Entrevista

¡La tecnología no puede salvarnos!

A fin de año, la dirigencia política de todo el mundo se reunirá en Polonia en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP24). Solo dos años después del Acuerdo de París y a un año de que se retirara Donald Trump, la atención estará puesta en ver hasta qué punto Europa está en condiciones de liderar la lucha contra el calentamiento global y de fijar metas ambiciosas para bajar el nivel de emisiones. Actualmente, ningún país europeo está reduciendo sus emisiones de dióxido de carbono en la medida en la que se previó en el acuerdo. Nnimmo Bassey, ganador del Premio Nobel Alternativo, expresa sus ideas sobre estos asuntos.

¡La tecnología no puede salvarnos!

¿Cree que Europa puede liderar la protección del clima a escala mundial?

La respuesta podría ser afirmativa si Europa se decidiera a asumir el liderazgo. Por el momento, los que cumplen ese papel son los países y las comunidades pobres que están bajo amenaza y que hacen todo lo que está a su alcance para resistir las consecuencias del calentamiento global. Pero por razones históricas y por las circunstancias actuales hay margen para que Europa fije metas más altas y reduzca las emisiones directamente en origen, en lugar de utilizar los mecanismos errados de compensaciones económicas que se están implementando ahora.

¿Qué se podría hacer para apoyar a estas comunidades amenazadas, en especial a las del llamado Sur global?

En primer lugar, habría que detener la emisión en los países industrializados. Eso es lo más importante porque tendría un impacto decisivo sobre el clima global. Y, por consiguiente, los desafíos para las naciones y territorios amenazados ya no serían tan grandes.

En segundo lugar, Europa tendría que proporcionar una mayor financiación para la protección del clima. Los recursos están. Lo único que se necesita es la decisión política de utilizarlos para aumentar la capacidad de resistencia de esos territorios. Cuanto más resistentes sean las comunidades o naciones, mejor será la situación económica y política.

Y cuanta más paz y más economía solidaria haya en el mundo, más se reducirán los problemas que enfrentan diversos países, entre ellos también algunos de Europa.

En un artículo de 2016 para la revista Internationale Politik und Gesellschaft (IPG) usted argumentaba lo siguiente: «África está estancada en una suerte de rutina sin salida llamada ‘conferencias climáticas’, y estas conferencias son impulsadas por un complejo petrolero-militar». Teniendo en cuenta la próxima COP24, ¿considera que su apreciación sigue siendo válida en 2018?

En mi opinión, los hábitos de las conferencias no han cambiado, de manera que África sigue metida en este mismo engranaje. Pero no tiene por qué seguir siendo así. El Acuerdo de París impulsó a los países a tomar medidas, pero no los obligó a tomarlas. Y por eso nadie implementa acciones adecuadas. En cambio, se hacen promesas que ni siquiera tendrían un efecto positivo si se cumplieran.

Si la temperatura promedio global aumentara 2 oC, para África eso significaría unos 3 oC en promedio. Por lo tanto, cuando hablamos de 2 oC como si fueran el límite de lo tolerable, en el fondo estamos hablando de un aumento de la temperatura que para algunas regiones del mundo es catastrófico. Pero la COP sigue cerrando los ojos ante estas realidades.

¿Qué papel podría tener en su opinión el grupo africano en la COP24? ¿Cree que podría ejercer una presión real para conseguir compromisos vinculantes?

Cuando se introdujo el sistema de reducción voluntaria de emisiones, en la COP15 de 2009, perdimos la batalla. Tenemos que volver al sistema obligatorio, que fija cuotas de emisión según criterios científicos. Los países africanos tienen motivos muy fundados para exigirlo: ellos no pueden por sí mismos alcanzar la reducción necesaria de emisiones porque su participación en la emisión global es insignificante.

Los grandes emisores podrían poner en marcha las reducciones exigidas por la ciencia. Pero los países ricos tienen la convicción errónea de que van a salirse siempre con la suya. Es ilógico, porque no hay ninguna nación que esté realmente preparada o en condiciones de resistir un calentamiento global catastrófico sin sufrir daños.

Hasta ahora usted siempre ha considerado la cuestión del calentamiento global en el marco de la brecha Norte-Sur. ¿Pero no hay también razones para pensar que la desigualdad dentro de los países impide que haya avances?

¡Por supuesto! Creo que en este momento se está dando una gran solidaridad entre gente de todo el mundo, del norte o del sur, del este o del oeste.

La falta de pasión para combatir el calentamiento global obedece a los intereses de la industria, y los políticos no son más que los lustrabotas de la industria. Los políticos que trabajan para la industria permiten que las emisiones continúen y en su búsqueda del beneficio no se preocupan por el sufrimiento de la gente. Solo tienen metas a corto plazo, en sintonía con sus mandatos de cuatro o cinco años. Y la industria se ocupa exclusivamente de lo que les va a decir a sus accionistas.

Pero la ciudadanía quiere medidas de protección del clima. En todo el mundo se forman iniciativas ciudadanas que intentan vivir de una manera que dañe lo menos posible al medio ambiente, pero el sistema socava todos estos esfuerzos. Así se llega a una situación en la que la ciudadanía debe confrontarse con los sistemas políticos represivos de distintos países. Tienen que crear los vínculos necesarios para superar este sistema, y generar una pasión verdadera, una pasión al servicio del planeta y de la gente.

En relación con la falta de decisión política, usted suele criticar también el llamado optimismo tecnológico. ¿A qué se refiere con eso?

La COP siempre llega a la conclusión equivocada de que la tecnología puede resolver este problema. Pero la tecnología es la causa del problema, y es la que permite que unas pocas personas (no más de 1%) tengan el control sobre el resto de la humanidad. Con experimentos como la geoingeniería, la edición del genoma y la captura de carbono ahora también están intentando controlar el planeta. Esto significa que experimentan sin control alguno, porque la mayoría de estas tecnologías no está sometida a ningún tipo de regulación. La industria y la política no parecen preocuparse por las consecuencias a largo plazo, que posiblemente sean irreversibles. Por el contrario, avanzan lo más rápido que pueden con estas falsas soluciones antes de que a alguien se le ocurra regularlas.

La búsqueda de soluciones técnicas para impedir el calentamiento global es muy problemática porque es una traba en en el modo de pensar de los negociadores y de los políticos, lo que redunda en una ventaja exclusiva para los especuladores y la industria.

Hay que cuestionar la forma de pensar que consolida este discurso y hay que contrarrestar decididamente ese modo de pensar, porque no solo lleva a la inacción con respecto a otras medidas, también lleva a que estas supuestas soluciones ocasionen aún más problemas.


Nnimmo Bassey es un activista medioambiental y poeta nigeriano. Dirige el think tank ecológico Health of Mother Earth Foundation (HOMEF) y la red ambientalista Oil Watch International. Fundó la ONG Environmental Rights Action y entre 2008 y 2012 presidió la organización de protección del medio ambiente Friends of the Earth. Por su compromiso fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo.

Traducción: Vera von Kreutzbruck

Fuente: https://www.ipg-journal.de/interviews/artikel/technologie-kann-uns-nicht-retten-2893/

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