Tema central

¿Las mujeres y los niños primero? Nuevas estrategias de inversión social en América Latina

En los últimos años, en América Latina se ha impulsado una serie de planes sociales, algunos de ellos enfocados en la niñez y la inclusión social. Sin embargo, aunque varias de estas iniciativas se tradujeron en importantes beneficios asociados a la reducción de la pobreza, resultan claramente insuficientes a la hora de aliviar las cargas domésticas de las madres para mejorar su empleabilidad y, al mismo tiempo, generar espacios institucionalizados de aprendizaje y desarrollo infantil para los más pequeños. Una verdadera política de inclusión social requiere de la adopción de medidas integrales, que contemplen la compensación monetaria como así también la inversión en servicios que permitan el desarrollo de capital humano.

¿Las mujeres y los niños primero? Nuevas estrategias de inversión social en América Latina

Introducción

La necesidad de reconciliar la vida familiar y la vida laboral ha estado en la agenda de Europa occidental y Norteamérica durante varias décadas. Cuestiones tales como la creciente incorporación de las mujeres en el mercado de trabajo y el incremento de las familias monoparentales, y cambios demográficos tales como el declive de la tasa de fertilidad y el envejecimiento poblacional generaron la necesidad de desarrollar políticas y programas tendientes a la desfamiliarización de los servicios de cuidado infantil. Más aún, la participación laboral de las mujeres ha sido fomentada como una forma de disminuir la presión sobre los sistemas de protección social y modernizar los sistemas de pensiones. Esto se ha sustentado también en la eliminación de impuestos que favorecen la forma tradicional de familia basada en el varón proveedor y la mujer encargada de las responsabilidades domésticas.

Obviamente, estas tensiones (responsabilidad familiar/responsabilidad laboral) no están confinadas solo a los países desarrollados. En América Latina, y debido principalmente a las políticas de ajuste estructural implementadas durante la década de 1990, las mujeres se incorporaron de manera abrupta en el mercado laboral; en especial, mujeres de clase baja y media baja vieron la necesidad de salir a trabajar como una forma de compensar o suplir los ingresos familiares1. El paradigma de reconciliación laboral y familiar ha cobrado cierto impulso en América Latina, especialmente a través de las conferencias regionales de mujeres organizadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)2.

En la última década, sin embargo, ha surgido un paradigma alternativo asociado a la necesidad de enfocarse en el combate a la pobreza y en la actualidad promovido por los organismos multilaterales de crédito, como el Banco Mundial (BM). Este ha reconocido la importancia de la inversión en la primera infancia y en la educación temprana, como parte de un paquete de medidas enfocado en niños pequeños y, fundamentalmente, en aquellos que viven en situación de pobreza extrema3. Podemos señalar que existe una convergencia global enfocada en la niñez, como una forma de quebrar el ciclo de la pobreza invirtiendo en capital humano4. Y que este paradigma ha conducido en América Latina a la adopción de políticas enfocadas en la niñez en busca de la inclusión social. ¿Qué tendencias globales han adoptado estos países, ya sea como una forma de combatir la pobreza o de apoyar a las madres trabajadoras? ¿Han respondido al «déficit de cuidado» o «crisis del cuidado» en alguna u otra manera? De ser así, ¿cuáles han sido las respuestas predominantes?

En este artículo presento un análisis breve de la situación en América Latina, con referencia a países de ingresos medios como Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay. El objetivo es explorar cómo respondieron o responden a la creciente preocupación por disminuir la pobreza, enfocándose en el futuro (niñez), a través de políticas y programas que tienen un impacto no solo en el bienestar de las familias, sino también en la in(equidad) de las relaciones de género, ya que es sobre la mujer sobre quien se descarga la mayor responsabilidad por la reproducción y el bienestar de los hogares.

Regímenes de bienestar en América Latina: crisis y nuevos riesgos

En líneas generales, los regímenes de bienestar de América Latina se han asemejado a los del sur de Europa, en particular en su orientación familiarista, dado que las familias retienen importantes responsabilidades por su reproducción y bienestar y absorben gran parte de los riesgos sociales5. Si bien el modelo predominante ha sido el «bismarckiano» (es decir, el aseguramiento contra los riesgos está dado, principalmente, a través de la empleabilidad), estos regímenes se han caracterizado sobre todo por su hibridez, en tanto existieron y existen claros límites a la cobertura social, que derivan en especial del alto grado de informalidad dominante en el mercado laboral, cuya consecuencia es que gran parte de la población queda fuera de la cobertura social. Armando Barrientos denomina a estos regímenes «conservadores informales», dado que la protección social típica de los modelos bismarckianos solo cubre a los trabajadores en el sector formal de la economía6. La fragmentación es evidente en el sistema de pensiones y en las políticas de asignaciones familiares. Incluso los países del Cono Sur, que habían alcanzado un alto grado de formalización del mercado laboral y cobertura hasta la década de 1970, se caracterizan actualmente por una mayor hibridez y fragmentación en sus políticas de asignaciones familiares, por una cobertura social limitada en salud y por la privatización del sistema de pensiones7, dada la alta precarización de las relaciones laborales8. Esto se exacerbó con las medidas de ajuste estructural y la ausencia de políticas que tiendan a la equidad de género, ya que son las mujeres quienes más deben absorber estos riesgos dentro de los hogares.

Una transformación importante –similar a la de las economías posindustriales– es la creciente incorporación de las mujeres en el mercado laboral, aunque las tasas siguen siendo bajas en comparación con las de esas economías. En Argentina, la tasa de participación laboral de las mujeres aumentó de 38% en 1990 a 48% en 2002; en Uruguay, de 44% a 50%; en Chile, de 35% a 42%, y en México, de 33% a 45%9. Sin embargo, la alta informalidad del trabajo femenino y la concentración de mujeres de bajos recursos en el sector doméstico, por ejemplo, han contribuido a erosionar aún más las bases del modelo conservador-familiarista de estos regímenes y, al mismo tiempo, han generado «nuevos riesgos sociales» como la llamada «crisis del cuidado». El quiebre del antiguo modelo de bienestar encuentra a las mujeres, por ende, en una situación muy precaria, ya que son ellas las que se enfrentan a una situación de creciente precarización laboral y menor estabilidad en los arreglos familiares. Sumado a esto, no se han implementado políticas de bienestar que respondan a estos desafíos, en lo que se ha denominado un «horizonte congelado» (frozen landscape) en términos de políticas de bienestar10. El empleo femenino, tanto en Europa y Norteamérica como en América Latina, no es una cuestión transitoria sino una tendencia irreversible, como resultado de la combinación de la modernización de las relaciones de género y de las presiones por el quiebre de un modelo antiguo de protección social, basado en el varón proveedor (excluyente), que ya no es sustentable para gran parte de los hogares. Así, la feminización de la pobreza ha contribuido a la necesidad de enfocarse en políticas públicas destinadas a los sectores más vulnerables; en particular, mujeres, niños y niñas aparecen como los destinatarios más frecuentes de esas nuevas estrategias de combate a la pobreza.

  • 1. Elizabeth Jelin y Ana Rita Díaz-Muñoz: «Major Trends Affecting Families: South America in Perspective», Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, División de Política Social y Desarrollo, Programa para la Familia, 2003; Marcela Cerrutti: «Economic Reform, Structural Adjustment and Female Labor Force Participation in Buenos Aires, Argentina» en World Development vol. 28 No 5, 2000.
  • 2. Cepal: El aporte de las mujeres a la igualdad en América Latina y el Caribe. x Conferencia Regional sobre la Mujer en América Latina y el Caribe, Quito, 6 a 9 de agosto de 2007, lc/l.2738(crm.10/3)/Rev.1, Cepal, mayo de 2008, disponible en www.eclac.org/publicaciones/xml/9/29399/ElaporteMujeresConsenso.pdf.
  • 3. Rianne Mahon: «After Neo-Liberalism? The oecd, the World Bank and the Child» en Global Social Policy vol. 10 No 2, 2010, pp. 172-192.
  • 4. Jane Jenson: «Diffusing Ideas for After Neoliberalism: The Social Investment Perspective in Europe and Latin America» en Global Social Policy vol. 10 No 1, 2010, pp. 59-84.
  • 5. Gøsta Esping-Andersen: Social Foundations of Postindustrial Economies, Oxford University Press, Oxford-Nueva York, 1999; Evelyn Huber: «Options for Social Policy in Latin America: Neoliberal versus Social Democratic Models» en G. Esping-Andersen e Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social: Welfare State in Transition: National Adaptations in Global Economies, Sage, Londres, 1996.
  • 6. A. Barrientos: «Latin America: Towards a Liberal-Informal Welfare Regime» en Ian Gough et al.: Insecurity and Welfare Regimes in Asia, Africa and Latin America, Cambridge University Press, Cambridge-Nueva York, 2004.
  • 7. En la última década, sin embargo, ha habido una tendencia a revertir estas políticas; por ejemplo, se ha puesto en evidencia un aumento en la cobertura del sistema jubilatorio. Las tasas de cobertura para adultos mayores de Argentina, Uruguay y Brasil superan el 80% y son las más altas de la región. Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses): «Asignación Universal por Hijo para protección social» en www.anses.gob.ar/autopista/asignación-universal-hijo/.
  • 8. Rubén M. Lo Vuolo: «The Retrenchment of the Welfare State in Latin America: The Case of Argentina» en Social Policy and Administration vol. 31 No 4, 1997, pp. 390-409. En la década de 2000, varios países revirtieron esta tendencia. Por ejemplo, Argentina, desde 2003 en adelante, expandió la cobertura de pensiones alcanzando más de 80% de cobertura, incluyendo las pensiones no contributivas.
  • 9. Lais Abramo y María Elena Valenzuela: «Women’s Labour Force Participation Rates in Latin America» en International Labour Review No 144, 2005, pp. 4369-4399.
  • 10. Fernando Filgueira, Magdalena Gutiérrez y Jorge Papadópulos: «The Coming Age of a Mature Welfare Regime and the Challenge of Care: Labour Market Transformation, the Second Demographic Transition and the Future of Social Protection in Uruguay», documento provisional, Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, junio de 2009. Estos autores utilizan el término acuñado por Esping-Andersen en su descripción de la naturaleza patrón-dependiente de los Estados bismarckianos europeos.