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La nueva morfología del trabajo en Brasil. Reestructuración y precariedad

Las nuevas realidades del trabajo en Brasil están marcadas por potentes procesos de reestructuración productiva y organizacional. Inicialmente, este artículo presenta una fenomenología de la «flexibilidad laboral» brasileña, para luego describir las principales tendencias de la reestructuración productiva y sus consecuencias en el mundo del trabajo en los sectores automotor, de telecomunicaciones y telemarketing, bancario, textil y de confección, calzados y artistas. La subcontratación, los sistemas «flexibles» y otras innovaciones productivas dibujan una nueva morfología del trabajo, caracterizada por su precariedad estructural.

La nueva morfología del trabajo en Brasil. Reestructuración y precariedad

Las transformaciones ocurridas en el capitalismo brasileño, específicamente en la década de 1990, fueron de gran intensidad e impulsadas por la nueva división internacional del trabajo y por los lineamientos del Consenso de Washington, que desencadenaron una enorme ola de desregulaciones en las más diversas esferas del mundo del trabajo. Al mismo tiempo, tuvo lugar un conjunto de transformaciones en el plano de la organización sociotécnica de la producción, que se sumó a un proceso de reterritorialización y de desterritorialización, entre otras consecuencias de la reestructuración productiva y del nuevo diseño de la división internacional del trabajo y del capital. Este artículo abordará esas transformaciones y se detendrá en algunos aspectos específicos y singulares de la reestructuración productiva del capital en Brasil.

El capitalismo brasileño, de desarrollo hipertardío en lo que respecta a su modo de ser, vivió a lo largo del siglo XX un verdadero proceso de acumulación industrial, especialmente a partir de las políticas impulsadas por Getúlio Vargas (presidente entre 1930 y 1954). De ese modo, pudo poner en práctica su primer salto verdaderamente industrializador, ya que los intentos desarrollados con anterioridad eran cautivos de un proceso de acumulación operado dentro de los marcos de la exportación del café y en el cual la industria tenía un papel de apéndice.

De corte fuertemente estatal y carácter nacionalista, la industrialización brasileña solo tomó impulso entonces a partir de 1930, y luego con Juscelino Kubitschek (presidente entre 1956 y 1961), cuando el patrón de acumulación industrial dio su segundo salto. El tercer salto se experimentó a partir del golpe de 1964, cuando la industrialización y la internacionalización de la economía sufrieron una fuerte aceleración1.

En aquel momento, el país se estructuraba tomando como base un diseño productivo bifronte: por un lado, orientado a la fabricación de bienes de consumo durables, como automóviles, electrodomésticos, etc., con miras a un mercado interno restringido y selectivo; por el otro, prisionero de una dependencia estructural ontogenética, Brasil también continuaba desarrollando una producción dirigida a la exportación tanto de productos primarios como industrializados.

En lo que concierne a la dinámica interna del patrón de acumulación industrial, esta se sustentaba en la superexplotación de la fuerza de trabajo, originada en la articulación de bajos salarios y jornadas de trabajo prolongadas y con ritmos muy intensos, en el marco de un nivel industrial significativo para un país que, a pesar de su inserción subordinada, llegó a situarse entre las ocho grandes potencias industriales del mundo.

Ese patrón de acumulación, desde Kubitschek y especialmente durante la dictadura militar, permitió amplios movimientos de expansión con altas tasas de acumulación, en particular en la fase del «milagro económico» (1968-1973). En esos años, Brasil vivió bajo los binomios dictadura/acumulación, ajuste/expansión.

Hacia el «capitalismo flexible»

Con el fin de la dictadura militar y bajo la denominada «Nueva República» de José Sarney (1985-1990), el patrón de acumulación –apoyado en el trípode de los sectores productivos estatal, de capital nacional y de capital internacional– comenzó a sufrir las primeras modificaciones. Aunque sus rasgos genéricos se mantenían aún vigentes, se iniciaron mutaciones organizativas y tecnológicas en el proceso productivo y de servicios, si bien a un ritmo mucho más lento que las experimentadas por los países centrales, que vivían intensamente la reestructuración productiva del capital y su corolario ideopolítico neoliberal. Con todo, la singularidad brasileña comenzaba a sentir los efectos de los rasgos universales emergentes del sistema global del capital, que rediseñaba una particularidad que poco a poco fue diferenciándose de la característica de la fase anterior, al principio solo en algunos aspectos y luego en muchos de sus trazos esenciales.

Fue durante la década de 1980 cuando se generaron los primeros impulsos para la reestructuración productiva que derivó en la adopción por parte de las empresas, al comienzo de manera limitada, de nuevos patrones tecnológicos y de ordenamiento como formas renovadas de organización social del trabajo. Se inició así la informatización productiva y la utilización del sistema just-in-time2; germinó la producción basada en el team work, asentada en programas de calidad total, y se amplió también la difusión de la microelectrónica.

También comenzó la implantación de los métodos denominados «participativos», mecanismos que buscan «involucrar» a (o mejor dicho, conseguir la adhesión y la sujeción de) los trabajadores en los planes de las empresas. De modo aún incipiente, se estructuraba el proceso de reingeniería industrial y organizativa cuyos principales determinantes fueron consecuencia de los siguientes factores:

a) las imposiciones de las empresas transnacionales, que llevaron a que sus subsidiarias en Brasil adoptaran nuevos patrones tecnológicos y de organización inspirados, en mayor o menor medida, en el toyotismo y en las formas flexibles de acumulación;

b) la necesidad de las empresas brasileñas, en el ámbito del capital y de sus nuevos mecanismos de competencia, de prepararse para la nueva fase, marcada por una fuerte «competitividad internacional»3;

c) la necesidad de las firmas nacionales de responder al avance del nuevo sindicalismo y de las formas de confrontación y rebeldía de los trabajadores, que buscaban estructurarse con más fuerza en los lugares de trabajo desde las históricas huelgas de la región industrial del ABC4 y de la ciudad de San Pablo, luego de 1978.

Pero fue a partir de 1990 cuando la reestructuración productiva del capital brasileño se intensificó, en un proceso que viene afianzándose bajo formas diferenciadas, y que configura una realidad que abarca tanto elementos de continuidad como de discontinuidad en relación con las fases anteriores.

Nuestra investigación ha demostrado que hoy existe una nítida mezcla de elementos del fordismo, que todavía tienen una marcada vigencia, y elementos propios de las nuevas formas de acumulación flexible o de influjos toyotistas, que también son por demás evidentes.

  • 1. R. Antunes: Classe operária, sindicatos e partidos no Brasil, Cortez, San Pablo, 1982 y A rebeldia do trabalho. O confronto operário no abc paulista: as greves de 1978/80, 2a ed., Unicamp, Campinas, 1992.
  • 2. El método «justo a tiempo» o «método Toyota» se basa en la utilización de trabajadores polivalentes y maquinarias multiuso; busca reducir, entre otros, los costos de almacenaje, al producir lo que se necesita, en las cantidades que se necesitan, en el momento en que se necesitan.
  • 3. Giovanni Alves: O novo (e precário) mundo do trabalho. Reestruturação produtiva e crise do sindicalismo, Boitempo, San Pablo, 2000.
  • 4. Región tradicionalmente industrial, cuyo nombre deriva de las tres principales ciudades industrializadas: Santo André, São Bernardo do Campo y São Caetano do Sul.