Tema central

La división social del espacio metropolitano. Una propuesta de análisis

En este artículo se presentan de modo sintético los principales elementos que deben tenerse en cuenta para caracterizar e interpretar la división social del espacio residencial, a la que generalmente se hace referencia bajo la etiqueta de «segregación urbana». Esta se entiende como la desigual distribución espacial en la ciudad de distintos grupos sociales, definidos sobre todo en términos de clase o estratos sociales, pertenencia étnica, características raciales y preferencias religiosas. La argumentación es ilustrada a través de referencias a las formas dominantes que presenta la división social del espacio residencial en las grandes ciudades y metrópolis latinoamericanas.

La división social del espacio metropolitano. Una propuesta de análisis

Introducción

Cualquier visión de conjunto sobre el orden socioespacial a escala metropolitana debe tomar en cuenta la cuestión de la división social del espacio, definible como la relación existente entre la composición social y de clase de una sociedad y su manifestación en la estructura del espacio habitado metropolitano. Que exista una división social del espacio –es decir, que los espacios metropolitanos no sean iguales en términos de su connotación social– es un hecho que forma parte del sentido común. En todas las ciudades se suelen identificar ciertos espacios con ciertos tipos de población. Sin embargo, si se quiere abordar el estudio de la división social del espacio en una gran metrópoli, es necesario poner a trabajar distintos aparatos conceptuales y hacer un uso crítico de las fuentes de información disponibles en torno de la distribución de los estratos socioeconómicos. Esto implica además dialogar con diversos autores que han abordado el tema para el estudio de otras metrópolis. Las páginas que siguen están divididas en dos partes: en la primera, discuto brevemente algunos conceptos y criterios que considero fundamentales para el análisis de la división social del espacio; en la segunda, desarrollo la cuestión de la escala, los grados y los efectos de la división social del espacio residencial.

División social del espacio urbano y segregación residencial

En general, suele hacerse referencia indistintamente a la división social del espacio, la segregación urbana y la segregación residencial para referirse a un mismo fenómeno1: la desigual distribución espacial en la ciudad de distintos grupos sociales, definidos sobre todo en términos de clase o estratos sociales, pertenencia étnica, características raciales y preferencias religiosas. Pero las poblaciones de las ciudades también tienden a distribuirse de modo desigual en el espacio urbano de acuerdo con otros rasgos de carácter sociodemográfico: tipos de hogar, distribución por género y por edades, etapas del ciclo vital familiar, entre otras2. Existe segregación en sentido fuerte cuando la división social del espacio está acompañada de medidas coercitivas, como en el caso del apartheid en Sudáfrica y de los guetos judíos en Europa durante la preguerra3, o cuando la división social del espacio es el resultado de la aplicación de políticas o prácticas de exclusión de ciertos grupos respecto de espacios específicos, es decir, cuando existen prácticas activas de segregación espacial4.

En general, segregación residencial y segregación urbana son entendidas como conceptos equivalentes. Por ejemplo, de acuerdo con Francisco Sabatini, Gonzalo Cáceres y Jorge Cerda, la segregación residencial es «el grado de proximidad espacial o de aglomeración territorial de las familias pertenecientes a un mismo grupo social, sea que este se defina en términos étnicos, etarios, de preferencias religiosas o socioeconómicos, entre otras posibilidades»5. A su vez, Manuel Castells, en su ya clásico libro La cuestión urbana, define la segregación urbana como «la tendencia a la organización del espacio en zonas de fuerte homogeneidad social interna y de fuerte disparidad social entre ellas, entendiéndose esta disparidad no solo en términos de diferencia, sino de jerarquía» 6. Una definición, esta última, que no menciona las distintas bases sociales de la segregación (clase, pertenencia étnica, etc.), pero que agrega la idea de jerarquía, en el mismo sentido en que en el lenguaje cotidiano solemos referirnos al «nivel» de un barrio o distrito; un barrio de «alto nivel» o un barrio «popular», por ejemplo.

Por nuestra parte, utilizaremos aquí la expresión división social del espacio residencial (DSER) para referirnos a las formas espaciales que adopta la distribución residencial intraurbana o intrametropolitana de los distintos estratos socioeconómicos que conforman la población de una aglomeración urbana. A su vez, denominaremos estructura socioespacial (ESE) al conjunto de las formas espaciales discernibles que adopta la DSER. Una determinada ESE puede leerse como la expresión espacial de ciertas diferencias sociales y resulta de procesos que de modo sistemático tienden a reproducir una cierta DSER o, eventualmente, a transformarla. En ausencia de prácticas sociales coercitivas o de políticas activamente destinadas a la exclusión de grupos determinados de la población con respecto de las áreas habitadas por otros grupos diferentes, la DSER resultará de las formas pasadas o actuales de producción del espacio residencial que determinan, a través del funcionamiento del mercado inmobiliario, el tipo de vivienda y las áreas en las que esta estará localizada, de acuerdo con el nivel socioeconómico de los hogares. Esto, por la sencilla razón de que la ciudad contemporánea (aunque se trata de algo igualmente aplicable al modelo de la ciudad moderna que emerge en el siglo XIX) es producida y transformada por agentes tanto privados (promotores, desarrolladores) como públicos (organismos estatales de vivienda, por ejemplo), que operan por regla general con base en el costo del suelo, produciendo viviendas de diferentes características y precios en función de los valores prevalecientes del suelo o a través de la inducción de precios que deriva de las características materiales y de los usos a los que está destinado el suelo que urbanizan.

No solo la lógica subyacente al mercado inmobiliario residencial tiende a producir una DSER en la que los barrios y otras divisiones territoriales están socioespacialmente jerarquizados, sino que las políticas públicas suelen también contribuir a ello. Por un lado, porque cuando implican el apoyo y financiamiento de vivienda destinada a grupos de bajos ingresos, los organismos públicos y empresas privadas involucrados –en la medida en que buscan abatir los costos de producción– procuran construir en suelo barato, y de este modo contribuyen a reproducir la DSER, cuando no a exacerbarla. Y además, porque en general, al establecerse y aplicarse normas de zonificación urbana y de usos del suelo, así como de regulación de la producción del espacio habitacional, se suele definir el molde a través del cual el espacio habitacional resultará jerarquizado. Así, por ejemplo, la ley de fraccionamientos de terrenos vigente desde 1959 hasta 1982 en el estado de México (y, por lo tanto, aplicada durante ese periodo en los municipios que forman parte de la conurbación de la Ciudad de México) implantaba como mecanismo para la incorporación de suelo a usos habitacionales distintos tipos de fraccionamientos –populares, medios, residenciales y residenciales campestres–, diferenciados de acuerdo con la infraestructura y los tamaños mínimos de los lotes destinados a vivienda unifamiliar en cada caso7. De esa manera, se establecía una clara jerarquía socioespacial para los nuevos espacios urbanos.

  • 1. V. por ejemplo Jacques Brun y Catherine Bonvalet: «Logement et division sociale de l’espace» en Logement et habitat, l’état des savoirs, La Découverte, París, 1998; Edmond Preteceille y Luiz Cezar de Queiroz Ribeiro: «Tendências da segregaçâo social em metropóles globais e desiguais: Paris e Rio de Janeiro nos anos 80» en Revista Brasileira de Ciências Sociais vol. 14 No 40, 6/1999, disponible en www.scielo.br/pdf/rbcsoc/v14n40/1713.pdf; Rosa María Ruvalcaba y Martha Schteingart: «La división social del espacio en las grandes metrópolis mexicanas. Un estudio comparativo» en El Mercado de Valores año lx No 4, 4/2000; R.M. Ruvalcaba y M. Schteingart: «Segregación socio-espacial en el Área Metropolitana de la Ciudad de México» en Gustavo Garza (coord.): Atlas de la Ciudad de México, Gobierno del Distrito Federal / El Colegio de México, México, df, 2000.
  • 2. Ver E. Preteceille: «De la ville divisée a la ville éclatée: questions et catégories de la recherche» en Nicole May et al.: La ville eclatée, Éditions de l’Aube, La Tour-d´Aigues, 1998.
  • 3. Pierre Merlin: Les banlieus des villes françaises, Les Études de La Documentation Française, La Documentation Française, París, 1999.
  • 4. Un fenómeno que persiste, por ejemplo, en Estados Unidos, donde la distribución espacial de los diferentes grupos raciales que conforman la población sigue siendo marcadamente desigual y se combina con la división social del espacio de carácter socioeconómico. Es decir, al mismo tiempo que, por ejemplo, persiste el fenómeno de barrios habitados casi exclusivamente por una población definida como «blanca» y de otros habitados casi exclusivamente por una población definida como «negra», uno y otro grupo de barrios o jurisdicciones a su vez se presentan estratificados según la condición social predominante de sus residentes (por ejemplo, barrios de afroamericanos de clase media y barrios de afroamericanos de clase trabajadora). Lewis Mumford Center: «Ethnic Diversity Grows, Neighbourhood Integration Lags Behind», versión revisada, diciembre de 2001, http://mumford1.dyndns.org/cen2000/WholePop/WPreport/MumfordReport.pdf.
  • 5. F. Sabatini, G. Cáceres y J. Cerda: «Segregación residencial en las principales ciudades chilenas: Tendencias de las tres últimas décadas y posibles cursos de acción» en eure (Santiago) vol. 27 No 82, 12/2001, p. 27.
  • 6. 2a edición en español, corregida y aumentada, Siglo xxi, México, df, 1976, p. 204.
  • 7. Gobierno del Estado de México: Ley de Fraccionamientos, 1959.