Opinión

Las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur, eclipsadas por Brasil

Luego de años de parálisis en las negociaciones de un Acuerdo de Asociación entre la UE y el Mercosur, la cumbre de Madrid, realizada en mayo, propuso el relanzamiento de las tratativas. A partir de ese encuentro, se han sucedido una serie de eventos que abren un nuevo capítulo en la historia del relacionamiento entre ambos bloques. En primer lugar, la contraparte del Mercosur en la negociación se encuentra sumida en la crisis económico-financiera que estalló en Grecia y que se ha derramado a gran velocidad sobre el resto de los PIGS (Portugal, Irlanda y España). En segundo lugar, hoy nos encontramos ante un Mercosur que, a diferencia de 2000, está liderado indiscutiblemente por Brasil. En tercer lugar, se observa que la relación entre ambos bloques se encuentra eclipsada por el Acuerdo de Asociación Estratégica entre la UE y Brasil.

Las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur, eclipsadas por Brasil

Luego de años de parálisis en las negociaciones de un Acuerdo de Asociación entre la UE y el Mercosur, la cumbre de Madrid, realizada en mayo, propuso el relanzamiento de las tratativas. A partir de ese encuentro, se han sucedido una serie de eventos que abren un nuevo capítulo en la historia del relacionamiento entre ambos bloques. La iniciativa de avanzar en un Acuerdo de Asociación Política y Económica entre la UE y el Mercosur surgió inmediatamente después de la firma del Acuerdo Marco de Cooperación en 1995. Tal acuerdo fue el paso inicial tomado con el objetivo de fortalecer la relación interregional, no solo sobre la base comercial, sino también a través del diálogo político y de cooperación. Al igual que en 2000, cuando se iniciaba en Buenos Aires la primera ronda de negociaciones formales, entre fines de junio y principios de julio de este año tuvo lugar en la capital argentina la XVII reunión del Comité de Negociaciones Birregionales. Así, tras un largo periodo de letargo, se inauguró la segunda etapa de las negociaciones. A pesar de las auspiciosas declaraciones de algunos representantes y negociadores de ambos bloques respecto de la posibilidad de concretar este «acuerdo interregional puro» que involucra a dos regiones formalmente institucionalizadas, los hechos parecen mostrar otro panorama: las relaciones han dejado de ser un tema promisorio en la estructura comercial y política mundial. Si bien en el campo comercial la UE continúa siendo el principal socio del Mercosur, su importancia como destino de las exportaciones ha disminuido frente a las nuevas potencias emergentes como China. De acuerdo con estadísticas del Centro de Economía Internacional, entre el comienzo de las negociaciones Mercosur-UE en 2000 y el año 2009, las exportaciones del Mercosur a China pasaron de 1.979 millones de dólares a 24.448 millones de dólares. Sin embargo, es importante resaltar que, de concretarse el acuerdo, los flujos comerciales y de inversión entre la UE y el Mercosur podrían incrementarse sustancialmente. Mas allá del paso del tiempo, en la relación entre ambos bloques persisten una serie de discrepancias de fondo en la dimensión comercial que se desprenden de medidas restrictivas al comercio en sectores históricamente sensibles, como bienes agrícolas y de capital. A su vez, la imposibilidad de un acuerdo para dar cierre a la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) agrava esta situación. En tal sentido, el relanzamiento de las negociaciones interregionales ha despertado preocupación en el sector agropecuario europeo, en particular en países como Francia, Irlanda, Italia y Polonia. Estos sectores consideran que un acuerdo de tal naturaleza con el Mercosur podría poner en riesgo los actuales beneficios que estos países perciben a través de la Política Agrícola Común (PAC). Por otro lado, las diferencias en torno al acceso a bienes de capital también persisten. De acuerdo con la Dirección General de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea, la áreas problemáticas «no están representadas ya solo por la agricultura sino también por el capítulo de bienes industriales. El Mercosur no está listo para abrirse en los sectores que para la ue son fundamentales, como la industria automotriz. Los temas de propiedad intelectual y servicios también son un problema». Adicionalmente, la coyuntura actual exhibe algunas características que distan bastante de las presentes al inicio de las negociaciones en 2000. En primer lugar, la contraparte del Mercosur en la negociación se encuentra sumida en la crisis económico-financiera que estalló en Grecia y que se ha derramado a gran velocidad sobre el resto de los PIGS (Portugal, Irlanda y España). En segundo lugar, hoy nos encontramos ante un Mercosur que, a diferencia de 2000, está liderado indiscutiblemente por Brasil. En tercer lugar, se observa que la relación entre ambos bloques se encuentra eclipsada por el Acuerdo de Asociación Estratégica entre la UE y Brasil. Vigente desde 2007, esta asociación busca reforzar los lazos bilaterales en materia política, comercial y de cooperación, en áreas como el desarrollo, la educación y la energía, entre otros. La IV Cumbre UE-Brasil, celebrada el pasado 14 de julio en Brasilia, es otro de los acontecimientos relevantes. Durante este encuentro, que reunió a Lula con los presidentes del Consejo Europeo y la Comisión Europea, el mandatario brasileño afirmó que su prioridad es que «el Mercosur y la UE logren alcanzar el acuerdo de asociación» durante el segundo semestre de 2010. Sin embargo, también pudieron escucharse voces disonantes provenientes del sector empresario brasileño durante un encuentro paralelo a la cumbre. En ese foro, el presidente de la Confederación Nacional de Industria (UE) criticó al gobierno por no inclinarse hacia la consecución de un acuerdo bilateral UE-Brasil, argumentando que sería mejor que Brasil negociara solo, pues se superarían de esta manera las divergencias existentes con el resto de los socios del Mercosur. Sin embargo, tal decisión implicaría revocar previamente la normativa vigente en el Mercosur, que impide a cualquier Estado miembro negociar acuerdos comerciales por fuera de la estructura del bloque (Dec. CMC Nº 32/00, art. 2). Más allá de estas discrepancias, el Acuerdo de Asociación UE–Brasil cristaliza una dura realidad. A pesar de que la UE lo presente como complementario en su ya tradicional estrategia de aproximación interregional, lo cierto es que esta asociación refuerza la posición negociadora de Brasil, al tiempo que diluye la importancia del Mercosur como bloque económico. En el marco de esta asociación estratégica, Brasil tiene la posibilidad de abordar algunos asuntos comerciales prioritarios para la relación bilateral, en primer lugar los biocombustibles. Durante 2009, Brasil fue el segundo productor mundial de etanol, el primero a base de caña de azúcar, y uno de los principales exportadores de este biocombustible a la UE. En la actualidad, el país exporta cerca de 800 millones de litros de etanol a la UE; Holanda y el Reino Unido son los principales destinos. Teniendo en cuenta la importancia de Brasil como proveedor de este tipo de combustible renovable, uno de los temas abordados en la IV Cumbre UE-Brasil fue el de los estándares de sustentabilidad que la ue intenta aplicar como criterio en sus importaciones de biocombustibles, lo que podría crear nuevas barreras al comercio. A pesar de que sobre este punto no se ha alcanzado aún un consenso, la cumbre entre la UE y Brasil culminó con la firma de un acuerdo de cooperación entre ambos actores para la producción conjunta de biocombustibles en Mozambique. En resumen, la definición del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur deberá esperar hasta diciembre, cuando se dará una nueva ronda de negociaciones.

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