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La defensa vuelve a ser importante Política de seguridad y defensa en Europa entre Putin, el «Brexit» y Trump

De manera sorprendente, la idea de que la defensa es importante se ha impuesto nuevamente en Europa. Las continuas crisis en las regiones vecinas han consolidado la idea de que la paz y la libertad no son algo que se da naturalmente sino que, si no hay más remedio, deben ser defendidas de forma activa: incluso por la vía militar. Desde 2014 puede verse en toda Europa un cambio de tendencia en lo que respecta al gasto en defensa; las fuerzas armadas están siendo modernizadas y ampliadas. Pese a las dificultades, Europa está teniendo bastante éxito en sus esfuerzos por lograr mayor autonomía estratégica.

La defensa vuelve a ser importante / Política de seguridad y defensa en Europa entre Putin, el «Brexit» y Trump

La anexión de Crimea, que Rusia realizó en 2014 violando el derecho internacional, y la guerra en el este de Ucrania, fogoneada hasta el día de hoy por Moscú, les han hecho ver a los europeos que los conflictos violentos en territorio europeo, tanto dentro de los países como entre ellos, no pertenecen al pasado. En muchos Estados de la Unión Europea, y especialmente en Alemania, reina el convencimiento de que no puede garantizarse la estabilidad de Europa sin una adecuada relación con Rusia. Pero ese convencimiento ha sido seriamente afectado en los años recientes. El gobierno ruso ha rechazado demasiadas veces ofrecimientos de diálogo y la creación de un clima de confianza. Moscú ha defendido agresivamente sus intereses políticos: en Siria, por vía militar; en otros países, con campañas de desinformación y posiblemente también intentando manipular elecciones. La relación entre Rusia y Occidente es tan mala, tan tensa, tan decepcionante y tan potencialmente eruptiva como no lo era desde la Guerra Fría.

En los últimos años, la arquitectura de seguridad europea ha reaccionado mediante numerosos mecanismos de adaptación. Esto se refiere no solo a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (otan), que ha tomado en las cumbres de Gales y Varsovia algunas decisiones de amplio alcance para disuadir a Rusia. También ha influido mucho el creciente peligro del terrorismo en territorio europeo y los movimientos de refugiados hacia Europa, que culminaron en 2015 en lo que se conoció como «crisis de refugiados»: después de más de dos décadas, Europa vuelve a sentirse amenazada por primera vez desde el final de la Guerra Fría. La política de seguridad y defensa ha vuelto a ganar una gran importancia dentro de la agenda política no solo en los Estados nacionales sino también en la ue. En la gran mayoría de los países miembros se ha comenzado a incrementar el gasto en defensa, sustentado también en la mayor importancia que se vuelve a conceder a la capacidad de defender el territorio (individualmente o en el marco de la otan). La importancia de la política de seguridad y defensa se manifiesta también en las campañas electorales, como las que tuvieron lugar en Francia (mayo-junio de 2017) y Gran Bretaña (referéndum por el «Brexit» de junio de 2016 y elecciones parlamentarias del 8 de junio de 2017) y la que tiene lugar en Alemania de cara a las elecciones del 24 de septiembre de 2017. En los últimos 12 meses, la Política Común de Seguridad y Defensa (pcsd) de la ue ha adquirido un impresionante dinamismo.

¿Un dividendo del «Brexit» para la política de seguridad europea?

La decisión británica de abandonar la ue, el segundo shock para los europeos después de la anexión de Crimea, fue vista por algunos Estados miembros como una oportunidad para lograr avances significativos en la pcsd y seguir fortaleciendo su componente militar. Entre estos Estados miembros de la ue se destacan Francia, Alemania, Italia y España. Pero también países como Estonia, Finlandia y Lituania se han mostrado dispuestos a asumir un mayor compromiso en este campo.Especialmente Alemania y Francia, y últimamente también Italia y España, abogan con convicción por que se avance en la pcsd. No solo ven ahí (como lo hace la mayoría de los Estados miembros de la ue) una posibilidad de superar la crisis de integración de la ue de los últimos años, sino que consideran conveniente –si bien de diferentes modos– que Europa tome con mayor decisión las riendas de su destino en materia de seguridad y defensa. Entretanto, Estados miembros como Austria, Bulgaria, Chipre, la República Checa, Grecia, Hungría, Irlanda, Letonia, Luxemburgo y Eslovaquia se muestran más bien indecisos en cuanto a las consecuencias del «Brexit» para la seguridad de Europa. A la vez, en otros países tradicionalmente más escépticos con respecto a la pcsd son claramente mayores las preocupaciones: para Croacia, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Estonia, Francia, Alemania, Malta, los Países Bajos, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovenia y Suecia, se destacan sobre todo los problemas para la arquitectura de seguridad europea que resultan del «Brexit». ¿Se verá afectada la política unificada con respecto a Rusia? ¿Podrán mantener los británicos su aporte a la otan, incluso en el caso de que el «Brexit» traiga aparejadas las temidas complicaciones económicas? ¿Cómo afrontará la ue la pérdida de la que –junto con Francia– constituye la máxima potencia militar de la Unión?

Gran Bretaña ha tenido desde siempre una postura escéptica frente a la pcsd y ha bloqueado constantemente avances en esta área. Esto vale especialmente para la llamada Cooperación Estructurada Permanente (pesco, por sus siglas en inglés), creada ya en el Tratado de Lisboa de la ue en 2007, pero que hasta el momento no ha sido puesta en práctica. En este punto es donde, con razón, los Estados de mayor peso de la ue cifran sus esperanzas de una rápida implementación; uno de los principales objetivos es probar la capacidad de acción de la ue en materia de seguridad y defensa, que sigue siendo puesta en duda por numerosos Estados miembros y socios de la ue.

El impulso positivo que ha provocado el «Brexit» no debería, sin embargo, llamar a engaño en un aspecto: incluso entre los Estados convencidos de la necesidad de la pcsd hay diferencias a veces sustanciales de puntos de vista: ¿hasta dónde debe llegar la integración en políticas de seguridad y defensa? ¿Qué objetivos debe perseguir y con qué instrumentos? Y, sobre todo, ¿qué intereses debe, puede defender y defenderá la pcsd? ¿Los de toda la ue? ¿Existe algo así? ¿O cuidará los intereses de los Estados miembros más poderosos?Estos diferentes puntos de vista no son necesariamente un problema. Una pcsd no tiene por qué basarse necesariamente en un único análisis de las amenazas y en un único conjunto de intereses. Mucho más importantes –pero de ninguna manera más fáciles de conseguir– son el entendimiento y la confianza mutuas, y saber que los intereses en materia de seguridad de un miembro de la ue rozarán, por lo menos en el mediano plazo, los intereses propios. Esto ha quedado de manifiesto no solo al crear un régimen de sanciones frente a la Rusia de Vladímir Putin, sino también en el fracaso de una solución europea común a la crisis de los refugiados.