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Golpe de Estado y derechas en Paraguay. Transiciones circulares y restauración conservadora

El golpe de Estado del 22 de junio de 2012 canceló la experiencia reformista encarnada en Paraguay por Fernando Lugo. Su destitución repuso en el poder, más que al viejo Partido Colorado, a una elite empresarial y a una nueva configuración social de las derechas locales vinculadas a una matriz rentista derivada de los productos de exportación paraguayos: carne vacuna, soja y electricidad. El empresario Horacio Cartes es el representante de la actual coalición conservadora en el poder.

Golpe de Estado y derechas en Paraguay. Transiciones circulares y restauración conservadora

Edelberto Torres-Rivas dijo una vez, con refinada ironía, que el golpe de Honduras de 2009 ha demostrado cuán irreversible es la democracia en ese país. Esta afirmación podría ser extendida a Haití (2004) y a Paraguay (2012), países que fueron escenarios de lo que Juan Gabriel Tokatlian caracteriza como neogolpismo1. Una de las principales novedades que aportan estos formatos destituyentes, además de los actores civiles e instituciones parlamentarias y judiciales involucrados, es que garantizan todos los «mecanismos legales» para dar continuidad al régimen democrático. A diferencia de siglos pasados, la derecha no necesita apelar al fraude y puede interrumpir un proceso de cambio en marcha, al menos en los países que constituyen los eslabones débiles del proceso de cambio hacia la izquierda que vivió la región. Los resultados postgolpe en cada uno de estos países lo verifican y dejan a la vista un transformismo partidario profundamente despolitizado que acude en busca de empresarios, capitalistas o burgueses.

Tal ha sido la legitimidad lograda por los actores que emprendieron este nuevo tipo de golpismo, que en diferentes campos discursivos –intelectuales, periodísticos, etc.– se ha producido un desplazamiento semántico a la hora de nombrarlos, como si el quiebre de la voluntad popular y la soberanía política fueran más «blandos» o más «suaves» porque ya no son necesarias las armas de los militares ni la violencia física directa como metodología predominante de los sectores dominantes para mantener el statu quo.

La «transición circular»: de Lugo a Stroessner

El derrocamiento de Alfredo Stroessner, ocurrido mediante un golpe de Estado encabezado por una facción del Partido Colorado y de las Fuerzas Armadas los días 2 y 3 de febrero de 1989, dio inicio a una «transición circular»2. En las postrimerías del socialismo real, y en un nuevo contexto internacional y regional, el stronismo no tenía la posibilidad ni la capacidad, después de 35 años en el poder, de reinventarse como una fuerza capaz de conducir un verdadero cambio de época. Durante la Guerra Fría, el dictador paraguayo hacía gala de que Paraguay era uno de los países más anticomunistas del mundo y estableció fuertes lazos políticos y económicos con Taiwán. La avenida y la estatua dedicadas al líder anticomunista Chiang Kai-shek quedan como recuerdo de esas relaciones, que vincularon a Stroessner con numerosas organizaciones internacionales de la extrema derecha y que redundaron en apoyo político y negocios múltiples3, pero al mismo tiempo crearon una profunda cultura anticomunista.

En 1989 esas bases de apoyo ya no resultaban tan eficientes. Los nuevos grupos económicos, creados por el propio régimen stronista a partir de una reorganización de la estructura productiva y financiera4, devinieron actores con autonomía respecto del régimen político de origen y se amoldaron con relativa comodidad al nuevo formato democrático, tanto como a la metamorfosis del capitalismo mundial.

Luego de varios ensayos económicos fracasados, Paraguay comenzó a atravesar una transformación radical de su matriz productiva. Esta transformación tiene sus bases en el fortalecimiento de una economía de enclave vinculada a la exportación de energía eléctrica, soja, carne vacuna y pieles. En términos históricos, a partir de la mitad de los años 90 y bajo la presidencia del entonces empresario Juan Carlos Wasmosy (1993-1998), cobró impulso expansionista la soja, que iba a adquirir nuevas características a partir de 1999 con el ingreso de las semillas transgénicas, preludio para la consolidación del agronegocio. No obstante, a contrapelo del sentido común, Luis Rojas Villagra ha demostrado con evidencia empírica que las corporaciones transnacionales no participan en la producción agrícola y, por tanto, no tienen una presencia territorial visible en el país5; sus intereses están en otro lado. La producción directa de la tierra, por el contrario, se concentra en 26 empresas nacionales, 50% de las cuales son propiedad total o parcial de brasileños, o de los llamados «brasiguayos», y de inversionistas argentinos6. El agronegocio cuenta así con fuertes actores locales creados a partir de las tierras cedidas por el stronismo, que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) produjo la concentración más alta del mundo7, en alianza con las burguesías de Brasil y Argentina, dada la variación de los precios relativos de la tierra y la carencia de presión tributaria. El propio ministro de Hacienda, Germán Rojas, señaló que el sector agropecuario casi no paga impuestos, pese a lo cual el gobierno no muestra mucha voluntad de obligarlos a contribuir. En 2013, el aporte en concepto de impuestos directos de este sector fue de solo 0,9% del total de la recaudación impositiva8. Estas cifras muestran una desproporción acentuada entre la contribución tributaria de este sector y su aporte al PIB, que representa un 30%9. Asimismo, las exportaciones de materias primas están exentas de impuestos, lo que genera incentivos adversos hacia el incremento del valor agregado de los productos exportables; estos se concentran en semillas de soja, 80% de cuyo tráfico se realiza a través de puertos privados10.

El dato más evidente es entonces que Paraguay, que ha crecido a un ritmo económico constante e inédito de 5% y 6% en los últimos años, es más desigual que otros países con la misma estructura productiva: no solo es el país con menor presión tributaria de la región (solo 13,3% del PIB corresponde a la recaudación impositiva), sino también el más desigual. El IVA, que genera 45% de los ingresos públicos, afecta al 10% más pobre de la población en 18,3% de su renta, mientras que para el 10% más rico solo equivale a 4,6% de sus ingresos.

Por otro lado, la nueva matriz del agronegocio ha generado un país con una estructura social más compleja: Paraguay ha dejado de ser un país con población mayoritariamente rural, mientras que la matriz productiva excluyó del acceso a la tierra a los campesinos –a menudo por la vía de la violencia– y propició un aumento en los índices de emigración de la población rural hacia las ciudades. No es casual entonces que Lugo –el candidato de centroizquierda que en 2008 derrotó al Partido Colorado tras 60 años de este en el poder– recogiera el mayor caudal de votos en las zonas urbanas y que Horacio Cartes, su sucesor elegido en las urnas, no hable guaraní, un idioma ampliamente extendido en el país, que desde su fundación ha sido bilingüe español-guaraní.

  • 1. Lorena Soler: doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (uba). Es profesora de la Facultad de Ciencias Sociales (uba) e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), con sede en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (iealc). Es autora de La larga invención del golpe. El stronismo y el orden político paraguayo (Imago Mundi, Buenos Aires, 2012) y coeditora de Franquismo en Paraguay. El golpe (El 8vo. Loco Ediciones, Buenos Aires, 2012).Palabras claves: derechas, golpismo, Horacio Cartes, Fernando Lugo, Partido Colorado, Paraguay.. J.G. Tokatlian: «Neogolpismo» en Página/12, 13/7/2009 y «El auge del neogolpismo» en La Nación, 24/6/2012.
  • 2. Utilizamos la ajustada expresión acuñada por José Morinigo en «La transición circular», artículo incluido en Novapolis. Revista de Estudios Políticos Contemporáneos No 1, 12/2002. En el mismo periodo, hubo rebeliones militares e intentos desestabilizadores, y hasta el asesinato de un vicepresidente, como parte de un botín de guerra que involucraba a las líneas internas de los partidos.
  • 3. Ver Rogelio García Lupo: Paraguay de Stroessner, Ediciones b, Buenos Aires, 1989.
  • 4. Me refiero aquí a la burguesía agraria y a su transformación a partir de la construcción de la represa de Itaipú. V. Francisco Delich: «Estructura agraria y hegemonía en el despotismo republicano paraguayo» en Estudios Rurales vol. 4 No 3, 1981, pp. 239-255.
  • 5. En Paraguay, solo 16 trasnacionales hegemonizan el segmento de la provisión de insumos, el acopio de la producción y la exportación de semillas. 40% del total de las exportaciones paraguayas se encuentra controlado por Cargill, adm, Bunge, Louis Dreyfus y Noble. Ver L. Rojas Villagra: Actores del agronegocio en Paraguay, base-Investigaciones Sociales / Diakonía, Asunción, 2009.
  • 6. Brasil fue el país del Cono Sur que más demoró en repudiar el golpe contra Lugo. Los «brasiguayos», es decir, los empresarios que participan en el Consejo de Representantes de Brasileños en el Exterior (crbe), realizaron tras el golpe un pedido consular a la presidenta Dilma Rousseff para que reconociera el gobierno de Federico Franco (2012-2013), quien asumió como presidente tras el golpe parlamentario, y no expulsara a Paraguay del Mercado Común del Sur (Mercosur).
  • 7. En la Ronda de Censos Agropecuarios de 1990, solo Barbados superó en el índice de Gini a Paraguay, con una marca de 0,94. Brian Turner: «Paraguay: la vuelta del Partido Colorado al poder» en Revista de Ciencia Política vol. 34 No 1, 2014, pp. 249- 266.
  • 8. «Rojas sostiene que aporte impositivo del sector agroexportador es del 0%» en Última Hora, 10/4/2014, disponible en www.ultimahora.com/rojas-sostiene-que-aporte-impositivo-del-sector-agroexportador-es-del-0-n784975.html.
  • 9. Gerónimo Bellasai y Alejandro Jara Manzoni: «Reorientar el sistema tributario hacia la equidad: un imperativo para el desarrollo» en Paraguay Debate No 11, 3/2013, pp. 11-20, disponible en www.cird.org.py/comunicacion/documentos/Brief%2011.pdf.
  • 10. En 1994 se promulgó la ley que autoriza el funcionamiento de puertos privados bajo la supervisión de la Administración Nacional de Navegación y Puertos. Esto se mantuvo hasta el año 2000, cuando los puertos privados pasaron a depender de la fiscalización de la Dirección General de Marina Mercante. Este desplazamiento administrativo y el fuerte crecimiento de los puertos privados no son ajenos a los proyectos que la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (iirsa) contempla para los próximos años.