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La política y su trasfondo. El poder real en Paraguay

Paraguay es un país particular en el contexto latinoamericano. Mucho más agrario que sus vecinos, con bolsones de feudalismo que aún persisten, acumula altísimos índices de inequidad, en particular en la distribución de la tierra. El artículo analiza la historia reciente y las características de la estructura económica y social de Paraguay, la fuerte presencia de la oligarquía y la concentración en unas pocas actividades (sobre todo, la producción de soja). Y, como contracara, una política excluyente, incapaz de responder a las demandas sociales y, pese al ascenso de Fernando Lugo, siempre proclive a reprimir y criminalizar la protesta.

La política y su trasfondo. El poder real en Paraguay

«La Expo muestra el Paraguay que trabaja.» Así titula el conservador diario ABC Color en un suplemento acerca de los éxitos obtenidos por los integrantes de la poderosa Asociación Rural del Paraguay (ARP) en sus exposiciones anuales de ganadería, «industria» y comercio. El título advierte, en un versátil equilibrio semántico, que quienes no exhiben en la «Expo» –esto es, los que no pertenecen ni a la ARP (ganaderos), ni a la Unión de Gremios de la Producción (UGP, sojeros) o a la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio (Feprinco, grandes comerciantes y financistas)– no trabajan; en otras palabras, los asalariados y campesinos. Cada tanto los sucesivos presidentes de la ARP nos recuerdan también que la ganadería es una «cuestión nacional» y los de la UGP, que la soja es «la principal fuente de riqueza del país». Para que la ciudadanía no olvide quiénes son los dueños del país y que sus intereses deben ser salvaguardados como «cuestiones nacionales», o sea, de Estado.

A modo de revisión. Una breve digresión histórica permitirá entender los orígenes del poder real en Paraguay hoy. A diferencia de la mayoría de los países de la región –algunos antes y otros después–, que de alguna manera atravesaron desde comienzos del siglo pasado por un proceso de industrialización y, posteriormente, de industrialización sustitutiva de importaciones, Paraguay pasó de un modelo dependiente de las exportaciones primarias a otro distinto, pero también de casi exclusiva actividad primaria. No vivió la experiencia de la urbanización por atracción migratoria, no consolidó una clase obrera de alguna importancia cuantitativa, no se conformó tampoco una burguesía industrial. En consecuencia, aquellas formas de producción y acumulación mitad feudales mitad capitalistas se mantuvieron vigentes hasta hace muy poco (muchos opinan que hasta ahora).

En efecto, al finalizar la guerra contra la Triple Alianza1, lo que quedó del país estaba devastado, la población prácticamente exterminada y las tierras vendidas a extranjeros, principalmente a personas o empresas argentinas, brasileñas, inglesas o mixtas. Las actividades económicas giraban alrededor de tres pivotes: la explotación de la madera, la ganadería de exportación y los yerbales. Es fácil imaginar que la base fundiaria de tal modelo era la gran propiedad. Esto implica que desde hace 140 años se mantiene esa increíble concentración de la propiedad rural que todavía hoy la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) registra como la más alta del mundo2.

Los cambios que no se dieron. Esta estructura productiva sufrió cambios recién hacia fines de los años 50 del siglo XX. Alfredo Stroessner, que representaba a una facción antagónica a la vieja oligarquía liberal3 y a sectores oligárquicos dentro del propio Partido Colorado, asumió en 1954, y al poco tiempo comenzó a romper esa antigua estructura de poder, confiscó algunos latifundios, expropió otros, los parceló y los puso en venta a pequeños propietarios4.

La Escuela de Guerra del Brasil, donde Stroessner había estudiado, le impuso la Doctrina de la Seguridad Nacional, impulsada entre otros por Goldbery de Couto e Silva. Uno de los postulados de dicha doctrina sostenía que cualquier territorio vacío era territorio del enemigo, por lo cual, ante la presencia de focos guerrilleros, se inició un intenso esfuerzo para poblar la frontera con el Brasil, «la marcha hacia el Este», coincidente con la «marcha hacia el Oeste» en la política de poblamiento brasileña.

Esto dará inicio a un plan de colonización alimentado por campesinos minifundiarios colorados, que cumplirá el doble propósito de poblar territorios hasta entonces ocupados por extensos latifundios madereros y yerbateros y, al mismo tiempo, descomprimir la presión social de una amplia capa de productores arrinconados en pequeñas parcelas en los departamentos próximos a Asunción5. El resultado fue una erosión de la base fundiaria del latifundio: en poco más de una década, la actividad económica principal pasó de la exportación de madera y yerba a la agricultura, algodón primero y soja después. Lo mismo que ocurriera a fines de los 50 hacia el Este ocurrirá con dos o tres años de diferencia, con un programa de colonización, en el norte de la Región Oriental.

Pero estos planes de poblamiento campesino no implicaron la desconcentración de la propiedad de la tierra, ya que la mayor parte de la tierra «repartida» había sido fraccionada en pequeños lotes (de 20 hectáreas) para los campesinos, mientras que otra parte fue dividida en fracciones que podían llegar a las 2.000 hectáreas como «lotes ganaderos». Estos últimos fueron otorgados a líderes políticos y militares próximos a Stroessner, quienes posteriormente los fraccionaron y aprovecharon así una sobreganancia especulativa al vendérselos a empresas inmobiliarias o a compradores extranjeros, principalmente brasileños, que empezaron a ingresar masivamente al país a partir de la segunda mitad de los 60. Los latifundios ganaderos ya existentes en otras regiones no fueron afectados.Para qué sirven los pobres. A medio siglo de aquellos acontecimientos, queda claro que lo que se buscaba con esos programas, llamados de «reforma agraria», era habilitar tierras de bosques prácticamente vírgenes para la instalación, a partir de mediados de la década del 70, de una agricultura farmer y empresarial a gran escala. Esta agricultura iría siendo paulatinamente estructurada alrededor de empresas agroexportadoras multinacionales y de cooperativas de grandes productores capitalizados, que a la postre resultaban altamente funcionales al modelo en ciernes. Los departamentos de Alto Paraná, el norte de Itapúa y el oriente de Canindeyú estaban ya integrados, a comienzos de los años 90, a este modelo de agricultura, controlado casi completamente por extranjeros.

Este modelo, si bien produjo una rápida incorporación de un importante segmento del campesinado al mercado (principalmente a través del algodón6), mantuvo, a través fundamentalmente de la soja, las características de un enclave7, con escasísima diseminación de los avances tecnológicos incorporados. Paralelamente, la aristocracia ganadera se recuperó rápidamente de los avatares políticos de los 50 y 60 y comenzó a ganar aún más territorio en los 80, ahora con métodos más o menos intensivos (ganadería de engorde para la exportación8, alta genética, pasturas implantadas y otros).

  • 1. Guerra impulsada por Inglaterra y en la que participaron directamente Argentina, Brasil y Uruguay entre 1865 y 1870.
  • 2. Con un índice de Gini de 0,91 (dato de comienzos de la década de 2000). Banco Mundial (bm): Paraguay. Impuesto inmobiliario: herramienta clave para la descentralización fiscal y el mejor uso de la tierra, vol. I: Informe Principal, abril de 2007.
  • 3. Se hace referencia al Partido Liberal, creado luego de la guerra y proporteñista, así como el Partido Colorado era probrasileño.
  • 4. En su mayoría se trataba de campesinos que habían dado el triunfo al Partido Colorado en la guerra civil de 1947 (apenas siete años antes) y que ahora exigían un programa de colonización agraria que descongestionara los minifundios en los que habían sido arrinconados por la vieja oligarquía. Este periodo coincide con las guerrillas que provenían de Argentina, apoyadas por el gobierno militar que en ese país derrocó a Juan Perón en 1955. Perón había sido buen amigo de Stroessner.
  • 5. El tipo de colonización, una calle cada 2.000 metros a ambos lados de la ruta principal, permitió también un estricto control político del movimiento de personas en las colonias, ubicando en los lotes de entrada de las calles a incondicionales del régimen.
  • 6. El algodón tuvo su periodo de auge entre 1973 y 1982, en parte debido al crack petrolero de 1973 y al desarrollo de una genética adaptada a las características agrológicas regionales.
  • 7. Ramón Fogel y Marcial Riquelme: Enclave sojero, Centro de Estudios Rurales Interdisciplinarios, Asunción, 2007.
  • 8. Aunque buena parte de esa carne estaba destinada a los mercados brasileños próximos por vía del contrabando, el sector político a cargo de esta actividad se consolidó durante el periodo stronista y se diversificó en diversos rubros pseudoempresariales. Hasta hace pocos años la densidad de carga de la ganadería paraguaya era de un animal por hectárea, o 1,7 animales por habitante. Miguel García y Alejandra Prado: La soberanía alimentaria en Paraguay, Acción contra el Hambre, Asunción, 2006.