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La feminización de las Fuerzas Armadas. Un estudio del caso dominicano

En América Latina, la incorporación de mujeres a las Fuerzas Armadas es una respuesta a la necesidad de ganar legitimidad social. Pero esto no significa que las mujeres se encuentren en igualdad de condiciones respecto de los hombres, especialmente en instituciones que, como las militares, están marcadas por una tradición sexista, verticalista y autoritaria. El caso de República Dominicana demuestra que las pocas mujeres que logran ascender en la carrera militar no ocupan, pese a contar con el rango adecuado, posiciones de mando y dirección. Así, la feminización militar parece más una estrategia orientada a demostrar voluntad de cambio que un intento genuino por dejar atrás las diferencias de género y avanzar en procesos reales de modernización y democratización.

La feminización de las Fuerzas Armadas. Un estudio del caso dominicano

La incorporación plena de mujeres a las filas militares latinoamericanas y caribeñas es un fenómeno muy reciente, asimétrico y diferenciado según países y subregiones. En las experiencias conocidas, las mujeres oficiales que forman parte del Estado Mayor –y que por lo tanto han asumido funciones de mando– son excepcionales. La integración de las mujeres a las Fuerzas Armadas tiene como antecedente el proceso de feminización de los ejércitos, que en algunos casos –notablemente en Chile, Brasil, Argentina y Uruguay– data de los años 70 y 80. Pero también se vincula con la participación activa de mujeres combatientes en ejércitos irregulares en diversos escenarios de conflicto en América Latina, fundamentalmente en Centroamérica.

El fenómeno de la militarización femenina puede ser interpretado a partir de por lo menos dos ejes analíticos que dan cuenta de dinámicas de cambio social. Por un lado, los procesos de democratización que han tenido lugar en América Latina y el Caribe. Y, por otro, la modernización institucional derivada de esos procesos de apertura e inclusión.

Un tercer factor explicativo, que abordaremos solo tangencialmente, se refiere a los efectos de la globalización. Ciertamente, la internacionalización de las misiones y los roles militares abrió una ventana de oportunidad para el ingreso al ámbito militar de mujeres, que hoy constituyen un componente esencial de las misiones de paz promovidas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). La globalización, además, fue el marco en el cual se superaron los conflictos armados en muchos países latinoamericanos, en procesos en los que la cuestión de género resulta crucial, no solo desde la perspectiva de la victimización, sino también del rol de las mujeres como actores proactivos en las iniciativas de desarme, desmovilización y reintegración, así como en las reformas del sector de la seguridad. Finalmente, la globalización contribuye a ofrecer esquemas comparativos con los países desarrollados: en España, por ejemplo, 20% de los integrantes de las Fuerzas Armadas son mujeres, concentradas especialmente en la Fuerza Aérea y la infantería. Del mismo modo, 15% de los integrantes de las Fuerzas Armadas estadounidenses son mujeres.

Pero, como ya se señaló, las dos tendencias que mejor ayudan a interpretar el tema son la democratización y la modernización en América Latina y el Caribe. En este contexto, el catalizador más relevante es, a nuestro juicio, el cambio paradigmático que se observa recientemente en los escenarios latinoamericanos, no solo en el ámbito militar, sino también en otras instituciones, con la llegada de mujeres a funciones históricamente masculinizadas. En años recientes, al menos cinco mujeres han llegado a ocupar la Presidencia en diversos países de la región y por lo menos siete han sido nombradas ministras de Defensa.

El debate teórico

Las corporaciones ahora son percibidas como lugares de reproducción de un cierto orden de género (...) las mujeres que entran en esa arena están sujetas a encarar el doble dilema del «tokenismo»: ser hipervisibles en tanto que miembros de su grupo e invisibles en tanto que individuos.Michael KimmelLa literatura norteamericana y europea sobre la incorporación de la mujer al ámbito militar describe realidades en gran medida ajenas a las latinoamericanas y caribeñas. Parte de esa literatura ha puesto especial énfasis en el abordaje de la cuestión ocupacional y los impactos en los estándares de vida de las mujeres que optan por la carrera militar y en la economía en su conjunto. De acuerdo con estos autores, cuyo trabajo se centra en Estados Unidos, la conversión de las mujeres en soldados –soldering– ha generado un proceso de transformación institucional que ha permitido pasar de un simbolismo masculinizante a una dimensión de carácter esencialmente ocupacional. Esta perspectiva enfatiza los supuestos «beneficios políticos, económicos y éticos que las mujeres pueden obtener teniendo acceso al sistema militar o participando en momentos críticos como guerras o conflictos bélicos de envergadura». En América Latina, en cambio, la discusión sobre la participación de mujeres en las Fuerzas Armadas refleja su realidad más general, centrada en la invisibilidad del trabajo femenino y sus dificultades de incorporación igualitaria al mercado laboral. Esto es particularmente cierto para la mayoría de los países del Caribe.

Otra corriente de la literatura, aunque en cierta medida mantiene una relación con la anterior, se concentra en la cuestión de la realización de los sujetos en clave democrática y los procesos de ciudadanización. Una rápida revisión de los argumentos permite identificar dos posiciones paradigmáticas y generalmente contrapuestas. Por un lado, la de las autodenominadas «feministas antimilitaristas» (entre las más notables, Cynthia Enloe, Julie Mertus e Ilene Rose Feinman), quienes coinciden en que lo feminista «se opone a lo militar por su uso de la diplomacia violenta, por demás asociada al virulento masculinismo de la cultura militar». Para Feinman, «los aparatos sociales, políticos y económicos que conforman el militarismo masculinista descansan en la opresión de la mujer».

La otra posición es la del feminismo igualitario militarista (feminist egalitarian militarists). Quienes la defienden sostienen que es el derecho y la responsabilidad de la mujer desempeñar el servicio militar, porque este deviene sine qua non en la igualdad y la ciudadanización completas. Para estas teóricas y activistas, la incorporación de mujeres a las Fuerzas Armadas no solo ha ayudado a ampliar sus roles y oportunidades profesionales, sino que también ha contribuido a la profundización y consolidación del sujeto ciudadano femenino, en la medida en que las mujeres asumen sus plenos derechos y responsabilidades en la misma proporción que los hombres. Esta corriente impulsa el acceso de las mujeres a todas las especialidades militares.

Un aspecto a explorar en este trabajo es en qué medida la feminización de la carrera militar ha generado procesos de toma de conciencia de género (gendering). Es decir, si ha contribuido no solo a dotar de más poder a las oficiales, sino también a modificar el carácter masculino de la profesión y la práctica militar (demasculinización de las Fuerzas Armadas). De igual manera, es válido preguntarse en qué medida ello ha contribuido a hacer más igualitarias las relaciones dentro de la institución, es decir, a «democratizar» (en sentido figurado, claro) a las Fuerzas Armadas.