Tema central

Hacia una ruralidad fragmentada La desagrarización del campo mexicano

Si bien existen muchos estudios sobre los efectos de la aplicación de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en los sectores productivos, de servicio y financieros, así como sobre la transformación de la vida de la población urbana, son muy pocos los trabajos que aluden a su penetración en el espacio. No obstante, en las últimas décadas la vida rural ha evolucionado profundamente, lo que provocó una mutación de los actores sociales y el surgimiento de nuevos conflictos. Por eso es necesario analizar cómo y con qué profundidad estas tecnologías se han difundido en el campo y qué transformaciones se han dado en el espacio de vida de la población.

Hacia una ruralidad fragmentada / La desagrarización del campo mexicano

La desagrarización y las transformaciones del empleo rural

Históricamente, pero en especial a partir de la Revolución Industrial, se dio una clara tendencia hacia la separación entre el espacio rural y el espacio urbano gracias a la concentración de la industria y los servicios en la ciudad, mientras se quedaron en el campo las actividades primarias (agricultura, ganadería, forestación y minería)1. Sin embargo, la aplicación masiva de las tecnologías de información y comunicación (tic) tanto en los procesos productivos como en todos los ámbitos de la vida, desde los años 70 del siglo pasado, tuvo dos consecuencias complementarias que rompieron con la situación anterior. Por un lado, se desarrolló un modelo productivo en red que permitió la descentralización de importantes partes de los procesos productivos hacia pequeñas ciudades, incluso hacia zonas rurales2. El aspecto más conocido de esta nueva tendencia es la subrogación por parte de las empresas transnacionales de las partes menos tecnificadas del proceso productivo hacia países en vía de desarrollo, proceso comúnmente conocido como deslocalización u offshorización. Además, este mismo proceso de descentralización de la producción industrial y de los servicios se replicó en el interior de cada país con la descentralización de la producción industrial y los servicios desde las grandes ciudades hacia ciudades más pequeñas (las famosas ciudades intermedias) e incluso hacia zonas rurales bien comunicadas. Esta dinámica se conoce como «descentralización en cascada»3.

Esta reorientación de los mercados de trabajo gracias a las tic no significa un incremento del empleo total, sino simplemente un nuevo reparto espacial para este que favorece la creación de nuevos mercados de trabajo en las pequeñas ciudades y en las zonas rurales4. La descentralización productiva ha permitido el crecimiento del empleo rural no agrícola (erna), gracias a la diversificación del empleo rural.

Por otro lado, el desarrollo de los transportes y de los medios electrónicos de comunicación ha incrementado exponencialmente la movilidad de la población, lo que le permite adaptarse a las nuevas condiciones de los mercados de trabajo precario y flexible, propios del actual proceso de industrialización posfordista. Es debido al tránsito de un mercado laboral que ofrecía, hasta cierto punto, empleos seguros, a otro insuficiente, precario y flexible, que la migración definitiva a la ciudad se ha debilitado. Actualmente se combina con un nuevo esquema migratorio basado en desplazamientos temporales de corta o larga duración5.

Así, al igual que en el resto de los países latinoamericanos, el empleo rural en México se ha modificado profundamente en los últimos 30 años6. Ha pasado de ser un empleo esencialmente agrícola a un empleo predominantemente desempeñado en los sectores secundarios y terciarios. Esta situación se refleja en la transformación de los hogares rurales. En ellos se incrementa la pluriactividad (actividades fuera de la finca familiar) como resultado de estrategias de supervivencia para contrarrestar los efectos negativos de la crisis agrícola. Sin embargo, un segundo efecto mucho más importante por sus consecuencias en la transformación de la sociedad rural es el aumento de los hogares que no trabajan en la agricultura ni como productores ni como asalariados, pero que permanecen en su localidad de origen mientras sus miembros buscan ubicarse en el mercado de trabajo vía procesos migratorios cada vez más complejos. El crecimiento de la población rural se debe al impresionante incremento de estos hogares no campesinos7. Ambos procesos provocan la desagrarización del campo, entendida como la disminución del empleo (y por lo tanto del ingreso) agrícola en el empleo rural total8. Mientras el proceso de construcción del campesinado mexicano duró unos 70 años, del inicio de la reforma agraria en 1915 hasta su término en 1992, su proceso de deconstrucción tomó menos de dos décadas9. Se ha dado con una velocidad tal que no logramos vislumbrar aún sus verdaderas consecuencias.

La importancia del proceso de desagrarización

Cuantificar estos procesos a escala nacional no es tarea sencilla debido a la falta de herramientas estadísticas adecuadas. Según las fuentes utilizadas, los resultados pueden variar sensiblemente. La mejor metodología es medir la composición de los ingresos de los hogares, en particular el ingreso rural no agrícola. Los primeros estudios sobre el erna constataron que existía una relación entre la cercanía a la ciudad y la posibilidad de conseguir empleos asalariados no agrícolas; se trataba entonces de un fenómeno esencialmente periurbano10. El erna dependía de la posibilidad de trasladarse de la localidad rural a la ciudad en el mejor de los casos diariamente, pero a menudo viviendo en la ciudad para regresar los fines de semana al hogar. Esta situación recuerda los planteamientos hechos por Karl Kautsky cuando estudió, a finales del siglo xix, la importancia de las actividades «complementarias» –según su propia expresión– de las familias campesinas alemanas fuera de sus fincas11. Para este autor se trataba de una situación de transición hacia la proletarización de los campesinos pobres, previa a su migración definitiva a la ciudad.

Estudios recientes muestran que esa situación inicial evolucionó hacia la expansión del trabajo no agrícola incluso en las localidades marginadas y distantes de la ciudad.

Un trabajo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social confirma esta tendencia hacia la generalización de la desagrarización en todo el espacio rural. Su encuesta a hogares rurales de México (enchor), levantada en 2013, apuntala un fenómeno novedoso, que marca un cambio fundamental en la relación campo-ciudad12. En los municipios rurales más pobres, si bien la población ocupada se concentra en la producción agropecuaria propia (producción campesina de subsistencia), en términos de ingresos el trabajo asalariado, esencialmente fuera de la agricultura, aporta la mayor cantidad de dinero a los hogares13. Dicho de otra manera, la población rural más pobre dejó de ser esencialmente campesina para transformarse en trabajadora asalariada, en especial en los sectores secundarios o terciarios y probablemente en actividades informales.

Por nuestro lado, en una investigación a partir de la Encuesta Nacional de los Ingresos y Gastos de los Hogares (enigh), hemos calculado que en 1992 65% de los hogares rurales correspondía a familias de productores agrícolas, en su mayoría con pluriactividad, mientras 35% correspondía a hogares rurales no agrícolas. A la fecha, esta proporción es de 31% y 69% respectivamente. Calculamos también la importancia de los ingresos en ambos tipos de hogares y constatamos que en la actualidad, en promedio nacional, una tercera parte de los ingresos de los hogares agrícolas proviene de la actividad agropecuaria; otra tercera parte, del trabajo asalariado; 10%, de actividades propias (negocios u oficios) y el resto, de subsidios o remesas. Encontramos que todos estos hogares tienen pluriactividad. Para los hogares no agrícolas, encontramos que 66% del ingreso familiar proviene del salario, 15%, de actividades propias y el resto, de subsidios o remesas14.

Un tercer trabajo, siempre a partir de la enigh pero con una metodología diferente de la nuestra, muestra también que el ingreso asalariado es la principal fuente de recursos de los hogares rurales15. Otro dato interesante que apunta hacia el aumento de los hogares no campesinos es la constatación de que hoy en día, en los ejidos y las comunidades, 36,7% de los hogares no tiene acceso a la tierra. Se los conoce como «avecindados». Normalmente, son descendientes de los ejidatarios que fueron dotados de tierra por la reforma agraria y que no heredaron porciones de la parcela familiar. Aun en esta situación, no migraron a la ciudad por falta de oportunidad de trabajo16.

Como hemos señalado, este fenómeno de asalarización de la población rural, esencialmente fuera de la agricultura, va de la mano con otro proceso igualmente importante: la disminución relativa de las migraciones campo-ciudad. Esta clásica migración, propia del surgimiento del capitalismo y de su fortalecimiento a lo largo del periodo fordista, ha sido estudiada desde el siglo xix por la economía clásica como la principal fuente de mano de obra para la conformación de la clase obrera. En América Latina, esta fuerza fue el impulso al crecimiento de las ciudades hace medio siglo, durante el periodo de sustitución de importaciones17. Sin embargo, ahora pierde dinamismo frente a nuevos flujos migratorios como los que se dan entre ciudades o frente a las nuevas movilidades de la población, tanto urbana como rural, que migra temporalmente y retorna regularmente a su hogar, en un permanente ir y venir para ubicarse en los actuales mercados de trabajo precarios.

A este respecto, un estudio de Itzi Segundo y Gerardo Bocco señala que actualmente en México no se encuentra una relación significativa entre despoblamiento e índices de marginación18. Este importante descubrimiento rompe con la situación vivida con anterioridad tanto en los países industrializados como en los países pobres, cuando la población más pobre y marginada abandonaba definitivamente sus localidades para migrar a la ciudad en busca de mejor suerte. De tal manera, hoy en día existen suficientes datos para concluir que la desagrarización dejó de ser un proceso esencialmente periurbano, como posiblemente lo fue en un principio, para generalizarse aun en los pueblos aislados, lejanos de la ciudad y marginados. Resulta evidente que esta situación tiene importantes consecuencias sobre la organización social campesina, tanto en el funcionamiento de la comunidad agraria como de sus organizaciones. El absoluto predominio de los hogares no agrícolas sobre los hogares que mantienen una lógica campesina ha transformado profundamente la vida de las localidades rurales.

La fragmentación de la sociedad rural

Nos proponemos en esta parte mencionar algunos aspectos de la vida rural que se ven profundamente afectados tanto por la desagrarización como por el uso de las tecnologías de información y comunicación por parte de la población rural.

Transformación de la lógica de la unidad de producción campesina. En muchos casos, el incremento de las actividades asalariadas de la familia campesina no provoca la desaparición de la unidad de producción a causa de la migración definitiva, como hace algunas décadas, sino la transformación de su lógica organizativa: sin dejar su vínculo con la tierra, la familia campesina valoriza de igual forma sus demás actividades no agrícolas. Con ello, la unidad campesina pasa de ser una organización sistémica dominada por la producción agropecuaria, ocasionalmente complementada con actividades fuera de la finca, a ser una organización sistémica pluriactiva en la que la actividad más lucrativa marca la dinámica del trabajo familiar. En este contexto, los productores pobres no están forzosamente en un proceso de transición hacia su proletarización, o proletarización no asalariada, como se argumentaba a finales de la década de 1970, sino que se reproducen en la unidad pluriactiva. En la teoría clásica de la economía campesina, el trabajo familiar era determinado por la actividad agropecuaria propia19. En la actual unidad económica campesina pluriactiva, esta centralidad del sector primario se desdibuja para dar lugar a un sistema económico más complejo en el cual es la actividad que permite obtener el mayor ingreso la que determina la dinámica del trabajo familiar. Seguirá siendo la agricultura cuando es la actividad más rentable para la unidad de producción, pero será el trabajo asalariado cuando el mercado de trabajo ofrezca mayores posibilidades de ingreso que el mercado de productos agropecuarios20. Parece que esta segunda posibilidad marca la tendencia actual.

Combinación de procesos migratorios en diferentes escalas. Los procesos migratorios se han transformado en la misma medida en que se transformaron los mercados de trabajo a escala mundial. Con ello, la relación campo-ciudad se ha modificado profundamente en todos los países.

Asistimos a una reorganización de los flujos migratorios en la cual se desdibuja la añeja relación espacial esencialmente bipolar (un lugar de salida, otro de llegada), mientras se fortalecen nuevas formas migratorias adaptadas a las exigencias de los mercados de trabajo. En el marco de una enorme pobreza e incertidumbre laboral, predominan procesos de movilidad permanente, porque la posibilidad de planear la vida familiar es cada vez más problemática21.

La noción misma de retorno, tan de moda actualmente en México, se vuelve ambigua. ¿Qué quiere decir retornar a su casa cuando ya no hay trabajo?, ¿cuáles son las alternativas de los «retornados» cuando no hay trabajo suficiente (ni «trabajo decente») en el país? En regiones rurales en donde existen fuentes de empleo no agrícola (textil esencialmente), es posible conseguir trabajo por la alta tasa de rotación de los trabajadores22, pero muchos tendrán que volver a migrar, regional, nacional o internacionalmente, para conseguir un nuevo trabajo temporal. Cuando la separación entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo es una característica estructural de la precarización de los mercados de trabajo, la noción del hogar, base constitutiva del lugar de origen y de la vida familiar pueblerina, se transforma, aunque sea de manera diferente para cada uno de sus miembros. ¿Para cuántos se vuelve solo un lugar de refugio, el último disponible, más que una opción de vida deseada23? En este sentido, parece necesario analizar con más precisión el contenido social, psicológico y aun afectivo del retorno, del hogar y de las llamadas «estrategias de supervivencia». Posiblemente estas problemáticas estén más marcadas en los hogares rurales no campesinos, que son la mayoría, que en los hogares campesinos donde la tierra puede ser todavía un factor de arraigo.

Nuevas redes sociales. Vale la pena insistir en la importancia de las nuevas tecnologías de comunicación (internet, telefonía celular, Facebook, WhatsApp, etc.) en la transformación de las redes sociales que se han desarrollado para consolidar los flujos migratorios. Hace tiempo que los migrantes se han apropiado de las diferentes tecnologías de internet y, como en el resto de la sociedad, su uso se ha ampliado en la medida en que su costo ha disminuido. Eso les ha permitido complejizar sus relaciones sociales y crear nuevos espacios de coordinación social. Sin duda, la construcción de los territorios en red (algunos autores hablan de «archipiélago») se vio facilitada por el incremento de las comunicaciones gracias al uso de internet. Valdría la pena retomar la discusión planteada hace tiempo sobre la relación que existe entre la intensificación de la conectividad entre personas gracias a internet y la telefonía celular con el incremento del individualismo, tendencia que debilitaría los vínculos sociales24, cuando un estudio más reciente plantea la posibilidad de crear comunidades transnacionales virtuales consolidadas porque la fortaleza de los vínculos sociales no depende de la tecnología utilizada sino de la manera de implementarla25.

Otra consecuencia fundamental de las redes virtuales es que permite a los migrantes tener información completa de mercados de trabajo lejanos, incluso en otros países, y por lo tanto adaptarse mejor a las necesidades de la movilidad laboral. Aunque no puedan cambiar las condiciones de la precariedad del empleo, por lo menos esto les permite conseguir mayor cantidad de trabajo. Pertenecer a una red virtual es una ventaja comparativa importante para conseguir empleo. Tal vez el cambio más importante propiciado por el uso de las tic en la construcción de las redes sociales es la mayor facilidad que tienen los jóvenes, hombres y mujeres, para participar activamente en ellas. Mientras el viejo modelo de las redes sociales se reproducía sobre la base del modelo patriarcal, con una estricta división del trabajo por edad y género, en las redes virtuales el buen manejo de la tecnología y la capacidad de crear vínculos interpersonales a distancia se vuelven los factores fundamentales de participación26.

Diferenciación del perfil socio-demográfico de los hogares agrícolas y los no agrícolas. Si consideramos variables como tipo de familia (nuclear, individual, ampliada), tamaño, edad y sexo de los jefes de familia, escolaridad o migración, constatamos una clara diferenciación en el perfil sociodemográfico de los hogares agrícolas y los no agrícolas. Si bien las familias nucleares predominan en ambos casos, las familias ampliadas se concentran en los hogares agrícolas, mientras las unipersonales (personas que viven solas) se ubican esencialmente en los hogares no agrícolas. Los hogares campesinos tienen más miembros que los no campesinos. La edad promedio de los jefes de familia es mayor en los hogares campesinos. No solo hay más mujeres que son jefas de familia, sino que las mujeres migran más del lado de los hogares no campesinos y en ellos la escolaridad es sensiblemente más elevada. En suma, los hogares no agrícolas tienen un perfil más urbano y son los que tienen mayor participación en los flujos migratorios27. Es necesario tomar en cuenta esta diferenciación cuando se analizan los procesos de organización social de la población rural, muy especialmente con respecto al papel de las mujeres.

Surgimiento de las mujeres como actores sociales. Las mujeres rurales salen paulatinamente de la estructura familiar patriarcal, aunque sea con retraso frente a la evolución observada en la ciudad. Este desfase no es una constatación novedosa, ya que desde el siglo xix varios estudiosos señalaron que la ciudad era un factor de cambio social, mientras el campo mantenía sus viejas formas de vida28. Hoy queda claro que la sociedad rural abandona sus ancestrales formas de organización en la medida en que se ve influenciada por la sociedad urbana y es lo que ha pasado con el proceso de desagrarización. Es en este contexto donde, paulatinamente, las mujeres rurales están adquiriendo nuevos roles en sus familias y en sus comunidades.

El número de mujeres que son jefas de hogar en el espacio rural crece constantemente. Varios datos apuntalan este fenómeno. En 1990, las mujeres encabezaban 14,3% de los hogares rurales, mientras que en 2010 la proporción llegó a 19,3%. En los municipios rurales con tasa migratoria negativa, el porcentaje subió a 26,7%29. En el mismo sentido, constatamos que, en 1979, en los ejidos solo 1,3% de los titulares del derecho agrario eran mujeres, mientras que en 2008 estas ascendían a 20%30. Finalmente, en 2007 vemos que 41,8% de los hogares de los avecindados ubicados en ejidos tenían una mujer como jefa de hogar31. La viudez o el alargamiento de la vida parecen ser factores insuficientes para explicar esta situación. Otro factor importante es el abandono del hogar por parte de jefes de familia, con o sin tierra, que rehacen su vida fuera de su comunidad.

Por otro lado, las mujeres participan cada vez más en las migraciones. A escala nacional, la tasa de migración de las mujeres es sensiblemente más alta que la de los hombres (29,4% frente a 28,4%), mientras que a escala internacional es notablemente inferior (1,7% y 4,8%)32. Para la población que no migra, existe un fuerte incremento del trabajo femenil en el empleo rural no agrícola, como por ejemplo en las regiones donde se ha desarrollado la industria textil maquiladora33.

Sin embargo, la feminización del empleo rural se hace, al igual que en la ciudad, a costa del incremento del trabajo de las mujeres, que se ven obligadas a tener un empleo y a seguir cumpliendo con sus responsabilidades del hogar. Sin embargo, no es menos cierto que esto les abre nuevos derroteros para salir de la dominación patriarcal. Toman decisiones sobre su vida y una de ellas es el control de su cuerpo, que se refleja en una fuerte disminución de la tasa de natalidad rural (7,4% en 1996 y 3,5% en 2010)34. También toman decisiones en su comunidad, ya que su nuevo estatus como jefas de familia, trabajadoras asalariadas o propietarias de un pedazo de tierra les abre la posibilidad de participar en los órganos de representación de sus comunidades y además les da mayor capacidad para participar en organizaciones de mujeres.

Reflexiones finales

En este artículo se ha planteado que las tic fueron el punto de partida de una tercera revolución tecnológica que dio paso a la creación de la sociedad del conocimiento35. Sus efectos son tan profundos que han penetrado ampliamente los espacios rurales de los países menos industrializados, de tal manera que podemos hablar de un proceso de «urbanización del campo». El caso mexicano muestra que no estamos frente a una ampliación de viejos procesos, sino frente a un cambio en las relaciones sociales de producción en el espacio rural. Se debilitan viejos actores pero surgen nuevos. Como siempre, los procesos analizados aquí se dan de manera desigual en cada territorio, según su propia inserción en el mercado global.

Acabamos de ver que el funcionamiento de la unidad de producción campesina se transforma profundamente tanto por los efectos de la ampliación de la migración como por la pluriactividad. Con la pérdida de centralidad de la tierra y de la estructura patriarcal, la dinámica de la familia para la toma de decisiones ha cambiado. Además del padre, los demás miembros que aportan ingresos propios a la familia tienen la posibilidad de participar36. La desagrarización conlleva también importantes consecuencias sobre la organización social de la llamada «comunidad campesina». La creciente presencia de una población no agrícola, que tiene un perfil socioeconómico similar al de la población urbana (acceso a trabajos similares y estructura familiar parecida), ha transformado profundamente la vida de las localidades rurales. Esto se puede constatar en el surgimiento de nuevos conflictos en los pueblos, como las contradicciones que existen entre los «avecindados» y los ejidatarios, así como entre migrantes y no migrantes por el control de las autoridades municipales o de sus delegaciones cuando existen37. Hoy en día, los campesinos conviven con una población rural que no tiene tierra y que reclama sus derechos de participación en la vida de sus pueblos. Todavía atenidos a las formas de gobierno de la vieja comunidad agraria patriarcal, basada en la posesión de la tierra, los campesinos no aceptan con facilidad compartir el poder local con los nuevos miembros de la actual sociedad rural. Esta nueva problemática está en el centro de muchos conflictos locales.

El ascenso de las mujeres como sujetos activos es un aspecto fundamental de las transformaciones rurales. Sin embargo, al igual que en la ciudad, no solo su incorporación al trabajo asalariado se hace en las peores condiciones (trabajos menos calificados, desigualdad salarial frente a los hombres, etc.), sino que su participación en la vida social o política queda muy rezagada.

En este artículo no hicimos ninguna referencia a la población indígena porque creemos que, en el nivel de análisis que presentamos, su transformación sigue en sus grandes líneas la evolución que acabamos de delinear. Finalmente, debemos remarcar que si bien constatamos la existencia de una gran transformación en la vida rural, esta no se refleja cabalmente en los procesos de organización social o política de la población.

  • 1.

    Si bien la manufactura rural marcó un momento importante en el desarrollo hacia el capitalismo, correspondió a una fase inicial de la producción fabril (siglos xiv-xviii) que encontró sus límites con la Revolución Industrial. H.C. de Grammont: «El empleo rural no agrícola en México: el caso de la industria de la confección» en Alberto Riella y Paola Mascheroni (coords.): Asalariados rurales en América Latina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales / Departamento de Sociología / fcs / udelar, Buenos Aires, 2015.

  • 2.

    Robert Castel: Las metamorfosis de la cuestión social, Paidós, Buenos Aires, 1997; Pierre Veltz: Mondialisation, villes et territoires, puf, París, 1996.

  • 3.

    En los países industrializados anglófonos se habla esencialmente de un proceso de contraurbanización; en los francófonos, de un proceso de industrialización difusa hacia las zonas rurales. H.C. de Grammont: «El empleo rural no agrícola en México», cit.

  • 4.

    En México, al igual que en muchos otros países, el ejemplo más claro de esta reorganización espacial se encuentra en la industria maquiladora de la confección, que ha penetrado profundamente en las regiones rurales en las que prevalece una población rural pobre.

  • 5.

    Sara María Lara Flores: «Los territorios migratorios como espacios de articulación de migraciones nacionales e internacionales. Cuatro estudios de caso en México» en Política y Sociedad vol. 49 No 1, 2012.

  • 6.

    Para los trabajos más recientes sobre América Latina, v. entre otros: Sergio Schneider: «La pluriactividad en el medio rural brasileño: características y perspectivas para la investigación» en H.C. de Grammont y Luciano Martínez (comps.): La pluriactividad en el campo latinoamericano, Flacso, Quito, 2009; Silvia Gorenstein, Martín Napal y Mariana Olea: «Territorios agrarios y realidades rururbanas. Reflexiones sobre el desarrollo rural a partir del caso pampeano bonaerense» en Eure vol. 33 No 100, 2007; Elizabeth Jiménez Zamora: «La diversificación de los ingresos rurales en Bolivia» en Iconos. Revista de Ciencias Sociales No 29, 2007; Flávio Sacco dos Anjos y Nádia Velleda Caldas: «Pluriactividad y agricultura familiar en Brasil: el caso de Rio Grande do Sul» en Revista de la Cepal No 93, 2007; Paola Mascheroni y Alberto Riella: «La pluriactividad en el medio rural uruguayo» en A. Riella (comp.): Globalización, desarrollo y territorios menos favorecidos, Universidad de la República, Montevideo, 2006; Carla Gras: «Pluriactividad en el campo argentino: el caso de los productores del sur santafecino» en Cuadernos de Desarrollo Rural No 51, segundo semestre de 2003.

  • 7.

    En 1921 la población rural era de 10 millones (68% de la población total); en 1950, de cerca de 15 millones (58% de la población total); en 2010, de 26 millones (23% de la población total).

  • 8.

    Utilizamos indistintamente las expresiones «hogares campesinos», «hogares agrícolas» u «hogares de pequeños productores». Asimismo, con los «hogares no agrícolas» y «hogares no campesinos». H.C. de Grammont: «La evolución de la producción agropecuaria en el campo mexicano: concentración productiva, pobreza y pluriactividad» en Andamio, vol. 7 No 13, 2010; H.C. de Grammont: «La desagrarización del campo mexicano» en Convergencia. Revista de Ciencias Sociales año 16 Nº 50, 2009.

  • 9.

    Formalmente, el reparto agrario se inició durante la Revolución Mexicana con la Ley Agraria de 1915 y se terminó con la promulgación de la Ley Agraria de 1992.

  • 10.

    Caridad Araujo, Alain de Janvry y Elisabeth Sadoulet: «Spatial Patterns of Non-Agricultural Employment Growth in Rural Mexico During the 90s» en Territorio y Economía No 5, 2004.

  • 11.

    K. Kautsky: La cuestión agraria: análisis de las tendencias de la agricultura moderna y de la política agraria de la socialdemocracia, Siglo xxi, Ciudad de México, 1968.

  • 12.

    Esta encuesta es representativa de los hogares en localidades de 500 a 2.500 habitantes a escala nacional y permite comparar el monto y la composición de los ingresos de los hogares correspondientes a los 400 municipios rurales más pobres del país con los hogares del resto de los municipios rurales. Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social: «Características productivas de los hogares rurales en México», 2014.

  • 13.

    En los 400 municipios rurales más pobres, la producción agrícola propia representa 12% del ingreso total de los hogares mientras los salarios suman 57% (20% de salarios en la agricultura más 37% fuera de la agricultura). Por su lado, las remesas constituyen 6% del ingreso familiar.

  • 14.

    H.C. de Grammont: «La desagrarización del campo mexicano», cit.

  • 15.

    Nelson Florez Vaquiro y Marisol Luna Contreras: «Hogares e ingresos en los contextos rurales de México» en Coyuntura Demográfica No 8, 2015.

  • 16.

    ix Censo Ejidal en inegi: Censo Agropecuario 2007.

  • 17.

    Francisco Alba: La población de México, evolución y dilemas, El Colegio de México, Ciudad de México, 1977.

  • 18.

    I. Segundo y G. Bocco: «Usando datos censales desde un enfoque geográfico. El caso del despoblamiento de pequeñas localidades rurales en México (2000-2010)» en Realidad, Datos y Espacio vol. 3 No 3, 2012.

  • 19.

    Alexander V. Chayanov: La organización de la unidad económica campesina, Nueva Visión, Buenos Aires, 1974.

  • 20.

    Existe un punto de encuentro entre ambas situaciones, cuando la utilidad de la parcela se vuelve marginal en el ingreso total de la familia. Es en este momento cuando la tierra pierde relevancia para la reproducción familiar. H.C. de Grammont: «La evolución de la producción agropecuaria en el campo mexicano», cit.

  • 21.

    S.M. Lara Flores: ob. cit.; Alain Tarrius: «Leer, escribir, interpretar. Las circulaciones migratorias: Conveniencia de la noción de ‘territorio circulatorio’. Los nuevos hábitos de la identidad» en Relaciones vol. xxi No 83, 2000.

  • 22.

    H.C. de Grammont: «El empleo rural no agrícola en México», cit.

  • 23.

    Se puede llegar al caso extremo de que el lugar de residencia ya no exista porque la gente vive en una situación de movilidad permanente. A. Tarrius: ob. cit.

  • 24.

    Bernie Hogan y Barry Wellman: «The Immanent Internet» en Johnston McKay: Netting Citizens: Exploring Citizenship in a Digital Age, St. Andrew Press, Edimburgo, 2004.

  • 25.

    Jacques Ramírez Gallegos: «Aunque se fue tan lejos nos vemos todos los días: migración transnacional y uso de nuevas tecnologías de comunicación» en Consuelo Albornoz, Valeria Cabrera, Karina Palacios, J. Ramírez y Dante Villafuerte (eds.): Los usos de internet: comunicación y sociedad, Flacso, Quito, 2007.

  • 26.

    Alfredo de Luna Hernández: «Redes migrantes y complejidad del vínculo: un estudio sobre mercados de trabajo rurales», tesis de maestría en Antropología, Facultad de Filosofía y Letras, unam, Ciudad de México, 2014.

  • 27.

    H.C. de Grammont: «La evolución de las fuentes de empleo y de los ingresos de los hogares rurales mexicanos», ponencia presentada en el x Congreso da la Asociación Mexicana de Estudios Rurales, Toluca, 2015.

  • 28.

    Henry Maines: Ancient Law: Its Connection with the Early History of Society, and Its Relation to Modern Ideas, John Murray, Londres, 1861; Ferdinand Tönnies: Gemeinschaft und Gesellschaft. Abhandlung des Communismus und des Socialismus als empirischer Culturformen, Fues’s Verlag (R. Reisland), Leipzig, 1887; Émile Durkheim: La división del trabajo social, Akal, Madrid, 1987; Pitirim Sorokin y Carle C. Zimmerman: Principles of Rural-Urban Sociology, Holt, Nueva York, 1929. La propuesta más conocida hoy en día es la de Durkheim, que se puede resumir de la siguiente manera: campo = atraso vs. ciudad = modernidad.

  • 29.

    Gisela Espinosa Damián: «Feminización de lo rural y políticas públicas. Nuevas realidades y viejas políticas» en La uam ante la sucesión presidencial. Propuestas de política económica y social para el nuevo gobierno, uam-x/csh, Ciudad de México, 2011; Blanca Suárez San Román, Emma Zapata Martelo, Rosario Ayala Carrillo, Naima Cárcamo Toalá y Josefina Manjarrez Rosas: ¿...Y las mujeres rurales? Avances y desafíos en las políticas públicas, Indesol/gimtrap, Ciudad de México, 2011.

  • 30.

    El titular del derecho agrario es el propietario de la parcela familiar. Como tal, participa en las diferentes instancias de la organización ejidal.

  • 31.

    inegi: ob. cit. Este último dato es especialmente llamativo y justificaría por sí solo una investigación sobre este problema.

  • 32.

    B. Suárez San Román, E. Zapata Martelo, R. Ayala Carrillo, N. Cárcamo Toalá y J. Manjarrez Rosas: ob. cit.

  • 33.

    G. Espinosa Damián: ob. cit.; H.C. de Grammont: «El empleo rural no agrícola en México»: ob. cit.

  • 34.

    Desde hace 40 años, hay en México importantes políticas de control de la natalidad. Sin embargo, parece que los efectos sociales de la desagrarización fueron más eficaces para bajar la natalidad que los programas gubernamentales. G. Espinosa Damián: ob. cit.

  • 35.

    Christopher Freeman y Carlota Pérez: «Structural Crises of Adjustment, Business Cycles and Investment Behavior» en Technical Change and Economic Theory, Pinter Publishers, Londres-Nueva York, 1988.

  • 36.

    Podemos suponer que existe cierta relación entre la importancia de la aportación de cada uno para la reproducción de la familia y la posibilidad de intervenir en las decisiones familiares.

  • 37.

    Los municipios grandes suelen subdividirse en delegaciones.