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Lo que cambió (y lo que no cambió) en el ámbito rural

El ámbito rural brasileño ha atravesado un proceso de profundos cambios. No se trata solo de cambios marginales o incrementales, sino de transformaciones que marcan una nueva etapa en la formación espacial del país. En esta nueva fase, no tiene sentido concebir los espacios rurales como un sinónimo de atraso o como regiones exclusivamente agrícolas. El artículo sostiene que, aunque el paradigma agrario del pasado ya no existe, aún no se erigió uno nuevo. Y que el abordaje territorial y el arraigo ambiental de la nueva ruralidad demandan la creación de nuevas instituciones y categorías de clasificación y discernimiento de lo rural acordes con esta nueva etapa.

Lo que cambió (y lo que no cambió) en el ámbito rural

Introducción

El ámbito rural brasileño cambió. Paulatinamente, la imagen tradicional de un país agrario ha dado lugar a un retrato multifacético en el que la competitividad internacional de los agronegocios aparece como una de las caras más sobresalientes. Pero hay que agregar además otras dimensiones, como la consolidación de un importante segmento de agricultura familiar plenamente insertado en los mercados dinámicos, el surgimiento de la retórica del desarrollo territorial, los efectos sociales y ambientales (no siempre positivos) asociados a la competitividad, y las metamorfosis de la cuestión agraria y social.

En este contexto, este artículo tiene como objetivo analizar los cambios experimentados por el ámbito rural brasileño en los últimos años e intentar desentrañar la unidad que se oculta detrás de la diversidad. Lo que se pretende demostrar es que los cambios marcan el fin de una determinada etapa de formación nacional. En otras palabras, el ámbito rural brasileño no es el mismo que el del pasado, ya que la consolidación de la urbanización y la industrialización cerró un largo ciclo: hoy lo rural se integra definitivamente a lo urbano, aunque de manera contradictoria y conflictiva. Sin embargo, las categorías analíticas disponibles para comprender las instituciones orientadas al desarrollo rural no fueron aún modificadas de modo de ajustarse a esta nueva etapa. Por eso, reformar las instituciones y las categorías de pensamiento sobre lo rural son dos grandes desafíos para la próxima década.

El texto se organiza en tres partes. La primera analiza algunos de los principales cambios experimentados en las últimas dos décadas y media, es decir, desde el retorno de la democracia: se presentan seis tendencias basadas en los hallazgos de los principales programas de investigación sobre el tema que, como se intentará demostrar, revelan el surgimiento de una nueva etapa en la formación socioespacial del país. La segunda parte aborda las diferentes manifestaciones geográficas de esta nueva etapa y apunta a mostrar cómo el nuevo sentido de la ruralidad brasileña no tiende a una homogeneización sino, al contrario, a una mayor diferenciación. La tercera sección indaga algunos de los desdoblamientos de esta nueva condición para repensar las instituciones dirigidas al desarrollo rural. El texto se cierra con unas breves conclusiones.

Los cambios: seis tendencias sobresalientes

Las transformaciones experimentadas por el ámbito rural desde la segunda mitad de los 80 implican aspectos demográficos, económicos y sociales. Entre todos los cambios, sin intención de ofrecer un panorama exhaustivo, se pueden destacar seis tendencias que marcan una diferencia cualitativa respecto de la etapa anterior.

Tendencia 1: cambios en el perfil demográfico de las áreas rurales. Como es sabido, una de las características de la ruralidad brasileña en la segunda mitad del siglo XX fue el intenso proceso de éxodo del campo a la ciudad. De acuerdo con las estadísticas oficiales, a finales de los 90 cuatro de cada diez brasileños eran considerados urbanos1. Pese a esta evidencia, una particularidad de la definición brasileña de lo que se considera rural y lo que se define como urbano obstaculiza la posibilidad de entender estas dinámicas demográficas con mayor precisión. Ocurre que la definición de los límites entre las áreas rurales y urbanas es una atribución de los municipios. De esta manera, el Poder Legislativo de cada una de las 5.560 municipalidades puede determinar con relativa autonomía hasta dónde llega el área urbana.

Como resultado de esta libertad, los municipios con baja densidad de población, de pequeño tamaño y con una infraestructura frágil muchas veces presentan estadísticas que sobrestiman sus niveles de urbanización. Por otra parte, esta manera de definir lo rural y lo urbano oscurece situaciones particulares, como la de aquellos agricultores que habitan en pequeños pueblos pero cuya vida está atada a las actividades agrícolas, a pesar de lo cual terminan encuadrados como urbanos.

Con el propósito de superar estos problemas, algunos estudios intentaron redefinir los contornos del ámbito rural brasileño aplicando criterios internacionales2. Así, a partir de una combinación de variables como la densidad poblacional, el tamaño de los municipios y su localización, se llegó a la conclusión de que aproximadamente un tercio de la población brasileña podría ser considerada rural, contra el 18% señalado por las estadísticas oficiales. Más importante aún fue el descubrimiento de que muchas regiones y municipios con características marcadamente rurales habían dejado de perder población, como sucedía en el pasado, y estaban atrayendo nuevos pobladores. Los estudios de caso realizados demostraron que esta atracción no responde a una sola razón, sino a una larga serie de motivos, desde la crisis del empleo y el proceso de desindustrialización en algunas metrópolis hacia donde tradicionalmente se dirigían los migrantes del campo, hasta el proceso de desconcentración de la actividad económica que viene ocurriendo lentamente en el país, pasando por una mayor inyección de recursos en las áreas del interior gracias a la ampliación de las políticas sociales y la mayor disponibilidad de «amenities naturales» en algunas regiones rurales, particularmente aquellas situadas en el entorno de los centros urbanos.Otros programas e investigaciones se concentraron en la composición de las familias de agricultores y en las dinámicas de algunas regiones. Cabe mencionar el interesante estudio de Ricardo Abramovay, que revela una tendencia al envejecimiento y la masculinización de la población rural, fenómeno similar al analizado por Bourdieu en Europa, en particular en Francia3. En cuanto a la juventud, el libro editado por Maria José Carneiro y Elisa Castro demuestra cómo las demandas y preocupaciones de los jóvenes rurales se aproximan a las de los jóvenes urbanos: tanto unos como otros coinciden en reclamar más reconocimiento y una ampliación de las oportunidades en un marco de creciente incertidumbre sobre el futuro4. Una vez más, el análisis se aproxima a las conclusiones de Bourdieu para Europa en relación con la unificación de los mercados de bienes simbólicos antes tradicionalmente rurales o urbanos.

  • 1.

    Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (ibge): Censo demográfico 2000, www.ibge.gov.br.

  • 2.

    José Eli da Veiga: «O Brasil Rural Precisa de uma Estratégia de Desenvolvimento», Serie Textos Para Discusión Nº 1, nead, Brasilia, 2001, pp. 1-82.

  • 3.

    R. Abramovay et al.: Juventude e Agricultura Familiar, Unesco, Brasilia, 1998; P. Bourdieu: El baile de los solteros. La crisis de la sociedad campesina del Bearne [2002], Anagrama, Barcelona, 2004.

  • 4.

    E. Castro y M.J. Carneiro (eds.): Juventude Rural em Perspectiva, Mauad, Río de Janeiro, 2007.