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La política de inserción internacional de Colombia

Aunque ha producido importantes reformas, Colombia enfrenta grandes retos en su política de inserción económica en el sistema internacional: entre otras cosas, debe buscar una mayor diversificación regional y sectorial, de modo de evitar la concentración en unos pocos países y productos, especialmente primarios. Además, debe alentar la inversión en bienes con alto valor agregado, para que el dinamismo exportador beneficie a toda la sociedad y no solo a algunos sectores privilegiados. Para ello es necesario avanzar en un consenso nacional en torno de la política de inserción internacional del país.

La política de inserción internacional de Colombia

Desde principios de 2010, nuevas siglas aparecieron en el escenario económico internacional para referirse a Estados cuyas economías serán, según algunos analistas, las de mayor crecimiento en los próximos diez años. Se hace referencia a los CIVETS, siglas conformadas por Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica. No obstante, Colombia sigue teniendo problemas crónicos de pobreza, desigualdad, hambre y falta de bienestar. Desde hace algunos años, el país ha seguido una política cercana a los principios del libre comercio y ha basado su estrategia de inserción económica internacional en el cumplimiento de las instituciones y de las normas internacionales de apertura económica. Esta política, sin embargo, ha tenido matices.

Aunque se mantuvo una política de industrialización por sustitución de importaciones, el país no aplicó esta estrategia de desarrollo de manera tan profunda como otros países de América Latina1. Desde el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990) se inició un proceso gradual de apertura comercial. En el siguiente gobierno, el de César Gaviria (1990-1994), se profundizó y aceleró el proceso de apertura. No obstante, como sostienen algunos analistas, esta liberalización no fue tan profunda ni tan radical. Además, en el gobierno de Ernesto Samper (1994-1998) muchas de esas reformas fueron desaceleradas o eliminadas. Durante la presidencia de Andrés Pastrana (1998-2002) se retomó el ímpetu aperturista, al contrario de lo que sucedió en diferentes países de la región. Por último, durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) se profundizó la liberalización y se adoptaron amplias políticas de apertura e inserción internacional2.

Esta estrategia de liberalización se ha hecho a través de tres herramientas. En primer lugar, Colombia ha participado de manera activa en el sistema económico (comercial y financiero) internacional. El país está comprometido con el avance en las negociaciones de las rondas en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por su parte, ha sido un miembro activo en instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Debe señalarse que la relación de Colombia con estas instituciones ha sido de carácter pasivo, pues ha sido receptora de empréstitos o de recursos de cooperación (en menor medida). En segundo lugar, Colombia ha estimulado el avance de los procesos de integración regional. Es el caso del relanzamiento del Pacto Andino en 1997, con el cambio de nombre a Comunidad Andina de Naciones (CAN). También con la creación, en 1994, de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), además de la Caricom y la reciente entrada en vigor del Acuerdo de Complementación Económica CAN-Mercosur. Como se puede ver, ha existido una vocación de integración regional que incluye los espacios centroamericano, del Caribe, de la región andina y del Cono Sur. Además, existen acuerdos de integración sectorial, como es el caso del Plan Mesoamérica (antes Plan Puebla-Panamá, PPP) y el ingreso de Colombia a la Iniciativa para la Infraestructura Regional Sudamericana (Iirsa). También hay que señalar, aunque en menor medida, el interés por la participación del país en procesos de integración allende el espacio latinoamericano. Este es el caso de la búsqueda del ingreso al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y el ingreso, desde 1994, al Consejo Económico del Pacífico (PBEC) y al Consejo Económico de Cooperación del Pacífico (PECC, por sus siglas en inglés).

Por último, el país se ha insertado en el plano comercial internacional a través de la negociación, firma, ratificación y puesta en marcha de tratados de libre comercio con diferentes países o grupos de países. Esta ha sido la herramienta más reciente e incluye, cada uno en una etapa diferente, los tratados con Chile, Canadá, Estados Unidos, Unión Europea, Triángulo Norte (El Salvador, Guatemala y Honduras) o con los países que conforman la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés): Suiza, Islandia, Noruega y Liechstenstein. También se han adelantado acuerdos con países como Panamá y Corea del Sur, y hasta se ha pensado en incluir a Japón o China. De igual manera, Colombia ha adelantado la negociación de acuerdos más limitados, como los de Alcance Parcial (AAP) o los de Complementación Económica (ACE).

Frente a estas estrategias y a la falta de resultados tangibles en términos de desarrollo económico, las críticas no se han hecho esperar. Dentro del país existen grupos de la sociedad civil o políticos que consideran que alguna o todas estas estrategias son equivocadas. Entre los aspectos que se critican están, primero, la generación y perpetuación de la desigualdad que el libre comercio acarrea. Segundo, un supuesto incremento de la pobreza como resultado de la apertura del país a los mercados internacionales. Tercero, otros consideran que la liberalización ha traído consigo una desindustrialización de la estructura productiva colombiana. Unido al anterior, un cuarto objeto de críticas son las limitadas capacidades que tiene el país para competir en el ámbito internacional. Por último, se considera que Colombia, debido a su situación económica y política, en realidad ha sostenido estas estrategias como resultado de una subordinación frente a EEUU. Como el objeto de este documento no es discutir estas afirmaciones en profundidad, no se analizarán sus implicaciones ni sus causas. No obstante, vale la pena resaltar algunos de los elementos que las hacen incompletas o erradas. Primero, la desigualdad en Colombia no ha sido impulsada por fenómenos relacionados con el mercado, sino por la falta de este: ¿no es la concentración de la tierra un problema relacionado con el conflicto armado y, en el pasado, con las decisiones del Estado? ¿No son los grandes conglomerados los beneficiados de los auxilios, ayudas, subsidios y demás instrumentos de intervención estatal? Segundo, la pobreza en el país tiene como origen, entre otros, la falta de empleo. Esto, a su vez, se debe en parte a la carencia de puestos de trabajo formales. A su vez, esto es consecuencia de las trabas administrativas, económicas y burocráticas impuestas desde el Estado. Tercero, las industrias que han desaparecido como resultado de la competencia lo han hecho porque no eran eficientes ni viables desde un punto de vista económico. ¿Por qué mantenerlas si no generaron niveles de desarrollo? Para aquellos que contemplan con añoranza el proteccionismo estatal, ¿por cuánto tiempo debe existir ese proteccionismo para permitir el crecimiento, fortalecimiento y capacitación de las industrias para que compitan en el ámbito internacional? Además, ¿cuándo se sabe que un país puede competir en el ámbito internacional? ¿Quién lo decide? ¿Cuál es el resultado de la competencia? Por último, se debe recordar que han sido los tomadores de decisiones colombianos los que han optado por estas estrategias. Es claro que lo han hecho en contextos específicos, pero el argumento de considerar que el país es un agente pasivo sin capacidad de decisión resulta facilista y superficial, por decir lo menos. Debido a lo anterior, las críticas que se le pueden hacer al modelo adoptado por Colombia tienen menos que ver con los efectos del libre comercio sobre las economías. En América Latina se debería superar el debate proteccionismo/apertura, sobre todo si se tienen en cuenta los casos en que el aperturismo ha generado riqueza y una senda hacia el desarrollo3. Por el contrario, no existe ningún caso de país cerrado que haya logrado alcanzar tal nivel.

  • 1. Sobre estas políticas y su evolución, v. por ejemplo José Antonio Ocampo (comp.): Historia económica de Colombia, Planeta, Bogotá, 2007; Salomón Kalmanovitz: Economía y nación. Una breve historia de Colombia, Norma, Bogotá, 2006.
  • 2. Esto lo demuestran los principales indicadores de apertura económica, como los Índices de Libertad Económica Global que publica cada año la Fundación Heritage de Estados Unidos. V. www.heritage.org.
  • 3. Para una discusión interesante frente a este tema, v. Sebastián Edwards: Populismo o mercados. El dilema de América Latina, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 2009.