Coyuntura

La economía argentina, entre la «década ganada» y los «fondos buitre»

La decisión adversa de la justicia estadounidense en el juicio entablado por un grupo de «fondos buitre» complicó el panorama económico argentino. La situación –considerada como injusta y perniciosa para el buen funcionamiento de los mercados de capitales por una amplia gama de figuras y organismos internacionales– invita a un replanteo de los aspectos institucionales que imperan en los mercados globales de capitales. Pero el problema económico de Argentina es previo, y los buitres encontraron el momento de mayor debilidad para intensificar su ofensiva.

La economía argentina, entre la «década ganada» y los «fondos buitre»

El 16 de junio de 2014, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos debía expedirse sobre la apelación realizada por el gobierno argentino contra el fallo del juez de Nueva York Thomas Griesa, ratificado por la Cámara de Apelaciones. Ese fallo obligaba a Argentina a pagar una suma estimada en 1.600 millones de dólares a un grupo de fondos que habían adquirido bonos argentinos en cesación de pagos por un monto de 80 millones de dólares y que se habían negado a participar de las dos instancias de reestructuración de deuda (2005 y 2010). Pero, además, señalaba mediante una curiosa interpretación de la denominada cláusula de pari passu (que establece la igualdad de condiciones entre los diferentes tenedores de un bono o serie de bonos) que Argentina no podría continuar pagando los vencimientos de capital e interés de los bonos reestructurados sin cancelar, en forma simultánea, la deuda pendiente con los «fondos buitre» litigantes.

Los demandantes son fondos especulativos que, entre otras actividades, adquieren títulos de deuda de países con dificultades de pago apostando a una valorización posterior mediante acciones judiciales. Dado que la reestructuración de la deuda argentina incluyó fuertes quitas de capital, estos fondos se negaron a canjear sus tenencias y procedieron a entablar demandas en los tribunales. Durante cierto tiempo su acción se concentró en intentos de embargos de activos del Estado argentino, pero esta estrategia tuvo pocos resultados concretos. Finalmente, el intersticio hallado en la cláusula pari passu resultó exitoso y llevó a Argentina a una nueva e inesperada cesación de pagos. Ello se debió a que la Corte Suprema estadounidense optó por no tomar el caso, dejando así firme la decisión del juez de primera instancia.

Argentina depositó el 30 de junio el monto correspondiente al vencimiento de intereses del bono Discount, pero el juez Griesa rechazó el pago y determinó que ese dinero no podía llegar a las cuentas de los tenedores del mencionado bono mientras los «fondos buitre» no cobraran el monto de la sentencia. La situación llegó a tal absurdo que el propio juez designó a un mediador con el objetivo de entablar una negociación para proceder al efectivo cumplimiento de su sentencia.

El principal escollo planteado por el gobierno argentino, amén de las cuestiones éticas y la denuncia política por la injusta situación, ha sido la vigencia de la cláusula de «mejor oferta». Cuando el país hizo la reestructuración de su deuda, en 2005 y 2010, incluyó una cláusula que establecía que en caso de realizarse una oferta superadora en el futuro, debería hacerse extensiva a todos los acreedores (es decir, debía incluir a quienes ya habían aceptado canjes anteriores). Era una cláusula lógica habida cuenta de que la oferta de canje incluía quitas de hasta 75%. Aun así, el grado de aceptación fue muy elevado, y más de 92% de la deuda en cesación de pagos fue reestructurada de forma voluntaria.

Pero la decisión de Griesa cayó en un momento interno muy inoportuno. Habría bastado que la sentencia demorase seis meses más para que las facultades de negociación del gobierno argentino fueran completamente diferentes, dado que la cláusula de mejor oferta expira a comienzos de 2015. A partir de entonces el gobierno argentino podrá negociar con los tenedores de bonos que no entraron en los canjes (menos de 8% del total) sin correr el riesgo de que quienes sí aceptaron las quitas demanden al Estado para mejorar sus condiciones.

Es cierto que la cláusula de mejor oferta hace alusión a ofertas voluntarias de canje y no al pago por el cumplimiento de una sentencia judicial que ha transitado todas las instancias legales. Pero aun así es comprensible el resquemor del gobierno argentino tras la curiosa interpretación de la justicia neoyorquina, la cual alimentó el temor de que un pago previo a la expiración de la cláusula dispare nuevas acciones judiciales que terminen derrumbando la reestructuración de la deuda y aumentando enormemente los montos por pagar.

Sin embargo, las razones por las que esta decisión fue inoportuna no radican exclusivamente en los aspectos contractuales. El fallo encontró a la economía argentina en una situación de vulnerabilidad que excede la cuestión de su endeudamiento. De hecho, el peso de la deuda externa se ha reducido a menos de 10% del PIB en los últimos años, luego de haber superado largamente el 100% del PIB hace algo más de una década. ¿Cómo se explica entonces que Argentina sufra una cesación de pagos y un problema de crisis externa en estas condiciones? La respuesta es algo más extensa y requiere hacer un poco de historia acerca de las decisiones y el manejo macroeconómico de los últimos años.

La «década ganada»

Tras la grave crisis económica y social de los años 2001 y 2002, Argentina inició un nuevo ciclo político liderado primero por Néstor Kirchner a partir de 2003 y luego por Cristina Fernández de Kirchner, desde 2007. El cambio propuesto fue tan intenso como sorpresivo. Desde una condición de fuerte debilidad inicial, Kirchner ganó legitimidad a partir de una gestión pragmática y de transformaciones, cuestionando muchas de las visiones económicas heredadas de la década anterior. Las reformas neoliberales se habían asentado sobre la inmutabilidad de las relaciones de mercado y la sacralización de las condiciones contractuales emanadas de dicho régimen. La centralidad de los organismos internacionales de crédito establecía un círculo vicioso según el cual, para acceder al financiamiento, era necesario implementar reformas que, a su vez, agregaban obstáculos para el crecimiento económico.

El principal aporte de Kirchner fue poner en discusión ese núcleo de ideas que mantenía en cierta forma atrofiada a la economía argentina. En poco tiempo, implementó medidas que pusieron a la economía nuevamente en crecimiento. Es cierto que lo acompañó una coyuntura externa favorable, con alzas en los precios internacionales de las materias primas. Pero a finales de la década, Argentina mostraba las tasas de crecimiento más altas de la región y podía exhibir con orgullo los resultados de un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) que concluía que, en la era del auge de los commodities, Argentina era el único país de la región que no había primarizado su canasta exportadora.