Opinión

¿Indulto a Fujimori? Entre el papa, la crisis política y la «reconciliación nacional»

Un posible indulto a Fujimori abre grietas en Perú. El discurso de la «reconciliación nacional» se vincula directamente a la próxima visita del papa.

¿Indulto a Fujimori? / Entre el papa, la crisis política y la «reconciliación nacional»

La última crisis política que acabó con la censura del gabinete encabezado por Fernando Zavala, parece haberse solucionado con un nuevo gabinete de ministros que tendría como misión encaminar al país al indulto del sentenciado ex-presidente Alberto Fujimori. Hasta el momento no queda sino hablar en potencial dado que no existe un acuerdo explícito entre el gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski y la oposición fujimorista que controla el Congreso de la República.

Si bien el indulto es una prerrogativa presidencial, en el caso de Alberto Fujimori su pertinencia ha sido cuestionada porque no existe una figura de ese tipo para los sentenciados por delitos de «lesa humanidad». En los delitos por los que ha sido sentenciado Fujimori figura el de autoría mediata de ejecución extrajudicial en los, así llamados, casos de La Cantuta y Barrios Altos. Si bien sus defensores afirman que los delitos de «lesa humanidad» no existían en el ordenamiento legal peruano en el momento en que estos fueron cometidos, la sentencia toma nota del hecho y refiere a los mismos como delitos que en su momento se llamaban «homicidio calificado» pero que hoy se denominan de «lesa humanidad». Más allá de los formalismos, no cabe duda que, en tanto los delitos cometidos han sido crímenes atroces, el indulto resultaría un verdadero despropósito.

La cuestión del indulto, que ha estado rondando la escena política desde hace varios años, ha cobrado inusitada fuerza luego de que el partido fujimorista Fuerza Popular ganara el control del Parlamento en las elecciones generales de 2016. Desde allí, el fujimorismo le ha dejado claro al gobierno de Kuczynski que no permitirá un gobierno estable mientras la liberación del líder no se produzca, habiendo censurado con este propósito a dos ministros y finalmente a todo un gabinete a principios de setiembre1.

La virulencia en el intercambio entre gobierno y oposición, puede aparentar la existencia de dos fuerzas políticas con visiones alternativas de país o, a lo sumo, planes de gobierno distintos. Pero no es el caso. Ambos, Kuczynski y el fujimorismo, defienden el mismo programa neoliberal que instaurara el gobierno de Alberto Fujimori en la década de 1990 y que se afianzó a partir del golpe de Estado de 1992 que dio paso a la dictadura más corrupta de la historia peruana. Se trata, más bien, de tradiciones políticas afines y a la vez distintas que han estado cerca –a veces muy cerca–, y también lejos en la historia peruana reciente.

Nos referimos, específicamente, a los tecnócratas que buscan convertirse en políticos de la mano del fujimorismo y del golpe de Estado en la década de 1990. Se trata del mismo grupo que Pedro Pablo Kuczynski reclutó para constituir su partido personalísimo (que lleva por nombre sus iniciales –PPK–) en 2011 y que vuelve a reunir para asumir el poder el 2016. Sin embargo, no solo están los tecnócratas. También participan los aventureros que encontraron una oportunidad para su acción con la victoria electoral del outsider Fiujimori en 1990 y luego con el golpe de Estado del mismo presidente y su asesor de inteligencia Vladimiro Montesinos en 1992. Ambos, tecnócratas y aventureros, estuvieron asociados en los noventa y levemente distanciados luego, para que los primeros pudieran consolidar su poder en la áreas económicas, financieras y productivas del Estado y los segundos, luego de ser expulsados del poder el año 2000, afianzaran su aparato clientelista para aspirar al gobierno por la vía electoral.

Paradójicamente, Kuczynski llega al poder en la segunda vuelta de las elecciones de 2016 con el voto antifujimorista que atraviesa un espectro político de izquierda a derecha pero que se opone al autoritarismo y la corrupción que caracterizan al régimen fujimorista. Su dilema, entonces, es profundo y pequeño a la vez. Necesita otorgarle una concesión de fondo a la oposición fujimorista para terminar su gobierno con relativa paz –de allí la consideración del indulto. Al mismo tiempo, sabe que esta decisión podría provocar un nuevo estallido antifujimorista de impredecibles consecuencias. En realidad, el otorgamiento del indulto no representa para PPK una concesión programática de fondo. Significa más bien darle la espalda al Perú democrático que confió en él cuando le dio su voto para elegirlo presidente, cambiándolo por un respiro hasta el 2021. Expresión de esta desazón es la afirmación reciente de Mario Vargas Llosa de que un indulto a Fujimori representaría una traición a quienes votaron por Kuczynski.

Otro problema es la división dentro del propio fujimorismo sobre el tema. Por un lado está la hija, Keiko Fujimori, que lidera Fuerza Popular y controla la bancada mayoritaria del Congreso. Por otro, su hermano Kenji, congresista en la actualidad, pero con una agenda propia que se dice respondería directamente a su padre preso. Keiko ha tratado de desvincular al partido del indulto señalando que se trata de un tema familiar. De esta manera pretende sacarlo de sus prioridades inmediatas. Kenji, en cambio, hace del indulto su razón de ser y proyecta, a partir de allí, un liderazgo alternativo al de su hermana. La situación ha obligado a Keiko a asumir el tema y a manejarlo en sus negociaciones con el gobierno. En la actualidad se sabe que Kuczynski negocia con los dos y proyecta un indulto que responda a la mejor de las ofertas políticas de estabilidad para su gobierno.

Resulta interesante analizar cómo se plantea el tema del indulto desde el fujimorismo y cómo se articula con asuntos relativamente lejanos como la visita del papa Francisco que está programada para el próximo mes de enero de 2018. Para el fujimorismo, el indulto a su líder es una oportunidad para la reconciliación nacional. Curiosamente, plantean el asunto de manera similar a su archirrival Sendero Luminoso que también apuesta por la reconciliación como método para la liberación de sus líderes, Abimael Guzmán y compañía. Ambos sostienen, a la vez, una marcada diferencia con la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) que en su informe final del año 2003 apuntaba a la necesidad de la reconciliación pero resolviendo los problemas de fondo que dieron origen a la violencia política.

En este punto es donde la cuestión del indulto encuentra relación con la visita del papa y el énfasis que éste pone en el tema de la reconciliación. A tan solo a tres meses de la visita del sumo pontífice, se cree que, de otorgarse el indulto a Fujimori, la medida sería efectuada luego de la presentación del nuevo gabinete y el respectivo voto de investidura, programado para mediados de octubre. Un apoyo papal a la medida sería clave porque nadie puede presagiar cuál será la reacción de la sociedad, especialmente si esta es negativa. Esta relación entre la visita papal y el indulto podría verse favorecida por un clero especialmente conservador en el caso peruano, sobre todo por la presencia de Juan Luis Cipriani, el cardenal y prominente miembro del Opus Dei.

Otro aspecto a considerar sobre el posible indulto es la reacción social y política. Si bien las encuestas de los últimos meses señalan que 60% de ciudadanos son favorables al indulto, hay que recordar que en las últimas dos elecciones generales de 2011 y 2016, se han desarrollado importantes movimientos desde la sociedad civil, entre los que ha destacado el colectivo «No a Keiko». Estos movimientos se han lanzado contra la hija de Fujimori por el temor que esta libere a su padre si llega al gobierno. Si bien se trata de desarrollos coyunturales que aparecen en épocas electorales, no se puede descartar que se articule una oposición al indulto que le abra otro frente a Kuczynski, esta vez con predominancia de grupos de izquierda.

Por último, cabe destacar el cambio en la coyuntura política en Perú entre el momento de transición de la dictadura de Fujimori a la democracia (entre el 2000 y el 2001) y la actualidad. En aquel tiempo se vislumbraba el establecimiento de una democracia que hoy ya debería estar plenamente establecida. Sin embargo, lo que tenemos es un régimen precario controlado por fuerzas de derecha que han profundizado el programa neoliberal y que favorecen, cada vez más, un clima dominado por la intolerancia y el autoritarismo. El debate sobre el indulto al personaje cuya actuación delincuencial motivó la transición democrática es un signo de estos tiempos.

La consolidación democrática está hoy más lejos que nunca en estos años. Lo que augura la liberación del otrora dictador no es sino más polarización y conflicto en el Perú y la colocación de los antiguos golpistas a las puertas del poder.



  • 1.

    Es importante señalar que el Perú tiene un régimen político semipresidencial, lo que significa que tiene presidente de la República y presidente del Consejo de Ministros. Este último recibe un voto de investidura del Congreso para entrar en funciones y pueden eventualmente ser censurados algunos de sus ministros o el gabinete en su conjunto. Si el Congreso censura más de dos gabinetes en un periodo de gobierno, el presidente de la República puede disolver el Congreso y llamar a elecciones parlamentarias

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