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Historia oral y vida cotidiana en Cuba

Aunque en general se cree que en los países socialistas la historia oral resulta irremediablemente fallida porque la gente teme hablar sobre su vida, este trabajo muestra que los cubanos desafían con frecuencia el relato oficial sobre la Revolución. A pesar de la aprensión inicial, la mayoría de los entrevistados contó su historia con considerable franqueza, describiendo los placeres y las dificultades de vivir en Cuba. También abordaron una cuestión polémica: la creciente desigualdad. Enfrentando la política oficial, describieron los momentos igualitarios de su juventud y los escozores de la desigualdad, manifestando sentimientos ambivalentes que dan cuenta de la Cuba contemporánea.

Historia oral y vida cotidiana en Cuba

La historia oral bajo el socialismo

Hay consenso acerca de que en los países socialistas la historia oral resulta irremediablemente fallida porque la gente teme hablar sobre sus vidas, una idea sustentada por gran cantidad de evidencia recogida en la Unión Soviética y Europa del Este. Las investigaciones muestran que la gente temía terminar en el gulag o en el cementerio si no repetía la historia oficial frente a los entrevistadores. Como es de prever, la historia oral fue escasa detrás de lo que se llamó la «Cortina de Hierro», antes de la caída del Muro de Berlín, y más tarde floreció, cuando la población empezó a pedir a gritos contar la historia de sus vidas1.

Un hilo conductor de los relatos postsoviéticos sobre la vida bajo el comunismo era que el temor impregnaba toda la sociedad. Las notables similitudes que percibió entre estas historias llevaron a Luisa Passerini a sugerir que «la memoria parece tener un efecto aplanador sobre el concepto de totalitarismo, en tanto y en cuanto recuerda experiencias diferentes de maneras muy similares»2. Por extensión, propongo que algunos historiadores orales parecen haber empobrecido nuestra comprensión sobre la vida bajo el comunismo3. Me vienen a la mente tres libros galardonados: Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin, de Orlando Figes; Stasiland: Historias del otro lado del Muro de Berlín, de Anna Funder, y Querido Líder. Vivir en Corea del Norte, de Bárbara Demick4. A pesar de sus muchos méritos, sospecho que estos libros deben sus premios en parte a que cuentan historias sobre el miedo y la brutalidad implacables registrados durante el comunismo.

En un ensayo provocador, «Success Stories from the Margins: Soviet Women’s Autobiographical Sketches from the Late Soviet Period», Marianne Liljestrom advierte sobre el efecto de tal empobrecimiento5. Sostiene que en las sociedades postsoviéticas hubo una limpieza masiva de la memoria colectiva, en la que solo se consideraron auténticas las historias de sufrimiento, represión y disidencia. Los recuerdos de otra índole, de realización profesional, de amistades y placeres, fueron sospechados de ser falsos, ideológicamente forzados, y expurgados del relato histórico. Lo que nos queda, advierte Liljestrom, es una comprensión incompleta de la vida en el periodo soviético tardío. Veinte años después de la observación de Passerini, una nueva ola de historia oral permite enriquecer nuestro conocimiento de la vida en las sociedades socialistas. Los historiadores orales que trabajan en Rusia y en los países del antiguo bloque soviético descubrieron que algunas personas han reevaluado su pasado, desenterrando recuerdos que habían quedado sumergidos en el fervor postcomunista. Como Natalya Pronina, una economista de la ciudad rusa de Saratov, le dijo a Donald Raleigh, «el periodo soviético (...) [tuvo] sus virtudes. Hubo mucho malo en él, pero también mucho que estuvo bien. Igual que hoy: hay algunas cosas buenas y otras malas»6.

A contracorriente, los cubanos y las cubanas hablan

La colección de 110 entrevistas que mis colegas y yo registramos en Cuba desde 2004 hasta hoy no demuestra que allí el miedo invalidara la historia oral. La mayoría de los cubanos y las cubanas, a pesar de su aprensión inicial, relató sus historias de vida con considerable franqueza, incluso, o especialmente, cuando su relato contradecía la narrativa oficial sobre la Revolución. En lugar de simplificar las complejidades del presente y el pasado, estas entrevistas profundizaron el conocimiento sobre la Revolución. A mi entender, Cuba es el único país socialista donde la gente ha estado dispuesta a hablar con los entrevistadores con cierta franqueza. En su gran mayoría, otras investigaciones sobre la vida en las sociedades socialistas se han llevado a cabo a posteriori o con exiliados.

Antes de nuestro proyecto, hacer historia oral era algo tabú en Cuba. En 1968, una década después de que la Revolución llegara al poder, Fidel Castro invitó a Oscar Lewis, el famoso antropólogo estadounidense, a entrevistar a los cubanos y las cubanas acerca de sus vidas. «Tener un registro objetivo de lo que la población siente y piensa sería una importante contribución a la historia cubana (...) Este es un país socialista. No tenemos nada que ocultar; no hay reclamos ni quejas que no haya escuchado ya», le dijo Castro a Lewis7. A pesar de este inicio alentador, 18 meses más tarde funcionarios de alto rango cancelaron abruptamente el proyecto. Los líderes declararon después que Lewis era un agente de la CIA, algo que prácticamente nadie fuera de Cuba creyó cierto. Es probable que la verdadera razón por la cual el gobierno puso fin al proyecto fuera que los cubanos actuaron exactamente como Fidel predijo: se quejaron, hablaron de sus reclamos, describieron los logros y las fallas de la Revolución. (En el código local, «la Revolución» significa Cuba después de 1959). Respecto de esa franqueza, Ruth Lewis, la codirectora del proyecto, escribió: «¿Era posible escribir una historia de vida honesta, creíble, en la Cuba socialista? (...) Creemos que las historias de vida (...) son tan honestas y reveladoras como las que hemos recogido en otros lugares. Lo ventajoso de una larga autobiografía [es que] permite que emerjan la personalidad esencial y la opinión del informante»8.

El siguiente proyecto de historia oral también terminó abruptamente porque los cubanos hablaron con franqueza sobre sus vidas. En 1975, Gabriel García Márquez, amigo cercano de Castro, entrevistó a cubanos y cubanas de toda la isla para un libro que quería escribir sobre la Revolución. Un año después abandonó el proyecto porque, de acuerdo con lo que les comentó a sus amigos, lo que la gente decía no encajaba con el libro que tenía en mente9. Luego de estos fracasos, el gobierno cubano no autorizó otros proyectos grandes sobre historia oral, hasta el nuestro10. Podría pensarse que los altos dirigentes políticos decidieron que no querían «tener un registro de lo que la población siente y piensa» sobre su vida en el socialismo.

  • 1. Daniel Bertaux, Anna Rotkirch y Paul Thompson (eds.): On Living Through Soviet Russia, Routledge, Londres-Nueva York, 2004; Luisa Passerini (ed.): Memory and Totalitarianism [1992], Transaction Publishers, New Brunswick-Londres, 2005.
  • 2. «Introduction» en L. Passerini (ed.): Memory and Totalitarianism, cit., p. 10.
  • 3. Memoria e historia oral están interrelacionadas, pero no son lo mismo. En pocas palabras, la historia oral es una metodología para recolectar evidencia sobre cómo individuos y grupos sociales recuerdan el pasado y entienden el presente. El efecto de empobrecimiento puede resultar de lo que los narradores dicen y de lo que no dicen, o puede provenir del modo en que los historiadores orales escuchan e interpretan lo que la gente les cuenta, o de lo que ignoran.
  • 4. O. Figes: Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin, Edhasa, Barcelona, 2009; A. Funder: Stasiland. Historias del otro lado del Muro de Berlín, Roca, Barcelona, 2009; B. Demick: Querido Líder. Vivir en Corea del Norte, Turner, Madrid, 2011.
  • 5. En D. Bertaux, A. Rotkirch y P. Thompson: ob. cit., pp. 235-251.
  • 6. D.J. Raleigh: Soviet Baby Boomers: An Oral History of Russia’s Cold War Generation, Oxford University Press, Oxford-Nueva York, 2012, p. 15. V. tb. Alexander Freund: «Interview with Miroslav Vanêk, Guadalajara, Mexico, 26 September 2008» en Oral History Forum d’Histoire Orale No 28, 2008, y Dagmar Herzog: Sex After Fascism: Memory and Morality in Twentieth-Century Germany, Princeton University Press, Princeton, 2005, pp. 216-219.
  • 7. Ruth M. Lewis: «Foreword» en Oscar Lewis, Ruth M. Lewis y Susan M. Rigdon: Four Men: Living the Revolution: An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, Urbana, 1977, pp. viii-xi. Los tres libros basados en el proyecto son: O. Lewis, R.M. Lewis y S.M. Rigdon: Four Women: Living the Revolution: An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, Urbana, 1977 y Neighbors: Living the Revolution: An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, Urbana, 1978; y Douglas Butterworth: The People of Buena Ventura: Relocation of Slum Dwellers in Postrevolutionary Cuba, University of Illinois Press, Urbana, 1980.
  • 8. R. M. Lewis: «Foreword», cit., p. xxviii.
  • 9. Gerald Martin, conferencia en la Universidad de Southampton, 26 de abril de 2010. V. su libro Gabriel García Márquez: una vida, Vintage, Nueva York, 2009; y Jon Lee Anderson: «The Power of Gabriel García Márquez» en The New Yorker, 27/9/1999, pp. 56-71.
  • 10. Entre los estudios de historia oral en Cuba se encuentran: Margaret Randall: Las mujeres cubanas, hoy, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1972; Daisy Rubiera Castillo: Reyíta: La vida de una mujer negra cubana en el siglo xx, Verde Oliva, La Habana, 2006; Eugenia Meyer: El futuro era nuestro: Ocho cubanas narran sus historias de vida, fce, México, df, 2007; Yohanka Valdés Jiménez y Yuliet Cruz Martínez: 50 voces y rostros de líderes campesinas cubanas, Caminos, La Habana, 2009; Ana Vera Estrada: Guajiros del siglo xxi, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, La Habana, 2012.