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Las corrientes intelectuales en China actual

Aunque la libertad académica en China es relativa, eso no impide que desde hace años se venga desarrollando un profuso debate de ideas, a menudo poco conocido en Occidente por fuera de los ámbitos especializados. El espacio universitario sufre, en efecto, menos censura que los medios de comunicación, lo que ha facilitado la aparición de diferentes corrientes, algunas alentadas por quienes estudiaron en universidades extranjeras, especialmente estadounidenses. En este artículo se pone el foco en el liberalismo y la nueva izquierda, además del emergente pensamiento conservador nacionalista más entroncado con la «tradición china».

Las corrientes intelectuales en China actual

Contrariamente a lo que la continua represión podría llevar a creer, existen en China un espacio público1 y un vigoroso debate político. El objetivo de este artículo es presentar las diferentes corrientes intelectuales de ese país y describir la fragmentación y la pluralización (duoyuanhua) del campo intelectual chino. Desde el liberalismo libertario de Liu Junning al confucionismo autoritario y elitista de Jiang Qing, pasando por las diferentes variantes de una socialdemocracia, ya sea liberal, como la que defendía Qin Hui, o intervencionista, como la promovida por Wang Shaoguang, en la comunidad universitaria china se encuentran las corrientes de pensamiento más diversas.

Ren Jiantao, intelectual liberal y profesor de Filosofía Política en la Universidad del Pueblo (Beijing), atribuye esta transformación a la política de reforma y apertura, que ha dividido el campo intelectual «en distintos reinos opuestos, cada uno con su propia esfera de influencia». Esta fragmentación de las corrientes políticas dentro de las elites intelectuales se encuentra, en parte, ligada a la profesionalización y a la profundización de los conocimientos sobre las teorías occidentales y de los estudios sobre el pensamiento tradicional chino, bastante limitados, incluso rudimentarios hasta la década de 1990.

Censura y patriotismo

Antes de entrar en el núcleo del debate, es necesario preguntarse si se puede hablar de libertad de conciencia y de pensamiento en China. La respuesta es afirmativa; aunque la libertad académica sigue siendo relativa y la de publicación limitada, ya que las investigaciones y el compromiso de los académicos chinos aún se encuentran constreñidos por el Partido y por la resiliencia de los fenómenos de censura, los debates académicos se ven menos afectados que la prensa y las grandes publicaciones. Los investigadores comprometidos buscan influir en las decisiones políticas, sin que esto signifique que se subordinen sin más al poder, al que de una forma u otra siempre se hallan asociados. Existe en China un verdadero mercado de ideas: la naturaleza tecnocrática y pragmática del régimen2 y la gran diversidad de puntos de vista en el seno de la elite política hacen posible la manifestación de críticas y de sugerencias, y la experimentación en diferentes niveles de propuestas de reforma, sobre todo institucionales. Además, la variedad de intereses y opiniones políticas dentro de las elites intelectuales garantiza poderosos patrocinadores para cualquier tipo de propuesta que surja de los ámbitos académicos, si es legitimada por su capital cultural y su erudición.

Si bien el compromiso de los académicos chinos en la esfera pública responde, como en el resto del mundo, a las exigencias de rigor, desprendimiento y apertura intelectual propias de su profesión, ellos se distinguen por su patriotismo. De hecho, se dirigen a un público que no es considerado en países como Francia o Estados Unidos: la patria, e incluso buscan en la actualidad el reconocimiento estatal, cosa que tiene un impacto real sobre la naturaleza del debate intelectual. La teoría del bricolaje o del patchwork teórico enunciada por Liu Dong, profesor de Filosofía en la Universidad de Tsinghua, describe una tendencia que podemos encontrar en muchos intelectuales chinos. Según Liu Dong, luego de una fe demasiado grande en una teoría única (lo que identifica como el gran problema del siglo XX), llega el momento del patchwork teórico, de la actitud pragmática que busca seleccionar los elementos útiles entre diversas teorías provenientes de distintas culturas. El rechazo al dogmatismo y a las teorías universales desembocó en una tendencia a la indagación de ideas, de conceptos, de fragmentos de teorías que representan las piezas de un rompecabezas, el del desarrollo y la grandeza de China, un proyecto del que cada chino, incluso aquellos expatriados, se enorgullece y en el que consigue realizarse como individuo3. En efecto, la distancia con estos fragmentos, provenientes del extranjero o de lo profundo de la historia china, le otorga un carácter inofensivo al discurso que los plantea. Pero no es la única razón de su utilidad. Funcionan también como argumentos de autoridad, pues certifican el capital cultural del intelectual y la legitimidad de su intervención en el debate público y político. En fin, esta legitimidad para manifestarse sobre grandes cuestiones, sobre problemas nacionales, es mayor en la medida en que el intelectual da muestras de su independencia de espíritu y de un gran sentido de la realidad china. Debe ser capaz de distinguir con realismo y pragmatismo, de seleccionar pacientemente los ingredientes necesarios para resolver problemas y construir un buen régimen, ya que el motor de la producción, la intervención y el compromiso de los intelectuales es el patriotismo, el deseo de defender el interés nacional, la inquietud y la conciencia de los problemas por resolver4. A pesar de las oposiciones y las críticas maliciosas entre las distintas facciones de la intelectualidad china, el debate se considera constructivo en nombre de este interés general y cada campo hace su contribución.

La fragmentación de las elites intelectuales

Características comunes y una herencia compartida son reivindicadas por los intelectuales de la generación de la Revolución Cultural y la generación siguiente, reunidos en las universidades durante los años 80. Sin embargo, las carreras, los principios y los compromisos que han construido sobre esta herencia común son múltiples. Hasta los primeros años de la política de reforma y de apertura, se sostiene un consenso relativo respecto de la necesidad de dar vuelta la página de la Revolución Cultural y de la revolución en general, para abrirse progresivamente al mundo y a la modernidad. Sin duda, el ideal de un régimen en el que los dirigentes no pueden tomar decisiones impunemente, sin tener que rendir cuentas a nadie, es decir, un régimen donde las decisiones son tomadas de forma colegiada, racional y científica y se respetan las libertades individuales es ampliamente compartido, pero ello no ha impedido que la elite intelectual china comenzara a fragmentarse. De hecho, aparecen los primeros efectos secundarios de las reformas. Las elites coinciden en reconocer y condenar la existencia de una creciente desigualdad, los fenómenos de corrupción, el aumento del desempleo y el problema de la inflación. Si las elites se dividen, ello se debe a los análisis divergentes sobre las causas y las distintas soluciones a estas nuevas problemáticas, y a la incertidumbre provocada por la conciencia «neoconservadora» de que el antitradicionalismo y la adhesión plena a las teorías occidentales no resuelven dichos problemas. Los recuerdos de Kang Xiaoguang dan una idea no solo de este contexto de cambio de mentalidad, sino también de la reconstrucción que se hace de ello:

  • 1. Emilie Frenkiel: doctora en Estudios Políticos de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (ehess). Es docente en Ciencias Políticas de la Universidad París viii. Palabras claves: corrientes intelectuales, modernización, nueva izquierda, liberalismo, tradición china, Occidente.Nota: este artículo es una versión ampliada de «Les différents courants intellectuels en Chine», publicado originalmente en Le Banquet. La Revue du cerap No 31, 2/2013. Traducción del francés de Lucas Bidon-Chanal y Leticia Devincenzi.. Entiendo el espacio público en un sentido habermasiano, como esfera intermediaria entre el Estado y la vida privada en la que un «público ilustrado» –aquí, los intelectuales e investigadores– se expresa, debate y confronta sus ideas y opiniones y reflexiona colectivamente en el devenir social. Jürgen Habermas: L’espace public. Archéologie de la publicité comme dimension constitutive de la société bourgeoise, Payot, París, 1988.
  • 2. En efecto, la legitimidad del Partido se limita, principalmente, a su eficacia en términos económicos y sociales (desarrollo, crecimiento, mejoras de las condiciones de vida y estabilidad), por lo que la consulta a expertos se convirtió en uno de los recursos esenciales para legitimar el régimen actual.
  • 3. Entrevista con la autora en Beijing, junio de 2010.
  • 4. A tal punto que el título de dos obras se refiere a esta misma inquietud: Gloria Davies: Voicing Concerns: Contemporary Chinese Critical Inquiry, Rowman & Littlefield, Lanham, 2001 y Worrying about China: The Language of Chinese Critical Inquiry, Harvard University Press, Cambridge, 2007.