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Hacia el desarrollo de líneas de investigación

La heterogeneidad en los orígenes del Estado nacional en América Latina, a pesar de la coincidencia temporal en los procesos de emancipación, impide hablar de un único modelo. Sin embargo, pese a las diferencias, hay algunos elementos comunes, como las dificultades para alcanzar el desarrollo económico y social pleno y la persistente interrupción militar durante buena parte de la historia. Tras recorrer sus orígenes históricos, el artículo analiza la relación entre el Estado y cuatro instancias claves –los Estados subnacionales, las instituciones de la sociedad civil, los actores del mercado y los del ámbito supranacional– con el objetivo de plantear algunas líneas de debate acerca de las posibilidades y los límites para la construcción de un Estado auténticamente democrático en América Latina.

Hacia el desarrollo de líneas de investigación

El rol del Estado nacional desde una perspectiva histórica

El rol del Estado en cada caso nacional tiene una inherente especificidad que se explica por las cambiantes circunstancias enfrentadas, históricamente, por cada sociedad. Por eso se dedicará una primera sección de este trabajo a analizar el papel inicialmente cumplido por el Estado en América Latina y el Caribe (ALC), ya que en el examen de los elementos comunes y dispares de una experiencia semejante, pueden hallarse algunas claves para comprender su papel actual.

La formación del Estado y el proceso de construcción social. Visto en términos históricos, el Estado nacional es un fenómeno institucional nuevo. En la mayor parte de la región, tiene alrededor de un siglo y medio de existencia. De los apenas 36 Estados creados en el siglo XIX, una gran mayoría correspondió a América Latina.

Aun así, no siempre las fechas de declaración formal de independencia de una nación implican la simultánea creación de Estados nacionales. En tal sentido, la experiencia es muy diversa, incluso en América Latina. Más de medio siglo debió transcurrir en Argentina hasta que pudo iniciarse el proceso de organización definitiva de un Estado nacional. Para algunos autores, Brasil recién contó con un verdadero Estado nacional a partir del Estado Novo de Getúlio Vargas. Y según Julio Cotler (1978), Perú aún no consiguió constituir un Estado nacional que integrara las tres dispares regiones de su territorio.

Por otra parte, el momento histórico de surgimiento del Estado nacional es fundamental como elemento distintivo de su fisonomía y su papel en el proceso de construcción nacional. Los Estados latinoamericanos surgieron en sociedades aún coloniales, en territorios por lo general despoblados, que todavía no habían construido las instituciones básicas que conforman una sociedad nacional (relaciones de producción, sentimientos de nacionalidad, estructura de clases cristalizada, bases jurídicas, circuitos comerciales). El propio proceso de formación estatal fue parte fundamental de ese proceso de construcción social más abarcador. En otras naciones que accedieron a su independencia en el siglo XX, los territorios ya estaban poblados y las instituciones básicas estaban creadas (v.g., la burocracia estatal en la India o Pakistán).

En América Latina, las naciones que los Estados se propusieron preservar de las fuerzas secesionistas luego del rompimiento del vínculo colonial surgieron en una etapa en que recién comenzaba a producirse la inserción de su producción primaria en los mercados europeos, durante la fase del capitalismo que coincidió con la segunda Revolución Industrial y la revolución en los transportes. En cambio, en las naciones surgidas en el siglo XX, las relaciones de producción capitalistas ya se habían establecido plenamente y las naciones se incorporaban como late-comers (y aun como late-late-comers) al sistema capitalista mundial. Estas diferencias exigieron también la asunción de roles diferentes por parte del Estado.

Otros elementos diferenciales pueden ser observados dentro de la propia región. Por ejemplo, la rapidez con que luego del proceso independentista se resolvieron los conflictos de intereses intraburgueses; las características territoriales y el potencial de los recursos naturales; el peso de la inmigración y su impacto cultural; el aislamiento geográfico de los países. Se ha aducido, asimismo, que el peso de la tradición colonial, de virreinatos relativamente fuertes, como los que se crearon en México y Perú, y de sus resabios culturales persistieron en la etapa postindependentista y generaron sistemas de dominación locales fuertemente autoritarios.

Determinantes sociales del Estado democrático. Es evidente que ha existido una considerable heterogeneidad en los orígenes del Estado nacional en América Latina, a pesar de la notable coincidencia temporal de sus procesos de emancipación. También es probable que esas dispares condiciones en que se constituyeron las respectivas sociedades e instituciones de esas naciones hayan tenido alguna influencia sobre las perspectivas de afianzamiento de la democracia en cada una de ellas.Sería ocioso discutir si los Estados nacionales que se fueron formando y afianzando terminaron siendo fuertes o débiles. La pregunta que importa a nuestros efectos es si son, hoy, Estados democráticos. El camino para responder a este interrogante es sinuoso, exige desbrozar un denso terreno analítico y despejar una serie de cuestiones previas.

No hay duda de que la existencia del Estado, a secas, cumple un papel esencial en el mantenimiento y la reproducción de un determinado modo de organización social, entendido como un concepto que nos permite abarcar la extraordinaria complejidad de la realidad contenida en las relaciones Estado-sociedad y sus respectivas instituciones. En ese sentido, suponemos que en cada experiencia nacional la existencia de un Estado responde a la necesidad de resolver un conjunto de necesidades y demandas planteadas en el proceso de construcción de ese modo de organización social. Por lo tanto, el papel del Estado es el resultado del involucramiento de las instituciones que van surgiendo en el curso de los procesos de resolución de las cuestiones socialmente problematizadas, exista o no consenso en que sea el Estado nacional quien deba resolverlas.

Este planteo puede corresponder a una población (un demos) que convive en un territorio delimitado, que conforma un nosotros diferenciado por ser parte de un proyecto de nación. Obsérvese que esas instituciones estatales pueden no estar aún creadas, por lo que es la propia necesidad o demanda social la que, al mismo tiempo, genera la agenda estatal, construye el aparato institucional y afianza el «proyecto nacional». En la medida en que ese Estado en formación «resuelve» la demanda, confirma su capacidad para constituirse en la fundamental instancia para la articulación de las relaciones sociales, legitimando a la vez su intervención y su carácter «nacional».