interés en las discusiones online.

Al facilitar la colaboración entre grupos extremistas a través de las fronteras, vemos que las redes sociales estimulan la internacionalización de los movimientos de extrema derecha. Estamos en una situación en la que los identitarios pueden encontrar intereses comunes con los movimientos de protesta callejeros británicos y con personalidades de YouTube que residen en Estados Unidos. Y esto se ve alentado por los canales de comunicación online, que les permiten difundir sus actividades entre una audiencia global. Por este proceso, estamos asistiendo al surgimiento de activistas cada vez más envalentonados, que usan estrategias de comunicación sofisticadas para permitir el crecimiento de una contracultura.

¿Cómo operan las organizaciones extremistas de derecha en Internet y las redes sociales? ¿Es posible discernir una tendencia cambiante en la estrategia que aplican online, en comparación con con otras organizaciones extremistas violentas?

En general, hay muchas cosas en común en las formas en que los grupos extremistas operan online. Despliegan una estrategia clara para radicalizar y reclutar a individuos difundiendo propaganda para promover sus ideas entre nuevos miembros, para luego extender el proceso de radicalización atrayendo a estos nuevos miembros a comunidades cerradas y preparando a estos individuos mediante la interacción directa. Esta dinámica es algo común tanto a islamistas como a grupos de extrema derecha.

Sin embargo, hay algunas áreas que marcan a la extrema derecha como única. Un ejemplo (que puede observarse en las comunidades de islamistas, aunque en mucha menor escala) es la creación de plataformas sociales alternativas que proveen específicamente a comunidades de extrema derecha. Estas plataformas, como por ejemplo Gab.ai, que funciona de la misma manera que Twitter, permiten que las comunidades extremistas se fortalezcan y se comuniquen de modos que las llevarían a ser bloqueadas en las plataformas dominantes.

Otra área en la que la estrategia de la extrema derecha parece estar avanzando es la adopción de tácticas comparables a las utilizadas por las unidades de desinformación del Estado. Esto se vio en las elecciones alemanas del año pasado, cuando redes hiperorganizadas de trolls se coordinaban activamente para difundir material diseñado para calumniar a sus contrincantes políticos y radicalizar a las personas, en un intento por impulsar a Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones.

¿De qué manera está cambiando la participación online las interacciones entre los seguidores y el carácter y las acciones de las organizaciones de extrema derecha?

La participación online ofrece una oportunidad a todos de involucrarse en el activismo de extrema derecha. Un joven que vive en Australia puede donar dinero a una causa identitaria o acosar a un periodista británico sin necesidad de abandonar la comodidad de su hogar. Esta dinámica es importante, ya que les da a los extremistas la oportunidad de crear «manuales de tácticas» comunes sobre lo que funciona y lo que no en términos de activismo online. Como cada vez es más viable para un individuo tener impacto en el mundo real mediante sus actividades virtuales, observamos una tendencia por la cual la cultura de internet se está fusionando con el activismo de extrema derecha.

Como resultado de esta fusión cultural, vemos con más frecuencia una tendencia perturbadora por la cual activistas neonazis, como por ejemplo Andrew Anglin del Daily Stormer, aprovechan deliberadamente la cultura de internet para radicalizar a audiencias cada vez más jóvenes.

Hace ya tiempo se ha impuesto la idea de que Internet y las redes sociales son una esfera en la cual también se forman sujetos políticos y sociales. Facebook ha introducido a lo largo de sus plataformas normas comunitarias y algoritmos que eliminan o filtran el discurso de odio y las ofensas racistas. ¿En qué medida es la tecnología una aliada en la lucha contra la propaganda online de extrema derecha?

La tecnología puede usarse de muchas formas para contrarrestar el extremismo de derecha, por ejemplo, facilitando la investigación que nos permita comprender mejor las estrategias de los grupos extremistas.

Una de las oportunidades más claras tiene que ver con proveer un mecanismo para la creación de comunidades que puedan contrarrestar las acciones divisivas y polarizadoras de los grupos extremistas. Un ejemplo de esto es la Online Civil Courage Initiative (Iniciativa de Coraje Civil Online), que conecta a organizaciones de la sociedad civil de Alemania, Francia y Gran Bretaña y les permite compartir conocimientos e ideas durante las campañas. En muchos aspectos, veo esto como una de las formas más claras en que la tecnología puede ser aprovechada para el bien. Los grupos extremistas son expertos en crear contraculturas virtuales y depende de nosotros crear movimientos igualmente convincentes que expresen nuestros valores compartidos y disipen la retórica del odio.

El escándalo que se originó en la recolección de los datos de los usuarios de Facebook por parte de Cambridge Analytica sin el consentimiento de esos usuarios presionó a las grandes redes sociales a prestar más atención al tema de la privacidad y la libertad de expresión. ¿Cuál es el mayor desafío que presentan la regulación del espacio digital y su clausura al extremismo? ¿Puede esto lograrse sin amenazar la participación libre e igualitaria, e inspirar al mismo tiempo la creación de una organización democrática en el ámbito global?

La regulación del material extremista online plantea una situación compleja. Y creo que el mayor desafío está en la formulación de políticas de respuesta que no tienen en cuenta las consecuencias de esa actividad en su totalidad. Cada vez se producen más llamados a vigilar a las comunidades online mediante la remoción de material que expresa odio, es ofensivo o está asociado a organizaciones extremistas. Mientras que en muchos contextos hay parámetros legales definidos con claridad para regular esta cuestión, como en el caso del material que niega el Holocausto en Alemania, también hay una serie de áreas grises en las que es más difícil llegar a un consenso sobre la naturaleza de un material. Y el hecho de que haya varios contextos legales en juego pone trabas a nuestra capacidad de establecer objetivos comunes en este espacio. Además, no existe consenso entre los interesados sobre qué se considera exitoso para afrontar la amenaza: ¿cuáles son los objetivos, cuál es la teoría del cambio que nos lleva a priorizar ciertos tipos de contenido violento o explícito en plataformas dominantes y cómo medimos qué tan bien nos está yendo en el cumplimiento de esos objetivos?

La opción por priorizar la remoción del contenido violento más ofensivo de las plataformas dominantes ha pasado por alto otras respuestas potenciales que amenazan en menor medida el derecho a la libre expresión online, como la desmonetización del contenido ofensivo o el estímulo de contenido positivo «opuesto». Proscribir a los extremistas de las plataformas dominantes pone un límite a la cantidad de individuos que están expuestos a su retórica divisiva. Sin embargo, los extremistas son expertos en encontrar nuevos lugares para difundir sus ideas. Y esas acciones envalentonan a los seguidores de los grupos extremistas agravando sus quejas. Asimismo, permiten a estos grupos apropiarse de argumentos legítimos relacionados con la libertad de expresión, lo que potencialmente atrae a nuevos miembros a sus filas. Creo que un mejor abordaje consiste en combinar la reglamentación con esfuerzos coordinados para acrecentar las comunidades de activistas online civilizados y positivos.

¿Cuál es el principal consejo que daría para desactivar los ataques online de quienes incitan el odio desde la derecha, ya sea que el blanco sea un individuo o una organización?

Desafortunadamente, no hay una bala de plata en lo que se refiere a estos temas, y ni las organizaciones ni los individuos tienen la clave. En cambio, deberíamos enfocarnos en un abordaje que combine respuestas gubernamentales, de las bases, tecnológicas y mediáticas, que construya una coalición global de activistas dispuestos, que trabajen de manera coordinada para despolarizar a las comunidades y recuperar el debate de manos de los extremistas.

Jacob Davey es coordinador de proyectos del Instituto por el Diálogo Estratégico de Londres. Es investigador especializado en el universo de la extrema derecha.


Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: https://www.fes-connect.org/trending/reclaiming-the-digital-space-fighting-right-wing-extremists-online/


Pie de página