Opinión

La atrevida visión energética de China

La interconexión energética global propuesta por China es la iniciativa global más potente para alcanzar los objetivos del acuerdo climático de París. La estrategia del gigante asiático hace frente a uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad.

La atrevida visión energética de China

El plan más atrevido para alcanzar los objetivos del acuerdo climático de París de 2015 viene de China. El acuerdo de París compromete a los gobiernos del planeta a mantener el calentamiento global bien por debajo de los 2º Celsius (3,6º Fahrenheit) con respecto al nivel preindustrial. Esta meta se puede lograr principalmente si el mundo cambia sus fuentes de energía primarias desde los combustibles fósiles basados en carbono (carbón, petróleo y gas natural) a renovables sin carbono (eólica, solar, hídrica, geotérmica, oceánica, biomasa) y energía nuclear para el año 2050. El plan de Interconexión Energética Global (IEG) de China ofrece una asombrosa visión de cómo lograrla.

Pocos gobiernos aprecian la escala de esta transformación. Los científicos del clima hablan del «presupuesto del carbono», la cantidad total de emisiones de dióxido de carbono que puede emitir la humanidad en los próximos años manteniendo el calentamiento global a menos de 2º. Las estimaciones actuales fijan el punto promedio de este presupuesto en cerca de 600 mil millones de toneladas. En la actualidad, la humanidad emite unos 40 mil millones de CO2al año, lo que implica que el mundo solo tiene hasta mediados de siglo o antes para dejar de usar combustibles fósiles y pasar completamente a usar fuentes de energía primaria con cero emisiones de carbono.

Es necesario hacer lo siguiente: la electricidad actual se genera, en gran parte, mediante la quema de carbón y gas natural, fuentes de energía térmica que se deben ir reemplazando con electricidad generada a partir de fuentes solares, eólicas, hídricas, nucleares y otras fuentes no emisoras de carbono. Las edificaciones actuales se calientan con calderas, radiadores y estufas alimentadas principalmente por la quema de petróleo y gas natural, fuentes que se deben ir sustituyendo por calefacción a electricidad. Los vehículos de hoy funcionan con productos del petróleo y se deben reemplazar por vehículos eléctricos.

Los barcos, camiones pesados y aviones también funcionan gracias al petróleo; en el futuro deberán hacerlo con combustibles sintéticos producidos con CO2 reciclado y energías renovables, o con hidrógeno producido por energías renovables. Y la electricidad tendrá que reemplazar los combustibles fósiles que sustentan los procesos industriales de hoy, como la producción siderúrgica.

En consecuencia, la respuesta corta es el uso masivo de energía sin emisiones de carbono, en especial energía renovables tales como la eólica y la solar, en la forma de electricidad. El mundo cuenta hoy con suficientes fuentes de energía sin emisiones de carbono como para alimentar toda la economía global… de hecho, para potenciar una economía mucho mayor que la actual.

Un paso clave es llevar la energía sin emisiones de carbono a los centros de población que la necesitan. Aquí China aporta una gran visión. En los últimos años, el país ha respondido al reto de la transformación energética internamente. Las mejores fuentes de energía renovable se encuentran en el oeste del país, mientras que la mayor parte de la población y demanda de energía están en la zona del Pacífico (al este del país). China ha ido solucionando el problema al crear una enorme matriz de distribución basada en transmisión de voltaje ultra alto (UHV), que reduce al mínimo la pérdida de calor en su trayecto. La transmisión de UHV de larga distancia es eficiente y económica, y China ha logrado grandes avances en el desarrollo de esta tecnología.

Ahora China propone ayudar a conectar el mundo entero con una red global de UHV. Como allí, en el resto del planeta las mayores concentraciones de energía renovable (como los sitios más soleados o ventosos) están lejos de donde vive la gente. La energía solar se debe llevar desde los desiertos a los centros poblados. Asimismo, el potencial de la energía eólica suele estar en su pico en lugares remotos, como en el mar. Es posible hallar un inmenso potencial hidroeléctrico en ríos distantes que fluyen por regiones montañosas deshabitadas.

La lógica tras esta propuesta es que la energía renovable es intermitente. El sol solo brilla de día, e incluso entonces si el cielo está nublado las nubes impiden que los rayos solares lleguen a los paneles fotovoltaicos. De manera similar, la fuerza del viento fluctúa. Al vincular estas fuentes intermitentes, se pueden atenuar las variaciones de energía. Si las nubes reducen la energía solar en una región, se puede usar energía solar o eólica desde generada en otro lugar.

Pensando a lo grande, China ha creado una impresionante organización -la Organización de Cooperación y Desarrollo para la Interconexión Energética Global (GEIDCO)- para aunar a gobiernos nacionales, operadores de matrices energéticas, instituciones académicas, bancos de desarrollo y agencias de las Naciones Unidas para lanzar la red energética renovable global. En su encuentro global realizado en marzo, la GEIDCO reunió a delegados de países tan alejados como Argentina y Egipto para colaborar en hacer realidad la visión de una energía limpia e interconectada a nivel planetario.

China está tomando varios pasos adicionales. La GEIDCO se encuentra movilizando recursos de investigación y desarrollo para responder a varios retos tecnológicos clave, como el almacenaje de energía a gran escala, la superconductividad en la transmisión de energía y la inteligencia artificial para gestionar grandes sistemas energéticos interconectados. Asimismo, ha propuesto nuevos estándares técnicos internacionales para que las redes energéticas de los países puedan armonizarse en un sistema global ininterrumpido. El país ha invertido intensamente en IyD sobre generación de energía renovable de bajo coste, como sistemas fotovoltaicos avanzados y usos finales, como vehículos eléctricos de alto rendimiento.

Estados Unidos y la Unión Europea deberían formar parte del mismo tipo de resolución de la problemática energética, y cooperar con China y otros actores para acelerar la transformación a una energía sin emisiones de carbono. Lamentablemente, en Estados Unidos el Presidente Donald Trump y sus entidades normativas se encuentran prisioneros del cabildeo de los combustibles fósiles, mientras que la UE discute con sus miembros productores de carbón el cómo y cuándo abandonarlo.

Así, la interconexión energética global que propone China (basada en energías renovables, transmisión por UHV y una matriz inteligente con IA) representa la iniciativa más sólida e inspiradora que un gobierno haya propuesto para lograr las metas del acuerdo climático de París. Se trata de una estrategia acorde a la magnitud sin precedentes de la transformación energética que enfrenta nuestra generación.


Traducción: David Meléndez Tormen

Fuente: Project Syndicate


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