Entrevista

La izquierda francesa en tiempos de Macron

El periodista y analista Enric Bonet analiza la crisis de la izquierda en Francia en esta entrevista con Nueva Sociedad. ¿Macron se queda con todo?

La izquierda francesa en tiempos de Macron

El reciente triunfo de Macron en las elecciones legislativas y los malos resultados tanto del Partido Socialista como de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon parecen dejar un panorama difícil para la izquierda. Sin embargo, también parece esperable que el presidente Emmanuel Macron desarrolle una batería de políticas de austeridad y que promueva una nueva reforma laboral en ese sentido. Esto podría acarrearle una pérdida de apoyos. ¿Cómo ve a la izquierda parada en este panorama?

Creo que el análisis es bien interesante. En los resultados de las legislativas lo que se ve a primera vista es que la izquierda queda en una situación muy débil. Tiene solo a unos 39 diputaos socialistas (el resultado más bajo del Partido Socialista Francés en la historia de la V República) y una representación poco importante (aunque más que en 2012) de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon y los comunistas.

Lo que hay que tener en cuenta es que el Partido Socialista se encuentra parcialmente dividido. Una parte de los parlamentarios apoyarán a Macron o se abstendrán, y otros votarán en contra de él. Pienso que esta debilidad parlamentaria no expresa una debilidad real. Es decir, no se expresa en la calle. En las presidenciales Mélenchon pudo haber llegado a la segunda vuelta, consiguiendo el mejor resultado de un partido ubicado a la izquierda del Partido Socialista desde 1969. Ese resultado no se reflejó en las legislativas en parte debido a la abstención.

En el fondo, lo que se revela es que en Francia si existe una izquierda pero esa izquierda no se verá reflejada en el Parlamento. Esto puede hacer que se exprese en movimientos extraparlamentarios. Podría suceder algo similar (aunque con algunas características diferenciales) a lo acaecido en España en 2011 con el movimiento de los indignados, donde movimientos sociales y ciudadanos que se oponían a una serie de políticas expresaban el descontento popular pero sin representación política alguna en el Parlamento del país. Lo que habrá que ver es lo que suceda después de que el presidente Emmanuel Macron adopte sus primeras medidas. Hasta ahora ha quedado claro que pretende aplicar una nueva reforma laboral y un nuevo presupuesto que probablemente siga unas líneas de austeridad muy fuertes. Habrá que ver si tiene oposición o no a ello. En la izquierda, por lo menos con la gente con la que he hablado, son un poco escepticos al respecto. La legitimidad de Macron al día de hoy es alta debido a su reciente elección. Por lo tanto no está claro que vaya a haber una oposición rotunda ni en la calle ni en el Parlamento. Pero lo que a esta altura es innegable es que sí existe y seguirá existiendo una Francia de izquierdas más allá del desencanto.

La imagen de Macron parece estar signada por la de una era que se pretende exhibir como post-ideológica. Sus ideas son presentadas como las de un cosmopolitismo europeo combinado con políticas de liberalismo de mercado en el terreno económico pero también con una preocupación por la política social. Cuando comiencen los recortes y la reforma laboral, ¿puede que esa imagen cambie y que la percepción de Macron como freno a la extrema derecha se modifique y se lo vea, más bien, como un personaje que abre las puertas a ella?

En principio, creo que podríamos puntualizar una diferencia importante entre Hollande y Macron para entender mejor al personaje. En el período de Hollande existía la oposición clásica, es decir, de la derecha republicana. La geometría parlamentaria durante su período era la clásica: una mayoría socialista con el apoyo de los Verdes y una oposición de derechas amplia. Esta derecha – y no el Frente Nacional - es la que fue ganando las sucesivas elecciones (exceptuando las europeas) durante el quinquenio de Hollande. El gran problema que tuvo el Frente Nacional durante el período de Hollande –y que probablemente siga teniendo durante mucho tiempo-, es el sistema electoral. En un sistema electoral a doble vuelta se le dificulta el triunfo por el temor que todavía genera. Creo que esto puede continuar durante los años de Macron. Sin embargo, considero que es importante marcar la diferencia respecto al período que abre Macron y al que sostuvo Hollande. Ahora, aunque la derecha francesa tradicional siga siendo la primera fuerza de la oposición, es mucho más débil que en el pasado. Y aquí hay un punto importante. A esta derecha le cuesta mucho oponerse a Macron porque, finalmente, el Primer Ministro pertenece al espacio de la derecha republicana. Tenemos, entonces, a una derecha clásica que sostiene que desea ubicarse en la oposición pero a la que le costará mucho oponerse a unas políticas que, en realidad, son las suyas. Es decir, a políticas como la reforma laboral y las políticas y el presupuesto de austeridad. En este sentido, Macron es el último cartucho del sistema político pero para llegar al poder ha tenido que «quemar su cocina», es decir, ha tenido que acabar con el sistema bipartidista. Por ahora, en Francia, solo ha quedado Macron. En el Parlamento esto se demuestra con sus parlamentarios propios pero también con los que le prestarán su apoyo tanto desde la derecha como desde el Partido Socialista.

Dicho todo esto, conviene relativizar la posibilidad de que esto provoque un deslizamiento hacia el Frente Nacional. Hay que recordar que Le Pen no tiene hoy solo una debilidad parlamentaria. Su participación en las dos vueltas del debate presidencial fue mala y su campaña también lo fue. Mientras que en febrero los sondeos la ubicaban en un 30% de intención de voto, al final terminó en 22%. Pese a que los sondeos no demuestran la totalidad de la realidad, expresan una bajada que estuvo ligada directamente a su campaña. Por el contrario, el fenómeno interesante fue el de la emergencia de Mélenchon alcanzando un 20% de los votos. En tal sentido, habrá que ver si el Frente Nacional consigue remontar después de esa gran derrota y si Mélenchon es capaz de estructurar una nueva oposición a la izquierda lo que dificultaría las posibilidades del Frente Nacional. De hecho, ahora el Frente Nacional se encuentra en una crisis existencial. Sus miembros no saben si deben girar más hacia la derecha o, por el contrario, apostar más por la estrategia populista de reivindicar al pueblo y los elementos nacionales frente al europeismo de Macron.


¿Qué pasa con el sistema de partidos? En Marche de Macron no es exactamente un partido. Tampoco lo es la Francia Insumisa de Mélenchon. Y el Partido Socialista se debilita cada vez más. ¿Hacia donde se dirige todo el sistema en tiempos de Macron? ¿Llegarán nuevos liderazgos fuertes que reemplazarán a los partidos tradicionales y podemos inscribir a la «macronmanía» en ese marco?

Creo que esto es muy importante porque permite pensar el momento específico que vive Francia. De hecho, cuando hablamos de Macron debemos recordar que su apoyo electoral es bajo. De hecho, es bastante más bajo del que tenía Hollande. Sin embargo, la «macronmanía» ( la idea del hombre nuevo de 39 años, jóven prodigio que ha conseguido batir a Le Pen) ha calado fuerte. Pero si realmente tenemos en cuenta esa contradicción entre su débil base electoral y su mayoría parlamentaria, debemos tender a pensar que la oposición se manifestará más fuera del Parlamento que dentro de él. No sabemos si esto sucederá pero, de realizarse los ajustes previstos, las fuerzas extraparlamentarias que puedan formarse tendrán un rol importante. También, creo, podría darse lugar a la emergencia de nuevos liderazgos políticos en la izquierda. Aunque, por supuesto, también se intentarán consolidar las nuevas identidades políticas que ya han surgido. «En Marche», el partido de Macron, se construirá como partido durante este verano pero habrá que ver que tipo de partido será. Y, por otra parte, Melénchon tiene el debate de qué hacer con la «Francia Insumisa» que, hasta ahora, fue solo una plataforma electoral.


El Partido Socialista vive una de las peores crisis de su historia. En ese contexto, ¿Es posible pensar en la posibilidad de un giro a la izquierda para desarrollar una suerte de «socialdemocracia radical» que evite que todo su caudal electoral vaya a derivar o en el voto a Mélenchon o en el voto a Macron?

En principio el panorama del Partido Socialista es muy confuso. Hasta la última elección, el Partido Socialista había sido gobernado por el flanco derecho o moderado de la organización. El descalabro electoral se debe, en parte, a las políticas adoptadas por el gobierno de Hollande y propiciadas por este sector del socialismo. Hoy por hoy, el Partido Socialista parece un Titanic que se hunde y se dirige hacia una crisis muy fuerte. Se trata de un partido que ha dejado de ser de gobierno (y no hay que olvidarse que mucha gente estaba en él para conseguir cargos de poder y ejecutar políticas) y que no sabe exactamente hacia donde ir. Ahora parece que el sector más movilizado es el de la izquierda del partido. Pero ahora, el 1 de julio, Benoît Hamon – el ex candidato presidencial – ha armado un nuevo movimiento y ha abandonado el partido. Su nuevo movimiento recoge parte de las posiciones de la izquierda socialista que tienden hacia la preocupación por los asuntos ecológicos y a la posibilidad de una renta básica universal, y que piensa en una unidad con otras fuerzas de la izquierda política francesa.

Ahora bien, en el caso del Partido Socialista en términos específicos, puede ocurrir que se produzca una renovación importante que de lugar a una serie de alianzas por izquierda. Pero también puede darse la solución de «síntesis» en la que los sectores más moderados y los sectores de izquierda se unifiquen y esto evitaría posibles acuerdos con movimientos como la «Francia Insumisa» de Mélenchon. Hay que advertir, además, que quien es muy reticente a acuerdos con el Partido Socialista es el propio Mélenchon. De hecho, lo ha considerado como parte de la «vieja política» y del pasado. En definitiva, la socialdemocrafia francesa tiene un futuro de decisiones urgentes. Y, sin lugar a dudas, esas decisiones serán costosas y nada fáciles de tomar.


ENRIC BONET es corresponsal en París para Contexto (CTXT) y diario Público.

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